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Mi Querida Princesa Zafiro

Summary:

Olivia, a punto ser asesinada, sin motivos para seguir, sin una razón de existir, encuentra la salvación de su vida y alma en los ojos de Elizabeth, princesa que reinara su corazón..

Notes:

Escucha un n enlistado de canciones que nos habla de la historia de Elizabeth y Olivia, canciones con las que comparten su sentimiento, corazón y alma. En ella no solo se describe su profunda conexión, se incluyen las emociones de Olivia desde antes de pisar el palacio y un poco de la perspectiva de Elizabeth ante los sucesos. Teniendo, como último, los posibles finales que podría tener esta historia…
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Empezó como un proyecto escolar y acabó convirtiéndose en algo personal. Ahora que dispongo de mucho más tiempo libre, me permitiré ampliar la historia. Espero que permanezcan atentos a las actualizaciones. No estoy segura de hasta dónde llegaré con ella, pero una cosa es segura: sé exactamente cómo acaba esta historia.

Si me visitas desde la pagina web de la escuela, permíteme el pequeño orgullo de decir que construí esa pagina desde cero.

Chapter 1: Prologo

Chapter Text

Mi Querida Princesa Zafiro

Prologo

A las afueras de un pequeño reino, se nublaba la vista de unos ojos olivas — No quiero seguir… — con la voz rasposa soltó un último murmuró antes de caer rendida sobre el pasto, teniendo como único testigo de dichas palabras a la luna y las estrellas.

Despertó al sentirse arrastrada de forma brusca, con guantes metálicos clavándose en sus muñecas. ¿Qué estaba pasando? No hacía ningún esfuerzo por moverse o quejarse, con las piernas llenas de moretones y raspones, su pecho que solo cubría con una blusa sucia y desgastada, con sus brazos que sentía pesados a pesar de ser delgados, su cabello castaño enredado y sus ojos sin brillo, perdidos en la magnitud de su mente, tratando de volver a la realidad, con el único brillo de una prehnita pulida, hecha collar con una cuerda delgada, que colgaba de su cuello.

Una brillante luz la deslumbró, no necesitó levantar la mirada, las luces se reflejaban a la perfección en el suelo de a dónde sea que haya entrado. Antes de terminar de adaptarse, una voz fuerte y profunda resonó en sus oídos — ¿Qué hacías a las afueras del reino? No trates de inventar cuentos, tus ojos rasgados y piel morena no son vistos en los alrededores y mucho menos en este reino.

Con la voz áspera trato de responder —Yo... — Tosió, siendo interrumpida gracias a la resequedad de su garganta — Sírvanle un poco de agua — se dirigió a uno de sus subordinados con gentileza a diferencia del trato que le estaba dando a ella.

Se le acercó una copa llena de agua a sus labios, para tomar, se dignó a levantar la mirada, dándose cuenta de que estaba frente a un rey y una princesa. Tomo del agua restándole importancia, sintiendo unas gotas escapar por los costados, sin saciar su sed, pero lo suficiente para poder responder — Vengo de Tierval, un pequeño pueblo alejado de cualquier reino, aunque no sabría decirle dónde queda, he perdido la cuenta de los días que llevo andando sin rumbo… —

El rey se quedó pensando pocos minutos y antes de poder soltar una palabra, fue interrumpido por la princesa, quien parecía reconocer las intenciones en los ojos de su padre. — ¡No puedes matarla! Es solo una joven, tan solo mirarla, parecemos de la misma edad, no se merece un castigo, ¡no ha hecho nada malo! — Olivia enfoco su mirada en ella, no le importaba si terminaba muerta, ¿por qué gastarse tratando de salvar su insignificante existencia?

Oh se dio cuenta de que, la princesa parecía sacada de un cuento, de esos cuentos que le fascinaban cuando era niña; ojos cuál zafiro, reflejando la luz de los candelabros que recién había notado, su cabello de las más finas tiras de oro puro, que resaltaba sobre su piel porcelana…

— No tienes por qué entrometerte en esta decisión. Ni siquiera deberías de estar aquí, debiste de irte a dormir, Elizabeth. — La voz del rey la sacó de sus pensamientos, sintiéndose avergonzada por observar a la princesa con tanto detenimiento.

A pesar de lo dicho por el rey, parecía reflexionar más su decisión.
— No tengo ninguna intención de estar aquí, sé que no confía en mi palabra, no tendría porque hacerlo. Lo único que tengo es esta ropa sucia y vieja. ¿Qué podría hacer alguien como yo? Ni siquiera me esfuerzo en levantarme de forma decente, siquiera me interesa vivir… Si me matan, no importa, pero en vez de ser uno más de sus cadáveres, podría ayudarles. — El rey que la escuchaba atento, interesado en su propuesta, le pidió que continuara. —Soy ágil y tengo habilidades con la espada; si no estuviera en este estado, no hubiera dejado que me atraparan— sin realmente creerlo, pidió una demostración.

Olivia flexionó las rodillas, dio un paso hacia adelante, como si apenas buscara equilibrio, y de pronto, giró con violencia hacia un lado, arrastrando consigo los hombros, el torso y la tensión del agarre. La sorpresa del guardia fue suficiente para que, en ese mismo giro, metiera cadera hacia atrás, como si fuera a derribarlo. Sintiendo la rigidez del cuerpo contrario, aprovechó el impulso. Tiró con fuerza en diagonal, con sus muñecas buscando la libertad hacia el frente y hacia abajo.

El agarre se rompió.

Dos guardias se acercaron para tomarla de los hombros y mantenerla contra el suelo, el rey la observaba con cautela, pudo haber sido mejor. —Fue lento, lo sé, pero no he comido durante unos días, creo que lo vuelve decente — El rey, quien a pesar de su apariencia fría, a pesar de querer matarla para darle fin a esta interrupción nocturna, se tomó su tiempo de pensar. Su reino es pequeño, no había nada que esa chica pudiera querer de él, no aparentaba rasgos parecidos a los de sus enemigos y nada parecía en ella indicar un verdadero peligro.

Vio de reojo a su hija, quien se había mantenido callada. Observó un brillo especial en sus ojos, mostrando miedo en búsqueda de esperanza. Se dirigió de nuevo a la chica en el suelo y, por un momento, vio a su hija reflejada en ella. A pesar de ser completamente diferentes, parecían tener la misma edad, los mismos rasgos de una adolescente descuidada. “Es solo una joven”, las palabras de su hija resonaron en su mente.

Necesita más caballeros que cadáveres, más soldados que gente muerta. — Está bien, te dejaré vivir. Te quedarás con una condición: Te harás un caballero y llegará un punto donde tendrás que mostrar tu lealtad a este reino y, hasta que ese día llegue, vivirás bajo mis reglas, en los cuartos bajos del palacio, junto a las sirvientas. Una vez mostrada tu lealtad, podrás irte. —

Su hija, que a pesar de no ser premiada, una ola de felicidad la invadió, como si le hubieran dado un regalo, como si el afán de vivir hubiera sido para ella. No oculto su felicidad, sonriendo mientras veía a quien aún estaba en el suelo, aun manteniéndose con un poco de melancolía por la opinión de la chica sobre mantenerse con vida.

Olivia sintió que el brillo que sentía haber perdido para siempre volvía, no tenía esperanza de vivir, pero parecía haber encontrado una razón para seguir. ¿Por qué debería importarle? No era su reino, no conocía a estas personas… pero si ‘‘Elizabeth’’pudo tener ese pequeño acto de bondad con una completa desconocida, alguien que parecía completamente diferente a ellos, iba más allá que simple lástima, la hacía pensar que tal vez vivir no sería tan malo.

— Bienvenida a Azurélida


Los guardias se hicieron cargo de escoltarla hasta los cuartos bajos que le había mencionado el rey, no entablaron una conversación a pesar de que el camino pudo considerarse largo, lo único que había cambiado era que ahora la sostenían con más gentileza, aun por los hombros, pero esto era más que nada para evitar que volviera a desmayarse como habían descrito los otros guardias que la habían encontrado.

Después de bajar un tramo considerable de escaleras y pasar por un largo camino de piedra con algunas puertas de madera, llegaron a una más grande que las anteriores al final del pasillo. — Hemos llegado. — Menciono uno de ellos — Procuré descansar jovencita, su entrenamiento comenzará mañana mismo. — Hablo el otro.
Sin poder ver sus rostros por los cascos que tenían, pudo detectar la amabilidad en sus voces — Gracias — Se limitó a decir volteando hacia ambos, para despedirse con un asentimiento de cabeza.

Se volteó para tocar la puerta y una señora le abrió, parecía un poco sorprendida y ante la duda, voltea a ver a los guardias, quienes respondieron — Ella vivirá con ustedes de ahora en adelante, pero entrenará arriba con nosotros. — Oh, está bien, gracias — Abrió más la puerta, alzando su brazo en señal de bienvenida haca la chica, quién entro mientras cerraban la puerta tras de ella — Bueno, parece que tendrás que darte una ducha, ven, déjame guiarte. — Hablo la señora con amabilidad, como si se conocieran, con un cariño que por mucho que quisiera aceptar, le generaba incomodidad, no por detectar falsedad, lástima o cualquier mal pensamiento, simplemente le hacía presenciar malos recuerdos…

Olivia ya no llevaba la misma blusa sucia de esa noche; le habían dado ropa nueva, aunque seguía manteniéndose sencilla. El collar de prehnita colgaba siempre de su cuello, como si se negara a ser olvidado, un nuevo detalle en su rostro ahora limpio fue descubierto, una herida que iniciaba desde su mentón del lado izquierdo, terminando cerca de su ojo de ese mismo lado. Su rendimiento mejoraba con cada en puñalada de espada. Su mirada ya no estaba vacía.