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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-05-21
Words:
1,150
Chapters:
1/1
Kudos:
16
Hits:
247

Enfermo ; Kuroken

Summary:

Kenma odia estar enfermo pero si lo pensaba bien, no se sentía tan mal cuando tenía a Kuroo a su lado cuidandole y dándole toda la atención que quería.

Work Text:

Maldice entre dientes cuando se da cuenta de que, fue mala idea no hacerle caso a Kuroo. Cuando le dijo que se abriría más, ahora sufriría las consecuencias de ello.

 

Tose por tercera vez en el día, aunque había perdido la cuenta ya. La garganta le ardía y le dolia a horrores la cabeza; hoy sería un mal día, sin dudas. 

 

— ¿Qué te dije? Estás hecho un desastre — murmura un pelinegro entrando en la habitación, con cierto tono de burla en su voz. 

 

— Cállate, Kuro no estoy de humor — chilló, tapándose la cara con la almohada. El pelinegro, suelta una pequeña risa, sabía que enfermaría. Kenma tiene que abrigarse siempre para no agarrar resfriados, pero el día de ayer le dio flojera secarse el cabello empapado después de una ducha. El rubio se regañaba mentalmente por no haberlo hecho. 

 

— Ve a darte una ducha, estarás en la cocina preparando una sopa, para que bebas y duermas un rato. ¿Bien? — informó, quitándose el bolso que tenía en un hombro, dejándolo al lado de la puerta mientras espera que Kenma se levante. Cuando no ve ni la mínima intención de que quiera hacerlo, suelta un suspiro mientras una sonrisa se asoma por sus labios, realmente se da cuenta de que lo mima mucho.

 

— Estás esperando a que te cargue y te lleve al baño, ¿No es así?

 

— Pensé que nunca te darías cuenta, levántame, esclavo — se mofa mientras alza sus brazos al aire, esperando ser cargado. Realmente lo a mimado mucho, pero eso le da igual. Mientras tenga al rubio pidiéndole algo, no podrá decirle que no, nunca. 

 

— Que desvergonzado eres, ¿Como era que me decías cuando recién empezábamos a salir? — se acercó, con la intención de molestarlo y alzarlo. Se quedó callado porque si dice algo, será usado en su contra y, con solo recordar cuando empezaron a salir, quello le ponía feliz y con las mejillas sonrojadas. 

 

Lo observa buscando algún rastro de que dirá algo más, pero se da cuenta de que: no dirá nada, solo alcanza a notar un brillo en sus ojos. Lo termina dejando en paz y lo alza. Al instante, el rubio se esconde en su cuello, estaba muy avergonzado como para mirarlo. El pelinegro se da cuenta sintiendo su pecho cálido, lo aprieta más contra su pecho y besa su mejilla con insistencia, dejando un último beso en su cabeza. 

 

Se dirigió al baño, meciendo lo levemente entre sus brazos mientras tarareaba. Al llegar, lo bajó tomando sus mejillas para darle un beso, dejándolo de lado mientras preparaba la tina. Cuando estuvo todo listo, le ayudó a quitarse la camisa dándole un pellizco al notar que aún tenía la transtape puesta.

 

— Me encantaría acompañarte, pero te prepararé algo de comer — informó, inclinándose para darle un último beso a su cabello. Se dirigió a la puerta, pero frenó en seco grabando algo. 

 

— Casi se me olvida, no dures mucho en el baño, tu resfriado podría empeorar — sale cuando finalmente lo ve asentir vagamente, y se dirige a la cocina. Busca los ingredientes para la sopa, mientras se remanga un poco el suéter para cortar las verduras rápidamente, piensa en si hacer un pie de manzana, pero para su sorpresa cuando rebusca en la nevera ve un pedazo, saca el pie y una manzana la cual corta en pedazos para poner esos trozos al rededor del pie. 

 

Cuando ve que la sopa está lista, sirve en un pequeño plato, dejándolo en la mesa esperando a que se enfríe un poco y al lado pone el pie. Después de comprobar que tiene todo listo, se dirige nueva mente a la habitación del rubio. 

 

Al entrar lo encuentra sentado en la cama, secándose el cabello y se extraña al verlo sin una camisa o sudadera puesta. Abre la boca para regañarlo, pero la cierra al ver las marcas alrededor de sus pezones. Bufa, dirigiéndose a la repisa de la habitación, agarrando una crema pequeña para sus cicatrices.

 

— ¿Me prestas tu sudadera? —  preguntó, haciéndole ojitos.

 

Termina tomando su bolso, para buscar la sudadera que tenía puesta antes de entrar en la casa. Cuando la encuentra, se acerca al más bajo y se deja caer a su lado, colocando la sudadera en su regazo, abriendo la crema, untándola en sus dedos para aplicarla en la piel maltratada mientras el rubio pasa sus brazos por los hombros del pelinegro, y pegando sus labios en su beso. Se separa haciendo una mueca al acordarse de que estaba resfriado y si lo seguía besando podría enfermar a su novio por su culpa. Mientras el rubio se lamenta, termina de esparcir la crema, dejando un beso cerca de las heridas, tomando la sudadera, ayudándole a colocársela.

 

Lo vuelve a cargar a petición del rubio, ya que no pensaba caminar, además tenía un novio que lo quería mucho, y lo consentiría en lo que quisiera.

 

Mientras se dirigen a la mesa el mayor habla sobre cosas que pasaron durante el día, ya que el rubio no fue al instituto por andar enfermo, se sientan en la mesa, uno al lado del otro el pelinegro agarrando la pierna del rubio para colocarla encima de la suya mientras le daba de comer, el más bajo casi se ahoga al escuchar como le contaba como vio a Lev esa mañana con una falda, sin una explicación y a Yaku riéndose molestando al ruso. 

 

— Aunque creo que los vi ir al baño.

 

— Vas a arruinarme mi hora feliz — sollozo, haciendo una mueca mientras recibía otra cucharada.

 

Cuando termina de darle de comer, se levantan momento para buscar una pastilla para el dolor de cabeza y un jarabe para su tos. Le extiende un vaso de agua junto con la pastilla, tarda unos minutos en tomarla, por las quejas de tener que tomarla y las náuseas al no poder digerirla correctamente.

 

Cuando lo ve más tranquilo, le acerca el pie de manzana. El rubio levantó los brazos, dando las gracias a Dios por apiadarse de él mientras el pelinegro lo veía con los ojos entrecerrados. 

 

— ¿No eras agnóstico?

 

— Lo soy, aunque creí que estuve, apuntó de ir a visitarlo con esa pastilla. 

 

Rueda los ojos divertidos por su novio dramático, lo ve soltar un bostezo y esa es su señal, recoge los platos sucios dejándolos en la losa, decidiendo que los lavaría más tarde.  

 

Llevo a Kenma a la habitación dejándose caer con el rubio encima de él. Se quedaron en silencio, el menor solbándole la mejilla al mayor mientras este le daba pequeños besos, notando que se negaba a dormir. 

 

—Gracias.

 

— ¿Por qué?

 

— Por cuidar siempre de mí — responde, removiéndose un momento, haciendo que el mayor lo envuelva entre sus brazos, dándole besos en su frente.

 

Platicaron un rato más entre caricias y besos, en algún momento se quedaron dormidos con una nube de seguridad encima de ellos, decidiendo que allí, en esa pequeña habitación, debían pertenecer, por siempre.