Work Text:
"
Cuando leas esto, yo ya estaré muerto.
¿No es así como inician las mejores notas suicidas?
Que dramático. Aunque, irónicamente, es la probabilidad más latente.
Después de todo, soy yo el que lo escribe.
Lo difícil es descubrir el momento exacto en que lo leerás. ¿Sabes? Es un sentimiento extraño, y yo no tengo sentimientos, así que te responsabilizo al cien porciento de esto que me oprime el lado inferior del cráneo y me empuja a redactar de mi puño y letra la siguiente carta. La porquería más cursi que haré en mi inmunda vida.
Pero es lo que siempre quisiste, ¿o no? Te quejaste hasta quedarte sin voz y agitaste las plumas en mi cabeza, recordándome el poco tacto que tenía para contigo, pajarito.
Primero de enero, es año nuevo, y estoy en tu casa. Más específicamente, en tu lecho. Tu brazo rodea mi cintura desnuda y mi espalda se reclina sobre tus acolchonadas alas, el pasivo gorgojo vibrando en tu garganta acompaña el monótono sonido de la madrugada, hago añicos las migajas de mi mugrosa vista miope en la oscuridad y me apodero de una entre cientos de hojas sueltas en tu cómoda. Hay miles de papeles desperdigados por todo tu apartamento, unos más importantes que otros.
¿A quién mierda intentabas engañar, pajarito?
Quién sea que te haya asignado esta misión, debería estarse retorciéndose en su tumba.
Tal vez esto sería aún más dramático si escribiese la nota con una de tus péndolas, clavase una uña carcomida en el borde de mi carne putrefacta y cogiera una gota de la sangre que brotara para utilizarla cual tinta. Sólo que hoy no me apetece cauterizar mi mortecino cuerpo después del coito. Hay formas más interesantes de experimentar la performance que no sea mediante la patética retórica. Jamás presté atención en Literatura, de todas formas. ¿Para qué explayarse y enredarse con cuanta metáfora te atraviese los sesos? Si es más práctico anunciar, quemar y soplar las cenizas.
Además, no necesito más dramatismo, cuando estoy escribiendo esto apoyándome en la espina media de tus escápulas. Tu soñolienta mente creerá que es un masaje, y está tan lejos de la realidad.
La contradicción me enerva las venas. ¿No acabo de quejarme sobre la divagación en favor de la poética hace menos de un párrafo, y no soy yo el que se está extendiendo demás? Mira en lo que me has convertido, maldito pajarraco.
Sería otra razón por la que te odio, y créeme que hay muchas más. ¿Insultar mi inteligencia haciéndote pasar por un desertor de tu bando? Una de las principales razones. ¿Ah? Sí, siempre lo supe. Desde el primer momento en que vi esas alas rojas ondulando en el viento. Entonces, te preguntaras, ¿por qué te acepte? Bueno, el gato tiende a jugar con su presa antes de cazarla.
Es sensacional saber el control que puedes ejercer sobre otros, ¿no lo crees? Mis esqueléticos dedos rascan el raquis de tus plumas y la vertebra de tus plumas tiembla, nerviosa, necesitada. Es fascinante. Si fuesen otras circunstancias, si fueses diferente, si mi destino no estuviese escrito, te juro que te habría utilizado. ¿Propósitos pacíficos o belicosos? Nunca lo sabremos.
Pero no nos he reunido aquí para conjeturar lo que pudo ser o lo que nunca será. No estoy escribiéndote esto para tu consuelo o porque te quiera. No. Te escribo porque pones tu maldita cara afligida cada vez que una nueva grapa se une a mi tronco, evitando que me desarme. Me irrita las venas, me corroe.
Perdiste el toque, pajarito. En serio, ¿el «amor» te ablandó?
Con todo el alpiste que te llena el cerebro, me imagino la resolución. Así que te pregunto:
¿Realmente pensaste que podrías salvarme?
¿Tocar mi corazón, sacarme lo villano y lanzarme al bando de «los buenos»?, ¿hacerme recapacitar ante mis acciones, redimirme y convertirme en un sujeto de bien?, ¿para que pudiéramos brindarnos del afecto que le faltó al otro en toda nuestra podrida vida?, ¿y concluir nuestro final feliz?
Si tu respuesta es «sí», en verdad no comprendo cómo llegaste a ser el héroe número dos.
Incluso ahora la risa me gana, por si notas que mi caligrafía de repente falla.
Te contaré algo que tal vez se les olvidó enseñar en tu tipo de escuelas:
Ding dong, héroe. No puedes salvar a alguien que no quiere ser salvado.
Despotrica, patalea, llora, arráncate las plumas —o en su defecto, el cabello—, si no me crees. Pero sabes que es verdad. Y déjame decirte una cosa: ¿esa vida que soñaste junto a mí? No me interesa, en lo más mínimo. Tengo un propósito, que, a diferencia de ti, no se tambalea ante el primer sujeto que me demuestra la regla mínima de la empatía y la atención.
Porque yo no quiero ser salvado.
Y tampoco quiero ser resucitado.
El día en que Endeavor muera, será mi fin.
Te lo diré de la manera más directa para que tu mente de pollo lo capte: cariño, moriré, y no hay nada que puedas hacer para evitarlo.
Eso es todo lo que necesitamos saber.
Disfrutaré de la distracción que me dedicas, pajarito, hasta que el tan ansiado día llegue. Y cuando eso suceda... bueno, seguramente ya lo presenciaste.
Hasta entonces, puedes fingir que existe un «nosotros», Keigo.
—Dabi.
PD: No luzcas tan sorprendido, te reconocería hasta en mis pesadillas, Takami Keigo. Es complicado olvidar a alguien como tú.
"
«Es difícil olvidarte a ti también, Touya».
Contrario a lo que uno especularía, la letra delgada y fina de Dabi es pequeña. Caben perfectamente dos guiones en un sólo renglón. Cuadrada, como las máquinas de escribir antiquísimas. Digna de un hombre criado en cuna de oro, supone. Es incluso más estilizada que la chueca y apresurada letra de Hawks. Dabi es zurdo y no hay ni una mancha —por lo menos no nata— de tinta. Aunque la presentación deja mucho que desear.
Arrugada, y no por las estáticas manos de Hawks, doblada como Dios le dio a entender, amarillenta y carbonizada a los bordes. Esa pobre hoja de papel ha soportado de todo. Sin embargo, hoy, en esta noche, alistándose para la confrontación contra All for one, está en sus manos. Echándole en cara todo aquello que no quiso ver.
Hawks ya sabía que volar a ciegas era un error garrafal. Y aún así lo hizo, porque sus instintos flaqueaban si se cruzaba con ese par de índigos dormilones.
No es nuevo. Incluso en su pasado, cuando el mayor de los Todoroki aún se hacía llamar "Todoroki Touya" y pasaban sus madrugadas divagando entre tópicos triviales en la cama que les proporcionaba el programa de educación de la Comisión, acurrucándose con el otro, pues el invierno era una perra gélida; incluso entonces, Keigo cedería con una excesiva facilidad a los ojos chispeantes de Touya.
De un instante a otro, los cerúleos más hermosos que ha visto jamás, se apagaron. Y tuvo que aparentar que los cielos eran similares, cuando la realidad es que no hay tal comparación.
Sin previo aviso, se encendieron en la penumbra de un callejón abandonado, unos once años después. De haber estado volando, se habría estrellado contra una ventana.
Definitivamente, hallar al que fue el consuelo de un huérfano explotado por el órgano gubernamental de dudosa ética más influyente en el poder judicial nipón, en carnes de un miembro activo de la Liga de Villanos, parias sociales en favor de la destrucción a los que se le asignó vigilar... le nubló el juicio. Los manejadores lo entrenaron mejor que esto, empero, era de esperarse, con toda franqueza.
Se lo cuestionó, siendo sorbido en las fauces del lobo feroz: ¿Dabi sabía que él sabía?
Por el sucinto discurso que hay entre sus tiesos dedos, es un rotundo no.
«¿Quién ofende la inteligencia de quién, Dabs’?»
Sin embargo, hay mucha verdad en lo que intenta ser una carta desgarradora. Hawks tocó fondo y se tragó las falsas esperanzas que le contagiaron los famélicos besos a medianoche.
La maltrecha carta cayó flemáticamente a sus manos, desde la viga del techo y antes de que el Sol naciese de oriente al alba, Hawks se había memorizada cada una de las palabras, con todo y comas.
Hace meses que no ha oído más de Dabi. Excluyendo el enjambre de noticias y especulaciones que acarrean los medios tras la revelación de su identidad.
El día en que despertó en el hospital, vendado de pies a cabeza y con la picazón en la espalda, donde sus alas faltaban, habría enloquecido por leerlo. En la actualidad... vaya, no sabe qué sentir.
Ha ocurrido tanto en tan poco.
¿Tristeza? Honestamente, no se la merece. ¿Traición? Demasiado hipócrita para sus estándares. ¿Furia? No la hay. ¿Felicidad? Es subjetiva. ¿Amor? Quién sabe.
Keigo hubiera donado hasta la última de sus plumas por el bienestar de Touya.
¿Hawks estaría en la misma página si Dabi corriera —y como el estúpido maniaco del fuego que es, por supuesto que lo hará— el mismo riesgo, sin oscilar, sin arrepentirse?
Para ser honestos, quién sabe.
Sus alas han crecido a lo mejor medio centímetro, mas, le consta que los días de gloria en que sus magníficas alas carmín se arrastraban a su caminar y provocaban una ligera brisa con su aletear, han terminado. El chirlo tejido desde el trapecio muscular hasta la quijada ha cicatrizado y recuperó su voz, muy distinto al caso de su reputación como héroe.
Gran parte de ello se le puede atribuir a Dabi, y aún así, no encuentra factores para guardarle rencor.
Tal vez hay algo realmente mal conectado en su cerebro disfuncional.
Añora con toda su alma a Touya, pero Dabi no es Touya.
Hawks dobla delicadamente la carta en cuatro, depositándola cual separador en uno de los libros que el Frente de Liberación Paranormal le dio para nutrirse de sus dogmas. Estruja sus hinchados jades y suspira.
En el mejor de los casos, habrá mejores circunstancias para lamentarse de sus sentimientos.
Por el momento, tiene que luchar por un futuro en el que se ahogue por helado y un corazón roto.
«¿Dices que yo me he equivocado en todo? Bueno, tú aún no estás muerto. Veamos en qué más te equivocas».
"—¡DABI FUE DERROTADO!".
Ni siquiera aquel revoltoso anuncio pudo hacerle apartar la mirada fija de AFO.
Sin embargo, su cuerpo no es tan firme como su mente. Las plumas enanas se crisparon y revolotearon dolorosamente en su espina dorsal.
De nuevo... no sabe qué sentir, exactamente.
¿Fe?, ¿alivio?, ¿temor?, ¿pánico?, ¿conmoción?, ¿cariño?
El héroe número uno está rosando el colapso y hay dos niños presentes —entre ellos, el pupilo al que más le ha cogido afecto— que acaparan su aturdida mente. Más rápido, debe ser más rápido. AFO es una perra dura de roer.
Para su penosa suerte, la interrogante "¿realmente es el final para Dabi?" pulsa como un segundo corazón en algún rincón recóndito de su psique.
Se toma una pausa para recordarse: derrotado no es sinónimo de muerto.
¿Dará más batalla? Claro que sí. A fin de cuentas, conoce más de lo que le gustaría al embustero y terco chiflado villano del cual se enamoró.
Apropiándose de su peroración y retorciéndola hasta hacerla parte de su vocabulario: si hubiera tiempo, si fueran otros, si la vida les diera la oportunidad... Hawks soñaría con reencontrarse una tercera vez. La tercera es la vencida dicen, ¿no? Visitarlo en el cuarto de hospital, acompañarlo en el proceso de su sanación, discutir con él como en antaño y quién sabe, tal vez aclarar las cosas. Que fluya lo que tenga que fluir. Porque, incluso si Dabi lo odiase como dijo y no haya compartido la misma afección en sus múltiples encuentros, aún se tomó la molestia de escribirle una carta.
A diferencia de las cenizas, los estragos no se esfuman con el viento.
Ergo.
Aquí, en el campo de batalla, el vigor de su corazón colgando de una cuerda floja...
Tendrá que esperar.
