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La mañana era tranquila, al menos para los estándares de Nico, que ahora era padre divorciado con la custodia compartida de su pequeña niña.
Asi que eso significaba que Noemí estaba sentada en la mesa con un cuaderno de dibujos, pintando concentrada y bebiendo ocasionalmente su jugo de naranja.
Él, todavía en camiseta y con el cabello rubio algo desordenado, se acomodó la taza de café en la mano y sonrió.
“¿Qué dibujas mi amor?” preguntó, inclinándose para mirar.
“Un tucán”
Nico frunció el ceño, observando las manchas de azul, verde y un naranja chillón que parecía pintura de tráfico.
“Ajá ¿un tucan que sobrevivió a una explosión nuclear?” rio el alemán al ver los
Noemí soltó una carcajada tan alta que el perro empezó a ladrar.
“No, papá es un tucán mágico, pedi que te de una novia” Nico se removió incomodo, su nena tenía cada imaginación, prefirió encender la televisión y ver que había en el programa de comida que le gustaba, el de aberraciones culinarias.
Mientras ella volvía a su mundo de colores, Nico sacó el teléfono.
Tenía que contarle a Kev lo que acababa de ver en la tele, un chef metiendo una pizza entera en la licuadora para hacer una crema de pizza, asqueroso
Era de esas cosas que solo podían comentarse con un amigo de toda la vida.
Recordó que cambio de numero por decima vez en el año, asi que el chat era nuevo
Escribió rápido sin confirmar siquiera que la foto de perfil coincidiera
”¿Te imaginas que te inviten a cenar y te den pizza líquida? Hermano, ahí sí finjo una llamada y me voy”
Lo mandó y siguió tomando café, esperando la respuesta de siempre.
Pero la respuesta que llegó no era de Kev, en definitiva no lo era.
”¿Pizza líquida? ¿Eso es legal?”
Nico arqueó una ceja pero contesto de todas formas.
“No debería serlo.”
“Y quién demonios te manda esas cosas tan temprano, son las diez y ya me arruinaste el desayuno”
Eso no sonaba como Kev, revisó el número y se dio cuenta de que había escrito a la persona incorrecta, la foto de perfil mostraba unos gatos, su amigo era alérgico y normalmente ponía fotos de perfil de el mismo.
“Perdón, ¿quién eres? Me equivoque de número, creí que eras mi amigo”
“Lourenzo y ahora tú eres el tipo misterioso que me habla de pizza líquida, buen comienzo por cierto”
Nico soltó una risa suave.
Por cortesía, pensó que lo correcto era disculparse y dejarlo ahí, pero antes de cerrar la conversación, el otro lado escribió nuevamente
“Así que ¿cuál es tu postura sobre la pizza con piña?”
Y, como quien se mete en una conversación sin pensarlo demasiado, Nico continuo con la conversación.
No tenia nada que perder ¿no?
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Lo que empezó como un intercambio de bromas rápidas se convirtió en un hábito.
No un hábito cualquiera, sino uno que Nico esperaba cada tarde que era cuando regresaba de la oficina y veía a su niña entregada por su niñero.
Después de cenar y acostar a Noemí, él se recostaba en el sofá con el celular en la mano, a veces eran mensajes largos, otras, solo memes absurdos que él no entendía.
“Papá, ¿por qué sonríes tanto?” preguntó Noemí una noche, mientras él la tapaba con su sabana de unicornios
“Porque alguien me contó un chiste muy malo” respondió, besándole la frente.
“Ahora duerme, terremoto”
Cuando noto la respiración calmada de su nene salio de la habitación mientras el teléfono vibraba.
“Si fueras un postre, ¿cuál serías?” fue la pregunta de la noche
“Flan, porque soy suave y tiemblo bajo presión.”
“Me gusta, yo sería una cocada, porque soy dulce y no empalago” Nico no tenía idea de lo que era eso, pero no le impedía buscarlo y coincidir al saber el significado.
Nico se reía en silencio, para no despertar a Noemí.
Otras veces hablaban de tonterías
”¿Qué preferirías pelear contra un pato del tamaño de un caballo o cien caballos del tamaño de un pato?”
La respuesta fue el pato, creía que sería una victoria limpia.
Y otras, de cosas un poco más personales
”¿Siempre deseaste ser papá?”
“Sí, fue la mejor y la peor aventura de mi vida al mismo tiempo, aunque ahora que la conozco, todo vale la pena.”
Lourenzo leía, preguntaba, y de alguna forma hacía que Nico se sintiera cómodo.
No hablaban de sus edades, trabajos o vidas privadas.
No lo necesitaban, el misterio era parte de la diversión.
Una noche, Nico le contó que su hija había intentado hacerle desayuno y le sirvió un café con tres cucharadas de sal.
“Está practicando para envenenarte lentamente, yo cuidaría lo que como”
“Lo sé, y lo hace con ternura, sería un deceso tierno”
Dos meses pasaron así, entre bromas, confesiones ligeras y una cercanía rara para dos personas que no se conocían.
Nico no lo admitía en voz alta, pero revisaba el teléfono más de lo que le gustaría reconocer.
🌱
La noche anterior habían discutido con humor sobre la ofensa que era poner salsa de chocolate sobre pizza.
Si, había inducido a Lourenzo a ver el programa de aberraciones culinarias y platicar de ello.
Lo que Nico no esperaba era que algunas de esas aberraciones eran del gusto se su amigo.
“Te juro que si algún día lo pruebas, me das la razón” había escrito Lourenzo.
“Prefiero comer calcetines usados” respondio Nico.
A la mañana siguiente, Nico le mandó.
“Buenos días, blasfemo del chocolate”
Nada.
Pensó que tal vez estaba ocupado, así que por la tarde lo intentó otra vez:
“Estoy comiendo croquetas, no de pizza, me siento a salvo”
Silencio.
Al tercer día, la incomodidad ya había hecho acto de presencia.
Nico estaba en la cocina, apoyado contra la barra, mirando la pantalla como si eso hiciera aparecer una respuesta.
“Papá, ¿estás esperando que alguien te escriba?” preguntó Noemí, con una galleta en la mano, viéndolo fijamente con esos ojos idénticos a los de él.
“No, o sí, pero no importa, creo que Papa hizo algo mal”
Intentó convencerse de que no era importante, pero por la noche volvió a abrir la conversación.
“¿Todo bien?”
Borró el mensaje antes de enviarlo.
“Perdón si dije algo raro”
También lo borró.
Terminó dejándolo así, aunque por dentro, la curiosidad y una ligera punzada de decepción no lo dejaban tranquilo.
🌱
Era un martes cualquiera, o eso creía Nico, hasta que recibió una llamada urgente de su ex, no podía cuidar a Noemí esa tarde y él tenía una reunión de trabajo imposible de mover.
“Genial” murmuró, revisando su lista mental de opciones, pues eran los días en los que su niñero no venía.
“¿Hablar con Gabi? Supongo que no hay de otra, pobre chico, ya de por si pasa horas extra aquí” murmuraba para sí.
Noemi solo escuchaba emocionada, le gustaba pasar tiempo con Gabi, era lindo con ella y la cuidaba muy bien.
Media hora después, sonó el timbre.
Nico abrió la puerta apresuradamente, solo podia ser Gabi con una jaula de gatos.
Pero, ¿Por qué Gabi traía al gato de Lourenzo? El de su foto de perfil, inconfundible por la forma de sus manchas.
Con un bolso en los brazos, jeans, camiseta blanca, y una expresión que pasó de timidez a una profesionalidad exagerada en cuestión de segundos.
Pues Gabi noto a donde se dirigía la mirada de su jefe. Pero regresaba del veterinario con Mr. Lucky.
“¿Tú?” pregunto Nico, incapaz de disimular.
“Hola” respondió él, como si fuera la primera vez que lo veía en su vida.
Nico se apoyó contra el marco de la puerta, cruzándose de brazos.
“¿Me estás diciendo que eres “el blasfemo del chocolate”?”
Lourenzo, no, Gabriel sonrió con ese gesto nervioso que intentaba ser natural.
“Bueno técnicamente sí, pero hoy vengo como profesional, no como crítico gastronómico”
En ese momento, Noemí apareció detrás de su padre.
“¡Gabriel!” gritó con un perfecto acento para ser sinceros, corriendo a abrazarlo.
Nico parpadeó, todo era muy surreal.
El menor cerró los ojos un segundo.
“Puedo explicarlo, pero creo que vas tarde a una reunión”
Nico levantó una ceja, intentando procesarlo.
“Si, reunión, si”
Nico lo dejó pasar, todavía con la confusión pintada en la cara. Lo vio acomodarse en el sofá con Noemí, ayudándola a armar un rompecabezas como si fuera lo más natural del mundo.
Y es que lo era, porque eso se supone hacían cuando él no estaba.
🌱
La reunión fue rápida, o el como jefe la minimizo para que pudiera regresar lo antes posible a casa.
Al llegar quiso respuestas, pero sabia que no las obtendría con Gabi estando trabajando, además su hija y el pelinegro se veían muy cómodos, decidió unirse y ver por primera vez bien al muy joven niñero.
La tarde pasó entre juegos, risas de Noemí y Nico mirando de reojo a Gabriel cada vez que podía.
Cuando la pequeña tomo su siesta en su habitación, Nico aprovechó.
“Ok, necesito que me lo expliques”
Se sentó frente a él en la mesa de la cocina
“¿Por qué demonios me ghosteaste?” y es que lo que le atormentaba era eso.
Gabriel jugueteó con sus manos, evitando su mirada.
“Porque cuando me di cuenta de quién eras, todo se volvió raro”
“¿Y cómo te diste cuenta?” y es que eran un par de tontos al no saber quién era el otro.
“Fue un accidente, me hablaste de Noemí una noche, describiste lo que hizo con el café, y ella al día siguiente me lo conto, incluso la vi en persona haciendo exactamente lo mismo para mi” Gabriel soltó una risa nerviosa
“No era difícil unir las piezas”
Nico lo miró incrédulo, el esperaba una gran explicación y eso hasta cierto punto fue algo mínimo.
“Entonces dejaste de hablarme ¿porque eres mi niñero?”
“Porque me gustaba hablar contigo, mucho” confesó él, bajando la voz
“Y también me gusta ser el niñero de Noemí, pensé que si seguíamos se iba a complicar, no quería arruinar nada”
Hubo un silencio, Nico se recostó en la silla, mirándolo fijamente.
“Eres un idiota”
Gabriel sonrió apenas.
“Lo sé y entenderé que este sea mi último día con Noemi, solo dile que la quiero”
“Podrías haberme dicho algo, yo solo lo hubiera encontrado hilarante, en cambio me dejaste pensando que cometí un error” le interrumpió
“Podría, pero” se encogió de hombros
“Nunca había tenido un jefe con el que me diera miedo meter la pata porque bueno me cae demasiado bien”
Nico no dijo nada por un momento, luego soltó una risa baja.
“Eres raro, blasfemo del chocolate”
“¿Y tú no?” contestó Gabriel, sonriendo con un poco más de confianza
“La mitad de nuestras conversaciones fueron sobre comidas horribles” le respondio el rubio.
“Tienes razón y las vamos a retomar, debes probarlas”
Nico lo miró, asqueado.
“¿En serio? Esas cosas están literalmente en un programa que se llama aberraciones culinarias”
“Vamos, te gustara”
“Probare alguna, tal vez, pero con una condición, si algún día me haces pizza líquida, te despido”
Ambos rieron.
En ese momento, Noemí apareció medio dormida en el pasillo.
“¿Podemos cenar pizza?” preguntó.
Nico y Gabriel se miraron.
“Solo si es normal” dijeron al unísono, y terminaron riendo otra vez.
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La pizza llegó veinte minutos después, caliente y oliendo a gloria, los tres estaban sentados en la sala, Noemí en medio, devorando una rebanada, y Nico y Gabriel a cada lado.
“Mira que tener que esperar dos meses para descubrir que mi compañero de conversaciones absurdas era quien cuidaba a mi hija” comentó Nico, tomando un sorbo de cerveza.
Gabriel sonrió.
“Imagina saber que el padre de la niña que cuido es el tipo que me llamaba “blasfemo” todos los días”
“Lo sigo pensando” replicó Nico, divertido.
Noemí, con la boca llena, los miró a los dos.
“¿Ustedes se conocen mucho?
“Suficiente para saber que no debo aceptar postres raros de él” dijo Nico, señalando a Gabriel con un gesto acusador.
“Y yo que no debo dejar que tu papá elija películas” añadió Gabriel
“Noemí, linda, vi la mitad de una cinta de acción en la que todos gritaban y no sé si sobreviví” bromeo.
La niña río y volvió a su pizza, Nico aprovechó que ella estaba distraída para hablar más bajo.
“Entonces ¿vamos a retomar las conversaciones?
Gabriel levantó una ceja, reprimiendo una sonrisa.
“Podríamos, pero tal vez ya no solo por mensajes”
Nico sintió algo distinto en el estómago.
“¿Estás insinuando citas?”
“Estoy insinuando que podemos probar a hablar con menos pantallas de por medio” contestó Gabriel, sin dejar de mirarlo, el hablaba tal vez de conversaciones reales, pero no se quejaba de las citas, su jefe era muy guapo, su tipo.
En ese momento, Noemí levantó la cabeza.
“Papá, ¿Cenaremos con Gabi diario?”
Nico se quedó callado un segundo, mirando al pelinegro que esperaba la respuesta.
“No todos pero sí más seguido”
Gabriel sonrió, y mientras Noemí se levantaba para traer servilletas, sacó el teléfono y escribió un mensaje rápido.
Nico lo sintió vibrar en su bolsillo.
“Buenas noches, blasfemo <3” ahora Gabriel lo llamaba blasfemo.
Nico lo leyó y levantó la vista hacia él.
“Estás sentado a mi lado” dijo pero ya estaba pensando en una respuesta ingeniosa
“Lo sé, pero algunas tradiciones no se rompen.
Y ahí, entre pizza, risas, el Sr Lucky y una niña con manchas de queso en la cara, la idea de que aquello podía convertirse en algo más dejó de parecerle tan imposible.
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