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12 líneas, 2 susurros al corazón

Summary:

¿Fantasmas o extraterrestres? Esa fue la brillante idea con la que comenzó esta locura.

Naruto jura que los extraterrestres son reales. Sasuke cree en los fantasmas. ¿La solución? Una aventura improvisada (y un poco ridícula) rumbo al Ajusco, donde todo puede pasar.

¿Quién ganará? ¿Y quién terminará cayendo? (Y no solo por culpa de los extraterrestres, si entiendes a lo que me refiero).

Luces extrañas, criaturas sospechosas, posesiones sobrenaturales, y un par de adolescentes que no paran de molestarse o tal vez, ¿de enamorarse?

Prepárate para una historia con acción, comedia, un poco de terror y mucho caos.

¿Incluso un romance adolescente?

Descúbrelo en esta historia.

Notes:

He traído con ustedes una nueva historia. Ya sé, ya sé, ustedes dirán: “pero yo solo veo una publicada”. Y mucha razón, ya que mis historias originales se encuentran en otro lado (por si les llega a interesar).

No es mi primera vez escribiendo este tipo de historias, pero sí que subiéndolo (ahora sí) y espero hacerlo bien. El objetivo es que se diviertan como yo escribiendo, así como les estaré agradecida por haberse interesado en ella; sin más que decir, pasaré a los puntos importantes, no spoiler.

╭⊱Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ ••• Advertencias/Avisos ••• Ƹ̵̡Ӝ̵̨̄Ʒ⊱╮

↻┊Historia LGBTQ+ (ya podrán imaginar sobre que personajes).
↻┊Quizá al inicio la actitud de los personajes o incluso apariencia se vea distorsionada, pero hay una razón, más no hay de qué preocuparse, ya que eventualmente tendrán esa personalidad que tanto los caracteriza.
↻┊Posiblemente la versión sin censura se encuentre en AO3, o quizás no, pero sí que se encontraran en ambos lados (si está en otro sitio, yo les avisaré).
↻┊Al ser un fanfic verán referencias del mismo anime, así como de otros en los que me inspire, pero también teniendo mi toque.
↻┊Siguiendo con el punto anterior, se debe saber que esta historia está ambientada en México (más específicamente, la CDMX), así que puede haber menciones a lugares o expresiones (trataré de no abusar de ello y si lo hago, explicar un poco).
↻┊Está historia es slow burn (a fuego lento). No es por dar spoiler, pero está historia no es solo de cierta parejita que amo con locura, sino que también contiene un lore, espero y eso no mate sus ganas de seguir leyendo.
↻┊Si tengo un error o detalle pueden hacérmelo saber.
↻┊Algunos temas pueden ser sensibles para algunos lectores, se pide discreción y respeto.

Eso ha sido todo, ahora sí, pueden seguir leyendo sin más interrupciones, disfrútenlo, espero que les guste y sea de su agrado.

Chapter 1: ¡Una apuesta! ¡Dos entradas!

Chapter Text

Se rumorea por ahí —en las esquinas del mundo y en los cafés donde se cuentan secretos con azúcar y pan dulce—; que existe un hilo rojo invisible.

Un hilo que, según los más románticos (y los más desesperados también), tenemos en el meñique de nuestra mano y está a su vez los une a otra persona. Quienes están destinados a encontrarse, sin importar cuánto tarden, cuántos errores cometen o cuántas veces se hagan los tontos.

Porque de que se encuentran, se encuentran.

Y claro, como en todo buen chisme del destino, siempre hay alguien que pregunta lo obvio:

—¿Entonces por qué yo no lo tengo? —exclamó, con el drama digno de una telenovela.

Un joven rubio que, entre berrinche y berrinche, no podía ocultar que estaba en crisis existencial.

—Es invisible, idiota... —murmuró el otro, cruzándose de brazos.

Como si no le importara, pero sabemos que es todo lo contrario.

El rubio abrió los ojos, ofendido. ¿Acaso no se suponía que su dolor era digno de empatía?

—¿Ah? ¿Acaso no te interesa? —renegó, medio dolido, medio buscando pelea.

Y ahí es cuando el otro, un joven de cabello negro azabache como si se hubiera tragado toda la noche —me salió rima—, se acercó con calma.

Tomó la mano del joven berrinchudo, extendiéndola junto a la suya. Ambos miraron sus palmas, donde brillaban dos marcas: un Sol y una Luna.

¿Cursi? Tal vez. ¿Inevitablemente simbólico? Obvio.

—Nosotros no necesitamos un tonto hilo invisible. Esto debería ser más que suficiente.

Soltó sin vacilar. Y claro, dejó al otro sin palabras. Literalmente.

—Sasuke...

Y pasamos por unos horribles rayos de sol. Intensos. Molestos. De esos que te despiertan cuando justo estabas soñando con algo que no entiendes, pero sabes que importa.

Parpadeó un par de veces, provocando que los tallara mientras recuperaba la conciencia.

—Sasuke, hemos llegado —avisó su hermano mayor, con ese tono de "bájate ya o te dejo aquí".

—¿Eh? —preguntó, aún confundido.

—Seguías dormido —dijo el otro, medio divertido. Y como todo hermano amoroso, agregó—: Tienes clases. Avísame cuando salgas.

—Claro... —respondió Sasuke, todavía flotando entre la fantasía y la realidad.

Tomó sus cosas y ahí va, bajando del auto, con su mochila en un hombro y la cabeza llena de preguntas sin nombre. Como buen protagonista confundido. Porque, seamos sinceros: ¿quién sueña con marcas brillantes y no se cuestiona su existencia al despertar?

Inconscientemente, miró su mano izquierda, no había nada.

Pero el tiempo no espera y mucho menos lo hacen los gritos.

—¡No te quedes ahí parado, que te rostizaras! —grito a lo lejos un chico de cabello blanco y de dientes como un tiburón.

El de cabello azabache caminó hasta su grupo de amigos, refugiándose en la sombra que les brindaban los árboles.

—¿No tienes calor con ese suéter? —preguntó la pelirroja, mientras se abanicaba con la mano, como si se derritiera.

—No, estoy bien —respondió él. Frío por dentro, ya se imaginarán.

Karin, sin poder creerle, le tomó de la mano y sí, confirmó lo que todos sospechábamos: helado como la traición.

—Tienes las manos heladas —dijo, y como buena amiga imprudente, se la puso en la frente—. Qué fresco...

Sasuke no tardó ni medio segundo en limpiarse la mano. Pero no en cualquier parte: en la camisa de Suigetsu.

—¡Gúacala, Karin! —se quejó, mientras el otro hacía arcadas.

—Qué exagerados... ¿No es verdad Jūgo? —busco respaldo al joven de cabello naranja.

—Preferiría no comentar —dijo él, con el aplomo de quien sabe que no vale la pena meterse entre tanto grito.

Mientras continuaban las quejas, llegaron a sus respectivos salones y se despidieron para el comienzo de las clases.

Lo que pasó en ellas, no te lo cuento. Ya que no le puse atención, la verdad, y de haberlo hecho, me daría mucha pereza relatar, así que daremos un salto hasta el final de ellas.

Así que cuando terminaron las clases —gracias a Dios—, todos tomaron sus cosas y se dirigieron a la salida.

—Chicos, ¿les parece si vamos por unos helados? —pregunto emocionada la chica de gafas y pegándose lentamente a Sasuke.

—No puedo, debo estudiar —avisó, manteniendo toda su atención en su celular.

—Anda, siempre estás estudiando. No te matará dejarlo por un día —opinó Suigetsu.

—Sasuke, ¿podrías prestarme tus apuntes de matemáticas? —pidió Jūgo, ignorando por completo a sus otros amigos.

—Que nerds —murmuró el de cabello blanco, pero Karin le dio un zape’ y ambos empezaron a forcejear.

—Sí —respondió el azabache, dejando su celular a un lado para buscar su libreta. Pero su expresión cambió—. Oh, no...

En ese momento, Sasuke podía sentir como el alma se le escapaba del cuerpo. Lo cual preocupó a los tres chicos; incluso Jūgo arqueó la ceja —signo de preocupación—, sorprendiendo aún más a la chica de gafas y dientes de tiburón.

Era un hecho, el apocalipsis se acercaba.

—¿Qué pasa? —preguntaron al unísono.

—Olvidé mi cuaderno. Seguro lo dejé en el salón. Iré por él, no tardo —y sin esperar respuesta, se fue como el viento.

—¿Soy yo o Sasuke ha estado más distraído de lo normal? —comentó Karin, preocupada.

—Seguramente por lo de su familia —dijo Jūgo mientras leía un libro.

—¿Su familia? No me digas, ¿es por el negocio? —preguntó Suigetsu, aguantando la risa—. Aún no me creo que a eso se dedique su familia.

—No te burles de Sasuke —reprochó Karin.

Amenazando con golpearlo de nuevo, Suigetsu se puso atrás del más alto en ese grupo.

—No me burlo de él —trató de explicar y evadir los ataques de la chica—. Es solo que me recordó a un chico... Creo que está en su clase de matemáticas —intentó recordar.

—¿Qué chico? —preguntó interesada.

—Un tonto... Pero no recuerdo su nombre.

Mientras tanto, Sasuke corría hasta el salón. Como si su vida dependerá de ello, aunque ciertamente sí dependía de su nota. Al entrar, vio su cuaderno debajo de una silla. Aliviado, fue a tomarlo, pero se detuvo al notar que no estaba solo. Un chico leía una revista con total concentración —¿en pleno siglo XXI?—. Sasuke decidió ignorarlo e irse en total silencio.

—Aquí tienes, Jugo —le entregó el cuaderno, y el más alto lo tomó.

—Gracias. Te lo devuelvo mañana —asintió Sasuke.

—Vámonos ya, quiero llegar a casa —chilló Suigetsu.

Los demás asintieron; tomaron sus cosas y se dirigieron a la salida, sin notar que alguien los observaba con suma atención. En especial, a Sasuke. ¿Quién podría ser y por qué? La respuesta te sorprenderá.

—Maldición... —murmuró con frustración, mirando la pantalla de su celular.

—¿Qué pasa? —preguntó la chica de lentes.

Más se preocupó al ver como el chico tecleaba con rapidez y enojo, ese pobre celular había soportado tanto.

—Nada —respondió con indiferencia—. Los dejo, nos vemos mañana.

—Hasta mañana —respondieron los tres.

Prefirieron no insistir y mandarles sus más sinceros pésames para el pobre que sufriera la furia del Uchiha.

¿Ahora cómo regreso a casa? —pensó con desesperación—. Te mataré, Itachi...

Caminaba sin rumbo fijo o siquiera en fijarse para donde caminaba. Para su mala suerte, otro iba igual en las nubes, así chocando.

Sasuke solo podía presenciar en cámara lenta como su celular caía al abismo y su pantalla se quebraba. No dijo nada, ya no era capaz de escuchar al otro como parloteaba.

Reconoció al chico, era aquel rarito de la revista, la cual estaba en el suelo. Sin previo aviso, simplemente alzó su pie y aplastó sin tacto la revista, para después seguir despedazándola y finalmente aventarla por algún lado.

—Mi revista... —dijo dolido y pensando en pagar los gastos del funeral.

Iba por ella, pero fue detenido por el hombro y volteado, encontrándose con ese chico de mirada asesina. Sasuke había llegado a su límite.

—¡Mira lo que hiciste, idiota!

El joven de peinado extraño levantó las manos con nerviosismo.

—¡Perdón! No era mi intención. Te lo pagaré... Pero no me pegues —suplicó y aguantando las ganas de mearse ahí mismo.

Sasuke, harto, lo soltó.

—Solo págame la reparación —suspiró y con su mano peinó su cabello por atrás.

Recogió su teléfono. Iba a marcharse —de verdad que sí, pero recordó y no sabía cómo regresarse solo—, ahí fue el momento en donde su foco se encendió.

—Y... Otra cosa —sentía como sus orejas se calentaban—. ¿Podrías llevarme a mi casa?

El rubio lo miró extrañado y solo pudo rescatar su nuca.

—Eh, claro. Claro, tú dime y yo te guío —respondió, tragándose sus verdaderos pensamientos—. ¿Dónde vives?

—En los Jardines Pedregales —respondió orgulloso.

Mírenlo, mínimo si sabe dónde vive.

—Bien... Está algo lejos. V-vamos. Por cierto, soy Naruto.

—Sasuke. Vamos.

—Ah, sí. Sólo deja y recojo mi revista —fue rápido y por un momento planeó su huida, pero de nuevo fue atrapado.

—¿Ya nos vamos? —aumentó su agarre, como si fuese un mafioso y Naruto solo puedo llorar internamente.

Caminaron hasta la parada del autobús más cercana. Sasuke revisaba varias veces su celular, pero temía que no tuviera arreglo. Lo dejó de lado y miró por la ventana, hasta notar que el otro chico hojeaba con interés una revista.

¿Pues cuántas tiene este chico? —se preguntó.

—¿Qué lees? —ante la pregunta, Naruto lo miró con sorpresa.

—Es... Es una revista sobre los avistamientos de seres fuera de este mundo —decía rápido y con emoción le mostraba la revista.

El joven de cabellos azabaches empezó a reír.

—Qué ridículo, extraterrestres —comentó con burla.

—Claro, tómame por loco. Los extraterrestres existen.
—Es más real que existan los fantasmas, hay pruebas más sólidas de que... —no continuó con su explicación, ya que Naruto era quien reía.

—Lo tuyo sí que son estupideces.

—¿Ah, sí? —pregunto y alzó una ceja.

Naruto se puso de puntillas para estar a la misma altura que el otro chico, estando muy cerca y tratar de parecer intimidante.

—¡Sí! Y sabes, otra cosa...

No pudieron seguir discutiendo, ya que varios chismosos llamados pasajeros los observaban con curiosidad. Hasta uno les gritó: "¡ya bésense!".

Ambos pensaban callar al que había dicho eso, más no esperaban que el camión se frenará, provocando que Naruto perdiera el equilibrio y terminara besando al chico.

Los demás hacían como lobos aullando a la luna. Ambos jóvenes cuando pudieron separarse, escupieron y limpiaban sin cesar sus bocas.

—Bajemos —ordenó Sasuke y Naruto asintió.

Ya en la calle, siguieron discutiendo entre burlas y argumentos —no querían por nada del mundo tocar el tema del beso.

—Ya que tienes tanta seguridad —dijo el más alto, cansado—, veamos si es verdad. Te propongo que vayamos al Ajusco esta noche y lo demuestres.

—Ja, ni siquiera sabes cómo regresar a tu casa y sugieres eso. No me hagas reír —respondió el rubio, burlón.

—¿Miedo? —replicó Sasuke con burla.

—¿Miedo? Ya quisieras. Vamos en este momento.

—Veamos quién gana.

—Y quién pierde.

Cuánta tensión, ¿verdad? Pues lo que pasó, ni te lo imaginas, se pone mejor. Así que continuemos.