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No quiero que seamos compañeros.

Summary:

- Nagi, ¿te has dado cuenta de que cuando se trata de Reo pareces una persona completamente distinta?

- ¿Hmph? ¡Reo es mi compañero, claro que es diferente! —contestó el chico, esta vez alzando un poco la mirada. En el rostro de Chigiri se notaba claramente la expresión de “¡Bingo!”, acompañada de una pequeña sonrisa burlona.

- ¿Ah sí? ¿Entonces la diferencia entre Reo y el resto de las personas es que es tu compañero? —preguntó con picardía—. Entonces, si yo me convierto en tu compañero, ¿te importaría tanto como te importa Reo?

- Tú no puedes ser mi compañero, porque ya tengo a Reo.

- En un caso hipoté-

- Solo Reo puede ser mi compañero —exclamó Nagi, interrumpiéndolo. Para sorpresa de Chigiri, el peliblanco había apartado el teléfono y lo miraba con seriedad, los ojos llenos de determinación.

- Ohhh... ya entiendo —exclamó Chigiri, notando cómo Nagi se exaltaba un poco—. ¿Y por qué solo Reo puede ser tu compañero?

- Mmm... porque es Reo.

o Chigiri disfruta jugar con la mente de Nagi, hacerlo cuestionarse cosas que parecen obvias para muchos pero imposibles para sus dos amigos quienes batallan con la comunicación. (Típico NagiReo, nunca falta)

Notes:

La historia toma lugar en algún momento después del partido del Manshine vs Bastard. Este fic lo había hecho hace ya un tiempo, antes de la tragedia... ;-; así que tómenlo como una línea temporal paralela o lo que sea, esa es la magia del fanfiction después de todo!

Esta es la versión español de una historia que escribí hace un tiempo en inglés, encontré el borrador que tenía en español y me dije ¿Por qué no subirlo? Es bueno tener contenido en español en AO3 tanto como se pueda la verdad.

El original está en mi perfil y no tengo idea de como enlazarlo... tons... espero que lo disfruten!

Work Text:

Dentro de las instalaciones de Blue Lock era común que los participantes se desplazaran entre recintos, relacionándose con compañeros de otros equipos. No era raro encontrar jugadores del PXG en el edificio de los Ubers, o integrantes del Bastard y el Barcha en las instalaciones del Manshine. Después de todo, eran jóvenes que anhelaban mantenerse en contacto con viejos amigos, ponerse al día con lo que habían logrado, compartir sus avances, sus miedos, sus emociones y, lo más importante: el chisme.

En la sala común del Manshine City, tres jóvenes conversaban animadamente, poniéndose al día.

—¿Entonces el héroe caído no quiso venir? —comentó Chigiri, intentando mostrar desinterés... fallando miserablemente.

—Sí... —replicó Isagi, con desaprobación reflejada en el rostro—. Se volvió un lobo solitario después de salir de la Wild Card.

—Mmmm... —murmuró Bachira, pensativo—. ¡Entonces la próxima vez lo arrastraremos con nosotros! —exclamó alegremente.

—Jajaja, tienes razón —rió Chigiri, asintiendo—. Ya tenemos suficientes egoístas puros en las instalaciones... con Barou y Rin es suficiente.

—Jeje, es verdad que Barou y Rin son un caso particular —comentó Isagi con tono casual—. Me ha tocado compartir habitación con ambos... Fue toda una experiencia.

—Ni que lo digas —exclamó Chigiri—. Y te diré algo: compartir habitación con Barou y Nagi al mismo tiempo es aún peor.

—¿Oh? ¿Nagicchi? —preguntó Bachira, curioso.

—Sí, él y Barou son como el agua y el aceite —respondió Isagi—. Siempre se la pasan discutiendo por la mínima cosa...

—Es verdad, confirmo —aseguró Chigiri.

—¡Ohhh! Quién lo hubiera pensado de Nagicchi —exclamó Bachira—. Normalmente todo le parece un fastidio y suele evitar cualquier tipo de conflicto.

—Ahora que lo dices... —replicó Isagi, pensativo—. Desde la segunda selección, él fue quien provocó a Barou en un inicio.

—Ohh, interesante —exclamó Chigiri, esbozando una sonrisa pícara—. ¿Creen que haya pasado algo entre ellos en la primera selección?

—Mmmm... Es probable —comentó Isagi.

—¡¡Averigüémoslo!! —exclamó Bachira, entusiasmado.

—¡Eso iba a decir! —replicó Chigiri con el mismo ánimo, mientras se levantaba del asiento—. Primero iremos directamente al grano: le preguntaremos a Nagi.

Los tres se miraron, sonrieron con complicidad y se dirigieron a la habitación compartida, donde se encontraba el peliblanco, como de costumbre, holgazaneando en la cama mientras jugaba videojuegos.

—¡Nagi! —exclamó Chigiri mientras se abría paso por la habitación, directo a interrogar al genio—. Queremos hacerte unas preguntas.

Los cuatro chicos se sentaron en círculo. Nagi seguía en la cama, con la mirada fija en su teléfono. No era claro si realmente les estaba prestando atención o simplemente dejándose llevar. Aun así, sabía lo insistente que podía llegar a ser Chigiri cuando algo se le metía en la cabeza, así que decidió ahorrarse el drama y colaborar... a su manera.

Inició el interrogatorio.

Primera pregunta: ¿Te consideras una persona conflictiva?

—Nah —respondió Nagi, sin apartar la vista del teléfono—. El conflicto es un dolor...

Segunda pregunta: ¿Te crees capaz de iniciar una pelea con alguien más?

—Nah —volvió a decir, con el mismo desinterés—. Sería un dolor... Y tal vez me lastimaría...

Tercera pregunta: ¿Hay alguna persona en específico que no te agrade? ¿Y por qué?

—Mmm... nah —respondió con voz monótona—. Pensar en alguien que me desagrade es un fastidio...

—Tú sí que eres un fastidio... —refunfuñó Chigiri, visiblemente frustrado—. ¿Podrías, por favor, formular bien tus respuestas?

—Nah... es un fastidio...

—¡Tú...! —replicó Chigiri mientras una vena comenzaba a marcarse en su sien.

—¡Nagicchi! —intervino Bachira con entusiasmo—. ¡Solo queremos saber por qué no te agrada Barou!

—Mmm... no lo sé... —respondió Nagi, sin levantar la vista—. Pensar es un dolor...

Chigiri suspiró, cruzándose de brazos. Miró a Isagi y Bachira, sabiendo que no iban a sacar nada de ese perezoso de dos metros. Así que tomaron una decisión: buscar a su siguiente objetivo. ¿Y quién conocía mejor a Nagi que Mikage Reo, su proclamado compañero? Nagi era su tesoro, después de todo. Reo debía saber los motivos detrás de esta actitud tan particular.

Según el propio Nagi, no era una persona conflictiva y siempre intentaba evitar cualquier situación molesta. Entonces, ¿cómo era posible que alguien como él se enfrentara constantemente con un gorila como Barou? Algo no encajaba. Tenía que haber un detonante, un motivo oculto tras esa repulsión tan marcada.

Si Nagi no hablaba, era hora de acudir a su “madre, niñera o esposa”... así solían referirse a Reo dentro del Manshine. Pero cuando ya se dirigían al comedor en busca del camaleón, Chigiri recordó que ese día tocaba entrenamiento especial, así que no lo encontrarían hasta más tarde.

No había opción: tendrían que recurrir a su tercer factor común, Zantetsu —el tercer integrante del trío del equipo V—. Todas sus esperanzas recaían ahora en el cuatro ojos. No querían esperar a que Reo regresara, sería demasiado tarde y había que mantener viva la llama del cotilleo. Y mucho menos querían recurrir a su cuarta opción: el mismísimo Barou. Si ya lidiar con Nagi era complicado, con Barou la dificultad se triplicaba.

Aunque... si sacar respuestas de Nagi era difícil, obtener información de Zantetsu era toda una prueba de paciencia.

—Mmm... así que necesitan mi ayuda —comentó Zantetsu, llevándose una mano al mentón—. La verdad, no sabía que Nagi y Barou no se llevaban bien —agregó pensativo.

—Nos vamos —sentenció Chigiri con tono seco, dándose media vuelta.

—¡Espera! —exclamó Zantetsu—. Si logro recordar qué pudo haber sido el desencadenante del malentendido... ¿podré ser el héroe de esta historia?

[…]

—¡Claro que sí, Zantetsu! —exclamó Bachira con entusiasmo, animando al cuatro ojos—. ¿Recuerdas alguna interacción memorable entre Nagi y Barou en el partido del equipo V contra el X?

—Mmm… es cierto que fue hace ya bastante tiempo —respondió Zantetsu, pensativo—. Si no me equivoco, para ese partido ya jugábamos como un verdadero equipo, y fue complicado detener a Barou. Reo y yo lo intentamos... pero fue imposible. Barou derribó a Reo, y si no hubiera sido por Nagi, que lo atajó justo a tiempo, Reo se habría estampado contra el suelo. Debo admitirlo… Barou era temible.

—Ajá… ¿y qué más recuerdas? —preguntó Isagi con interés—. ¿Alguna otra interacción con Nagi?

—Mmm… no —respondió con total seriedad.

—Me voy —dijo Chigiri, seco, girando sobre sus talones.

—¡Espera, espera! —Zantetsu se exaltó de inmediato—. Ahora que lo pienso... después de eso, Nagi se mostró algo molesto. Lo recuerdo porque no era normal verlo así, mucho menos en esa época.

—Interesante… —murmuró Chigiri.

—¡Ah! ¡Después hubo un conflicto entre Nagi y Barou! —añadió emocionado mientras los tres chicos se acercaban con interés—. Por un momento escuché algo sobre un "esclavo" y un "compañero", y justo cuando parecía que iban a pelear en pleno campo, Reo tuvo que separarlos.

Los tres intercambiaron miradas mientras Zantetsu los observaba con confusión.

—¿Les fui de ayuda? —preguntó, esperando una respuesta.

—¡Sip! ¡Muchas gracias, Zantetsu! —exclamó Chigiri alegremente mientras se despedía con los demás—. ¡Fuiste de mucha ayuda!

—¡Bai bai! —añadió Bachira, con su usual energía.

—Soy un héroe… —murmuró Zantetsu para sí mismo, con una sonrisa orgullosa.

Después de haber sido testigos del “despertar” de Nagi durante el partido entre el equipo Z y el equipo V, no fue difícil para los chicos identificar un patrón. Y con eso en mente, decidieron llevar a cabo un pequeño experimento para comprobar su teoría.

Esa misma noche, irrumpieron en la habitación del trío del Manshine. Como era de esperarse, Nagi seguía acostado, inmerso en su teléfono, completamente despreocupado.

—¡Nagi! ¡Isagi se cayó durante la práctica y se torció el tobillo! —gritó Chigiri con fingida urgencia al entrar a la habitación.

Nagi apenas levantó la vista, desinteresado.

—Oh, qué mal... ¿Isagi está bie—? —No pudo terminar la frase. En ese momento, entró Bachira, igual de exaltado.

—¡Isagi cayó sobre Reocchi y se dobló el pie!

En ese instante, Nagi se incorporó de golpe. Dejó el teléfono a un lado y abrió los ojos de par en par, visiblemente preocupado, algo poco común en él.

—¿¡Reo está bien!? —exclamó alterado mientras se ponía de pie—. ¿Dónde está?

Bachira y Chigiri se miraron… y estallaron en carcajadas. La confusión se apoderó del rostro de Nagi justo cuando Isagi entraba a la habitación, negando con la cabeza.

—Era una broma de mal gusto. Todo está bien, Nagi —dijo con una mezcla de culpa y desaprobación.

—Oh... entonces no pasó nada —respondió Nagi mientras volvía a sentarse y retomaba su posición inicial junto al teléfono—. Qué bueno que no pasó nada... —murmuró para sí mismo, visiblemente más tranquilo.

—A Nagicchi le importa mucho Reocchi, ¿no es así? —preguntó Bachira con una sonrisa brillante.

—Sí —respondió Nagi, sin dudarlo.

—Tú y Reo son muy cercanos, Nagi —añadió Isagi, también sonriendo con ternura.

—Al menos tú no tienes que lidiar con su “cercanía” todos los días —replicó Chigiri, algo fastidiado—. Este tipo se comporta como un bebé perezoso de dos metros cuando está con Reo… ¿y lo peor? ¡Que Reo le sigue el juego!

—Jajaja, Nagicchi… parece que a Reocchi también le importas mucho —comentó Bachira mientras se estiraba y se dirigía a la puerta—. Hoy fue un día muy divertido, jaja.

—¡Yo también me voy! —añadió Isagi mientras lo seguía—. ¡Nos vemos luego! ¡Salúdenme a Reo cuando regrese!

—¡Adiós, buenas noches! —se despidió Chigiri.

Nagi, aún concentrado en su teléfono, levantó levemente una mano en señal de despedida, balanceándola con pereza habitual.

Ahora que Nagi y Chigiri estaban solos en la habitación, era el momento perfecto para tener una conversación seria con el verdadero protagonista de todo este embrollo. Chigiri lo observaba con una sonrisa maliciosa mientras se acercaba lentamente a la cama donde el peliblanco descansaba, como de costumbre, pegado a su teléfono.

—Oye, Nagi —dijo con tono casual—. Creo que ya sabemos por qué no te agrada Barou.

—¿Hmph? —respondió Nagi sin apartar la vista de su juego, claramente desinteresado.

—Zantetsu nos contó que estuviste a punto de pelear con él en el partido del equipo V contra el X —continuó Chigiri, intentando captar su atención—. Y que quien se interpuso para detenerte fue Reo. ¿Es cierto?

—Mmm... no me acuerdo —contestó con su tono habitual, sin emoción—. Eso fue hace mucho tiempo.

—Ya veo... —murmuró Chigiri mientras pensaba en cómo podría llegar al peliblanco y sacarle información. La verdad, ya estaba cansado de la relación entre Nagi y Reo; su falta de comunicación era, sin duda, su punto débil como pareja. Chigiri lo sabía muy bien, y por eso veía en todo esto la oportunidad perfecta para darles un empujón. Ambos eran sus amigos, y si podía ayudarles, lo haría sin dudarlo. Este era el momento.

—Nagi, ¿te has dado cuenta de que cuando se trata de Reo pareces una persona completamente distinta?

—¿Hmph? ¡Reo es mi compañero, claro que es diferente! —contestó el chico, esta vez alzando un poco la mirada. En el rostro de Chigiri se notaba claramente la expresión de “¡Bingo!”, acompañada de una pequeña sonrisa burlona.

—¿Ah sí? ¿Entonces la diferencia entre Reo y el resto de las personas es que es tu compañero? —preguntó con picardía—. Entonces, si yo me convierto en tu compañero, ¿te importaría tanto como te importa Reo?

—Tú no puedes ser mi compañero, porque ya tengo a Reo.

—En un caso hipoté—

—Solo Reo puede ser mi compañero —exclamó Nagi, interrumpiéndolo. Para sorpresa de Chigiri, el peliblanco había apartado el teléfono y lo miraba con seriedad, los ojos llenos de determinación.

—Ohhh... ya entiendo —exclamó Chigiri, notando cómo Nagi se exaltaba un poco—. ¿Y por qué solo Reo puede ser tu compañero?

—Mmm... porque es Reo.

—Así no vamos a llegar a nada... —replicó Chigiri, pensativo—. Ya sé, ¿es porque tiene dinero?

—No.

—¿Entonces no puedes explicarme por qué? —preguntó Chigiri, un tanto frustrado.

—¿Por qué te interesa tanto? —respondió Nagi mientras volvía a recostarse en la cama y retomaba su teléfono—. Reo... Reo es diferente.

—Ok, ok. Hagamos una dinámica —propuso Chigiri, cambiando de táctica—. Yo te digo dos cosas y tú me respondes cuál prefieres, ¿de acuerdo?

—Hoy estás bastante conversador, señorita… ¿Qué mosquito te picó? —comentó Nagi con su clásico tono monótono.

—Cállate y responde —replicó Chigiri con una mirada afilada—. ¿Qué prefieres: dormir todo el día o jugar videojuegos todo el día?

—Mmm... —al principio, Nagi dudó si valía la pena seguirle el juego. Pero sabía lo insistente que podía volverse Chigiri si lo ignoraba, así que prefirió ceder—. Aunque me gusta mucho dormir... prefiero los videojuegos.

—¡Perfecto, lo entendiste a la perfección! —exclamó Chigiri, animado—. Ahora, si Reo es tan importante para ti, ¿qué prefieres? ¿Jugar videojuegos todo el día... o pasar el día con Reo?

—Los videojuegos son divertidos, pero prefiero pasar el rato con Reo. Es mi compañero —respondió Nagi sin dejar de mirar su pantalla.

—Ya veo... ¿Entonces Reo es solo tu compañero? —murmuró Chigiri en voz baja. Hizo una pausa, luego lanzó la siguiente pregunta con tono serio—. Si tuvieras que elegir entre Reo... y el fútbol, ¿con qué te quedarías?

Un silencio incómodo llenó la habitación. Los dedos de Nagi dejaron de moverse. La pantalla de su teléfono seguía encendida, pero él ya no estaba jugando. Se había quedado inmóvil, sumido en sus pensamientos.

Porque viéndolo bien, y siendo realistas... el fútbol era el único vínculo tangible que unía sus caminos. Fue gracias al fútbol que conoció a Reo. O tal vez, gracias a Reo conoció el fútbol. Ambos eran esenciales en su vida. Sin fútbol... no habría conocido a Reo. Y sin Reo... probablemente nunca habría jugado fútbol.

—Es imposible… —murmuró finalmente—. El fútbol es lo único que nos une a Reo y a mí.

—¿Solo eso tienes que decir? —preguntó Chigiri con seriedad, sin dejar de observarlo.

Nagi dejó el teléfono a un lado con un leve suspiro, se dejó caer de espaldas sobre la cama y hundió el rostro en la almohada.

—Pensar es un dolor... señorita, ya es muy tarde para tus juegos mentales. No quiero pensar.

—De acuerdo, lo dejo por hoy… —dijo Chigiri, soltando una risita disimulada—. Pero, Nagi… estoy seguro de que para Reo eres más que un compañero.

Nagi no respondió. Permaneció en silencio bajo las cobijas.
"Más que un compañero…"
Esa frase quedó flotando en su mente, resonando como un eco persistente. Después de todo, él y Reo siempre habían sido eso: compañeros, unidos por un objetivo en común… ganar la Copa Mundial. ¿No era así como funcionaban los compañeros?

Pero por primera vez en su vida, Nagi empezó a preguntarse por el futuro.
Hoy, eran un dúo con una meta compartida…
Pero ¿qué pasaría una vez que alcanzaran ese objetivo?
¿Seguirían siendo compañeros?
¿Sus lazos desaparecerían al dejar de tener esa meta que los une?
Si el fútbol desapareciera, ¿qué quedaría de su relación?

—Ahh… pensar es un dolor… —murmuró, apretando la sábana contra su rostro.

Pero por más que intentara no hacerlo, la pregunta no se iba. Así que, sin decir una palabra más, se levantó de la cama. Quizá, salir a entrenar le ayudaría a despejar la cabeza.

Caminó hacia el área de entrenamiento especial. A lo lejos, distinguió una figura conocida: un chico de cabello morado, entregándose por completo a cada disparo que lanzaba a portería. Reo.

Mientras Nagi se acercaba, no podía dejar de repasar en su mente las dudas que Chigiri había despertado:
"Nuestra relación es solo por el fútbol, ¿cierto? Somos compañeros, después de todo… Pero entonces, ¿qué es este sentimiento tan extraño que tengo cuando pienso en lo que nos une? Si Reo o yo dejamos de jugar, ¿qué pasará con nosotros? ¿Es miedo? ¿Es tristeza?"

—Definitivamente pensar no es lo mío… —murmuró para sí, con una leve frustración en la voz.

Cuando Reo terminó su rutina, exhausto, se dejó caer sobre el suelo, respirando con dificultad. Apenas unos segundos después, Nagi se acercó en silencio y le tendió una toalla junto a una botella de agua.

—¡Nagi! —exclamó Reo, sorprendido pero con una sonrisa genuina al verlo—. ¿Qué haces aquí tan tarde?

—No podía dormir —respondió el peliblanco con sinceridad—. Chigiri empezó a jugar con mi cabeza y ahora no puedo dejar de pensar.

—Eso sí que es raro viniendo de ti, jaja. ¿Qué te dijo para dejarte así?

—Mmm… lo olvidé —murmuró Nagi, desviando la mirada.

La verdad era otra: cuando estaba con Reo, esa maraña de pensamientos desaparecía. De alguna manera, su presencia lo calmaba. Con él, todo se sentía más simple. Tal vez ese era su superpoder.

—Creo que tienes superpoderes, Reo —dijo de pronto—. Tu sonrisa me hace dejar de pensar tanto. Tienes un don.

—¿Ah? ¿De qué estás hablando, tonto? —rio Reo, confundido pero divertido por el comentario inesperado.

"Es curativo…", pensó Nagi mientras lo observaba. Definitivamente, pasar tiempo con Reo es agradable.

Sin decir más, se agachó frente a él, con naturalidad.

—¿Eh? —Reo lo miró con desconcierto.

—Trabajaste muy duro hoy. Es turno de la Nagimusina —dijo Nagi con su tono tranquilo de siempre.

Reo soltó una carcajada y aceptó sin dudar, subiendo a su espalda. Caminaron juntos por los pasillos silenciosos, iluminados apenas por las luces de emergencia. Mientras avanzaban, Nagi recordaba un momento del pasado, cuando Reo le confesó que le gustaba pasar tiempo con él… que era divertido.

Entonces, sin pensarlo demasiado, rompió el silencio:

—Reo…

—¿Sí?

—Disfruto pasar el tiempo contigo.

—¿Ah? ¿Qué te pasa hoy? —respondió Reo con una sonrisa traviesa, acercándose para estirarle suavemente las mejillas.

—¡Ouch! La Nagimusina va a estrellarse… ¡auch!

—Jeje, lo siento, lo siento. Es solo que hoy andas más raro de lo normal.

Reo se acomodó en su espalda, apoyando la cabeza con suavidad sobre su hombro. En un tono más bajo, casi un susurro, dijo:

—Yo también disfruto pasar tiempo contigo, compañero.

"Compañero."
Esa palabra se quedó resonando en la mente de Nagi, repitiéndose una y otra vez. Por alguna razón, le incomodaba… aunque aún no entendía del todo por qué.

Así que no dijo nada. Solo asintió en silencio, mientras seguían su camino por el pasillo, juntos.

A la mañana siguiente, en el comedor del Manshine City, Chigiri desayunaba tranquilamente mientras esperaba el momento oportuno. Sabía que cierto chico de cabello morado pasaría en cualquier instante, y justo como lo había planeado, Reo apareció caminando despreocupadamente con su bandeja en mano. Sin perder tiempo, Chigiri lo tomó del brazo y lo hizo sentarse junto a él.

Era su única oportunidad para hablar con él a solas. El perezoso de dos metros que siempre lo acompañaba seguramente estaría tomando una de sus muchas siestas, así que no podía dejarla pasar.

—¡Reo! No he tenido la oportunidad de hablar contigo —exclamó Chigiri con una sonrisa amplia y traviesa en el rostro.

—¡Oh, Chigiri! —respondió Reo, correspondiendo con una sonrisa amable—. ¿De qué querías hablar? Si es por tu secadora de pelo que Nagi rompió la otra vez, ya lo estoy coordinando con Anri-chan para que hable con Baaya y te compre una nueva.

—¡Oh, cierto! Se me había olvidado. Muchas gracias, pero no es por eso —contestó Chigiri sin borrar su sonrisa—. Aunque sí tiene que ver con Nagi.

—¿Ah sí? ¿Qué cosa entonces?

—Jeje, ayer hicimos una investigación muy exhaustiva, y tengo información que seguro te interesa —comentó Chigiri con un tono orgulloso.

—¿Investigación? ¿De qué hablaron? —preguntó Reo mientras comenzaba a disfrutar su desayuno.

Mientras Reo comía con calma, Chigiri le contó todo: la conversación con Isagi y Bachira, su pequeña "misión de chisme", el conflicto con Barou, y la conclusión a la que llegaron. Para sorpresa del pelirrojo, Reo escuchaba con aparente tranquilidad, como si nada de lo que contaba fuera realmente relevante.

—Ya veo… No me acordaba de eso —dijo Reo con serenidad, al escuchar la parte del conflicto entre Nagi y Barou durante el partido, siendo él mismo la raíz del problema.

—No pareces muy interesado… —replicó Chigiri con un toque de molestia, esperando una reacción más intensa—. Pero tranquilo, ya sé qué parte te va a interesar. Anoche hablé con Nagi.

—Ajá —murmuró Reo, aún sin mostrar demasiada emoción.

—Fue una charla larga, así que te resumiré lo más importante —continuó Chigiri, con mirada astuta—. Hicimos una dinámica de “¿qué prefieres?”. Primera pregunta: ¿Dormir todo el día o jugar videojuegos?

—Escogió jugar videojuegos, ¿verdad? —respondió Reo con seguridad, mientras llevaba un bocado a la boca.

—¡Correcto! ¡Conoces bien a tu chico! —exclamó Chigiri con sarcasmo—. Como era de esperarse del heredero de la corporación Mikage.

—Ya basta… Si fuera por Nagi, se la pasaría jugando todo el día. Dice que las “actividades humanas” se lo impiden.

—“Actividades humanas”… como si no fuera humano —murmuró Chigiri con una risa divertida—. Pero bueno, esa fue solo una pregunta de prueba. Luego vino la verdadera: ¿videojuegos o Reo?

Chigiri lo miró con una expresión burlona mientras Reo preparaba su respuesta con total seguridad.

—Escogió los videoju—

—Te escogió a ti —interrumpió Chigiri.

Reo se atragantó de inmediato, comenzando a toser mientras intentaba recobrar el aliento.

—¿¡Qué!? —exclamó en cuanto pudo respirar nuevamente.

—Jeje… ¿Qué pasa? ¿No es tan predecible como pensabas? ¿O acaso no lo conoces tan bien como creías? —insistió Chigiri, disfrutando cada segundo.

—Cof… sí… —balbuceó Reo, desviando la mirada para ocultar el leve rubor que comenzaba a asomar en sus mejillas.

Chigiri soltó una risilla traviesa al notar su reacción.

—Al parecer, Nagi realmente disfruta pasar tiempo contigo.

—Con razón… —murmuró Reo, apenas audible—. Ayer me dijo eso…

—¿Dijiste algo? —preguntó Chigiri, confundido.

—N-no, nada. Continúa —respondió Reo, nervioso, intentando disimular.

—Y bueno, como última pregunta, le puse a elegir entre tú… o el fútbol. ¿Sabes qué me dijo? —comentó Chigiri con tono travieso, dándole un sorbo a su bebida.

—Creo que ya sé la respuesta… No tienes que decírmela —respondió Reo, bajando la mirada mientras su expresión se tornaba sombría.

En su mente volvió a aquel momento durante la segunda selección… cuando Nagi lo dejó atrás. El vacío de ese instante aún le pesaba, como una herida que nunca terminó de sanar.

“Otra vez recordé cosas que preferiría olvidar…”

—Mmm… eso mismo pensaste con la pregunta anterior, pero aún así —dijo Chigiri, intentando suavizar la conversación—. No pudo elegir. Dijo que era imposible.

—¿Eh? —Reo alzó la mirada, desconcertado.

—Al parecer, eres demasiado importante para él. Tan importante como él lo es para ti, ¿no? —añadió Chigiri con una sonrisa, poniéndose de pie para marcharse.

Pero antes de que pudiera dar un paso, sintió un tirón en su camisa. Reo lo había sujetado con fuerza.

—Chigiri… por favor…

—¿Hmm?

—PREGÚNTALE SI PREFIERE A CHOKI O A MÍ. —exclamó de repente, con el rostro serio y una mirada determinada que contrastaba completamente con su tono de voz.

Chigiri se quedó mirándolo en completo silencio, sin saber si reírse o preocuparse.

—¿Eh? ¿Quién es Choki? —preguntó finalmente, con una ceja arqueada.

Reo apretó los labios con fuerza, desviando la mirada con visible incomodidad, aunque su mano seguía firmemente agarrada a la camisa de Chigiri.

—Ustedes dos son un caso perdido… —suspiró Chigiri, liberándose suavemente mientras se alejaba.

El sonido constante del secador de pelo llenaba el baño de Blue Lock. Reo se ocupaba de secarse el cabello con esmero, mientras Nagi, sentado tranquilamente en un banco, esperaba su turno, como de costumbre.

—¡Listo por aquí! —exclamó Reo, acomodándose el flequillo con una sonrisa—. Nagi, te toca.

—Sí… —murmuró el peliblanco, levantándose con desgano.

Aunque Reo lo recibió como siempre, con una sonrisa cálida, la mente de Nagi seguía atrapada en la conversación de la noche anterior con Chigiri. Él sabía que Reo era su compañero. Y no le disgustaba, al contrario. Para él —y para muchos—, ser el inseparable compañero de Reo era un honor. Pero... ¿de verdad estaba conforme con eso?

La palabra compañero empezaba a resultarle demasiado pequeña. Encasillaba su relación dentro del campo de juego. ¿Qué pasaría cuando alcanzaran su meta? ¿Y si el sueño que compartían dejaba de existir? ¿También su lazo desaparecería?

Nagi frunció los labios, incómodo. No podía aceptar que su conexión con Reo se limitara al fútbol. Desde que Reo lo había encontrado, su mundo cambió. Él, que no se interesaba en nada ni en nadie, había hecho una excepción. La pregunta era... ¿Reo también lo sabía?

Tenía que averiguarlo.

—Hoy fue un día agitado, ¿no crees? —comentó Reo, rompiendo el silencio mientras pasaba los dedos por su cabello recién seco.

—Mmm —asintió Nagi, sin mucho entusiasmo.

—¡Ya está listo! Seco y esponjoso —bromeó Reo.

Nagi parpadeó lentamente. Algo en su expresión cambió. Era como si finalmente tomara valor.

—Reo…

—¿Sí? —Reo comenzó a recoger sus cosas sin notar el cambio en el tono de su voz.

—No soy bueno expresando lo que siento… ni con las palabras.

—¿Nagi...? —preguntó, esta vez prestándole completa atención.

—No quiero que me malinterpretes —dijo Nagi bajando la mirada, sus dedos jugueteando nerviosamente—. Pero... no quiero que seamos solo compañeros.

La bolsa que Reo sostenía se resbaló de su mano.

—¿Ah…? ¿A qué te refie—

—Por favor, déjame terminar.

Reo cerró la boca de inmediato.

Nagi tomó aire profundo, como si se preparara para dar un salto al vacío.

—Últimamente… he estado pensando en lo nuestro. Me da miedo que, una vez logremos nuestro objetivo, lo único que nos une desaparezca. Y con eso, también nosotros.

Reo abrió la boca, pero no logró emitir ningún sonido.

—Cuando ganemos la Copa del Mundo, ¿qué pasará contigo y conmigo? ¿Dejará de existir el "nosotros"? —la voz de Nagi se tornó más baja, más sincera—. Me da miedo que todo acabe ahí. Porque disfruto estar contigo. Mucho.

Guardó silencio por un momento, buscando las palabras exactas.

—Al principio, eras molesto. Insistente. Pero no pude evitar que me importaras. Nunca tuve amigos. Nunca me importó nadie más… solo tú. Y si no fuera por ti, jamás habría conocido el fútbol.

Reo lo miraba sin pestañear, con los ojos ligeramente abiertos.

—Y por eso me aterra pensar que, si no fuera por el fútbol, nunca nos habríamos cruzado. Que si un día uno de los dos se va… lo que somos también desaparezca.

Nagi levantó la vista y lo miró de frente.

—No quiero conformarme con ser solo tu compañero, si eso significa que nuestros lazos están atados a algo que puede terminar.

El silencio se volvió pesado. Reo se dejó caer en el banco, sin apartar la mirada de Nagi.

—Nagi… tú… —murmuró, ruborizado—. ¿Cómo puedes decir algo así tan… directo?

—Hmp. Solo estoy diciendo lo que siento.

Reo desvió la mirada. Su rostro ahora estaba completamente rojo.

—E-entonces… si no quieres que seamos compañeros… —murmuró con cierta torpeza—. ¿Qué quieres que seamos?

—Oh… aún no lo he pensado —respondió Nagi, con sinceridad—. Pero Reo… ¿seguirás a mi lado incluso cuando ya no estemos persiguiendo el mismo sueño?

—¡Ah! ¡Eres un tonto, Nagi! —exclamó Reo, poniéndose de pie, visiblemente nervioso—. ¡Por supuesto que sí! ¡¿Cómo crees que te dejaría solo?!

Nagi lo observaba, serio, aunque en sus ojos había un brillo distinto.

—La verdad, Nagi… yo también tenía miedo. —admitió Reo, bajando la voz—. A veces pensé que… para ti, solo éramos eso: compañeros de equipo. Pensé que te habías olvidado del resto.

—Reo… —Nagi se acercó con calma, acortando la distancia entre ambos.

—Pero me alegra saber que no es así —continuó Reo con una sonrisa cálida—. Porque está claro que tú y yo… no somos solo eso. Aunque seamos raros, aunque no lo digamos con palabras. Yo nunca voy a dejarte.

—Reo… —susurró Nagi, mirándolo como si fuera la única persona en el mundo—. Definitivamente tienes poderes. Estar contigo hace que todo lo demás se nuble.

—Jaja, seguro comiste algo raro —bromeó Reo, viendo cómo Nagi hacía un puchero.

—No es eso… —murmuró Nagi con tono bajito—. Es tu culpa… por tener magia.

Y sin previo aviso, lo abrazó con fuerza.

—¡Oye, Nagi, ten cuidado! Nos podemos caer… —protestó Reo, aunque por reflejo lo sostuvo en sus brazos.

—Reo… ¿recuerdas la promesa que hicimos al entrar a Blue Lock? Prométeme que siempre estarás a mi lado.

—¡Claro que sí, Nagi! ¡Juntos hasta el final!

—No, Reo. No hasta el final. Para siempre. Es una promesa.

Reo lo miró en silencio, y después sonrió.

—Jaja… sí. Para siempre.

Esa noche, Nagi no regresó a su cama. En cambio, se quedó dormido abrazado a Reo, respirando con tranquilidad.

Reo, por su parte, seguía completamente despierto, con la cara roja como un tomate mientras observaba el techo.

—Se lo tomó muy en serio… —murmuró, aún atónito.

Desde la cama de al lado, Chigiri se tapaba la boca con ambas manos, luchando por no soltar la carcajada.