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¿Cambiar por ti? (Eduarjon)

Summary:

Jon rechaza la confesión de amor de Eduardo, a quien le daría una sola única y última oportunidad de ser un mejor amigo antes de (aunque no se lo dice directamente), quizás, conquistar su corazón.

Notes:

Hola a todos, espero que les guste este nuevo fanfic, tengo pensado que tendrá por lo menos unos 30-40 capítulos. Es el primer fanfic largo que hago y espero poder ir actualizandolo de a poquito <3

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Confesión

Notes:

Nota importante: Este fanfic no solo se tratará del ship principal (Eduardo x Jon), habrán otros ships que están en los tags y tampoco se tratará solo de romance. Además, habrán muchas fumadas mías, aventuras, acción, drama quizás, etc. Y habrán muchos personajes secundarios. En fin, solo te pido que no esperes que todo se trate de ships, nada más jdsjs.

Chapter Text

Por Dios, Eduardo llevaba semanas queriendo decirle. Estaba a punto de explotar de amor cada vez que estaba a su lado, riéndose por chistes de humor blanco que no daban ni una pizca de gracia, siendo tan tiernamente ingenuo cuando remarca cosas obvias, o simplemente existiendo con esa cara de bobo que se trae. Todo de él le gustaba, por eso siempre encontraba la forma de evitarlo a toda costa o usarlo como medio de entretenimiento para hacerlo sentir inferior, o como un idiota.

A Eduardo le gusta eso. Le gusta sentirse superior a los demás y rebajar a las personas a un tacho de basura insignificante, y por supuesto, al lado de eso ser como un rey. Pero se enoja cuando no le sale, cuando la gente sabe que no se merece ese puesto, cuando se oponen a su miserable idea de tener más valor que otros. Pero eso solo sucede con las personas que son seguras de sí mismas y no se dejan pisotear por alguien tan especial como Eduardo.

Con Jon eso no pasaba. Jon, en vez de oponerse, prefería no buscar pelea y aceptar que era insignificante al lado de Eduardo con tal de hacerlo sentir bien, porque su propia felicidad no importaba, él solo era su súbdito que debía obedecerlo. Si no lo hacía, probablemente acabaría en el hospital. Jon no quería eso, al menos no de nuevo.

Un ciclo interminable, siempre lo mismo. Eduardo se burla de él, probablemente diciéndole que es torpe, inútil o un bueno para nada - Jon quiere defenderse pero no tiene el valor - el hombre acepta su inferioridad - Eduardo está satisfecho aprovechándose de la inseguridad de alguien más para sentirse mejor consigo mismo.

Tristemente, y la realidad se hace muy clara, todo eso era solo una farsa. Es como una dopamina tóxica. Mientras más se burlaba y lo pisoteaba, más vacío acababa experimentando en el interior. Pero… ¿Por qué seguir así, entonces? ¿Por qué seguir beneficiándose de otra persona de esa forma, si al final tú mismo te acabas empeorando? ¿Por qué no elegir otro camino, quizás uno más amable y sincero?

La respuesta es fácil: Porque tiene miedo. Y cuando digo miedo, no es nada pequeño, es grande… por no decir algo como abismal. Eduardo tiene miedo a parecer débil o manipulable, por eso tiene esa actitud tan arrogante y aparentemente malvada por el mero hecho de ser malo. No es así. Es obvio decir que no justifica ninguna de sus acciones, mucho menos cómo es con Jon. Y es obvio también que no quiere aceptar que tiene traumas de cuando era más pequeño. Trata de ignorar eso lo más posible.

Sin embargo, algo inesperado ha florecido dentro de él: Amor. Amor incondicional. Pocas veces se ha sentido así en su vida, y las pocas veces ha sido con su familia, su mascota o con su ex novia. Mas nada es perfecto en la vida, pues de quién se ha enamorado es su propio “amigo”, a quién ha manipulado y echado a perder más de una vez.

Eduardo se pregunta cada noche antes de dormir, carcomiendo su cabeza. “¿Por qué tenía que ser justo él? Podría haberme enamorado de Mark, o incluso de Tom, creo que hubiera sido mucho mejor. Pero, ¿este imbécil de mierda? Lo voy a matar, juro que lo voy a matar mientras duerme”

Eduardo en realidad no odiaba a Jon a muerte. Osea, lo odiaba, pero no como para realmente asfixiarlo hasta que deje de respirar. Digo, algunas veces deseaba eso con todo su ser, pero definitivamente no lo haría… ¿o sí?

En fin, Eduardo no supo nada mejor que hacer que hablarle a Mark sobre lo que le estaba pasando, ya que no tenía otra persona a quién decírselo, y la única otra persona que podría ayudarlo parecía ser muy mala idea.

 

La conversación fue algo así.

 

Eduardo salió de su habitación con una taza de café vacía en la mano, dejándola en el lavaplatos, mientras le dirigía la palabra a su compañero.

—Hey, Markus. Necesito que, uh.. Me des un pequeño consejo.

Mark pestañeó dos veces, claramente confundido. Eduardo nunca le había pedido algo así antes a excepción de cuando estaba con Laurel, y eso fue hace mucho tiempo. Dejó de leer el libro que estaba leyendo, se acomodó los lentes y lo miró.

—Tch. ¿Qué te picó ahora, pequeñín?— dijo en un tono burlesco, obviamente agarrándolo para la risa.

—¡Cállate, idiota! Es algo realmente importante. Y… Un poco tonto,— se sentó a su lado, no tan cerca para respetar su espacio.— ¡Además, no me digas pequeñín! Soy mayor que tú.

—Ah, sí, en edad.— remarcó, claramente divirtiéndose con la reacción del contrario. —Ya, dime. ¿Qué consejo necesitas de alguien tan sabio como yo?

Eduardo rodó los ojos antes de responder.

—Pues… es difícil de explicar. No, más bien, me da vergüenza. Mucha.

—¿Mm? ¿Le dio verguencha al niño? Qué tierno.

—¡MARK!— exclamó enojado, lo que hizo que el rubio se riera a carcajadas. —¡Te voy a asesinar! ¡¡Déjame hablar!!

—Ay, está bien, está bien— Dijo casi sin respirar de la risa. —Continúa.

Eduardo trago saliva, vio hacia otro lado, a la ventana, al piso… como recalculando lo que quería decir.

—Me… gusta Jon, ¿okay?

Mark se dejó de reír instantáneamente. Abrió los ojos, estupefacto. No dijo nada.

—Él me… Hace sentir cosas, ya sabes, en la panza y así. Ugh… —suspiró, pasando las manos por su cara, deslizandose por el sofá.— Esto es demasiado tonto como para ser real, ¿sabes? Me siento frustrado… no sé si pueda seguir ocultándolo, ¿bien?

—Edu…— dijo con preocupación, mirándolo como si se hubiera mandado la cagada más cagada de las cagadas. —Eso explica muchas cosas, pero… ¿Sabes que significa, cierto?

Eduardo lo miró desconcertado, no entendiendo bien a qué se refería. —¿Qué? Oh, vamos, Markus, tan malo no puede ser, ¿cierto?

Mark solo lo miró por un largo rato en silencio.

 

—¿Cierto…?

 

Esa palabra, que tan despacito había sonado, casi como un susurro, resonó en el aire como un globo reventandose en medio del silencio. Hubo un momento bastante incómodo entre los dos, miradas cruzándose y los dedos de Eduardo jugando contra los botones de su camisa.

—...Oh.— bajó la cabeza, como decepcionado de sí mismo. Realmente esperaba otra reacción de parte de su amigo. “No sé porque no me esperaba algo así” pensó.

—Mira, Eduardo. Si realmente quieres un consejo, te seré totalmente sincero. ¿Estás dispuesto a escucharlo?

El mayor respondió asintiendo la cabeza.

—A ver. ¿Cómo digo esto directamente, Edu…? Si hay alguien a quién más le has hecho daño, Eduardo.. Es Jon. Y eso todo el mundo lo sabe. Si le dices que te gusta, lo más probable es que te mande a la mierda. Así te lo digo. Así que yo que tú, me lo guardaría bien al fondo de mi corazón y me olvidaría de esos sentimientos. ¿Ya?

La cara de Eduardo se estremeció de pura rabia con las últimas palabras de Mark. Se paró del sillón de golpe, su voz ligeramente más alta. —Es que no puedo, Markus. No puedo simplemente ignorar lo que siento, no es así de fácil.

La cara de Mark era de fastidio y molestia. Estaba tan acostumbrado a estos cambios de ánimo, pero hoy día no planeaba lidiar con ellos. —Pero Eduardo, a ver, déjame preguntarte una cosa. Si realmente lo amas, ¿Por qué eres así con él?

El hombre se quedó callado. El enojo corría por sus venas. No sabía qué responder.

—Porque yo… no quiero que… no quiero que vea lo… ¡UGH! — Se quejó, frunciendo el ceño, a nada de llorar. Sin embargo, se abstuvo de hacer algo de lo que se arrepentiría después, así que se marchó, abriendo la puerta principal de la casa para salir a la calle y tomar algo de aire. Cerró la puerta de un portazo.

Mark suspiró pesadamente. Estaba harto de tener que discutir con él por la mínima cosa y más encima nunca le pidiera disculpas. No podía hacer nada para cambiar las cosas, por más que quisiera, Eduardo siempre actuaba así. “¿Será que alguna vez cambiará esa actitud?” pensó.

 

(...)

 

Eduardo había salido desde la tarde hasta ahora en la noche, y Jon estaba algo preocupado por él, ya que Mark le mencionó que discutieron y se fue así sin más, pero no le explicó por qué habían discutido. Jon le insistió por horas para que le dijera, pero fue en vano, no conseguía ninguna respuesta, solo gritos. Eso lo hizo sentir un poco mal, así que se encerró en su habitación a jugar videojuegos para escapar un rato de la realidad.

Hasta que se escuchó la puerta abriéndose y un suspiro exhausto. Jon pausó el juego y asomó la cabeza desde la puerta de su habitación, viendo la silueta de Eduardo en la distancia, sosteniendo algo. En realidad no tenía muchas ganas de verlo, pero aún así estaba aliviado de que volviera a casa sano y salvo, tenía miedo de que algo malo le pasara.

Eduardo lo vio y se quedó congelado, sin saber muy bien donde estaba parado. Jon se le quedó viendo y se rió torpemente. —Hey, Duardy. Llegaste tarde. Pensé que te habían matado o algo.

—Jon…— susurró, sonriendo suavemente. —Jon, ¿Podrías venir un poco?

Con desconcierto, Jon se acercó, notando como Eduardo escondía algo detrás de su espalda.

—¿Qué tienes ahí? ¿Es comida?— dijo con emoción, sonriendo, embobado con lo que sea que el hombre tenía detrás.

—No, idiota— se burló. — Es… es algo para tí. — habló en un susurro, haciéndose difícil entenderle.

—U-ummm… No te escuché bien. ¿Es algo para Edd? ¿Por qué querrías darle algo a ese imbécil? ¡Ja! ¿Estás loco, Duardo?

—¿¡Qué!? ¡No! ¡Claro que no!— dijo realmente molesto, tomando desprevenido a Jon. —Es mejor que lo veas por tí mismo, Jon, es.. es, uh… es algo para tí...

Jon se sonrojó al escuchar esto, completamente sorprendido. ¿Eduardo… le estaba regalando algo para él? Eso nunca había pasado. Él no era exactamente conocido por ser alguien dulce, mucho menos por llevarle regalos a la gente. Siempre estaba peleándose con Edd, obsesionado con hacerle la vida imposible, tendiendo trampas y burlándose de sus amigos. También parecía tener una obsesión con burlarse de sus propios amigos. Inentendible, la verdad. Pero era imposible siquiera imaginarlo en una situación como esta.

—¿Oh? Uhm… ¿puedo ver?— respondió tímidamente, esperando un sí como respuesta.

El más bajito miró hacia otro lado, intimidado por la respuesta de Jon hacia su próxima confesión. —Está bien, pero… no te burles, ¿okay?— una de sus manos agarró el objeto y se lo mostró a Jon. Era un bello ramo de flores azules y violetas, cada una de ellas cuidadas perfectamente. Sí, eran reales.

Jon no pudo evitar abrir su mandíbula, sus ojos enganchados en los hermosos colores y tonalidades. Sus mejillas se tornaron rosadas, y no podía hablar con normalidad. —T-tú… ¿esto es…? ¿para mí? ¿e-enserio?— Tartamudeó.

—Jon.. yo, yo te amo. — se apresuró a decir Eduardo, no podía aguantarlo más. —Pareciera como si te odiara, ¿sabes? pero… no. No realmente. Lo he estado ocultando por mucho, mucho tiempo. Me gustas. Desde hace un año. Estas.. flores, las escogí por ti. Sé que te gusta mucho el azul y… no sé si el violeta también, pero eh,— se rió nervioso— era lo que había en la tienda y.. uhm. Bueno, Jon, yo…

El más alto le tapó la boca con un dedo, agarrando el ramo de flores. Cuando levantó la vista, notó la decepción y el asco en su rostro. Oh, mierda… Mark tenía razón. Eduardo dio un paso hacia atrás, estampándose contra la puerta ligeramente.

La expresión en la cara de Jon era clara. Se había sentido irritablemente incómodo durante la confesión. Hubo un largo, largo silencio, obstruido por la repentina lluvia que se empezaba a escuchar de afuera. —Perdón, Jon, te juro que- yo no quería que- Sé que no debí-

—Espera, cállate un poco.— susurró inmediatamente, dejando helado a Eduardo. —Así que… ¿te gusto? Oh, wow… —dijo con asco, su mano rascando su nuca. —No lo sé, Eduardo. Digo, lo agradezco mucho, en serio. Las flores y tus palabras están muy bonitas y todo, pero… tú sabes que soy hetero, que a mí me gustan las mujeres. Siempre me han gustado. No estoy… uhm, bueno. Interesado en formar una relación con un hombre. No es mi cosa, lo sabes.

Eduardo esperaba una respuesta así, pero no la expresión con la que Jon lo miraba. Eso le dolió más de lo que le gustaría admitir. Le partió el corazón en dos. Suspiró. —Sí… lo sé. Está bien. Solo quería sacarmelo de encima, no quería vivir sin que lo supieras.

 

Hubo otro silencio incómodo. Jon no paraba de sentirse asqueado, él juraba no ser homofóbico ni nada de eso, pero ¿Qué se supone que debía hacer en esta situación?

 

—Además,— añadió, su tono un poco más serio pero tembloroso, como con miedo de lo que iba a decirle. — No quiero sonar así, pero tú siempre me has tratado… mal. Juro que no quería decirlo yo, pero… si ahora dices que me amas, simplemente no lo entiendo. Es decir… ¿cuándo me has querido siquiera, Duardy?

Esas palabras llegaron a su corazón como un flechazo; Y no de los buenos flechazos. Eduardo se quedó callado, el mundo se vino para abajo, no quedaba más que el sonido de la lluvia golpeando el techo y mojando el pasto del patio.

—Supongo que… seguiremos siendo “amigos”, si es que eso quieres, — continuó. — seguiremos comiendo juntos en la casa, viendo televisión, etc. Pero, eh… no esperes que todo siga siendo igual. Al menos para mí, algo está cambiando nuestra “amistad” desde este momento. — pausó. — Y… no sé si para bien o para mal.

Eduardo no dijo nada. Jon no lo esperó y se apresuró a despedirse.

—Buenas noches, Edu. Piénsalo. Duerme bien. — Se volteó, aún con esa expresión de asco en su cara, y se dirigió a su habitación con el ramo de flores en la mano.

—Buenas noches, Jonny…— dijo él, con lágrimas saliendo de sus ojos.

 

Hoy no fue un buen día, ni para Jon, ni para Mark y mucho menos para Eduardo. ¿Quién sabe que pasara mañana o dentro de los siguientes días?