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Aroma Atrayente

Summary:

El aroma de Jonathan podía llegar a ser muy atrayentes, incluso para otras criaturas.

Chapter 1: Aroma calmante

Chapter Text

El aire estaba cargado de tensión, el olor acre de la sangre y la suciedad impregnaba el búnker improvisado donde se refugiaban. Afuera, los gruñidos de la criatura resonaban en la distancia, haciéndoles saber que la pelea aún no había terminado.

Steve estaba de pie, con la mandíbula apretada, sujetando con fuerza un bate con clavos. Su instinto Alfa lo tenía al borde de la histeria, el deseo de proteger a los suyos luchando contra la necesidad de asegurarse de que Jonathan estaba bien.

—No podemos quedarnos aquí mucho más tiempo —dijo Nancy, revisando su revólver con el ceño fruncido.

—Lo sé —respondió Steve, su voz más tensa de lo normal— Pero salir sin un plan es una locura.

Max, Dustin y Robin intercambiaron miradas inquietas. Todos estaban cansados, sus cuerpos temblaban por el agotamiento, y la desesperación comenzaba a filtrarse entre ellos.

Entonces, Jonathan se acercó a Steve con calma.

—Oye —murmuró, tocando suavemente su brazo.

Steve apenas reaccionó, sus hombros seguían rígidos. Jonathan suspiró y sin más, deslizó los brazos alrededor de su cintura, pegando su cuerpo al del Alfa y exhalando lentamente.

El efecto fue inmediato.

Las feromonas de Jonathan se extendieron en el aire, una mezcla cálida y reconfortante que envolvió a todos en el búnker como una manta invisible. La tensión en los hombros de Steve desapareció poco a poco, su respiración se ralentizó y sus manos dejaron de apretar el bate con tanta fuerza.

Nancy parpadeó varias veces, como si de repente su preocupación se hubiera vuelto más ligera. Max dejó de morderse las uñas y Robin se dejó caer en el suelo con un suspiro de alivio.

Steve cerró los ojos por un momento, respirando profundamente. Cuando volvió a abrirlos, encontró la mirada de Jonathan fija en él.

—Gracias —susurró Steve, inclinando su frente contra la de su Omega.

Jonathan sonrió suavemente.

—Alguien tiene que mantener la cabeza fría aquí.

Steve exhaló un pequeño suspiro y lo abrazó con más fuerza.

Afuera, la criatura seguía acechando. Pero dentro del búnker, por un momento, encontraron un respiro.

La criatura seguía gruñendo en la distancia, pero la atmósfera dentro del búnker se había transformado. El latido frenético en la sien de Steve se había calmado, y el grupo entero respiraba con más tranquilidad. Jonathan aún lo tenía abrazado, su aroma dulce y envolvente flotando en el aire, asegurándose de que todos estuvieran bien.

Robin fue la primera en hablar después de unos segundos de silencio.

—Dios, Jonathan… ¿Puedes hacer esto todo el tiempo? Porque honestamente, esto es mejor que cualquier terapia.

Dustin asintió rápidamente.

—Sí, no quiero sonar dramático, pero juraría que casi me da un infarto hace cinco minutos.

Jonathan soltó una pequeña risa, apartándose un poco de Steve sin soltar del todo su cintura.

—No es algo que pueda controlar del todo, pero… supongo que cuando ustedes están muy tensos, mi instinto simplemente reacciona.

Steve le lanzó una mirada de lado.

—¿Por eso siempre haces esto cuando peleamos?

Jonathan parpadeó con inocencia.

—¿Hacemos qué?

Steve estrechó los ojos, pero en su rostro apareció una ligera sonrisa.

—Cada vez que empiezo a perder la paciencia, te acercas a mí como si nada y de repente me siento… mejor.

Jonathan ladeó la cabeza.

—¿Eso es malo?

Steve chasqueó la lengua y lo atrajo de vuelta a su pecho.

—No. Es muy bueno —murmuró, enterrando la nariz en su cabello y aspirando profundamente— Tal vez demasiado.

Nancy se cruzó de brazos, sonriendo con diversión.

—Entonces, ¿Ese es el truco? ¿Así es como logras que Steve no se comporte como un Alfa territorial todo el tiempo?

Max soltó una carcajada mientras Dustin y Robin se reían entre dientes.

—No soy territorial —gruñó Steve automáticamente, pero su brazo alrededor de Jonathan se apretó con más fuerza, dejando en claro que no tenía intención de soltarlo.

Jonathan le dio un pequeño empujón en el pecho.

—Lo eres un poco —dijo, con una sonrisa burlona— Pero es lindo.

Steve hizo un ruido de protesta, pero el rubor en su rostro lo delató.

El ambiente se había vuelto más ligero, más cálido. Aunque el peligro aún los rodeaba, al menos por ahora, podían respirar con más facilidad.

Jonathan dejó que su aroma siguiera extendiéndose un poco más. Sabía que no podían quedarse ahí para siempre, pero si podía darles un momento de paz antes de la siguiente batalla, lo haría.

Y Steve… Steve siempre estaría en primera fila para recibir ese consuelo.