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La tragedia de Julieta

Summary:

Fic originalmente publicado en Wattpad el 01 de julio de 2020.

Ó

Len es un Capuleto, Rin una Montesco. Dos mundos que no están destinados a estar juntos, sin importar cuánto lo fuercen.

Notes:

Loading fue un reto al que me etiquetaron en wattpad hace más de 4 años y que todavía no termino JAJAJA
Trataba de hacer 25 (creo) historias basadas en canciones aleatorias de tu lista de reproducción personal con tu ship favorito. Obviamente lo hice de RiLen. Éste fue la primera historia que salió, no he hecho ni la mitad jashnjshbc

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 

   Una multitud pelmaza visualizaba el espléndido baile de su Alteza junto con aquella chica que todos desconocían de nombre y procedencia. Mujeres envidiosas haciendo berrinches en sus pomposos vestidos entallados, quejándose de que el muñeco haya elegido a una cualquiera sobre señoritas de tan alta estirpe. Hombres imaginando la posibilidad de acercarse a la bella dama, si el príncipe la quería era porque era de buena categoría, ¿no?

   Al tiempo que ellos eran el núcleo de bullicio y chisme en el gran salón, el padre del muchacho, Rey de las tierras de Verona, busca de manera desesperada separar a la plebeya de las manos de su hijo. Con un rostro iracundo y con una jovencita siguiéndole el paso en mayor calma, el señor de más alto cargo desaloja su cómodo asiento para ordenar a los músicos que acaben con la infame pieza. Rosalia, mejor conocida como la princesa Miku, suspiraba por el exasperante comportamiento del Rey Tonio, prefiriendo quedarse cerca del trono a seguir caminando sin rumbo exacto a espaldas del castaño. La música era de su gusto, los instrumentos orquestados con maestría la hacían mover sus latidos y deseaba que la que bailara bajo los intensos ojos de los espectadores fueran ella y su gran amor, la misma que yacía en las garras del amor prohibido con el sucesor de los Capuleto. Ése mismo con el que estaba comprometido y la razón por la que fue obligada a asistir al baile.

   Se alegraba que su amigo de infancia se divirtiera, gozando en las brasas de la ilusión de un divino lazo con la señorita Montesco, deseaba su felicidad y junto a ella lo era. Pero, también tenía enterado que esa misma felicidad contaba con una fecha de caducidad. El Rey forjó sus planes y no había fuerza en este mundo que le impidiera no ejecutarlos. Rosalia se casaría con el joven Romeo Capuleto, conocido por sus cercanos como Len. Ella ya se había resignado, pero él no.

   Más de una vida entera de riñas entre los Capuleto y los Montesco haría que esos dos se conocieran sí o sí en algún momento. Es así como Julieta de Montesco, mal apodada como Rin, se enamoró del fruto de la discordia en posesión de sus rivales. Y lo mismo iba para el niño de rubios cabellos, que cayó rendido a los pies de la impecable fémina. Bueno, no lo culpaba, ella misma estaba enamorada de la amante de Len, empero, ése es su secreto mejor guardado.

   Mejor guardado que el de ellos dos, por supuesto.

   Cuando la vio aparecerse envuelta en un pulcro vestido blanco en la pista de baile, supo que sus jueguitos de amor encontrarían el fin en ese instante. Mas, empalagosos como lo eran, mandaron al carajo la congruencia del espacio y tiempo y se pusieron a danzar, como si la familia real fuera ciega para no darse cuenta que una Montesco se coló.

   ¿Qué estaría pasando por sus cabezas para que hicieran tal estupidez?

   Cosas cursis, eso ocurría. Para ellos, el mundo dejó de existir cuando sus manos se tocaron, viajando sobre su propia burbuja sin ninguna clase de remordimiento o temor.

   ───¿Mi reina se está divirtiendo?— Len descaradamente besa las comisuras sin el disgusto de la joven, aprovechándose del hecho que la máscara —que cubre más de la mitad de su rostro— ocultara la identidad de su amante, al menos así, los pueblerinos no objetarían nada. Luego lidiarían con su padre. Ahora todo lo que importa son ellos.

   ───Contigo, todo es perfecto— tras una nota aguda, gira sobre sus puntas y termina inclinada hacia el suelo, embobada con el perfectible rostro del joven Capuleto. La canción se había detenido, mas, ellos mandaron a la mierda eso y danzaron como si las melodías siguieran. Aunque, en sus cabezas así era; la canción era importantísima para ellos, pues fue la que sonó en su primera cita, hace ya tantos meses. Se la sabían hasta el cansancio.

   ───¡Romeo Sexto de la Sagrada Concepción Capuleto!— escucharon clarito el nombre completo de uno de los blondos, reconociendo la voz como la del Rey de Verona. La palabra enojado le quedaba corta. En especial cuando los insolentes se atrevieron a besarse frente a sus narices.

   Desde arriba de unas escaleras, Miku se rio a carcajadas cuando los rubios se echaron a correr, con su padre detrás escupiendo blasfemia y media.

 

 


 

 

   ───Los perdimos, amor mío— notificó melosa la chica, sentada sobre sus piernas. El joven sólo se interesaba por probar su cuello apasionadamente, aprovechando del pequeño escote en sus hombros. Rin vigilaba que los guardias se alejaran de su escondite, el cual era una de las ramas más altas del árbol que colindaba con la muralla del majestuoso castillo. Ese inmenso pedazo de roca protegía la seguridad de los Capuleto, apartándolos del resto del pueblo como si de ratas se tratasen. Con mirar abajo, el miedo te invadía, pues estaban a una altura desquiciada. De no ser que uno de los balcones les permitió llegar hasta allí, no habrían escapado.

   ───¿Te has hecho daño, mi cielo?— cuestionó Len, sujetando cuidadosamente a su mujer de la cintura. La rama crujía bajo sus posaderas, pero ni eso lo inmutó de gozar el perfecto paisaje: un cielo nocturno rebosante de pecas centelleantes, con la siempre linda Rin sobre su regazo.

   ───Si no contamos mi zapatilla perdida, ningún daño— el dulzor del labial llenaba su boca, mas no era ni comparable con el sabor de sus labios al desnudo.

   ───¿Eso es un daño?— quedó embelesado con las suaves risas de la dueña de su corazón.

   ───Daño emocional, tontito. Me las regaló mi madrina.

   ───Entonces yo me encargaré de curar todos tus pesares— la apasionante noche en la que se regodean, a pesar del peligro, les incita más y más. Siempre creyeron que esa sensación ilícita era también una de las miles de razones por las que su relación era tan malditamente ferviente, candente.

   El mismo sentimiento que sus cuerpos provocaron al tocarse por primera vez, en su noche de bodas clandestina.

   Así si el mundo entero se las arreglaba para joderlos, ellos superarían cualquier obstáculo para recuperar su amor. Nadie los entendía, esa inhumana necesidad de estar juntos. Len ya tenía una vida planeada con Miku; una radiante mujer, de renombre y con la simpatía de los plebeyos. Ella era la envidia de cualquier persona, tanto de mujeres —ya quisieran ser así de sensuales o acomodadas en la jerarquía social— como de hombres —celosos de que una dama de tales proporciones no sea capaz de obtenerse, el cerezo de un pastel de más precio que un diamante—. Len era tan afortunado, consiguiendo sin pero alguno una vida a lado de la codiciada Miku. ¿Por qué quería hacerse entonces de Rin? Sin capricho, lo único que deseaban era estar juntos, sin la intervención de nadie.

   ───No dejes que nuestro amor se transforme en la tragedia de "Julieta"— murmuró Rin sobre sus hinchados labios, mordiendo un poco estos en el éxtasis del momento. ──, escapemos— Len la atisbó con una ligera sorpresa en sus orbes azul cielo, prestándose a su voluntad. ──. Llévame a un lugar lejano, eso es lo que deseo.

   ───A tus ordenes, Julieta— volvió a cargar a la pequeña femenina, compartiendo otro húmedo contacto. Escuchó como desde el lejano suelo su padre deliraba su nombre revuelto de cólera. No quiso oírlo, no le interesaba. Mas, irremediablemente, su voz se hacía todavía más fuerte cuando el lejano suelo ya no era tan lejano.

   ¿Quién dijo que el príncipe tenía una buena condición física? Debían callarlo, porque el acto de los rubios en picada, debido a que sus brazos —y la rama también— no aguantaron ambos cuerpos, cayendo al vacío, hacia su perdición. A la muerte de los amantes.

 

 


 

 

   Su estridente alarma lo hizo despertarse de sopetón. La escandalosa canción de la famosa Idol japonesa era perfecta para hacerlo despertar a la hora correcta cuando se desvelaba escribiendo fanfic's.

   Len la apagó con una cara que decía que se quedó durmiendo en su escritorio. Y al ver la pantalla luminosa de su computador, mostrando la repetición de letras al azar en Word, entendió que su carota aplastó toda la noche el teclado.

   ───Oh, bueno, al menos terminé el fic— se dijo a sí mismo cuando checó que el escrito inspirado en dos cuentos clásicos —con él y su crush como protagonistas— estaba listo para subirlo a Wattpad.

 

Notes:

Canción: Romeo to Cinderella.
Kanji: ロミオとシンデレラ
Romanji: Romio to Shinderera.
Autor: Doriko (Kiritan-P).
Publicado: 3 de abril del 2009.
Ilustrado: Nezuki.

Comentarios de la publicación original:
"Empezamos con mi canción favorita de todo el mundo musical, con la que conocí VOCALOID.
Es una historia corta para ir calentando, ya saben, algo no tan elaborado y simple. Espero que les guste".

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