Work Text:
Puso su puño cerca de su barbilla, sin apartar la vista que tenía por debajo de él.
Estaba sentado en el marco de aquella enorme ventana, sin sentir verdadera preocupación por los cinco pisos que lo separaban del suelo, mientras mantenía fija su mirada nostálgica en el paisaje frente a él. Aunque, a pesar de parecer ensimismado por la vista urbanizada, en realidad estaba profundamente sumido en sus propios pensamientos.
No pensaba en el anciano cruzando la avenida, ni en la madre que jugaba con su hijo esperando el cambio de color en la luz del semáforo, ni en el perro que ladraba a un asustado transeúnte.
Su mente divagaba en el cúmulo de recuerdos de los últimos meses que guardaba recelosamente en su mente. El día en que llegó a la ciudad de Makochi. Cuando comió su primer omelette en Pothos, su primera impresión de Nirei, la curiosidad que tuvo al notar la sonrisa engañosa de Suo.
Las mariposas que sentía revolotear en su estómago cuando la gente y los comerciantes le agradecían su ayuda.
La calidez en su pecho cuando le regalaban algún bocadillo bajo el argumento de haber sido amable.
El calor de sus mejillas cuando notaba cómo le sonreían.
Y todo lo que había dejado atrás.
El hueco en su pecho pareció más doloroso al recordar que esa realidad no era más que un distante recuerdo. La culpabilidad de no haber podido hacer lo suficiente para proteger todo aquello que le había dado tanta calidez no lo abandonaba desde que tomó la decisión de huir de ahí.
“¿Estarán desilusionados? ¿Enojados? ¿Ya… ya se habrán olvidado de mí?”, no podía evitar preguntarse a sí mismo aun si con aquellos sentimientos la herida invisible en su alma parecía volver a abrirse y sangrar.
“¿Habré hecho lo correcto?”.
Apretó su puño aún más en un impulso de que el dolor físico sobrepasara el dolor emocional.
Fácilmente podría imaginar a Nirei buscándolo en las calles comerciales. A Suo visitando su tenebroso departamento en espera de que volviera. A Kiryuu y Tsugeura buscándolo entre los callejones grafitados. A Sugishita con su eterno ceño fruncido buscándolo a lado de los líderes de tercer año. A Anzai y al resto de la clase gritando su nombre a las afueras de la ciudad.
Y aun con aquella escena, sabiendo que muy probablemente lo estarían buscando, Sakura no encontraba el valor para dar vuelta atrás. Era curioso, cómo podía fácilmente dar el primer paso para enfrentarse a golpes contra cualquiera que se dispusiera a golpearlo, pero para poder reencontrarse con los que al fin había nombrado amigos, el miedo lo paralizaba por completo.
Y, aun así, a pesar de toda aquella montaña de miedo, aún estaba el deseo de regresar.
- ¡Sakura! - el chico se estremeció con intensidad cuando escuchó su propio nombre en una voz que repudiaba. En un reflejo intenso, quitó con dureza la mano que se atrevió a tocar su hombro y su cuerpo trató de apartarse, golpeando con su espalda de manera abrupta el marco de la ventana en donde se encontraba recargado.
Su respiración, antes débil, ahora era fuerte y discontinua.
Su acompañante, lejos de parecer asustado u ofendido, mostró una sonrisa burlona después de algunos segundos.
- ¿Qué mierda quieres, Endo? - fue su no muy amigable pregunta mientras trataba de recuperarse de aquel susto, entrecerrando los ojos y tensando su cuerpo, claramente incómodo por la presencia del mayor.
-Nada. Te llamé desde la entrada, pero no me respondiste. - el tono divertido de Endo no le agradó ni un poco, pero su entrecejo se frunció más al notar cómo el otro chico se acomodaba en una posición similar a la suya, recargando su espalda en el otro extremo de la ventana, justo delante de él.
Un silencio incómodo para el menor pero perturbadoramente divertido para el mayor duró durante pocos minutos antes de que Endo se atreviera a volver a hablar.
-Por un momento creí que saltarías. - mencionó como si aquello se tratara de un chiste.
Sakura se tragó un gruñido ante tal afirmación, aunque no tuvo el valor ni las ganas de contradecirlo. Desvió la mirada de él hacia el paisaje de abajo, percibiendo la gran altura una vez más.
“Si que dolería…”, pensó curioso, aunque inmediatamente trató de que aquella idea volara lejos de su cabeza. La idea de desaparecer, el impulso de ya no querer estar más ahí, de irse a un rincón del mundo sin mirar atrás…
Esa idea sí que le pareció tentadora.
Como si desaparecer del mundo, sin morir, sin tener que vivir, fuera la mejor opción en aquellos difíciles momentos.
Soltó una bocanada de aire silencioso tratando que el dolor en su pecho se aligerara.
No funcionó.
-Takiishi quiere irse esta noche. Al parecer, desde que derrotó a Umemiya, es difícil encontrar a alguien que realmente merezca la pena. - pronunció, con ese aspecto despreocupado tan característico.
Sakura ni siquiera volteó a verlo, pero frunció aún más el ceño, indicando que estaba escuchando con atención. Escuchar que el líder de la Fuurin había sido derrotado por otro sujeto, le provocaba a Sakura un gran malestar.
¿Cómo es que podía sentir tanto al mismo tiempo y verse orillado a solo aguantar en silencio?
- ¿Y ahora, donde mierdas vamos a terminar? - preguntó Sakura, queriendo sonar desinteresado, pero a oídos de Endo aquellas palabras estaban empapadas de incertidumbre y culpa.
-No lo sé, tampoco es que importe realmente. - se hundió de hombros justo antes de levantarse de su lugar. Miró a Sakura durante algunos segundos antes de pasar su mano por su cabello bicolor.
No como una muestra juguetona o amigable, sus dedos jalaron con cierta agresividad las hebras del más joven, quien a pesar de tratar de detenerlo sujetándolo de la muñeca, reprimió un quejido ante la insistencia.
Endo le obligó a levantar ligeramente su rostro para que lo viera con los ojos entrecerrados.
-Definitivamente. Fue buena elección que dejaras la Fuurin. Serás mucho más fuerte estando solo. - el dolor de sus dedos quedaba pequeño comparado con la apuñalada en el pecho que provocaron sus palabras.
Cerró ambos ojos con furia, al fin apartando la mano ajena de él mientras se sostenía aun del marco de la ventana.
Endo soltó una risotada antes de ondear su mano y alejarse dando pequeños saltitos hacia la salida de la habitación.
Cuando se supo solo, luego de escuchar el sonido de la puerta principal cerrarse, Sakura se levantó de su lugar y golpeó con su puño cerrado en la pared más cercana. Sus piernas, temblorosas y débiles, se doblaron ante su pecho y cayó de rodillas sobre el piso de madera.
Llevando sus manos a su pecho, apretando con fuerza entre sus dedos su camiseta, respiraba con fuerza tratando de recuperar el aire que parecía negarse a llegar a sus pulmones. Algunas gotas de sudor frío cayeron por su frente hasta su barbilla, pero poco podía hacer para tratar de retomar control sobre su propio cuerpo.
De haber sabido que le afectaría tanto, que le conllevaría tanto dolor… hubiese preferido jamás saber qué se sentía tener compañeros, qué era conseguir amigos. Si de todas maneras la puta vida lograría volver a arrebatarle las cosas importantes y terminaría nuevamente solo… tal vez hubiese sido mejor abrazar desde el principio la oscura soledad.
Pero ya era tarde para cambiarlo.
El pasado no podía reescribirse.
Sintiendo aun la pesadez en su pecho, se levantó con lentitud y con cierto tambaleo, percibiendo un pequeño traspié que lo obligó recargarse en la pared que momentos antes había golpeado.
Suspiró un par de veces antes de retirar su mano de su pecho.
Ojalá el día en que ya no sintiera nada llegara pronto.
