Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Character:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 3 of Antología de lo Paranormal
Stats:
Published:
2025-05-29
Words:
2,110
Chapters:
1/1
Kudos:
1
Hits:
13

La Mujer del Parque

Summary:

Aoi Shingo llegó a Italia para convertirse en el mejor jugador de soccer, pero una salida de copas con sus compañeros del Inter Primavera le harán conocer a una misteriosa mujer que le cambiará la vida para siempre.

Work Text:

La Mujer del Parque.

 

Aoi Shingo era un joven japonés que había llegado a Italia con el único deseo expreso de aprender el estilo de juego del fútbol italiano, para poder convertirse algún día en un verdadero futbolista profesional; su anhelo era pertenecer a la selección nacional de su país y junto a su gran ídolo, Tsubasa Ohzora, conquistar la Copa de Mundo para Japón. Y aunque llevaba ya varios años perteneciendo a las ligas menores italianas, Aoi no se desanimaba y todos los días se entrenaba duramente para pronto convertirse en un profesional. Además, a pesar de que, cuando él llegó al país, tuvo que enfrentar algunos tropiezos antes de ser aceptado en el equipo, Shingo finalmente había hecho grandes amigos y sus compañeros le reconocían su trabajo, esfuerzo y dedicación, llegándolo a apreciarlo y a considerarlo como un miembro más del equipo.

 

Luego de una larga sesión de entrenamiento, Aoi había salido a comer con sus compañeros del Inter Primavera a un famoso restaurante ubicado en el centro de la ciudad pues, ese día, celebraban el cumpleaños de Matteo, siendo que entre copas, bromas y pláticas, el evento se extendió hasta altas horas de la noche. Cuando Shingo finalmente miró la hora, saltó escandalosamente como solía hacerlo siempre que algo le sorprendía, tomó de inmediato sus pertenencias y se despidió rápidamente de sus compañeros pues dijo que si no se iba en ese instante no alcanzaría a tomar el último tren a casa, y a pesar de que varios de sus compañeros le ofrecieron llevarlo a cambio de que se quedara un rato más, el japonés rechazó amablemente todas las ofertas alegando que estaría bien y que los vería al día siguiente.

 

Así pues, Shingo salió del restaurante y se dirigió con paso rápido y firme rumbo a la Stazione Cardona, sitio en donde tomaría su tren y la cual se hallaba al otro lado del Parco Sempione, el cual era un enorme e histórico parque que se hallaba en pleno centro de la ciudad y muy cerca de la ubicación del restaurante. No queriendo rodearlo para no perder más tiempo, decidió que lo mejor sería cruzarlo en línea recta para de ese modo asegurar alcanzar su tren. El japonés se internó en dicho parque pasando minutos después por el puente Delle Sirenette, para después de cruzarlo, caminar por la vialidad Alessandro Petrófi que bordeaba el hermoso lago que se encontraba en el interior del parque.

 

De pronto, a unos doscientos metros de distancia, comenzó a descender una extraña bruma que cubrió por completo el lugar y, a juzgar por el joven, las farolas que iluminaban los senderos del parque disminuyeron notoriamente su intensidad debido a esta repentina niebla siendo que todo rastro de ser vivo a su alrededor pareció desaparecer. Aoi empezó a sentir una enorme ansiedad que le recorría el cuerpo y el miedo pretendía hacer presa de él; no era una persona particularmente valiente por lo que la atmósfera en verdad le inquietaba mucho, pero se dijo que no tenía más opción que continuar si es que en verdad quería alcanzar su transporte. Así que, luego de armarse de valor, decidió continuar su camino con un paso mucho más rápido para poder salir del parque cuanto antes.

 

Fue entonces cuando un intenso y dulce aroma, como de flores en primavera, inundó el ambiente, lo cual era bastante raro pues a esas horas de la noche y en esas épocas del año, las flores del parque no debían desprender olor alguno, y frente a él, pero aún a la distancia, pudo vislumbrar a través de la neblina a una mujer que se dirigía hacia donde Aoi se encontraba y la cual iba vestida completamente de negro. El japonés ingenuamente dio por hecho que la dama sería alguna chica que tenía predilección por las temáticas obscuras y de ahí la explicación de su atuendo; seguramente y al igual que él, ella sólo pretendía cruzar el parque para llegar a su destino, por lo que no le dio mayor importancia al asunto hasta que la tuvo mucho más al alcance de su vista.

 

Al tener a la misteriosa dama a sólo unos cuantos metros de distancia, Shingo pudo percatarse de que las ropas de la mujer no eran góticas, sino más bien antiguas, pues portaba un vestido negro largo, que arrastraba en el suelo, de delicados encajes y apliques y que parecía pertenecer a la moda del siglo XIX; traía además unos guantes negros que le llegaban hasta los codos y sobre el rostro colgaba un velo de encaje en el mismo color que los ropajes, el cual caía desde un tocado tipo diadema de encajes y flores negras que portaba sobre su rubio cabello, que llevaba recogido y arreglado con un peinado bastante antiguo pues detrás del tocado se podían ver cómo varios rizos caían sobre su espalda.

 

La imagen completa de la joven dama era el perfecto retrato de una belleza del siglo antepasado, de hermoso cuerpo y piel delicada; de ella se desprendía ese olor a flores que el japonés había percibido momentos antes y que podía cautivar hasta el más inocente de los hombres. La misteriosa mujer continuó su camino con su hipnotizante andar y sin detenerse hasta que estuvo a sólo unos centímetros de distancia del futbolista. En un principio, Aoi no supo bien qué hacer al ver a la joven tan cerca de él, pero luego una voz interna le dijo que era una chica realmente deseable y que sería un tonto si no intentaba acercarse a ella de una manera mucho más carnal y de pronto, sin saber el porqué, se sintió repentinamente embelesado por la figura femenina que se le presentaba delante de él, deseando con todo su ser conocerla más a fondo.

 

            La dama entonces le extendió con elegancia una de sus manos, sorprendiendo con esta acción al mediocampista, quien en un inicio dudó en si debía o no tomarla pero luego sus impulsos carnales le hicieron ceder, dejándose llevar y tomando la delicada mano de la joven entre las suyas, para después besarla con bastante galantería, percatándose en el proceso de que la mano de la mujer estaba muy fría al contacto pero ésa fue una cuestión que al japonés le importó. Para ese momento, él ya se encontraba perdidamente enamorado de la dama, por lo que haría todo aquello que ella le pidiese sin cuestionamiento alguno; sin soltarlo de la mano, la mujer condujo a Shingo a través del parque, caminando por veredas y caminos ocultos, hasta que de algún modo llegaron a la entrada de una gran villa que se les presentaba imponente ante sus ojos.

 

“No sabía que existía una mansión aquí”, pensó el japonés.

 

            Aoi no sabía bien si había o no salido del parque pero creía que en realidad no lo había hecho pues parecía que todavía se encontraban en medio de los frondosos árboles del lugar; sin embargo, frente a él estaba la puerta de esa villa que le invitaba a entrar. Sin decir palabra, la dama arrastró a su invitado al interior de la vivienda en donde lo llevó a un enorme y lujoso pero también antiguo salón, donde se podía escuchar la música de una orquesta que sonaba y repiqueteaba en las paredes del lugar.

 

            — ¡Baila conmigo! —pidió la mujer, con voz autoritaria.

 

Y sin esperar respuesta, tomó a Shingo como su compañero de baile, pegándose a él y arrastrándolo a través de la improvisada pista del salón, en donde recorrieron cada rincón del área en un frenesí de danzas, saltos y pasos; Aoi se encontraba hechizado por la misteriosa dama y los gráciles movimientos de ella le hipnotizaban por completo, haciéndole perder la razón así como también la voluntad; Shingo estaba a su merced y eso a él no le importaba, pues se sentía bastante eufórico de estar al lado de ella, percibiendo ese dulce aroma que lo hacía enloquecer de pasión. Mucho rato después, la dama finalmente paró de bailar y Aoi se sentía exhausto, no era particularmente bueno en el baile y mucho menos en las danzas antiguas por lo que el llevarle el ritmo a la dama, que parecía no verse afectada en lo más mínimo, le había agotado hasta el cansancio. La mujer entonces le extendió de nuevo la mano.

 

— Dame un pequeño respiro, por favor —suplicó el japonés—. Necesito descansar un poco.

 

Como respuesta a la petición, la mujer le tomó de la mano con fuerza y lo arrastró escaleras arriba, llevándolo a la alcoba principal de la villa; al ingresar a la habitación Shingo se encontró con una enorme y mullida cama con dosel y cortinas de seda.

 

— No es necesario —comentó Shingo al ver la cama, pensando que era para que pudiera reposar—. Puedo descansar en el salón.

 

La dama, en vez de sacarlo de dudas, lo empujó suavemente hacia la cama en donde él cayó recostado boca arriba; entonces, la joven comenzó a quitarse una a una las prendas de vestir, quedando finalmente desnuda mostrando su escultural cuerpo ante los ojos del joven pero sin retirarse el velo que portaba en el rostro. Aoi tragó saliva admirando fijamente a la mujer, pues su parte viril amenazaba con responder ante tal provocación. La mujer se acercó a la cama y se recostó sobre él, comenzando a acariciarle todo su cuerpo y retirándole las ropas para tener así una apasionada sesión.

 

El sexo con la dama fue más que gratificante para Aoi quien no podía creerse lo que a su parecer en ese instante era la buena suerte que había tenido esa noche, pues sus compañeros de equipo jamás le podrían creer el que hubiera pasado una noche de pasión con una mujer tan hermosa; sin embargo, a Shingo se le ocurrió en ese momento saber la identidad de la hermosa mujer que se encontraba a su lado y con la que había pasado tan magnífico momento por lo que le pidió ver su rostro a lo que ella no respondió. Al repetir la petición un par de veces más y ver que la dama no parecía hacerle caso, el japonés decidió verlo por él mismo, quitándole finalmente el velo de la cara a la dama, encontrándose que ésta tenía una calavera desencajada en vez de rostro y que sus ojos sólo eran órbitas vacías, las cuales le miraban fijamente. La mujer entonces le sonrió y le miró con sus cuencas completamente negras.

 

— Ahora, querido, permanecerás conmigo en esta casa para siempre —comentó la espeluznante mujer, para luego soltar una terrorífica carcajada.

 

Aoi salió corriendo de la habitación, intentado llegar a la puerta de entrada pero por más que corría y corría por los salones de la casa, simplemente no podía hallar la entrada; él corrió por todos los pasillos, abrió todos los salones y las habitaciones pero siempre terminaba volviendo al salón principal o bien al pie de las escaleras sin encontrar ninguna puerta que le permitiera la salida, teniendo siempre a la obscura dama esperándole en el extremo de la escalera en la planta superior. Shingo entonces la miró aterrado, pensando en que hubiera sido mil veces mejor no haberse dejado llevar por sus instintos carnales.

 

Al día siguiente, en el entrenamiento del Inter Primavera no se supo nada sobre Aoi Shingo, él simplemente no llegó y tampoco dejó ningún mensaje en donde indicara que se ausentaría, por lo que sus compañeros de equipo se preocuparon mucho por él; al pasar de los días y viendo que éste no aparecía, se inició una búsqueda por la ciudad e incluso personajes como Gino Hernández, portero profesional y titular del Inter de Milán en la Serie A, quien había sido uno de los primeros amigos de japonés, se unieron a la búsqueda del jugador, pero nadie encontró rastro alguno que pudiera ser de utilidad para dar con su paradero.

 

Salvatore Gentile, defensor de la Juventus de la Serie A, quien había sido rival de Aoi cuando pertenecía a la Juventus Primavera, externó a su vez cierta preocupación por su destino pues a pesar de las rivalidades que ellos pudieron haber tenido, no deseaba un mal final para el jugador. Con el pasar del tiempo, algunas personas afirmaron que Shingo había regresado sin previo aviso a su país de origen debido a problemas que tuvo en Milán, pero en el país del Sol Naciente su familia aseguraba que no era así, que él jamás llegó a pisar tierras niponas de nuevo. Lo cierto es que del pobre jugador que había llegado a Italia con el sueño de convertirse en profesional jamás se volvió a saber nada más, quedando en un verdadero misterio su paradero.

Series this work belongs to: