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Y lo único que necesitamos del infierno...

Summary:

Mi vida concluyó dos veces antes de concluir-
Aún queda por ver
Si la Inmortalidad desvela
Un tercer evento para mí

Tan inmenso, tan imposible de concebir
Como aquéllos que dos veces sucedieron.
La Partida es lo único que sabemos del cielo,
Y lo único que necesitamos del infierno.
Emily Dickinson

Típica historia adolescente, John es un chico popular y Sherlock un seductor, intrigante y misterioso chico con un pasado que lo atormenta. John trata de acercarse, pero el pasado de Sherlock se cierra sobre ellos. John es paciente para acercarse a él y superarlo...

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Capítulo Uno

Chapter Text

John Watson apoyado en el barandal del balcón observó la calle vacía, iluminada por la pálida luz del alumbrado público. El zumbido de conversaciones superficiales se colaba por la puerta entreabierta. John no podía recordar de quién era esa casa o incluso si era de algún compañero de la Academia Paddington o no. Aquella era sólo una fiesta más, una oportunidad más para que sus compañeros del equipo de rugby se embriagaran y ligaran con chicas, disfrutando de ser el centro de atención. John necesitaba alejarse de todo eso. Incluso entre la multitud, uno de los más conocidos y populares chicos de la escuela se sentía terriblemente solo.

Miró el desdibujado número telefónico escrito en la palma de su mano. La chica era lo suficientemente bonita, pero tras esa larga hilera de superficiales e insatisfactorias relaciones John no estaba listo para involucrarse en otra. Talló sus ojos con las manos e inhaló profundamente el nocturno aire fresco. Una suave briza agitó los pétalos de las flores que colgaban de las columnas de mármol, una bocanada de su sutil aroma llenó el lugar. John se permitió disfrutar ese momento de paz, temiendo el momento de volver al interior.

Un avión cruzó el cielo, John miró hacia arriba y siguió su camino sobre el cielo estrellado. En ese momento lo notó. Alguien se encontraba de pie al filo del tejado.
John se encontraba en el cuarto piso, pero pudo ver una manera de llegar al techo por medio del siguiente piso. La ventana más alta llevaba a una terraza, una parte inclinada del tejado llegaba hasta ahí, lo que permitía el paso al piso más alto.

El chico se encontraba en el borde con los brazos extendidos. Tenía los ojos cerrados, la luz iluminaba los afilados rasgos de su pálido rostro. Rizos oscuros enmarcaban su frente, sus orejas y su nuca. Sus labios se encontraban ligeramente separados. Para entonces John estaba consciente de que le atraían tanto los chicos como las chicas, pero esa fue la primera vez que se descubrió pensando “Dios, es lo más bello que he visto”.

Tras algunos segundos en silencio debido a su asombro, John se sacudió un poco y recordó por qué estaba ahí. Sostuvo su respiración y se acercó al chico lentamente con una mano estirada. No llegó a tocarlo pero mantuvo su mano a sólo algunos centímetros del abrigo del muchacho, en caso de sorprenderlo y accidentalmente hacer volar por los aires al pobre chico.

John se aclaró la garganta y murmuró -¿Te encuentras bien?

El chico no se movió.

-Sí, me encuentro muy bien, gracias- Dijo secamente

-Uhm… ok. ¿Te molesto si pregunto qué haces aquí arriba?

-Es un experimento- Respondió -Trato de imaginar cómo sería dar el salto, sentir el aire mientras caigo, el súbito impacto de mi cuerpo contra el piso.

-Claro… bien- dijo John, sienténdose cada vez más preocupado -Si ya terminaste ¿podrías bajar de ahí? Me pones nervioso

En ese momento el chico abrió los ojos y le dirigió una mirada. -¿Por qué te importaría? La mayoría pagaría por verme saltar del edificio- El sonido sordo de su voz y el tono aristocrático con que hablaba tocó alguna fibra sensible en John.

-Supongo que no soy como la mayoría- murmuró John.

-No, no lo eres. El chico finalmente bajó del borde y se sentó en una esquina. Encendió un cigarrillo con sus finos dedos mientras mantenía la mirada fija en el rostro de John. Llevaba un momento estudiándolo cuando dijo -Así que llegaste aquí por la misma razón que yo, entonces

-¿Cuál razón?

-Estás aburrido.

John miro de nuevo con atención al chico y recordó haberlo visto antes. Se trataba de Sherlock Holmes, quien podía decirte tu historia completa con solo mirarte. El chico del que todos hablaban, pero con el que nadie hablaba, salvo para llamarlo “fenómeno” claro, lo hacían solo porque sabían cuan inteligente era, casi inhumano, y lo odiaban por eso. John en cambio se encontraba hipnotizado.

Sherlock dio otra calada a su cigarrillo.
-Esto es agradable, no suelo darme el lujo de charlar mucho sin ser atacado por eso. Eso lo aprendí en los primeros años de escuela, claro. Dannie a veces me escucha, pero no siempre puedo estar seguro si me oye o si tiene convulsiones. A veces trata de ocultarlas o fingir que no suceden.

John frunció el ceño. ¿Quién era Dannie? se preguntó ¿Su novia? Luego se detuvo. ¿Por qué le preocupaba eso?

Sherlock suspiró, casi había terminado el cigarrillo.

-Seguramente se ha encerrado en el armario de nuevo, pobre chica. No pensarías que es ella quien siempre sugiere venir a estas cosas. Piensa que podría ser bueno para mí salir un poco. Debemos llegar tarde, cuando todos han bebido suficiente como para no notar nuestra presencia, pero al menos puedo hacer algunas deducciones interesantes. Claro, eventualmente ella se pierde y me deja solo con la idea de que podría encontrar a alguien con quien charlar.
John sonrió. -Bueno, parece que lo encontraste

Siguió un incómodo silencio. Sherlock exhaló un anillo de humo y murmuró -¿Entrarás pronto?

-No lo sé. ¿Por qué? ¿Quieres que me vaya?

Sherlock sacudió la cabeza. -Es sólo… debo irme pronto, no suelo quedarme mucho en estos eventos. Necesito sacar a Dannie y bueno…

-¿Qué?

-No tengo el hábito de pedir favores, pero quisiera una salida limpia. Ya pasé la noche sin llamar mucho la atención, me gustaría mantenerlo así. Si entraras antes nadie notaría que Dannie y yo salimos, no si John Watson entra a la habitación.

-¿Conoces mi nombre?

-Claro que conozco tu nombre. Sherlock apagó su cigarrillo y saltó.

- ¿Entonces?

-Claro- murmuró John -Cuando quieras

Sherlock siguió a John a través de la ventana. John volteaba continuamente para asegurarse de que aún estaba ahí. La música había bajado un poco, pero las voces se escuchaban más fuerte que nunca. Sherlock se mantuvo algunos pasos detrás de John en la escalera y espero un momento antes de entrar y lanzarse entre la multitud hasta el armario. John, rodeado por sus compañeros de equipo justo en medio de la habitación, observó a Sherlcok.

-¡Allí está!- gritó Anderson -¿A dónde huiste? Pensé que estarías hablando con Sara.

-Salí por aire fresco, nada más- dijó fingiendo una sonrisa

Sebastian le dio un codazo en las costillas. -Bueno, la chica es cosa segura de todas formas ¿Eh, Johnny?

John no escuchaba. Espiaba entre las cabezas de la gente, observaba a Sherlock llegar al armario y sacar de ahí a una chica de las profundidades. Era una chica muy pequeña. Sus enormes ojos marrones parecían llenar la mitad de su pálido rostro, rodeado de un largo cabello rubio, de tonos color miel y cobrizos. Lo que más llamaba la atención era la cicatriz. Iba desde la sien hasta su nariz, rompía hacia su mejilla izquierda y seguí hasta la barbilla. Lucía como la cicatriz de rayo de Harry Potter, salvo porque ocupaba la mitad de su cara.

Sherlock llevó a la chica guiándola con las manos sobre sus hombros con un gesto fraternal.

-Vamos, debemos volver a Baker Street. La señora Hudson comenzará a preocuparse pronto.

-Debes reportarte también, ella se preocupa mucho por ti, lo sabes- dijo ella con su delgada voz.

-Ella es tu tutora, no mía- murmuró él -Tengo suficiente con la preocupación de Mycroft. Probablemente ya envió un coche mientras hablamos.

-¡Hey, John. ¿Qué miras? Preguntó Anderson pasando su mano frente a John -Santo dios ¿Cuánto has bebido hoy?

-Estoy bien- dijo John mientras observaba a Sherlcok salir lentamente cuidando a Dannie de los ocasionales objetos que volaban por la habitación.

Cuando alcanzó la salida, Sherlock miró a John, quien asintió ligeramente con la cabeza. Sherlock sonrió rápidamente aunque aquello parecía más un tic nervioso. Alzó la mano y lanzó un extraño y corto saludo. Si alguien hubiera estado mirando se hubiera sorprendido, no era algo normal en él.