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Symphony

Summary:

Solo eran ellos dos, un piano y una canción que Fargan deseaba dedicarle al amor de su vida.

Notes:

Para que la lectura sea más inmersiva les recomiendo escuchar la siguiente canción mientras leen, cuando vean la indicación, ahí les pondré una señal ;)

https://youtu.be/fQ50-gSAWGg?si=7uIHLhMSoJDKlcAs

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Fargan suspiró como por quinta vez, sus piernas ya se habían entumecido por estar tanto tiempo de pie ahí afuera, con el gélido viento invernal y sutiles copos de nieve blanca cayendo sobre las hebras castañas de su cabello. Aunque el malestar en sus extremidades inferiores no se comparaba con el cansancio en sus manos, todo por estar sosteniendo un gran ramo de coloridas flores que contrastaban con el albino ambiente.

Otro suspiro que se escapó en forma de vaho. Debía aguantarse si quería sorprender a Alexby con su romántica ocurrencia, el menor ya se había esforzado mucho en los últimos meses y esa era la mejor forma que se le había ocurrido para felicitarlo, así que no podía ponerse a lloriquear por un poco de frío.

De pronto escuchó la puerta a su izquierda abriéndose con lentitud, haciendo que despabilara su mente mientras veía a varias personas saliendo por montones.

Rebuscaba entre el gentío con cuidado, su Alex era más pequeño que el promedio y fácilmente se perdía en las multitudes, así que tendría que ser minucioso a la hora de asomarse sobre las cabezas de quienes salían del teatro.

Poco a poco dejó de salir gente, siendo solo unos contados grupos los que andaban por la calle a esa hora de la noche. Esta vez su desesperación salió como un bufido ahogado, comenzaba a perder la paciencia.

—¿Esperas a Alex? —La pregunta le hizo devolver la vista a la puerta del teatro, desde donde una pelirroja de baja estatura le dedicaba una suave sonrisa.

—Hola, Nieves —saludó y ella le devolvió el gesto—. Sí, estoy esperando a Alesby, me había dicho que no tardaba.

—Oh, es que se quedó ensayando una escena que le falló en la presentación de hoy.

—¿Falló? —cuestiona con sorpresa, no recuerda haberlo visto titubear.

—Es increíble, ¿verdad? Ni siquiera nosotros lo notamos hasta que salió de escena y empezó a quejarse, es un actor increíble.

En el rostro de Fargan se reflejó cuán orgulloso estaba. Él sabía de todo el talento que su novio tenía y cuánto se había esforzado por llegar a donde se encontraba ahora: interpretando un papel protagónico en una de las obras más esperadas de la ciudad.

—¿Te gustaría pasar a buscarlo? —dijo amablemente, sacando al castaño de sus pensamientos.

—¿Se puede?

—En realidad no —Empezó a juguetear con sus dedos, nerviosa—. Sería nuestro pequeño secreto, te estás congelando y no sé qué tanto va a tardar Alexby en salir.

—¡Muchas gracias, Nieves! —Corrió hasta la puerta abierta, pero antes de entrar volteó a darle una última mirada a la chica—. Prometo que algún día te devolveré el favor.

—Solo no rompas nada —suplicó—. Si se enteran de que yo te dejé entrar temo quedarme sin trabajo.

—Tranquila, me controlaré —le guiñó un ojo antes de cerrar.

Así fue como terminó en un pasillo desconocido con poca iluminación, avanzando sin saber muy bien a dónde. Estuvo perdido un rato hasta que al final pudo divisar una intensa luz desde la cual también resonaban unas cuantas voces, una de ellas le era demasiado familiar.

—Mi padre me ha prohibido asistir a la fiesta de esta noche —exclamó una mujer, parecía muy desilusionada—. Me temo que no podré cumplir mi promesa de concederle un baile.

Fargan continuó caminando hasta llegar a unas enormes y pesadas cortinas rojas que se perdían en la oscuridad del alto techo. Acarició la gruesa tela con sus dedos antes de removerla ligeramente, permitiendo a sus ojos encontrarse con las luces del escenario y dos jóvenes vistiendo ropa que parecía ser de la realeza.

—No tenemos que esperar hasta la puesta del sol para tener nuestro anhelado baile —habló un azabache con sutileza antes de extender su mano hacia la bella dama—. Por favor, baile conmigo justo aquí, en la intimidad de su cuarto.

—¿No es eso algo inapropiado? —Ella retrocedió unos pasos, indecisa.

—Lo sería si buscase algo más que la calidez de su amor.

La dama dudó unos segundos antes de aceptar la mano contraria, siendo atraída al cuerpo de ese hombre con rostro gentil y sonrisa encantadora. Empezaron a danzar lentamente al compás de una melodía —si los oídos de Fargan no le fallaban— de la época victoriana, creada por un piano en escena.

Los vio bailar con pasos fluidos por todo el escenario, ambos con una mirada enamorada hacia la persona frente a ellos. El mayor bien pudo sentirse celoso por ver esa escena tan melosa entre una mujer extraña y su querido novio, mas no fue así por el simple hecho de que conocía a la perfección el verdadero rostro enamorado de Alexby, aquel que se había dedicado a memorizar con cuidado cada vez que están juntos.

Así que Alex podía ser un excelente actor, tal vez el mejor del mundo, pero jamás sería capaz de dedicarle esa mirada llena de amor a otra persona que no fuese él.

—¡Excelente trabajo! —habló alguien desde el otro lado—. Solo hay que practicar más esos pasos y quedará perfecto.

—Muy bien hecho, Alexby —La mujer palmeó su hombro.

Las pocas personas que ahí había también lo felicitaron antes de empezar a desalojar el lugar, algunos yéndose por el pasillo por donde el castaño entró y otros caminando hacia los vestidores del fondo. Al final solo quedó el azabache en medio del escenario, leyendo lo que parecía ser su guion mientras pronunciaba algunos diálogos en voz alta.

—¿Qué te parecería practicar lo que te hace falta conmigo? —propuso mientras salía hacia la luz con una sonrisa divertida. Había ocultado el ramo tras su espalda.

—¿Fargan? —Volteó en cuanto escuchó su voz, estaba muy sorprendido—. ¿Cómo entraste?

—Esta rata tiene sus trucos —le guiñó un ojo. Alex frunció las cejas y se cruzó de brazos—. ¡No hice nada ilegal, lo juro! —Continuó con su gesto inquisitivo—. ¡No, espera! ¡Yo te traje esto!

En un movimiento torpe le entregó las flores, casi estrellándolas contra su cara que volvió a mostrar una enorme sorpresa. El menor las tomó delicadamente, apreciando sus extravagantes colores mientras sus mejillas se sonrojaban y en sus labios se dibujaba una tímida sonrisa.

—Felicidades por tu debut, cariño. Así se dice, ¿no? ¿Debut?

—Sí, algo así —Rieron un poco—. Muchas gracias, búho tonto —le dio un golpe en su brazo, ganándose una queja—. Pero me estás distrayendo porque supongo que no piensas decirme cómo te colaste aquí, ¿verdad?

—Lo siento, prometí que guardaría el secreto —simuló cerrar su boca como si hubiese un zipper invisible. 

Alexby negó con la cabeza. Inhaló el fresco aroma de las flores que sostenía y soltó el aire con un largo suspiro.

—Lo ignoraré por hoy —dijo con calma, manteniendo aún una ceja levantada—.  Pero no creas que lo olvidaré por siempre, te estaré molestando hasta que confieses.

—Moléstame cuanto quieras, bebé —acercó su rostro al del menor—.  Amo verte cuando intentas molestarme, luces muy tierno.

—Mejor cállate antes de que te muela a golpes.

—Cariño, no puedo tomar en serio tus amenazas cuando tu rostro está todo rojo —Señala sus mejillas con su dedo índice, ganándose un manotazo.

—Iré a los vestidores para cambiarme —Alex trataba de ocultar su vergüenza cambiando de tema.

—¡Yo te acompaño! —Dio un paso al frente, pero antes de avanzar más una mano contra su nariz lo detuvo.

—Alto ahí, compañero. Tú te quedarás justo aquí.

—¡¿Ah?! ¿Pero por qué?

—En primer lugar: porque está prohibido que entres —Se cruzó de brazos—. Suficientes problemas me puedes causar al tenerte aquí como para dejarte entrar a más lugares.

—Alesby, prometo que no haré nada, es más, podría ayudarte con ese lindo traje de…

—En segundo —interrumpió con un tono de voz alto—: Eres un guarro, vas a querer provocarme y no pienso hacer cochinadas aquí.

Fargan hizo un puchero desilusionado, su novio había leído a la perfección sus —para nada— buenas intenciones de esa noche.

—No tardaré mucho, así que solo te pido que te quedes quieto donde estás —le dio la espalda para irse, pero antes de hacerlo se detuvo de golpe para volver a verlo—. Y no quiero que te muevas ni toques nada, ¿entendiste?

—¿Por qué? —pregunta con inocencia, inclinando su rostro hacia su izquierda.

—Porque eres capaz de hacer una estupidez y romper algo que me cueste mi papel en la obra. Yo me quedo sin trabajo y tú sin follar.

—Entendido, no me moveré —dijo mientras fingía ser un soldado, con todo y el saludo militar. Alex solo rio para irse poco después.

En verdad se esforzó por no hacer ni un pequeño movimiento, se mantuvo así un par de minutos hasta que su brazo se cansó y se vio obligado a bajarlo. Luego comenzó a aburrirse, jugueteaba con sus pies igual que un niño pequeño hasta que sus curiosos ojos se fueron fijando en cada uno de los objetos y escenarios que permanecían en el escenario.

—Solo daré una vuelta —habló consigo mismo—. Tampoco es como que vaya a agarrar algo.

Anduvo por el piso de madera con los brazos agarrados detrás de su espalda, yendo de un lado a otro mientras le daba un vistazo a toda la utilería que tenía al alcance hasta llegar frente a un enorme piano de superficie teñida con un pulcro color negro.

Lo observó más de lo que debía, pero es que no podía evitar el cúmulo de emociones que se arremolinaron en su interior en cuanto las yemas de sus dedos se deslizaron por un par de teclas sin llegar a presionarlas.

Unas ganas inmensas de sentarse en ese banquillo inundaron su mente como hace mucho no le pasaba, en verdad quería hacerlo y al mismo tiempo temía ser descubierto. Dio un vistazo por donde Alex se había ido, luego en dirección contraria y al final se volteó a ver todas las butacas vacías del teatro.

Estaba solo.

El calor de los reflectores comenzaba a abrumarlo, así que se quitó su chaqueta y la dejó a su lado mientras se sentaba con una elegancia muy inusual en él. Acarició las piezas blancas y negras delicadamente, como si cada una fuese una joya que traía a su mente un preciado recuerdo que le hacía sonreír

Y entonces se atrevió a pulsar una de esas teclas, disparando un sonido grave que se extendió por todo el lugar hasta perderse en el aire. Sintió un cosquilleo con esa simple nota al azar, por eso no se contuvo al tocar la siguiente, luego una más y otra. Poco a poco esos ecos aleatorios se fueron juntando, armonizándose unos con otros hasta crear una perfecta melodía que recorría cada centímetro del escenario, incluso más allá.

Sus falanges danzaron sobre el piano, confiados de no equivocarse pues se sabían de memoria esa bella canción, una que habían interpretado desde hace años. La sonrisa que Fargan tenía grabada en su rostro era ilusa, llena de cariño, pero con atisbos de melancolía; una extraña combinación en un mismo gesto.

Se dejó llevar por la música que él producía, atrapado en los recuerdos más recónditos de su mente, imaginando la sonrisa de Alexby e ignorando los pasos cautelosos detrás de su figura.

—Nunca me dijiste que sabías tocar el piano —Alex habló con calma y a pesar de ello no evitó que al castaño casi se le saliese el corazón del pecho.

—¡Alesby! —chilló, levantándose de golpe—. ¡Yo no estaba tocando el piano! ¡Fue un ratón, lo juro!

—Exacto, Fargan el ratón —Soltó una risilla—. No me mientas. Lo escuché desde los vestidores y vine a ver quién estaba tocando, así fue como te pillé con las manos en la masa.

—Yo… —Abrió y cerró la boca varias veces sin saber qué decir.

—Tranquilo, no estoy molesto —aclaró. Un gesto tranquilo adornaba su fina cara—. No podría molestarme con alguien que toca tan bien el piano.

—¿En serio? —Levantó la mirada, emocionado—.  ¿Crees que toco bien?

—Hombre, no soy experto, pero estoy seguro de que esa canción no es tan fácil de interpretar y a ti te salió perfecta.

—Pero ¿qué dices, Alesby? Me haces sonrojar —Escondió el color de sus cachetes bajo sus dos manos, cerrando con fuerza sus parpados—. Y entonces… ¿No estás molesto? —Abrió un ojo, temeroso.

—Para nada —sonrió para darle credibilidad a su comentario, mas no fue suficiente.

—No te creo, tienes esa vena en la frente cuando no has dicho todo lo que piensas —señaló el lugar, ganándose un resoplido.

—Bien, tú ganas, sí estoy un poco molesto —Sus manos terminaron sobre su cadera—. Pero no por lo que tú crees, sino porque llevamos tres años de conocernos y jamás me contaste de algo que te hiciera tan feliz como el piano —su tono fue disminuyendo hasta convertirse en suaves susurros.

Fargan le observó con detenimiento. No es que su novio estuviese molesto, más bien, parecía entristecido por conocer ese dato tan tarde—según él. Podía saberlo por el puchero en sus labios rosados y por la forma en que evitaba verlo a los ojos, estaba seguro de que se sentía más molesto consigo mismo por no descubrir ese detalle antes.

—En realidad —habló para distraerlo—, yo no diría que tocar el piano me hace feliz. Es más como un sentimiento de nostalgia. Lo había evitado durante mucho tiempo porque temía que si lo hacía me quebraría al recordarla.

—¿Recordarla…?

—A mi madre —explicó—. Ella fue quien me enseñó a tocar cuando era, en sus palabras, solo un pequeño polluelo.

Alexby ahogó un jadeo. Conocía a la perfección la trágica historia de esa desconocida mujer, la escuchó de la boca adolorida de su amado y fue él quien se encargó de sanar esa sangrante herida con todo el amor que le pudo ofrecer.

—Lo siento, Fargan, yo no quería que…

—Cariño, está bien —Tomó sus delgadas manos entre las suyas—. Ya no duele más. Gracias a ti siento que puedo volver a tocar en paz, hoy lo he descubierto.

Ambos le mostraron su sonrisa más sincera y cariñosa al otro.

—Es más, ¡quiero hacer algo! —Se separó con rapidez, dejando confuso al menor—. ¿Puedo volver a tocarlo? —dijo refiriéndose al enorme instrumento musical.

—Adelante, es todo tuyo —aceptó mientras él también se acercaba—. Solo no lo rompas.

—Ja, ja, ja. Nunca le haría eso a esta belleza.

Se dejó caer sobre el asiento de la misma forma grácil que la vez anterior, aunque esta vez se sentía más seguro de sus movimientos.

—¿Y qué piensas tocar?

—He estado pensando en esto desde hace un tiempo, pero creo que al fin es un buen momento —le miró por el rabillo del ojo. Su sonrisa era de pura emoción—. Quiero dedicarte una canción que escuché en una de nuestras noches de películas.

Alex no pudo evitar el arrebolado color que invadió su rostro. Fargan había hecho muchas cosas románticas por él —a pesar de que solía decirle que no le gustaban esas cosas melosas—, pero jamás le había dedicado una canción. Antes no le dio importancia, hasta que en ese momento se percató de lo realmente especial que era para el castaño, con un inmenso significado y que no podía suceder a la ligera.

♫♪♩·.¸¸.·♩♪♫ Reproducir canción ♫♪♩·.¸¸.·♩♪♫

I used to hear a simple song —cantó aún sin tocar las teclas—. That was until you came along.

Alex suspiró y recargó su cabeza sobre el piano.

Now in its place is somethin' new. I hear it when I look at you.

Ahora sí que empezó a tocar suavemente, pero manteniendo un buen ritmo que lo cautivó al instante. La tonada se le hacía muy conocida, aunque en ese momento no había cabida en su cabeza para pensar en otra cosa que no fuese el rostro concentrado de su hermoso novio al que amaba como a nadie más.

Notó que un par de mechones marrones cayeron sobre la frente de su pianista y en un movimiento sutil los removió, haciendo que los orbes ambarinos de Fargan se alzaran hasta encontrar su mirada azulada, fusionándose en un íntimo y efímero contacto que erizó su piel.

With simple songs, I wanted more. Perfection is so quick to bore. You are my beautiful, by far —Alexby se sonrojó con el cumplido—. Our flaws are who we really are.

El azabache cerró los ojos, disfrutando cada nota que llegaba hasta sus oídos y que le arrebataba suspiros llenos de ilusión y amor. Se sentía realmente querido por ese búho torpe, pero lleno de sorpresas.

Así que se dejó engatusar por una imagen en su cabeza. Estaba en el mismo lugar, pero Fargan se había levantado de su piano mientras la música seguía resonando. Percibió que lo jaló de la mano hasta el centro del escenario, depositando sus dedos sobre su cintura al mismo tiempo en que mantenía la otra mano sujeta a la suya, alzándola un poco. Por instinto su brazo izquierdo terminó en el hombro ajeno, juntando aún más sus cuerpos.

—I used to hear a simple song —empezaron a danzar, dando varias vueltas—. That was until you came along —De fondo se escuchaban más instrumentos cantando—. You took my broken melody. And now, I hear a symphony.

Esas palabras calaron en su piel hasta llegar a su desbocado corazón. Esa felicidad de pronto se hizo inmensa, incontenible, así que mientras Fargan le daba un par de giros Alexby reía enamorado. Las luces de los reflectores les daban directo, pero eso no impedía que continuasen con su baile improvisado.

De pronto el mayor lo sostuvo con fuerza antes de impulsarse y así levantarlo del suelo. Las vueltas no se detenían. Alex sentía el aire chocando con sus mejillas y secando las lágrimas que se escaparon del azul de su iris.

—And now, I hear —susurró lentamente—. A symphony.

Poco a poco fue abriendo los ojos, pestañeando para volver a acostumbrarse a la luz y encontrándose con la preciosa sonrisa del amor de su vida. Le devolvió el gesto, al parecer no fue el único que no pudo retener esas gotas saladas de felicidad.

—Mi vida era una canción simple y triste hasta que te conocí, Alesby, entonces se convirtió en la más hermosa sinfonía, llena de contrastes que ansío escuchar —Acarició el rostro del menor—. Por ti quiero seguir viviendo, eso es lo que te quiero expresar.

—Eres increíble —murmuró antes de lanzarse sobre él, uniendo sus labios.

Se besaron con mucha pasión, terminando de revelar todos esos sentimientos acumulados en sus pechos. Fue tan intenso que Fargan casi se cae de la silla si no fuera por los brazos firmes de Alex que lo sostenían del cuello.

—Alesby, creí que no querías hacer cochinadas aquí —Su rostro pícaro encendió las mejillas del azabache.

—Arruinaste el momento, imbécil.

Su ceño se frunció por la molestia, algo que el moreno disfrutaba hasta el punto de reírse. Como venganza, Alexby lo soltó sin avisar y ahora fue su turno de reír al verlo caer de espaldas contra la dura madera.

—Vamos a casa, búho asqueroso, me muero de hambre —se quejó mientras recogía sus cosas, incluido ese hermoso ramo de flores.

—Dame un segundo, cariño —lloriqueó por el dolor—. Yo te invitó la cena si me ayudas a levantarme, me quedé sin aire en los pulmones.

Alex negó con la cabeza, pero su sonrisa no desaparecía de su boca. Se aproximó al cuerpo inmóvil para ofrecerle su mano, la cual fue aceptada con dificultad.

Una vez de pie el menor pasó el brazo contrario por su hombro, haciendo de apoyo para que el otro caminara —y para tenerlo más cerca. Así salieron del teatro, abrazados y amándose incluso más que esa mañana.

Notes:

No saben lo feliz que quedé con este escrito. Desde que lo creé me sorprendí de lo bonito que quedó y ahora que lo he releído vuelvo a decir que es increíble que yo lo haya escrito, sigo sin poder creérmelo, es de mis mejores trabajos en mi opinión.

Y no me queda más que agradecerles por leerlo, espero lo hayan disfrutado al leerlo tanto como yo disfruté al escribirlo. Y también espero que la canción haya coincidido bien con la lectura, fue complicado hacer que combinara bien jjajaja

Nos vemos en otro día, hoy subí dos y no sé hasta cuando pueda subir el siguiente xD

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