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Pobre secretario

Summary:

Cuando Barry comenzó a trabajar recibió una única advertencia.
No enamorarse de su jefe.

Barry creé que puede hacerlo, excepto que no lo hace.

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When Barry started working he received a single warning.
Don't fall in love with your boss.

Barry thought he could do it, except he doesn't.

Notes:

Bien, al final lo publique más que nada por el comentario de una persona me motivó a hacerlo.
Pero aún no sé como sentirme con respecto a ese fic en especifico, una parte de mí le gusta la idea, pero odia la ejecución.

Quizá a nadie le interese, pero en general esta idea surgió de ultimo momento ya que no tenía nada para el día 2 y lo escribí en un día mientras escuchaba "Pobre secretaria". Si debemos culpar a alguien por esta terrible ejecución que sea a esa canción. (Pero no culpen a la canción, porque amo a esa canción).

En fin, creó que el día de mañana tengo algo mucho mejor para compartir y que de hecho subí un pequeño adelanto a Tumblr.

Work Text:

Cuando Barry aceptó el trabajó nunca pensó en todo lo que eso traería a su vida.

En su mente, ingenua debe admitir, creyó que era un trabajo simple.
Organizar papeles, contestar llamadas, agendar reuniones y lidiar con alguna llamada particularmente incómoda o agresiva, nada del otro mundo.
O al menos eso fue hasta que conoció a su jefe.

El señor Jordan, ahijado del señor Scott, era el jefe de Barry.

No era un secreto para nadie que Hal Jordan, odiaba con toda su alma estar en la empresa y que sólo estaba ahí por su padrino quién lo obliga a ir los siete días de la semana, presentarse en cada reunión y al menos proponer una idea por mes (idea que siempre era rechazada, por cierto).

Barry escuchó algunas cosas sobre Hal mientras caminaba hacía su escritorio en su primer día de trabajo.

Hal, según la mayoría de los empleados, era un hombre encantador, pero impulsivo y un coqueto empedernido.
Tenía una larga lista de ex parejas que era conocida a la perfección por toda la empresa.

Era todo un semental.
Y esa fue la primera advertencia que Barry recibió cuando llegó.

No enamorarse del semental Jordan.

Barry creía que era un consejo absurdo.

Claro, Barry recuerda haberse quedado boca abierta cuando conoció a su jefe por primera vez.
Y también recuerda que no puedo evitar darle la razón a Dinah, de recursos humanos, cuando dijo que Hal era lindo.

Hal era lindo, bastante atractivo, pero era un dolor de cabeza con el que Barry odiaba lidiar.

Claro Hal podía ser muy hermoso como una escultura hecha por Miguel Ángel, pero era terco e irresponsable.

Dejaba todo para última hora, olvidaba su dinero todo el tiempo y muchas veces llegaba con la corbata al revés.
Así que, aunque Barry admitía la belleza de Hal, no creía ser capaz de albergar algún tipo de sentimiento por su jefe más allá de una relación estrictamente laboral.

Barry sabía que tener algún otro tipo de sentimiento por su jefe era incorrecto y más allá de eso, era un cliché que sólo sucedía en las películas románticas con mal presupuesto y un escritor frustrado y poco creativo.

Barry no iba a caer en eso.
Excepto cuando comenzó a caer.

En su defensa, no sé dio cuenta cuándo sucedió.

Después de dos años trabajando con Hal, comenzó a encontrar encantadoras las irritantes sonrisas de su jefe.
Y había algo en la risa de Hal cuando se burlaba de la competencia que hacía que el pecho de Barry se sintiera más ligero.

También estaba el hecho de que Hal se había vuelto más atento con el pasar de los meses.

Hal siempre le traía un café descafeinado todas las mañanas, con el pretexto de que necesitaba a "su" Allen completamente despierto.
La mayor parte de los días comían juntos, excepto cuando Hal tenía una reunión o un vuelo programado.

Cuándo Hal tenía vuelo se ponía más cariñoso que de costumbre.
Invitaba a Barry a algún bar de mala muerte y siempre ponía sus manos sobre los hombros de Barry, lo miraba con sus grandes ojos marrones y le dedicaba "sus últimas palabras" como precaución y una broma de pésimo gusto, que Barry odiaba.

Odiaba tener la posibilidad de perder a Hal, porque perder a Hal no sólo significaba perder a un carismático y coqueto jefe.
Significaba perder a su mejor amigo y al hombre del que patéticamente, se había enamorado.

Porqué Barry no supo en qué momento se enamoró.

No supo en qué momento las frases de doble sentido le hacían sentir mariposas en el estómago.
No supo en qué momento pensar en Hal le provocaba una risita nerviosa de la que Diana se burlaba todas las veces que salían juntos

Ni siquiera supo en qué momento comenzó a hacer más de lo que Hal le pedía.

Dejando post-it con pequeñas notas motivándolo, con sugerencias e incluso con mensajes amables después de un mal día.

Barry comenzó a hacer más de lo que debía incluso cuándo Hal no le dedicaba ni una mirada, ni un coqueteo ni nada más que unas palmadas amistosas como si fuera un perro. Lo peor era que Barry lo aceptaba con una sonrisa.

Por qué todo lo que venía de Hal estaba bien. Y todo lo que venía de Hal, Barry lo aceptaría con una obediencia casi religiosa.

Incluso cuándo en noches como esta, Hal le pedía quedarse.

No daba explicaciones, pocas veces lo hacía; pero hoy en específico había evitado las respuestas y preguntas.

Simplemente dijo que tenían que organizar papeleo y Barry aceptó quedarse aunque ese trabajo era de Hal.

Barry sabía que de todas formas iba a quedarse cuándo lo viera perder la cabeza tratando de organizar los códigos en orden correcto.

Poco a poco la oficina se vació, hasta que pronto ya no había nadie más que ellos dos.
La luz natural se esfumó con el resto de empleados y ahora solo queda la luz amarilla de las lámparas y los focos.

Cuando Hal vuelve a entrar, luce fresco y agradable, tiene una sonrisa amplia en el rostro y dos tazas de café que sostiene con mucho cuidado.
Deja la primera taza frente a Barry mientras le dedica una sonrisa nerviosa, como si estuviera a punto de confesar una falta grave.

El corazón de Barry da un vuelvo y entonces por un momento siente que el tiempo se detiene.

—Entonces... ¿Qué papeles vamos a ordenar?

Hal tose y Barry no puede evitar ponerse de pie al ver a su amigo moverse tenso por la habitación, como si dudará por un momento en sacar los papeles.

¿Por qué Hal dudaría en dejar que Barry revisará contratos o propuestas?

Barry ya sabía que la redacción no era el punto fuerte de Hal, y ya le había prometido hacía meses que no volvería a reírse de él.
Barry creía que eso debía ser suficiente para calmarlo.

—Necesito tu opinión—murmura Hal tras un rato—. Tú opinión más sincera.

—Siempre la doy—susurra Barry mostrando su sonrisa que usualmente ayuda a tranquilizar a Hal, pero está vez eso no funciona.

Hal le dedicó una mueca tensa antes de darse la vuelta y tomar una carpeta amarilla de uno de los estantes.

—Leela por completo antes de... De darme tu opinión.

Barry recibe la carta, abre la carpeta con más cuidado de lo usual y comienza a leer.

Al principio no puede evitar fruncir el entrecejo.

Esto no era una propuesta y tampoco un informe, ni siquiera una carta de renuncia.
Pero conforme sus ojos pasan de una línea a otra, lentamente la compresión comienza a llegar.

Es una declaración.
Pero no una declaración fiscal.

Ojalá lo fuera, Barry creé que sería más fácil de leer eso, que esto...

La carta es simple, quizá incluso en algunas partes torpe, pero habla con una vulnerabilidad que Hal pocas veces se permite y con pocas personas.
Eso es suficiente para que Barry termine de completar el rompecabezas de su cabeza.

Sólo hay una persona con la que Hal es vulnerable, realmente vulnerable.

Carol, Carol Ferris.
Su amiga, su socia, su primer amor y su primera novia.

Barry lo entiende antes de leer la última línea.
Hal planea entregarle eso a Carol, planea darle la carta y entonces retomar su relación.

—¿Bien?—murmuró Hal sentándose frente a él—¿Qué opinas?

Barry debe forzarse a sí mismo para sonreír.

—Es buena.

—¿En serio?—la herida en el pecho de Barry se aprieta al ver a Hal pavonearse orgulloso, como si fuera un gran logro—¿Crees que esa carta pueda conseguirme una cita?

Barry se muerde el labio y asiente.

—Creo que puede conseguirte incluso una segunda cita—responde tratando de aligerar el ambiente.

Hal prácticamente salta de la silla como si celebrara una victoria empresarial.

—Aunque, hay pequeños errores que deberías corregir... Puntuación, gramática, nada del otro mundo... ¿Quieres que te ayude a corregirlo?

Hal ríe y niega.
Ahora ya no hay duda en su voz ni en su mirada, vuelve a ser la misma estrella brillante que ilumina el camino de Barry cuando regresa a casa.

Parece como si Hal se hubiera liberado de un peso gigante que aplastaba sus hombros.

—No, no, no—murmura—. Ya hiciste mucho por mí hoy, le pediré ayuda a John.

—No creo que John quiera ayudarte a corregir eso...

—¡Lo hará!—exclama alegre—. Sino Guy lo hará... O Kyle, o alguien lo hará.

Barry titubea confundido, pero Hal rodea sus hombros con un brazo y con una sonrisa inmensa y una seguridad aplastante lo abraza.

—Mañana será un día magnífico, Bar—afirma—. Ya lo verás.

Barry suspira.

Supone que Hal va a entregar su carta mañana y Barry como siempre va a tener que poner su sonrisa tonta toda el día, le va a tener que decir que está feliz por él mientras se guarda sus sentimientos hasta la noche dónde pueda llamar a Iris sollozando porque otra vez le rompieron el corazón.

Pero está vez Barry no tiene justificación.

Esta vez Barry fue advertido desde un principio, pero Barry aún así cayó en la trampa.

Se enamoró de un hombre que nunca lo miró de otra manera.

***

La mañana siguiente se siente como un infierno.

Durmió mal, con el corazón aplastado, lo que lo llevó a despertarse más tarde de lo usual.
Cómo si el destino no hubiera decidido que era suficiente humillación que Barry viera al hombre que ama a declararse a alguien más y dormir mal por ello; también llegó media hora tarde al trabajo, se resbaló mientras corría a su escritorio y llamó la atención de toda la oficina... Al menos sus compañeros lo ayudaron a levantarse.

Así que no sólo hoy perdía su oportunidad de estar con Hal, sino que llegó tarde, se cayó frente a toda la oficina y ni siquiera había desayunado.

Fue una gran forma de iniciar su día.

Sin duda va a ser un día magnífico.

Toma una última bocanada de aire, se recuerda así mismo que pase lo que pase tiene que ser un buen amigo y ayudar a Hal, y también tiene que ser un buen empleado y ayudar a su jefe.

Así que empuja la puerta de su oficina, acomoda su maletín en el lado derecho del escritorio y luego cuelga su saco justo en el perchero como siempre hace.
Sólo entonces se permite estirarse, relajarse un poco antes de sentarse frente a su escritorio.

Pero cuando lo hace nota algo peculiar, no tan peculiar en realidad.

Su café está igual que en todas las mañanas, hay una dona al lado del café y frente a eso está una carpeta roja.
Barry la toma con interés sabiendo perfectamente que viene de Hal.

Hal odia utilizar las carpetas amarillas y solo las usa cuando no hay otra opción, como anoche.

Barry suspira cansado.
Ya puede imaginar que documentos Hal le trajo para que revisara, y quizá en unos minutos después lo tendría frente a él, quejándose de algo que Alan le pidió hacer desde hace tres meses y que Hal justamente acaba de recordar ahora.

Entonces comienza a leer.

Sus cejas se fruncen y resopla confundido.

La carta es la misma que anoche aunque Barry nota de inmediato que Hal corrigió todos los errores que Barry señaló ayer.

Está apunto de cerrar la carta para llevarla de regreso con Hal. Le dirá que quedó bien, que todo estaba en orden y que pues dársela a Carol mientras Barry se hunde en la avalancha de trabajo y solloza mientras llena la agenda de Hal para las siguientes tres semanas.

Pero entonces Hal entra a su oficina tiene una expresión tensa y carga un ramo de flores, específicamente las flores favoritas de Barry, los girasoles.
El corazón de Barry comienza a latir más rápido de lo que debería.

—¿Ya la leíste?

—Sí.

—Y bien... ¿Crees que pueda conseguir esa cita?

—¿Con Carol?—se atreve a preguntar y por la risita que Hal suelta, se encoge más—. ¿La carta no es para Carol?

—¿Por qué sería para Carol?

—Porque bueno, ella... Ella ha sido tu novia y los dos se ven bien juntos, y tú siempre coqueteas con ella.

—Coqueteo con todos.

—Exacto—exclama Barry nervioso—. Si no es para ella, entonces para quién sería.

—Para ti—declara encogiéndose de hombros con simpleza—. Lo dice la carta. Desde el primer día que te ví entrar por las puerta de la oficina me enamoré, me gustaste y cuando comenzaste a dejar las notas creí... Creí que podría tener una oportunidad.

—Tú no te enamoras fácilmente

—Ahora lo hago—aclara mostrando sus dientes, blanco, relucientes y tan perfectos que Barry por un momento quiere rodar mis ojos, pero no puede dejar de sonreír—. Por ti puedo ser superman.

Barry no puede evitar reírse.

Claro que Hal diría algo así.
Si alguien sabía de sus gustos frikis, ese era Hal.

Pero Hal tenía que saber que Superman nunca había sido su tipo, Barry tenía un tipo más específico y que se parecía demasiado al hombre que te tenía frente a él jugando con los girasoles en sus manos.

—Prefiero a linterna verde.

—¿El idiota?—bromea Hal sin dejar de avanzar.

—Creo... Creo que es más tu estilo y es más el mío.

—¿Un tipo guapo de verde?

—Un idiota con un corazón más grande de lo que es capaz de admitir.

—¿Y vas a aceptar la cita con este idiota de corazón grande o este idiota tendrá que ir a llorar con Alan por el resto del día?

—¿Quieres que abra un espacio en tu agenda para el martes en la noche?—susurra tímidamente—. Hay un restaurante cerca de mi casa que acaba de abrir, quizá podríamos cenar algo ahí.

—¿Eso es un sí?

—¿Prefieres que firme la carta?

—Prefiero una cita—responde inmediatamente—. Creo que el resto podemos solucionarlo el martes a las 7… ¿Está bien para ti?

—Está más que bien.

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