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No importa el tiempo que pase, aún recuerda perfectamente aquella vez. En ese momento le pareció confusa su expresión, pero ahora no puede evitar reír cada que recuerda aquel día. Los dos fueron tan inocentes y tontos.
Habían pasado poco más de 2 años desde que conoció a Kite, desde su insistencia por querer ser su alumno y desde que termino por aceptarlo.
Era mediodía cuando llegaron a una ciudad, su plan inicial al estar ahí era continuar con el entrenamiento, sin embargo, luego de considerarlo por unos minutos, Ging decidió que lo mejor era darle un día libre del entrenamiento, para que descanse lo suficiente.
Es cierto que vio en él un gran potencial y que pese a todo el viaje, el duro entrenamiento de los últimos 8 días y el poco descanso qué han tenido, Kite es capaz de soportar otro arduo día, pero sabe que si realmente quiere sacar todo el potencial de él, necesita un buen descanso.
Sin pensarlo 2 veces empezó a buscar un lugar donde hospedarse. Por supuesto que Kite mencionó no tener problema en dormir en la intemperie como tantas veces, pero esto era parte de un descanso apropiado que admite, ambos necesitan, así que obviamente lo ignoró.
Una vez que dejaron sus cosas en la habitación qué tendrían que compartir, Ging le dijo que saldría a comprar unas cosas, y sin esperar respuesta, que aun así sabe que no tendría, salió.
Le tomo alrededor de 3 horas regresar, y cuando lo hizo noto que Kite no estaba. Al adentrarse en la habitación vio una pequeña hoja en el buro entre ambas camas, un breve mensaje de él: “Salí a recorrer la ciudad”.
Sin darle mucha importancia, fue hasta las bolsas qué dejo en una mesa, para sacar lo que compró. No tiene porque preocuparse por Kite, sabe cuidarse solo, eso lo noto desde que lo conoció, además, ahora sabe usar Nen, tal vez no ha desarrollado su propia habilidad, pero sabe lo suficiente como para protegerse.
Paso una hora desde que Ging regreso, cuando la puerta fue abierta. Una vez dentro dejo las llaves sobre la mesa y camino hasta el balcón donde siente a su maestro.
—Pensé que tardarías más —comentó sin dejar de ver al frente la hermosa vista que provoca el atardecer sobre la ciudad.
—Vi lo suficiente —se encogió de hombros— me distraje en el parque con unos perros —sonrió tiernamente al recordar a los cachorros.
Una leve sonrisa se presento también en el rostro de Ging, definitivamente también le hubiera gustado verlos.
Kite termino de acortar la distancia y se sentó a su lado en la baranda, admirando la misma vista de la ciudad en completo silencio.
El silencio entre ambos prevalecía, lo único que se escuchaba a su alrededor, era el ruido de la misma ciudad y el de Ging al masticar a veces su dulce o de la envoltura cuando sacaba otro.
Pasaron un par de minutos hasta que Ging retiro el dulce de sus labios y miro a Kite, quien en esos momentos veía al frente.
—¿Ocurre algo?
—No —contesto sin mirarlo.
Ging lo miro un par de segundos más, hasta regresar su vista a la ciudad, sin embargo, podía notar a Kite continuar viéndolo por breves instantes varias veces. Sus ojos iban de la ciudad a él.
Acto seguido, sin decir nada al respecto, se terminó el dulce y saco otro de la envoltura.
—Kite —murmuro.
El mencionado volteo a verlo, pero frente a su rostro estaba un palito de galleta cubierto de chocolate.
—¿Quieres…?
Sin darse cuenta, al alargar su pregunta sin ninguna razón, como si pareciera que realmente diría algo más, hizo sentir más nervioso a Kite y aquel leve sonrojo qué tenía, no hizo más que intensificarse.
Ging inclino un poco su cara, estando confundido por el poco usual estado de Kite, no era la primera vez que lo veía, pero definitivamente sí la primera vez que era demasiado notorio.
—S-solo comerlo… ¿Verdad? —tomó el dulce entre sus manos.
—Sí, ¿para qué más sería?
En ese momento sí esperaba una respuesta, la cual nunca llego, aunque tampoco hizo el esfuerzo por obtenerla, simplemente permaneció mirando su sonrojado rostro. El cual, para él, fue una vista aun más agradable que la que veían minutos antes, pero no profundizo mucho en buscar una razón, simplemente lo dejo pasar.
Años después, mientras continuaba viajando sin descanso por su próximo trabajo y también para que a Kite no le fuera tan fácil encontrarlo, supo a que se debía el comportamiento de él durante ese atardecer. Aunque intentó buscar otra explicación, supo que por su rostro sonrojado no la había.
Al salir de una tienda donde volvió a comprar el dulce, vio a 2 personas comiendo del mismo pocky hasta que sus labios se unieron. Por alguna razón, imagino esa misma escena, con la diferencia de que él tenía un extremo y en el otro estaba Kite.
Alejo esa imagen mental cuando sintió sus mejillas arder un poco. Odiaba sentirse así, pensó que estando lejos ese comportamiento adolescente en él desaparecería, pero no fue así. Por el contrario, pareció intensificarse.
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Pasaron 3 años cuando Kite por fin lo encontró, algunos pensarían que Ging se sintió decepcionado por tardar tanto, pero no era el caso. En realidad estaba orgulloso de él, aquellos que lo encuentran es porque así lo quiere él mismo, cuando el caso es lo contrario, algunos han tardado mucho más y otros simplemente no lo han logrado, con excepción de Netero.
En ese instante qué lo volvió a ver se sintió sin aliento aunque no lo demostró, por el contrario, prefirió darle la espalda mientras escuchaba atentamente cuanto recorrió para encontrarlo, y cómo llego a su antiguo hogar donde conoció a su hijo. Sabía que eso pasaría, era lógico que Kite en algún momento iría a Isla ballena.
Permanecieron en ese sitio hasta que Ging concluyó con lo que había ido a hacer desde el inicio. Bajaron lo suficiente hasta llegar al lugar donde estuvo descansando los últimos 2 días.
—Espero que no solo te hayas dedicado a buscarme estos 3 años —se sentó disfrutando del viento chocando contra su rostro, mientras deja al descubierto su cabello.
—Para nada —se sienta a su lado con cierta distancia, pero sin ser mucha— conocí a muchas personas, lugares interesantes y realicé varias cosas.
La pequeña sonrisa de Ging no era más que puro orgullo. Años atrás cuando acepto entrenarlo, sabía que no se arrepentiría.
—Me ofrecieron un trabajo, así que pronto regresaré con unos chicos que conocí, se llaman: Spin, Mon, Stick, Banana, Podungo y Lin. Tienen un gran potencial —antes de cualquier comentario de su maestro agrego— aunque no para ser cazadores.
—Mmmm —no negara qué por unos instantes se había sentido muy intrigado. ¿6 personas con gran potencial? Lo eran al parecer, pero en otro aspecto.
Entre diferentes historias qué le compartieron al otro mientras estuvieron separados, e incluso un juego que le mostró Kite con unas fichas, llego la medianoche. Horas atrás su cena fue lo que pescaron.
Mientras sacaba unas cosas de la pequeña mochila qué llevaba, su mano choco con una caja qué reconoció de inmediato. Luego de meditarlo unos instantes, también la saco.
—Sabes —volvió a sentarse lo suficientemente cerca de Kite, como para darse cuenta que se puso tenso— hace 2 años también aprendí un… ¿juego? Sí, supongo que sería la denominación correcta.
—¿De qué se trata, Ging-san?
El mencionado rodó los ojos sin qué se diera cuenta, incluso antes de separarse, le dijo a Kite que no era necesario usar el “san”, pero pareció no importarle. Aunque si es justo, él mismo hace eso con los demás, así que tal vez sea su karma.
—En realidad es bastante simple.
Pese a que escuchó el ruido de una envoltura, no le tomo importancia. No podía ver el rostro de Ging porque se volteo para enfocarse en lo que sea que tuviera.
—Tal vez no lo sea tanto si lo dice Ging-san —aquel comentario hizo reír al mencionado, recordando todas las veces que le dijo lo mismo a Kite y el pobre siempre terminaba en grandes dificultades.
—Esta vez sí lo será.
—¿Entonces sobre qué es?
—Creo que tú lo conoces bien.
—¿Yo? No estoy seguro, en especial si no me dic… —guardo silencio de golpe cuando Ging volteo a verlo con aquel palito de galleta en los labios.
Sintió su corazón latir más rápido y su rostro arder, sin imaginarse que el corazón de Ging estaba igual que el suyo.
—¿Me equivoco? —cuestionó con una pequeña dificultad al tener el dulce en la boca.
—N-no —intento tranquilizarse, tal vez solo estaba malentendiendo una vez más las cosas.
—Bien —con una mano retiro el dulce para hablar sin problema— ¿Entonces jugamos a ver quien come más?
—Mmmm, de acuerdo —acepto no muy convencido— para él será bastante simple, pero no para mi —pensó.
—Al final diremos el castigo del qué perdió.
Ging no volvió a preguntar, sentía que de hacerlo, Kite lo consideraría más y terminaría por negarse. Y esta vez quiere ser aun más egoísta.
Volvió a colocarlo en su boca y se acercó más al rostro del otro. Sin ser obvio, Kite respiro hondo para intentar tranquilizarse y se acerco al otro extremo.
Él mordía lentamente el dulce, a diferencia de Ging.
Se sentía abrumado, el aliento caliente de Freecss estaba tan cerca. Nunca habían estado tan cerca sus rostros, pero por primera vez podía admirar de más cerca sus bonitos ojos.
Dejo de prestarle atención al dulce de su boca, hasta que Ging se alejo.
—¿Mmm?
—Gané —río al ver su mirada confusa— comí más de la mitad, así que no le vi el caso seguir comiendo.
Lo que quedaba, Kite termino por llevarlo a su boca.
—No parece ni que intentes ganar.
—Lo siento, nunca lo jugué, solo lo vi así que pensé que se comía lento —mintió.
—Para nada —lo apunto con su dedo índice— y te advierto que el castigo definitivamente será difícil, así que tómalo como los entrenamientos qué teníamos, intenta ganarme.
—Bien —dijo un poco más seguro y tranquilo, lo tomaría como lo que era, un juego sin tener que besarlo, pese a que eso quiere.
Conforme avanzaba el juego, donde a veces ganaba Kite y otras Ging. Se fue sintiendo más seguro, sus nervios ahí estaban por la cercanía de la persona que le gusta, pero solo eso, desde hace bastante tiempo había aceptado qué nunca sería correspondido, así que no hay razón para seguir engañándose.
No supo en que momento gano consecutivamente, pero estaban empatados y solo quedaba 1.
—Honestamente pensé que sería más fácil ganarte. Comienzo a sospechar que no es la primera vez que lo juegas.
—Sin excusas, Ging-san —ambos rieron.
Sin más, Ging coloco en sus labios el último pocky, sentía su corazón volver a latir con fuerza y rapidez. Volvió a acercarse y una vez que Kite mordió el otro extremo empezaron a aproximarse.
Cuando Kite estaba por morder la mitad, Ging llevo sus manos a la cabeza de Kite, y sin darle oportunidad de reaccionar, unió sus labios con los de él.
Al sentir que estaba por alejarse y aprovechando de que quedaba poco, Freecss se paso el pocky restante, y con ayuda de sus manos, mantuvo a Kite cerca. El beso duro poco, pero lo suficiente para que Ging estuviera seguro de alejarse. Cuando él le devolvió el beso.
—Gi-Ging-san —murmuro sintiendo la mano del contrario acariciar su mejilla.
—Quiero sentir tus labios de nuevo, Kite —susurro cerca.
Con gran gentileza acarició su rostro y volvió a besarlo. Lentamente hasta que poco a poco Kite fue correspondiéndolo de nuevo.
Solo por instantes Ging se alejaba, ladeaba un poco su rostro y reanudaba el beso que parecía ir subiendo de intensidad.
Buscando algo más, dejo las mejillas libres y poco a poco bajo ambas manos hasta colocarlas en los hombros de Kite, donde ejerció mayor fuerza para hacerlo recostarse.
Ese brusco movimiento lo hizo soltar un jadeo. Ante ese jadeo, Ging aprovecho para adentrar su lengua, profundizando el beso.
Había pasado tanto tiempo anhelándolo, que no podía detenerse y por el comportamiento de Kite, sabe que le pasa lo mismo.
Sentir sus labios unidos, sus lenguas chocando e incluso un par de veces mordiendo su labio inferior, les resultaba tan embriagante.
