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El antiguo integrante de BroZone de cabellos rosas iba caminando por el bosque bastante confundido, su corazón latía muy rápido y sin que él se diera cuenta sus mejillas estaban bastante rojas. De su mente no salía aquel gurú morado.
Todo comenzó hace varios meses.
Todo comenzó semanas después de haber sido rescatado de Velvet y Venner. A pesar de nuevamente ser feliz con sus hermanos, el trauma de su secuestro seguía presente con él, en sus pesadillas, en los espacios cerrados, en algunos ruidos incluso. Por recomendación de sus conocidos decidió buscar ayuda profesional. Su salud mental pudo irse recuperando, pero el troll aún se sentía bastante inquieto y pensó que necesitaba mejores formas de relajarse y afrontar sus miedos.
Cuando el pelirosa se lo comentó a su cuñada, Poppy, en quién había agarrada bastante confianza, le dio una opción que sabía que podría desagradarle bastante a su novio, pero sólo quería ayudar.
Tampoco Floyd estaba muy convencido, pues ya le habían contado todo acerca de ese tal Creek, pero pensó en que sólo podría ir a tomar sus clases de yoga sin darle conversación.
Al llegar a su primera sesión de yoga, Creek se acercó a él sorprendido de que Floyd estuviera presente.
—Veo que tú eres el nuevo, un gusto, soy Creek —le dijo de manera pacífica extendiendo su mano.
Floyd estuvo a punto de tomar la mano del contrario con algo de temor, pero antes de poder tocarla, se retiró.
—Emm, si hola —Floyd terminó de responder fríamente. Antes de dar la vuelta pudo notar como la expresión de Creek cambió por un segundo a una muy extrañada, pero inmediatamente recobró esa aura tranquila para empezar la clase.
Floyd en poco tiempo descubrió que practicar yoga estaba siendo beneficioso para él, su mente estaba encontrando la paz con su corazón. Pero cuando veía llegar al troll pacífico a cada clase, no podía evitar pensar en ese rostro dolido cuando decidió ignorar su primer saludo. ¿Realmente Creek se sintió mal ante ese gesto? ¿Creek en realidad quiso ser amable con él? o ¿sólo fingía para dar lástima?
Justo como su ápodo lo indicaba, él era un troll sensible hacia los sentimientos de los demás y con los suyos.
No creyó que le daría mucha importancia, no tendría por qué, ¿A quién le iba a importar el traidor de toda la aldea pop? Quién casi provoca el peor destino para su gente, para su propio hermano.
Podía a veces verlo en el pueblo comprando o sólo caminando, como lo haría cualquier otro troll, sólo que había algo diferente, si prestaba atención, el ambiente se tornaba algo incómodo cuando la gente lo observaba entrar, las miradas de los trolls cambiaban, los susurros no faltaban, pero Creek solo mostraba una sonrisa.
¿Por qué pensaba tanto en eso? ¿Acaso estaba sintiendo empatía? ¿Por qué tendría que tenerla?
Esa historia que le contó Ramón, la cual lo hizo temblar, era su recordatorio para saber que no tenía que preocuparse por Creek
Hasta esa tarde.
Durante su sesión de yoga en un día de verano, inoportunamente llegó una fuerte tormenta.
—Está bien, calmemos nuestras auras y dirijámonos al agujero de ese gran árbol —señaló tranquilamente Creek hacia un gran árbol que no estaba muy lejos de ellos.
Sin tener más alternativa todos corrieron al tronco y se dieron cuenta de que su hoyo eran suficientemente grande para que todos cupieran.
Sin embrago, ya se encontraban un poco mojados y el viento era cada vez más fuerte.
—Emm, cargo conmigo unas mantas —exclamó un troll que sacó de su cabello rojizo unas mantas dobladas. —creo que son suficientes para todos.
—Oh amigo, que gran idea—aplaudió Creek para captar la atención de todos —. Formen una fila para recibir una manta.
Creek decidió ir hasta el final de la fila para asegurarse de que todos estuvieran calientes.
Al pelirrosa se le hizo curiosa su forma de actuar, si es tan malo como se lo han descrito ¿no debería haberse aprovechado de los demás para haber sido de los primeros en poder calentarse? Sin darse cuenta lo observó mientras esperaba su turno y este le devolvió la mirada, incluso lo saludó con la mano. Esto ofendió un poco al troll sensible y simplemente volteo la mirada hasta recibir su manta. Fue el último en hacerlo.
—Gracias —dijo Floyd alejándose
Era el turno de Creek.
—Lo siento Creek, se acabaron, tendrás que compartirla con alguien más. —le informo sin querer darle importancia.
—Oh, está bien —respondió tranquilamente el gurú.
Floyd no pudo evitar escucharlo, pero trato de alejarse un poco del grupo adentrándose más en el interior del árbol y se cubrió de la fría tarde.
—Hola buen amigo —dijo el troll morado hacia un chico más joven que él —disculpa las molestias, ¿podrías compartir conmigo tu manta?
El troll trató de fingir que no le desagrada la idea, por lo que rápidamente buscó una excusa para negarse.
—Lo siento Creek, es que… un amigo tiene mucho frío aún y creo que vamos a ocupar ambas mantas para cubrirnos bien.
—Oh, no hay…problema —habló Creek con la voz entrecortada.
Rápidamente decidió acercarse a un grupo de trolls que estaban conversando sentados en un círculo. Trató de mostrar esa actitud serena que lo representaba.
—Hola, mis buenos amigos, ¿alguien querría compartir su manta conmigo? Verán, no había suficientes mantas y fui el único que no recibió una.
Todos en ese grupo se miraron unos a otros.
—Uhm, lo siento Creek
—Si es que la verdad, no son muy grandes, sólo alcanzan a cubrir a un troll
—Discúlpanos
Otra vez tuvo que fingir que esas palabras no lo habían lastimado, entendía muy bien que no lo querían cerca.
—No se preocupen, ya pensaré en algo, me retiro —unió sus manos firmemente mostrando agradecimiento.
Pensó en seguir intentando con otros trolls, miró a su alrededor, notando cómo lo miraban y susurraban, nada cambiaba, todo era igual desde que regresó a la aldea.
Siguió mostrando una sonrisa y fue alejándose silenciosamente de todos los que se encontraban ahí. O quizás, todo el mundo quería ignorar sus pasos.
Se adentró un poco más al hoyo queriendo ir hacia las paredes, empezando a dejar que su vista se nublara por las lágrimas que había estado guardando.
—¿Qué haces aquí? —sus pequeños murmullos de llanto fueron interrumpidos, se sorprendió que tuviera enfrente al hermano mayor de Ramón.
—Umm, bueno, necesitaba concentrar mi mente un poco más alejado del grupo, por el ruido ya sabes —contuvo sus lágrimas. —Pero, amigo mío, ¿tú que haces aquí?
Floyd lo notó extraño, pero trató de responder sin querer darle importancia mientras alzaba una ceja.
—Nunca he sido fan de grupos grandes y hay mucho espacio, prometo no molestar —terminó con darle la espalda cubriéndose más.
El gurú iba a mover sus labios, pero las palabras no salieron, quería decirle con todas sus fuerzas que no aguantaba el frío y ya no tenía más opciones. Pero se volvió a callar.
Se sentó no muy lejos de Floyd haciendo una postura sencilla fingiendo concentrarse para evitar el frío.
Sin que se diera cuenta, Floyd volteó en dos ocasiones sigilosamente. Algo de él le daba curiosidad.
Notó que no traía otra prenda además de sus clásicos pantalones amarillos, se percató de que estaba temblando.
A Floyd lo empezó a invadir un dolor en el pecho, se sentía culpable de dejarlo en ese estado, recordó a su abuelita decirle que siempre ayudará a quien pudiera, aunque ahora tenía miedo de que eso provocará un desastre.
—¡Oye! —Creek abrió sus ojos abruptamente al escucharlo repentinamente gritarle—. ¿No te estás muriendo de frío?
—Oh no amigo, así es la mejor forma de conectar con tu mente y la naturaleza, lo hago todo el tiempo.
—Ay por favor Creek, es una tormenta fuerte —extendió una esquina de su manta—. Es bastante grande y con el calor de nuestros cuerpos estaremos bien.
Creek quedó sorprendido por cómo Floyd no se creyó su mentira, a pesar de querer rechazar la oferta, quiso buscar calor como sea, así que se acercó a Floyd y ambos se acomodaron para que la cobija los cubriera a ambos.
A pesar de estar sentados demasiado cerca, sus rostros querían evitar todo contacto posible, las mejillas de ambos empezaban a tener un color rojo, era algo demasiado embarazoso para ellos estar así, ni siquiera se conocían del todo, pero tampoco se habían dado la oportunidad para hacerlo.
El sonido de la lluvia era lo único que golpeaba sus oídos, no parecía que el clima fuera a cambiar en un rato y se les agotaba la paciencia.
Aún sin verse ambos pensaron que había que romper el hielo.
—Entonces —dijeron al unísono. Sus rostros se pusieron aún más rojos y aún querían evitar el contacto.
—Lo siento
—No, perdón… ¿qué ibas a decir? —se disculpó Floyd.
—Emm, no tienes que responder, pero ¿por qué haces yoga?
—No era algo que solía hacer, solamente me dijeron que sería algo bueno para mí y… —no quiso seguir.
Creek no tenía idea de lo que había tenido que pasar Floyd, sólo podía recordar el día en que la reina Poppy y Ramón habían regresado otra vez a su pueblo, presentando a hermanos desconocidos de Ramón.
En este momento le gustaría que Floyd le contará su historia, quería que aunque fuera un solo troll, no tuviera miedo de hablarle.
—Eres de muy pocas palabras ¿no es así?
—¿Eso acaso te importa? —Floyd se puso a la defensiva—. Y no, en realidad no lo soy. Pero ya que quieres hablar tanto ¿Por qué viniste en realidad hasta aquí? Creo que había mucha gente que podía hablar más contigo y podrías estar más cómodo ¿No? —golpeo fríamente a Creek con sus preguntas. No lo vio venir y no estaba preparado para ello.
Lo pensó por unos segundos.
—No creo que tengan intenciones de ser generosos y dudo que lo entiendas
—¿Cómo no voy a entender que hayas puesto a mi propio hermano en peligro?
El morado se quedó callado por varios segundos, ya era tarde, sabía lo que había hecho, pero no era algo que hubiera podido ocultar para siempre. Parece que jamás tendrá la oportunidad de que alguien lo recuerde más allá de ser el que llevó casi a la extinción a su pueblo.
—Si sabías, entonces, ¿Por qué esperabas una respuesta diferente?
Unos segundos de silencio
—No lo sé —admitió. Pero no mencionó que tenía interés por saber de él, sólo que no quería causar problemas.
—Tal vez quería que tú mismo lo admitieras
—¡No quiero que creas que yo niego lo que hice! —se defendió—. Solo…creí que podrías ser diferente.
Floyd reflexionó unos segundos sobre lo que le acaban de decir.
—Ni siquiera hemos tenido una conversación normal antes, ¿qué te hace pensar eso?
Las lágrimas de Creek ya no podían esperar y se deslizaron por sus mejillas.
Floyd pudo empezar a oír su llanto, a Arroyin ya no le importaba que el peli rosa presenciara eso.
—Espera ¿en serio estás llorando? —preguntó sarcásticamente—. No sé cómo puedes hacerte la víctima ahora
—¡Ya te lo dije! no quiero hacer eso…
Floyd abrió la boca para decir algo, pero se tragó sus palabras. El sonido de las lágrimas que se combinó con las gotas de lluvia lo dejaron pensando en todo lo que había observado, había algo de sinceridad en sus expresiones. Pero tampoco estaba seguro sobre si todo era actuado o no.
“Es un maldito traidor que nos dejó al borde de nuestra muerte”.
Las palabras y la historia que le contó su hermano empezaron a sonar en su cabeza. Su hermano.
Recordó al pequeño bebé al que creyó que no volvería a ver, por una estupidez que cometió. Algo de lo que verdaderamente estaba arrepentido. ¿Qué derecho tenía él de juzgar a Creek entonces? Cuando también afectó la vida de las personas que más quería, a su hermano, a su abuela, puso en peligro a sus hermanos para que lo rescatarán.
Quizá, si él podía estar arrepentido de sus acciones demostrando lo estando con su familia, Creek podría estar haciendo lo mismo.
El arrepentimiento empezó a invadirlo, pensó que en realidad él estaba siendo muy injusto.
—Mmm, oye, quizá no todo sea tan malo, has hecho buenas acciones ¿no?
—No lo entenderías
—¿Y qué es lo que tengo que entender?
—¡Que esto nadie me lo va a hacer olvidar! Pero claro, perdonemos a la chica que destruyó nuestro hogar y robó las cuerdas, y que sea la mejor amiga de la reina y de todos al parecer.
—Creek… —tragó saliva.
—Es algo que ya acepté, que tal vez…— su voz cambio drásticamente a una más rota— Sólo sea el hecho de que, por mi culpa, nadie va a confiar en mí de la misma forma que lo hacían antes y tal vez, en realidad, jamás encontraré esa felicidad otra vez porque siempre seré el traidor de la aldea, ¿eso querías no? Ahora, no vuelvas a hablarme después de esto.
No era la intención de Floyd que su maestro de yoga se desmoronará, aunque creyó que era algo que Creek quería soltar desde hace tiempo, quería tener a alguien para que lo escuchará. Muy diferente a lo que pensaba. Pensó que las palabras ya no podían ayudarlo, así que a pesar de la vergüenza, hizo lo mejor que se le ocurrió, tomó el cuerpo del gurú triste dándole un abrazo.
—¿Qué haces? —siguió llorando— Es una broma ¿no es así?
—No, pero, pensé que lo necesitabas
Creek no se movió, era algo que no le habían ofrecido desde hace mucho tiempo y era tan cálido, tan humano. Ni siquiera intento apartarse.
Incluso para Floyd fue como un alivio poder darle a alguien su apoyo después de irse por más de 20 años sin haberle concedido ese apoyo a la persona que más le importaba. Se dio cuenta de que el morado y él no eran tan diferentes.
Después de unos segundos, ambos sintieron que era suficiente.
—Tal vez deberíamos…—comentó nerviosamente Creek.
—O si claro…—al incorporarse ambos se vieron por primera vez a los ojos en todo el tiempo que estuvieron sentados, no terminaron de hablar y cada uno se fijo en los orbes hermosos del otro. Ambos corazones latieron de una forma que no habían sentido antes, todo ahora parecía estar en silencio, con el mundo en blanco.
Después de unos segundos que parecieron una eternidad para ellos, voltearon sus miradas hacia lados opuestos, aún invadidos por la pena siguieron sonrojados.
“¿Qué fue eso?” Ambos se preguntaron.
—Oh aquí están —dijo un troll con cabellera verde— La lluvia terminó, podemos volver a casa.
Estuvieron demasiado distraídos que no se habían dado cuenta de que la lluvia había cesado.
Floyd y Creek le hicieron caso sin decir una palabra y sin tener el valor para mirarse otra vez. Ambos se fueron con la cabeza en otro mundo, pero de alguna forma sentían satisfacción con lo que sucedió entre ellos estando a solas.
No se volvieron a ver hasta la sesión de la siguiente semana. Floyd llegó un poco antes que todos, después de unos minutos vió al morado salir de las hierbas.
—Emm, hola Floyd —saludo nervioso Creek
—Hola —respondió tranquilamente, no podía negar que estaba feliz de volver a verlo.
