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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Character:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 2 of Antología de lo Paranormal
Stats:
Published:
2025-05-27
Words:
1,194
Chapters:
1/1
Kudos:
2
Hits:
30

Obscuro Pasajero

Summary:

Taro Misaki parece ser el chico perfecto que cualquier joven podría desear: es dulce, carismático y deportista; sin embargo, él oculta un gran secreto.

Work Text:

Obscuro Acompañante.

 

Taro Misaki se despertó cuando el sol ya había bajado de su cenit, se había quedado dormido, tirado descuidadamente en el sofá de su sala por lo que su cuerpo se encontraba muy adolorido debido a las extrañas posiciones en las que tan forzadamente se había obligado a permanecer por lo estrecho del mueble; al levantarse para sentarse en el sillón, una fuerte punzada atravesó su cabeza comenzando a dolerle de inmediato el cuello para que luego el dolor subiera hasta su sien, en donde se asentó con unas fuertes punzadas intermitentes, llegando a la conclusión de que seguramente se trataría de una contractura debido a la posición en que había dormido y que de ella provenía ese intenso dolor que sentía que le destrozaría la cabeza en cualquier instante.

 

Misaki entonces cerró los ojos por un momento para intentar mitigar su malestar y con una mano se revolvió descuidadamente el cabello, masajeándose después las sienes y la nuca para intentar despertarse de una buena vez y darse así el valor de llegar hasta la cocina, sitio en donde guardaba el botiquín médico que seguramente tendría algunos analgésicos que pudieran servirle para desvanecer su padecimiento, no recordaba cómo es que había terminado en el sillón pero eso no le preocupaba en lo más mínimo y luego de unos segundos finalmente abrió los ojos para después dirigir una mirada rápida a su alrededor, viendo en ese instante el desastre que se extendía desde la puerta de entrada de su departamento, recorriendo el pasillo que conducía a la sala y continuando hasta llegar finalmente a la cocina, y fue entonces cuando todo cuadró para él.

 

— Lo he vuelto a hacer —se dijo con mucha seguridad al mirar fijamente el desorden—. De nuevo hice otra de las mías.

 

“¿Esta era la qué..? ¿La quinta, quizás?”, pensó.

 

No, ya iban muchas más, se corrigió de inmediato, pensando en que de las que él podía llevar la cuenta ya iban más de quince veces, no recordaba bien en qué momento había comenzado todo pero sí se acordaba la primera vez que supo de su existencia, el día que había marcado su vida definitivamente y para siempre.

 

Había sucedido muchos años atrás, cuando Misaki aún era un joven que estaba viviendo en la ciudad de París, en Francia; de ese día en particular no recordaba mucho pues ahora era más un borrón en su vida que una imagen definida de lo sucedido, sólo estaba presente el hecho de que al día siguiente él había amanecido con la resaca de su vida sin llegar a comprender bien cómo fue que sucedió; sin embargo, pronto obtendría más respuestas de las que buscaba pues dando un paseo por las orillas del rio Sena, ese hombre le reconoció. Taro recordaba perfectamente bien la cara que aquél vagabundo le había puesto cuando ese día le vio parado frente a él, y cómo con mucho horror le había dicho que había presenciado todo, contándole con lujo de detalle lo que había sucedido la noche anterior en el callejón junto a ese bar, dándole tantos datos que a Taro no le quedó más remedio que creer en sus palabras, pues la ropa, la hora, el lugar, absolutamente todo coincidía con lo que él recordaba o sabía.

 

Aún hoy, Taro se preguntaba cómo es que ese suceso no había pasado a mayores y no había sido descubierto en esa ocasión, pues a juzgar por los detalles que sabía, había sido más que descuidado e imprudente, llegando finalmente a la conclusión de que quizás no sucedió nada más gracias a su acompañante, quien seguramente había tenido algo que ver al respecto, pues después de eso sólo recuerda haber despertado con una terrible resaca en su casa; a partir de ese día, cada determinado tiempo, Misaki solía olvidar por completo ciertas noches de su vida pero siempre que eso sucedía él terminaba en el mismo bar de siempre, al principio no lo entendía bien pero con el tiempo comprendió que a su acompañante le encantaba el whisky antes o después de sus trasnochadas. Quizás, se dijo con cierta diversión, tenía un poco de escocés en su ser.

 

Con el tiempo Taro aprendió a buscar métodos más efectivos para averiguar lo que sucedía en esas noches olvidadas, claro, siempre teniendo el debido cuidado de no verse involucrado más de la cuenta, ni levantar sospechas innecesarias por su curiosidad, por lo que poco a poco aprendió a distinguir los patrones de esos días y, con el tiempo, una voz en su interior comenzó a hacerse presente días después del evento, para narrarle entre sueños lo que ocurría cuando él no recordaba lo vivido, siendo de este modo que actualmente Misaki se encontraba más que consciente de lo que hacía.

 

El japonés se levantó con mucha pesadez de su asiento y se dirigió a la cocina en donde buscó el medicamento para luego de tomárselo, continuar con sus reflexiones.

 

Ahora, viendo su departamento claramente desordenado, con manchas de sangre por todos lados incluyendo la ropa que llevaba puesta el día anterior (la cual por cierto apestaba a licor), sonrió para sus adentros, cada que su acompañante se apoderaba de su mente las cosas solían terminar mal para alguien más. Eso explicaba su dolor de cabeza de ese día, no era una contractura después de todo, pues como ya se estaba haciendo más que habitual, la noche anterior su acompañante había tomado el control y Taro se había dejado llevar por él, terminando la velada en una gran borrachera desenfrenada a juzgar por todo lo que se veía a su alrededor.

 

Después de meterse a bañar y cambiarse de ropa, Misaki comenzó a recoger lo que se hallaba tirado en el suelo, incluyendo también la ropa manchada de sangre, metiéndolo todo en una bolsa de plástico que más tarde se llevaría para dejarla en un poblado o ciudad vecina en donde quizás la enterraría o quemaría, no temía ser descubierto pues su acompañante era tan meticuloso y cuidadoso que jamás dejaba pistas.

 

Ese ser que habitaba en su mente había hecho de las suyas de nuevo pero,  ¿quién habría sido ahora la víctima? Fue la pregunta que se hizo el mediocampista japonés en cuando terminó la limpieza de su departamento. Sabía que no podría contenerlo durante más tiempo, ese ente lentamente se estaba apoderando de su mente y de su corazón, y Taro creía que comenzaba a gustarle lo que hacía…

 

Misaki entonces se sentó en el sillón para encender el televisor, buscando algún noticiero local que le pudiera dar alguna respuesta a qué fue lo que hizo la noche previa; finalmente encontró un canal en donde hablaban de un cuerpo que había sido encontrado descuartizado a las afueras de la ciudad, Taro sabía bien quién era el responsable de ese crimen por lo que dejó que el conductor le contara cómo es que había sucedido todo. Bien dicen que nadie puede ser ni cien por ciento bueno ni cien por cierto malo, en su caso, su parte mala radicaba en él, en el obscuro acompañante que habitaba dentro de su ser, la otra parte de él al que le gustaba asesinar.

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