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Entrenamiento

Summary:

Katsuki e Izumi disfrutan de entrenar juntos cuando no hay nadie en el gimnasio. Aunque a veces esto parece más un pretexto para estar cerca. Muy cerca.

Notes:

Izumi Aizawa (OC, hija de Shota Aizawa) es personaje de @todeathquirk.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 

El calor de la tarde concentrado en el gimnasio oscilaba entre repentinas olas de bochorno y la frescura de brisas colándose ocasionalmente en su vasto interior. Perlas de sudor corrían libremente por las pieles de los únicos que seguían allí, entrenando después de clases. Los jadeos y los respingos resonaban en la soledad del gimnasio gamma; ese nicho secreto donde ambos eran esos chiquillos que siempre se esforzaban y daban lo mejor de sí para convertirse en héroes, pero también la pareja que a más de uno dejó sorprendido cuando se descubrió su romance.

—¡¿Eso es todo lo que tienes, Tsuki?! —La chica sonrió de lado, sintiendo que el calor de su cuerpo se veía prontamente superado por el repentino rubor en sus mejillas cuando su novio se pasó la mano por el cabello, respondiendo a su cariñosa mofa con una mueca coqueta antes de continuar con la contienda.

Si no fuese ella, si Katsuki se estuviese enfrentando a alguien más, aquella sonrisa sería todo menos coqueta y juguetona y los ataques con su quirk tendrían otras intenciones más agresivas, casi villanescas —como más de un compañero suyo lo insinuó. Ser consciente de ello, de cómo su presencia ejercía una especie de poder sobre Dynamight, siempre satisfacía un ego secreto en Izumi que sólo existía a su lado.

Por supuesto, el sentimiento era mutuo.

Gracias a esto Katsuki e Izumi entrenaban juntos todos los días en el gimnasio gamma —el único lugar donde nadie los molestaba, pues sus entrenamientos eran tan arrasadores como ellos mismos y una vez terminaban de entrenar se podían tumbar a descansar disfrutando de la compañía del otro sin rendirles cuentas a nadie más que a ellos mismos—, pues con el tiempo se habían dado cuenta de que no sólo se complementaban sus egos y necesidades, sino que también lograban sacar su mayor potencial sin frustrarse o terminar reprimiéndose por culpa de terceros.

Pero también había otra razón: una meramente física, secreta, seductora y adictiva que, en su pleno despertar, era obvio que estaría presente.

Así pues, a medida que las patadas, los golpes y las maniobras creaban una especie de danza eufórica y potencialmente peligrosa de fuerza bruta y potente quirk, más sonrisas confianzudas —algunas más coquetas y otras meramente orgullosas— y miradas que mezclaban el aprecio con la rivalidad se iban compartiendo entre bloqueos y ataques descargados sin reprensión alguna.

—¿Ya te cansaste, princesa? —Se burló él, notando que la intensidad de los ataques estaba empezando a reducirse.

—¡Ni un poco! —Pero Izumi, orgullosa como ella misma, no iba a admitirlo.

Dentro del gran gimnasio, las explosiones retumbaban y resonaban continuamente ahogando con sus ruidos los sarcásticos coqueteos de los chicos que, con sus músculos tensos y cansados, ya se advertían mutuamente de un pronto desenlace, aunque sus expresiones indicaban que querían continuar más allá de sus límites. Querían ganar; querían derribar a su contrincante a cualquier costo.

Y es que si bien era común que en su propia privacidad Katsuki e Izumi fuesen los tortolos más posesivamente melosos que existían en la U.A., también era cierto que parte de su vínculo desde niños había sido forjado gracias a una cierta agresividad y rivalidad cariñosa alimentada por sus actitudes confianzudas, orgullosas y competitivas que no habían cambiado a pesar de sus sentimientos.

De cierta forma, haber cambiado ese rasgo suyo hubiera sido una decepción para el otro porque eso hubiera significado entonces que Katsuki, quien en el último movimiento de su entrenamiento derribó a Izumi proclamando así su victoria, no haría algunas de las cosas que solía hacer para demostrarle a su novia quién había sido el ganador.

Como, por ejemplo, inmovilizarla en el suelo una vez su espalda chocó con el suelo, sentándose sobre sus caderas para después sostener con una sola de sus manos las de ella y, acto seguido, colocarlas justo por encima de su cabeza, sometiéndola satisfactoriamente de esta manera.

—Gané —sonrió de lado, reluciendo sus dientes.

Gotas de sudor resbalaban de sus cuerpos jadeantes, cuyos pechos subían y bajaban al son de sus apresuradas respiraciones.

La tensión muscular había pasado a envolver el ambiente. La cercanía de sus cuerpos permitía sentir el calor vaporoso del otro cuan silenciosa invitación a algo que ambos fingían no estar pensando. Al menos Izumi, embelesada por el rostro de Katsuki, que brillaba gracias a los rayos de sol que se colaban al gimnasio, así como los rastros de sudor que corrían por su frente, dándole un aspecto casi angelical, pero con esa sonrisa maldosa que creaba un contraste hipnótico y encantador tan distintivo en él.

Para Izumi, que aquella perlita de sudor, de esa fragancia natural que amaba abiertamente —declarándose obsesionada a todo lo que se refería a Bakugo—, resbalara del puente de la nariz de su novio hasta tocar su mejilla no resultó asqueroso o desagradable: sino todo lo contrario. Fue como la guinda del pastel que encendió un interruptor en su interior capaz de hacer que su expresión divertidamente retadora, como negando su derrota a pesar de lo obvio, se suavizase frente a aquel con el que peleaba sin contenerse, pero besaba apasionadamente cada que podía hacerlo.

Y él lo notó.

Katsuki supo, cuando vio que el endurecido rostro de su novia se suavizó de un momento a otro, que algo en esa situación había dejado el ambiente de rivales para teñirse meramente con el calor amante.

Ante esto sus mejillas se calentaron en contra de su voluntad y, para romper con la creciente tensión que le generaba ver a Izumi cediendo ante sus encantos —y claro, molestarla en el proceso—, musitó con el tono más mezquino que pudo fingir:

—Qué bicho raro eres. ¿Cómo te parezco atractivo así?

La chica también se ruborizó, mordiéndose el labio mientras desviaba ligeramente la mirada. Dicho gesto casi le arrebató el aliento a Katsuki.

—... niega que te gusta —contrarrestó.

Aunque el chico pudo haberlo hecho, o al menos lo hubiera intentado con tal de continuar con su conteo de victorias y molestar a Izumi hasta ese grado en que parecía que su amor se acababa y entraban en una acalorada discusión sólo porque podían y querían, lo que hizo en su lugar fue acercarse a su rostro, notando cómo ella contenía la respiración de repente, y embelesarse con la belleza de sus facciones del mismo modo que ella caía hipnotizada por su tacto, su aroma, su todo.

Él apenas podía respirar entre el bochorno que sólo la Aizawa era capaz de hacerle sentir y una pronta sensación de sentirse sofocado, casi apretado. Izumi ya no hacía esfuerzo alguno en resistirse a lo obvio.

Entonces, tras un intercambio de miradas tan intenso como fugaz, los labios del chico rozaron con los de ella y, acto seguido, como impulsado por una fuerza invisible, finalmente la besó, estremeciéndose como si una corriente eléctrica estuviera corriendo por sus venas nada más el contacto se prolongó por más de un par de gloriosos segundos.

En medio de aquel momento que despertaba en ellos el deseo de seguir, Bakugo entreabrió la boca femenina con ayuda de su lengua, sintiendo que se derretía por el ahogado gemido que ella dejó escapar nada más sus lenguas hicieron contacto directo en una repentina danza en la que, como era de esperarse, ambos lucharon por tomar el control de la situación: incluso cuando Izumi seguía a merced de Katsuki.

Ambos se separaron apenas unos centímetros cuando el aire comenzó a hacerles falta, pero no se detuvieron. El calor vaporoso por el entrenamiento y el de sus propios cuerpos no iban a permitirles hacer semejante locura, aun cuando ceder a los encantos del otro en pleno gimnasio tampoco es que fuese la mejor idea, en retrospectiva.

Pero qué importaba.

Así pues, liberando sus manos, Katsuki permitió que sus yemas recorrieran desde el rostro de Izumi hasta su cintura, complacido de los suaves estremecimientos que recibía como respuesta.

—Eres preciosa, princesa —le susurró el chico con el semblante suavizado, bajando la guardia a consciencia.

Izumi sonrió de lado, tomando entre sus manos las calientes mejillas.

—Te pusiste cursi —bromeó.

—No puedo evitarlo. Me gustas tanto... —Sonriendo divertido ante el intenso sonrojo que repentinamente cubrió las mejillas de su novia, Katsuki volvió a besarla, saboreándola con cada beso. Acto seguido susurró en su oído con tono grave y sutilmente seductor—: y no tienes ni idea de cuánto deseo tocarte, nena... —sopló en su oído, escuchándola ahogar un jadeo— quiero hacerte mía...

—T-Tsuki… —Izumi lo observó embelesada, entreabriendo la boca.

Sus labios húmedos tentaban a Katsuki a probarlos de nuevo, quien se abstuvo sólo por esperar su respuesta.

Una que nunca llegó porque se vio interrumpida cuando el sonido de la puerta abriéndose irrumpió en el ambiente, disipando esa aura cálida y pasional.

—...

Con una mueca oscilante entre el enfado y la sorpresa de ser descubiertos en plena acción, Katsuki e Izumi se quedaron allí, quietos en tan comprometedora situación, con la vista clavada hacia Aizawa.

El silencio se tornó incómodo. Los segundos fueron eternos. El rostro sin gesto del hombre se mantenía casi ajeno... hasta que finalmente reaccionó.

... con un suspiro.

Sí: un suspiro. Uno cansado, como si no fuese la primera vez que los encontraba en una situación semejante.

Luego, de la misma forma en que había entrado, Aizawa se dio la vuelta, sonriendo de lado a escondidas de su hija y su futuro yerno.

—No tarden mucho —fue lo que finalmente dijo a medida que se retiraba.

Las reacciones de los adolescentes... bueno, el grito que resonó tras las puertas del gimnasio gamma, seguido de una pronta discusión entre los dos, dejó en claro cuales fueron.

Notes:

*Comisión entregada originalmente el 04/04/24*. ¡Gracias de nuevo por darme la oportunidad de trabajar con tu ship! Y perdona la demora en finalmente publicarla aquí :'v

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