Chapter Text
01
Te amo más de lo que el sol ama al mar
Lee Minhee parece una bonita epifanía en ese momento.
Seungmin solo puede verla de reojo, sin darse el lujo de despegar su mirada por completo de la carretera vacía por la que viajan. Pero cuando lo hace, la encuentra riendo y cantando con mal inglés la canción que ella misma puso. El sol le deja un tono cálido en la piel, le enciende las mejillas y ella se ve tan fresca que Seungmin solo quiere parar el auto y tomarla ahí mismo.
Necesita besarla. Con urgencia.
El auto no es lujoso, pero va más rápido de lo normal. Huele un poco a asfalto caliente y quemado, a papas fritas y a bloqueador solar. El aire entra por las ventanas abiertas, despeinando el cabello de Minhee mientras se ríe con la cabeza fuera, como si quisiera tragarse el viento. Seungmin la mira de reojo, con los nudillos blancos de tanto aferrarse al volante.
—¡Vas a volar, Min! ¡Métete! —le grita por encima de la música.
Ella solo se ríe más. Se mete y se mueve ligeramente hasta besarle la mejilla a Seungmin. Luego viaja a su cuello, besando y lamiendo hasta que Seungmin detiene la mano que está tratando de meterse en sus pantalones.
Ella, sin borrar su sonrisa, regresa a su asiento como copiloto y se acomoda, aún con la ventana abajo.
Lleva puestos unos shorts de mezclilla deshilachados, el bikini negro debajo de una camisa a rayas que claramente le robó a Seungmin esa mañana, todos los botones abiertos. Va descalza, con los pies subidos en el tablero, como si el mundo fuera suyo y el tiempo, también.
Después de un rato, ella vuelve a sacar la mitad de su cuerpo por la ventana y Seungmin se obliga a bajar la velocidad con la que maneja. El viento acaricia su rostro y se ve demasiado perfecta para ser real.
—¡Nos van a detener! —grita Seungmin, pero está sonriendo como un tonto enamorado.
—¡No pueden! —responde ella, estirando los brazos fuera de la ventana, teatral, ridícula, preciosa— Y si lo hacen, primero tendrán que separarnos.
Y Seungmin solo puede intercalar su mirada entre el camino y ella.
Minhee a los 22 es todo. Es vida, es risa, es labios rojos y uñas con esmalte descascarado. Si alguien más la viera así, con las piernas al aire y la camisa abierta, probablemente Seungmin tendría que pelearse con el mundo. Quizás consigo mismo. Porque no sabría cómo compartirla.
Es la clase de mujer que parece haber nacido para compartir el verano con él.
Y él la adora.
Porque no solo es el verano. Él la quiere para toda la vida.
Y… se está volviendo loco. Ella lo está volviendo loco.
La carretera es recta y solitaria. Aún les falta cerca de una hora de viaje. No hay negocios a la orilla de la carretera y hace varios minutos que no ven un auto pasar, son solo ellos dos en el mundo y eso reconforta su corazón. Seungmin se la arregla para encontrar un lugarcito que les permite estacionarse y cuando el motor se apaga, Minhee no pierde el tiempo para sentarse en sus piernas.
Se besan un largo rato.
Las manos de Seungmin recorren sus costados, acaricia su cintura, sus muslos. Minhee suspira cuando Seungmin toca su intimidad, por encima del bikini hasta colarse muy lentamente entre la tela.
Jadea suavecito cuando él la penetra. Se sostiene en sus hombros y echa la cabeza hacia atrás. Seungmin besa su cuello y sus clavículas, sin dejar de moverse en su interior.
—Vamos atrás —susurra él sobre sus labios, cuando Minhee junta sus frentes.
Ella asiente y muy lentamente lo deja ir. Él abre la guantera y toma uno de los condones que ha llevado.
El asiento trasero no es muy grande, pero definitivamente es más cómodo para ambos. Minhee se acuesta, no sin antes haber quitado su short de mezclilla. Abre sus piernas y Seungmin se derrite desde la puerta.
Minhee se ve hermosa, su pecho sube y baja con tranquilidad, sus mejillas están encendidas y muerde un poco su labio inferior. Seungmin se relame antes de ponerse un poco sobre ella, besando el centro de su pecho, luego más abajo, mordiendo suavemente la piel alrededor de su ombligo.
Luego sigue bajando, más y más.
Con toda la ternura del mundo, le quita la prenda que cubre su intimidad. Minhee cierra los ojos cuando Seungmin la besa. Él se toma su tiempo, como si quisiera memorizar su sabor, su textura, su calor.
Minhee gime quedito cuando Seungmin mete su lengua. Cómo puede, sube una de sus piernas para poder apoyarse en el respaldo del asiento del conductor. Disfruta la forma en la que Seungmin la come. Le fascina que él sepa qué lugares tocar.
Con las manos un poco temblorosa por la emoción, Seungmin abre el preservativo y lo coloca con cuidado. No deja de mirar a Minhee, quien tiene los ojos cerrados y respira con dificultad.
—Voy a entrar, Minhee —le susurra reclinándose sobre ella, tomando sus muslos para separarlos un poco más, pero sin dejar de acariciar su piel. Busca sus labios para besarla mientras ella asiente lentamente.
Minhee suelta aire cuando lo siente adentro. Seungmin es gentil, por más que ambos necesiten esto, él no la toma con fuerza. Se espera a que ella se acostumbre a la intromisión y comienza lento. Sus manos vuelven a acariciar su cuerpo, toma sus pechos y pellizca dulcemente sus pezones.
—Estás tan húmeda…
Se detiene solo para acomodarla, toma una de sus piernas y la pega al pecho de Minhee, aprovechando la flexibilidad que solo una bailarina tiene.
Sigue presionando su cuerpo contra el de ella, quien se deshace entre gemidos y varios “mierda” que desaparecen entre los labios de Seungmin.
—Me encantas Minhee —dice, entre beso y beso—. Me encanta que estés jodidamente abierta de piernas para mí. Jodidamente apretada. Me tomas demasiado bien, amor.
Y Minhee no puede procesar del todo lo que Seungmin dice. Solo se aferra a su espalda y marca sus uñas en él.
Él sabe que Minhee está por llegar cuando su interior comienza a apretarse y ella ya no puede articular nada coherente. Entonces la suelta solo para apoyarse en la puerta con una mano y con la otra tomarla de las caderas.
Seungmin arremete contra ella, fuerte y errático. Entra. Sale. Entra. Sale. Minhee casi desfallece cuando el placer se concentra en la zona baja de su vientre. Se corre con el nombre de Seungmin entre sus labios y él no tarda mucho en seguirla.
Cuando Seungmin sale de su interior, Minhee solloza bajito al sentirse vacía. Pero su corazón se siente reconfortado al ver que el más joven alcanza la cajita de pañuelos para limpiar su cuerpo.
—Tenemos que apurarnos si queremos ver el atardecer, Min —le susurra con la voz cansada, sin dejar de acariciar sus muslos.
—Tenemos tiempo.
—Min…
Ella lo mira con un puchero y él solo le regala una sonrisa antes de tomar su pierna y besar dulcemente su pantorrilla.
—Vamos, te cargo hasta el asiento de copiloto.
El camino hacia el mar es largo, pero están solos y tan inmersos en ellos mismos que se pasa rápido.
En la guantera hay una cámara vieja con la que Seungmin le toma fotos cuando paran una vez más: en la gasolinera, con un raspado azul en la boca; en un campo de girasoles, con el sol atravesándole los párpados cerrados; en el asiento del copiloto, cuando se queda dormida después de toda la atención que ha recibido, con las piernas dobladas y las manos sobre su pecho, como si soñara bonito.
Cuando llegan a la playa, no buscan hotel. No creen encontrar uno en una zona tan poco transitada.
Pero llegan en el momento exacto para ver el atardecer.
Seungmin detiene el auto justo frente al mar y abre la cajuela. Extienden una manta y ambos se sientan justo al medio, con las manos entrelazadas.
Son solo ellos dos en toda la playa.
Minhee está maravillada con la puesta del sol, habla de lo bonita que es, de lo cálido que se siente aún cuando la brisa del mar es lo suficientemente fría como para querer usar un suéter ligero. Y cuando ella le pregunta qué piensa, Seungmin sólo responde.
—Es hermosa.
Pero no está viendo al sol morir entre las suaves olas. No. Él tiene la vista fija en el perfil de Minhee. En su sonrisa de conejo. En su nariz perfecta. En lo bonito que se ve su cabello con el sol iluminándolo como si fuera de oro.
—Ven, vamos.
Minhee se pone de pie y comienza a quitarse la ropa.
—¿Qué haces, Minhee?
—Vamos a bañarnos, Minnie.
—Hay bandera roja —dice él, pero la obedece y comienza a hacer lo que ella le pide.
—¿Y? —ella termina de quitarle los pantalones—. Hagamos una carrera hasta el mar.
Y cuando Seungmin está a punto de decir algo, ella lo empuja y se echa a correr. Minhee comienza a reír mientras se aleja.
Seungmin se para tan rápido como puede y la alcanza antes de que sus pies descalzos toque el mar. La atrapa en un abrazo y la carga dando vueltas. Y antes de que Minhee proteste, se mete con ella al mar.
Ambos se ríen como niños.
Seungmin no puede dejar de besarla. No puede dejar de abrazarla.
En medio del mar, temblando de frío, Minhee lo toma por las mejillas y lo besa con fuerza, como si pudiera sellar esa tarde para siempre.
—¿Seungmin? —le habla dulcemente.
Seungmin la tiene entre sus brazos, cargándola mientras se meten un poquito más al mar. Él sólo tararea.
—Aún no sé qué quiero hacer con mi vida —confiesa quedito, como si fuera un secreto—. Pero sí sé que quiero verte siempre. Aunque sea solo eso. Aunque me salga todo mal. Quiero estar contigo.
—No te va a salir mal —le dice, seguro, con la fe ciega de los que aman sin cálculo—. Yo estaré aquí. Vamos a ir juntos a donde sea.
Minhee lo cree.
Lo cree con el corazón en las manos.
Entonces Seungmin se aferra a ella y le da vueltas entre las olas. Minhee ríe.
Hasta que cae la noche y salen más por responsabilidad que por otra cosa. Seungmin corre hasta la manta que extendieron y regresa con Minhee para envolverla en la toalla que lleva para ella.
—Ven, te voy a limpiar Min. No quiero que la sal te roce después.
Él le enseña el agua potable que compró mientras ella dormía y la guía hasta a un lado del auto. Comienza a verter agua sobre sus piernas, sobándolas con cuidado. Cerciorándose de quitar cada grano de arena de ellas y luego las seca con una toalla limpia. Hacer lo mismo con sus brazos y el torso. Minhee sonríe con ternura cuando termina de secarla.
Ella le dice que puede encargarse de su cabello, que él también necesita limpiarse.
Cuando están secos y con ropa limpia, comen ramen frío y chicles de sandía. Y cuando la noche se vuelve más oscura, Seungmin ha terminado de encender una pequeña fogata que los mantiene calientitos.
Aprovecha la luz del fuego y le toma varias fotos instantáneas a Minhee, cuando se acaba el rollo, usa su celular y toma muchas más, algunas de ellas saben que van a terminar en su Instagram.
Minhee se siente enternecida al ver a Seungmin doblar los asientos traseros y poner un futón sobre ellos y la cajuela.
Esa noche, vuelven hacen el amor en el asiento trasero del auto, torpemente, riéndose, enredándose entre ropa mojada y besos mal dados. No hay vergüenza. No hay tensión. Solo juventud. Solo ese amor imprudente que no sabe de rutinas ni de facturas, que no ha sido probado por la vida.
Solo ellos dos.
Y el mar como testigo.
—Te amo más de lo que el sol ama al mar —dice Minhee, con los ojos cerrados y abrazada al cuerpo de su novio. Seungmin la besa en los labios antes de llenarle todo el rostro de besos.
