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Está jodido.
Luego de ser aislado obligatoriamente fue llamado a la sala común del recinto familiar. No importaba por donde lo viera, no podía ser algo bueno, nunca era algo bueno cuando se trataba de él.
Podía sentir la mirada de la empleada que lo acompañaba quemarle la nuca. Era una mezcla de vigilancia ordenada y lástima sincera, lo mismo que todas las pocas veces en las que había podido vagar con algo de libertad por cualquier espacio del recinto.
Mantenía la mandíbula apretada mientras caminaba con pasos firmes. No importaba cuantas veces lo apartaran, que tanto lo aislaran o cuanto lo ignoraran. Se negaba a bajar la cabeza ante su claro desprecio.
No iba a darles el gusto de verlo desmoronarse cuando se la había pasado toda su vida siendo subestimado por no poseer poder maldito.
La mujer pasa frente a él cuando se encuentran frente a la puerta. Es hora de anunciar su entrada al lugar y Toji no puede estar más apresurado de estas cordialidades.
─Se presenta Fushiguro Toji. ─La anunciada mujer después de abrir las puertas corredizas.
La familia está reunida allí, todos tan superficialmente indiferentes que da asco.
─Fushiguro. ─Naobito da una mirada por sobre su taza de té, sin mirarlo ─. Tan alborotado como siempre.
Toji bufa poniendo los ojos en blanco. El anciano deja la taza sobre la mesa y sus ojos miran fijamente a una tercera persona en la habitación.
Frente a él hay un hombre. No se ve exactamente mayor, pero las marcas de cansancio son notorias y difíciles de ignorar. Aun así no son tan grotescas como para hacerlo ver grotesco, más bien le agregaban un encanto digno de un adulto sabio.
─Saluda. ─El tono con pequeña advertencia no pasa desapercibido para Toji quien está acostumbrado a estas indiscreciones.
No tiene opción, así que se inclina en su lugar cómo saludo, murmurando un simple buenas tardes que tiene apenas intención de parecer genuino.
Da unos cuantos pasos más y se sienta en el suelo junto a Naobito, lo suficientemente lejos como para no sentir toda su presencia como una amenaza constante. Pone las manos sobre sus piernas cruzadas sobre su kimono, centrándose en la tela y el tono azul pálido de la misma.
─¿Alguien va a decirme qué carajos está pasando? ─No se inmuta ante el claro disgusto de Naobita por la elección de sus palabras al preguntar y Toji tiene que morderse la mejilla para no sonreír por ello.
─Disculpa los malos modales de este muchacho, señor Kento. ─El hombre (que ahora sabe que se apellida Kento) apenas hace un movimiento de cabeza hacia el comentario.
Toji se aburre. Kento no dice nada y se toma su tiempo para darle un sorbo a su propia taza de té.
─Me es inevitable no seguir con esto. ─Son las primeras palabras que salen de la boca del hombre de cabello rubio ─. Me temo que el asunto del compromiso no se puede omitir esta vez.
¿Compromiso? ¿Omitir esta vez? ¿De qué carajo hablaban?
─¿Está seguro de su decisión señor Kento? ─El anciano pone ímpetu en su duda ─. Usted mismo acaba de comprobar que no hay una pizca de presencia en Fushiguro. Además del tema del poder maldito.
¿El jodido Naobito acababa de hablar así de él como si no estuviera sentado a su maldito lado?
Bueno, estaba bien. Era algo de costumbre el ser degradado de tal forma con la educación que solo alguien de clase alta podría tener. Aun así, seguía siendo una patada en el trasero tener que lidiar con toda esa mierda frente a terceros no pertenecientes a la familia.
─Me parece que quien debe decidir eso soy yo. ─Kento deja la taza ya vacía sobre la mesa y apenas sonríe en dirección a Toji, es leve, serena y genuina. No la máscara basura de amabilidad aprendida ─. Y la decisión ha sido tomada, Fushiguro Toji será la clave de esta tregua.
Naobito no parece contento con el hecho, pero tampoco parece disgustado. Era una mezcla de picardía y condescendencia qué se ocultaba muy débilmente tras una sonrisa formal.
Una empleada entra después de un ligero toque, sostiene una pequeña bandeja de madera con una taza. Se ve la forma del vapor elevándose y deformandose mientras camina hacia Toji. Deja la tasa con cuidado frente a él y llena las tasas de Nanami y Naobito antes de despedirse con una reverencia antes de marcharse.
Nanami parece sutilmente interesado en el color de su bebida. Café negro, sin leche.
─Permítanos un momento a solas. ─Nanami seguía mirando la tasa de Toji pero era claro hacia quién iba dirigida esa petición ─. Me gustaría tener una conversación sin intermediarios. Si no es molestia.
─Me retiro, en todo caso. ─El anciano se levanta de su lugar apoyándose del hombro de Toji para estabilizarce. El apretón que le dio no pasó desapercibido.
Era una advertencia. Compórtate.
El resto de la familia lo sigue como fantasmas sin proposito
El lugar se queda en silencio en cuanto están ambos solos en la habitación. Toji toma su tasa y sopla antes de dar un sorbo. No pretende ser maleducado con su acción, pero por lo menos necesita algo que hacer mientras Kento decide si va a abrir o no la boca para hablar.
─Entiendo que esto es repentino. ─Comienza, Toji quien estaba por bajar su taza para dejarla sobre la mesa se detiene abruptamente ─. Pero me gustaría llevar este asunto en buenos términos.
─¿Ah, sí? ─El sarcasmo se le escapa de los labios y finalmente deja la tasa sobre la mesa ─. Cuénteme más señor Kento. Apuesto que los intercambios son lo suyo
Nanami apenas reacciona con una sonrisa pequeña.
─Como podrás notar, Fushiguro ─Su forma de hablar es lenta, casi sin emoción ─. El cómo se desarrollen las cosas entre el clan Zen'in y el clan Gojo dependen enteramente de si este compromiso se cumple o no
Toji lo maquina, es obvio que es la oportunidad perfecta para su familia. Se deshacen de él y a su vez lo usan como moneda de cambio para la paz.
No está complacido por eso. Pero quizá pueda usarlo cómo una oportunidad.
─¿Entonces qué? ─Toji se inclina un poco hacia atrás cuando siente un leve dolor en la espalda ─. ¿Nos casamos y jugamos a la familia feliz mientras ellos juegan a no querer matarse?
─Puede ser el caso. ─Kento decide darle el último sorbo a su té ─. No pretendo hacer nada que resulte incómodo para ti. Al igual que yo no es algo a lo que puedas negarte.
La curiosidad le hizo cosquillas en la punta de los pies. Kento Nanami parecía un hombre correcto y dispuesto a hacer lo que se tuviera que hacer. La forma tan simplista y a la vez considerada con la que hablaba sobre la situación era algo que Toji veía por primera vez desde que tenía conciencia.
─Sí te casas conmigo, prometo que tendrás libertad.
La ironía de mencionar libertad en una charla sobre matrimonio arreglado lo hizo bufar cómicamente. Ese hombre tenía una forma tan extraña de decir cosas completamente opuestas en una sola oración
─Está bien. Muéstrame qué tanta libertad tienes para ofrecerme.
