Chapter Text
—No soy una prostituta —repitió el hombre sentado en la sillita de plástico frente al escritorio de Jun-ho.
Jun-ho levantó la vista del formulario de arresto que estaba rellenando en su ordenador para analizarlo. Seong Gi-hun, cuarenta y tres años, residente en Ssangmun-dong. El sistema mostró que su único pariente cercano era su anciana madre. Habían numerosas citas archivadas por problemas monetarios en su mayoría, pero no por prostitución. Oh, y hoy era su cumpleaños.
—Oficial —dijo el hombre, estrujando sus manos como una señora mayor y balanceándose en su silla—, lo juro.
Jun-ho apartó sus dedos del teclado para cruzarlos sobre la mesa—. Ajusshi, te tengo en vídeo sin pantalones en un hotel de amor famoso.
—¿Acaso te parezco una prostituta? —Seong Gi-hun alzó sus manos con frustración—. ¿Lo parezco?
No lo parecía, pero Jun-ho revisó su desgastada billetera en busca de su identificación durante el arresto y Seong Gi-hun tenía menos de 500 wones. Así que Jun-ho había descartado la posibilidad de que estuviese como cliente. Y quién sabe, hoy en día todos tenían fetiches raros que preferirían mantener en secreto. Tal vez hombres largiruchos con pelo rizado despeinado ocupaba un nicho de mercado específico o algo así. Más vale prevenir que curar y dejar a un degenerado en las calles de nuevo sin algún tipo de castigo. Probablemente se tropezaría y caería justo sobre un pene. Jun-ho no estaba 100% seguro, pero Seong Gi-hun se veía un poquito gay.
—¿Para qué estabas ahí entonces? —preguntó serenamente.
La cara del hombre tuvo un ligero espasmo a la pregunta, sus ojos yendo a su regazo—. Uh, estaba…umm, era una sorpresa para mi…uh, novia.
La punta de sus orejas sobresaliendo un poco del nido de ratas de rizos estaban rojas como un tomate.
—¿Tienes novia? —Jun-ho no pretendía reírse, en serio, pero el explosivo resoplido escapó de su fosa nasal antes de que su cerebro lo procesase.
—¿No me crees? ¿Por qué no puedo tener novia? ¿Por qué es tan difícil de entender? —La boca de Seong Gi-hun se retorció—. ¿Y por qué demonios estabais grabando todo? Mi trasero está en toda la cámara, eso no puede ser legal.
—Es parte del nuevo endurecimiento de medidas contra la prostitución —explicó—. Ahora se requieren pruebas en vídeo, lo que facilita las sentencias en los tribunales.
—¿¡Sentencias!? —exclamó Seong Gi-hun, atrayendo miradas en la estación policial.
—Sí. Como es un primer delito, probablemente solo tengas que hacer dos meses de servicio comunitario obligatorio.
—¡Pero no soy una prostituta, Jun-ho!
—¡Eh!
—Disculpe, oficial Hwang. No soy una prostituta. Todo esto es un malentendido.
—Hay pruebas en vídeo de-
—¿Puedo hacer una llamada? ¿Está dentro de mis derechos constitucionales, oficial? —Interrumpió de forma grosera Seong Gi-hun, con tono alto y sarcástico. Jun-ho frunció el ceño. Su pequeña conversación estaba empezando a atraer a una pequeña multitud de compañeros curiosos.
—Está bien. Tres minutos —dijo, apuntando al teléfono público junto a las celdas de detención temporal—. No intentes cosas raras o serán más de dos meses de servicio comunitario.
Vigiló como un halcón al extraño hombrecito mientras este se acercaba al teléfono descontento arrastrando los pies. Marcó un número de memoria y ahuecó sus manos sobre el teléfono, poniéndose de espaldas a Jun-ho. Se frotó el lado del cuello y golpeó ansiosamente el suelo con la punta de su zapato desgastado. Jun-ho ojeó al reloj en su pantalla. No había pasado ni un minuto cuando Seong Gi-hun se escabulló en su asiento y dobló sus manos sobre su regazo como un estudiante obediente.
—Gracias —dijo con una pequeña reverencia a Jun-ho.
Su móvil personal sonó en su bolsillo. Jun-ho lo ignoró y se giró a la pantalla para rellenar más información en la hoja de registro de Seong Gi-hun. El teléfono sonó de forma más intensa, chasqueó la lengua y lo silenció. Asuntos personales durante las horas de trabajo eran un gran no para él, lección aprendida de su hermano mayor, junto al resto de su ética policial ejemplar. Todavía era relativamente nuevo al trabajo, pero aún así era una estrella en ascenso según sus supervisores directos.
—Uh, parece bastante importante —dijo Seong Gi-hun, apuntando tímidamente al bolsillo.
—No contesto llamadas personales cuando estoy de guardia —dijo Jun-ho, sin molestarse en mirar al hombre.
Entonces, su teléfono fijo sonó.
—Jun-ho.
Ni siquiera había alcanzado a decir su saludo habitual cuando habló. Jun-ho pestañeo al escuchar la voz, era-
—¿Hyung?
Su hermano mayor tenía la tarde libre ese día. El por qué estaba llamando a su número de trabajo a esas horas era un total misterio.
—Él no es una prostituta.
Al otro lado de la línea, Hwang In-ho se escuchaba molesto.
—¿Huh?
—El hombre al que estás arrestando no es una prostituta —repitió su hermano mayor inexpresivamente.
—Oh.
Jun-ho miro hacia Seong Gi-hun, el cual le sonrió incómodamente.
—Espera, ¿qué? ¿Cómo sa-
—Jun-ho, no hagas preguntas. Déjalo ir.
—Hyung-
—Oficial Hwang.
Sus hombros cayeron. Hwang In-ho acababa de sutilmente usar la jerarquía sobre él.
—Sí, señor.
Todavía tenía un millón de pregunta, pero hizo como le habían dicho y de mala gana soltó al hombre de su custodia. Seong Gi-hun se inclinó haciendo reverencias enérgicamente en su camino a la salida de la estación de policía y huyó, las colas de su camisa batiéndose en el atardecer como las alas de un pájaro raro.
Aún con el ceño fruncido, Jun-ho caminó pesadamente hacia el teléfono público y miró su historial de llamadas. Ahí estaba, en el primer lugar de la lista de números marcados recientemente: el número personal de Hwang In-ho.
¿Qué mierda está pasando?
