Actions

Work Header

Por siempre a tu lado

Summary:

Cuando Hal regresa a la tierra se topa con un Barry perdido. Los papeles se invierte por esa noche.

///

When Hal returns to Earth he runs into a lost Barry. The roles are reversed for that night.

Notes:

Se supone que esto debía publicarlo ayer, pero me sentía muy cansada y no tuve el animo de revisarlo y subirlo; así que lo subo hoy a pesar de que ya estoy un poco tarde.

Espero poder publicar hoy el último desafío que es el del día libre y poder concluir así la semana Halbarry.

Work Text:

Cuando Hal aterriza en la habitación de Barry, no necesita mirar dos veces para saber que hay algo mal.
Incluso si Dinah no le hubiera contado nada, él seguiría sabiendo que hay algo mal en todo esto.

Y no, no lo dice por la habitación desordenada, ni por los restos de ropa sucia tirados por cualquier lado que rompen con la monotonía y el cuidado del hogar.

El aire es tenso y ajeno a la habitual tranquilidad que podía respirarse en el hogar de Barry, es como si las propias paredes reflejarán el estado de su dueño.

Hal no esperaba ni deseaba tener que salir tan pronto de esa habitación, honestamente, su mayor deseo ahora era tumbarse en la cómoda cama de Barry que lo llamaba a dormir y no despertar en días.
Pero esto era más importante, Barry lo necesitaba y sí Barry lo necesitaba, Hal tenía que estar ahí dispuesto a cubrir su espalda.

Así que se quita el traje, se queda con su habitual ropa de civil y sale del cuarto.

Toda la casa está en silencio y a oscuras, no hay rastro de vida alguna. Si no fuera porque Hal reconoce la ventana de Barry a la perfección, comenzaría a creer que se metió a la casa equivocada, lo cuál de hecho, ya le había sucedido en el pasado.

Baja las escaleras a trompicones, preguntandose porque demonios la estación le permitía a Barry llevar ese estilo de vida enfermizo y estresante. Alguien tenía que ponerle un alto a Barry y a su estúpida adicción al trabajo.

Sin embargo, apenas pone un pie en la planta baja y Hal se detiene abruptamente con el golpeteo de un teclado.
Alza la vista y lo encuentra ahí frente a él.

Barry no lo nota, no mira nada más allá de la pantalla de su computador mientras continúa teclado ferozmente y bebe un poco de café en una taza cualquiera.

Hal frunce el entrecejo.
Todo está mal, terriblemente mal.

Barry no toma café y cuándo lo hace suele hacerlo en la estúpida taza que Hal le consiguió hace cinco años por su cumpleaños, no en una taza que probablemente eligió al azar.
Barry presiona las teclas con demasiada fuerza, dando la impresión de que romperá el teclado en cualquier instante. Todo esa una señal discreta que le prueba a Hal que todo está horriblemente mal, pero la muestra más importante de que algo andaba mal, era el olor suciedad que estaba instalado en cada rincón de la casa

—Pareces estresado—murmura anunciando su aparición, esperando a que Barry diga algo común, algo que diría en cualquier otra circunstancia, pero no lo hace.

Apenas levanta la mirada. Lo escanea de arriba abajo, como si fuera una máquina y entonces vuelve a su trabajo agitando los dedos.

—Llegaste—señala con la voz extrañamente monótona—. ¿Te fue bien?

Hal aprieta los labios, sintiéndose extraño por el actuar de su amigo.

Nunca respondía así, claro que sabía que Barry estaba feliz y aliviado de verlo llegar sano y salvo; Barry siempre lo estaba incluso cuando estaban peleados por alguna estupidez, dejaba ver su alivio en sus expresiones y sus preguntas “desinteresadas”.

Pero esta vez, no hay grandes preguntas ni tampoco una rafaga de aire volando hacía él; hay silencio y lejanía en su lugar.
A Hal no le agrada mucho esto, porque sabe lo que significa.

Este comportamiento es una prueba tangible de lo que Dinah había dicho.

No eran exageraciones ni especulaciones, era la realidad.
Una realidad cruel que Dinah le contó en cuanto puso un pie en la Atalaya.

Ella le relató la misión de hace una semana, le contó lo que pasó antes, durante y después.

Hal sabía, por boca de Dina, que Diana había tenido que intervenir con Barry después de los resultados de la misión, tuvo que abrazarlo y ayudar a calmarlo. Consiguió una paz temporal y estabilizante.

Y aún así, Barry había dejado de contestar los mensajes a las horas.
Ellos sabían que Barry estaba vivo, pero estar vivo no era igual a estar bien.

Sabían que Barry estaba sumido en una isla de culpa y remordimiento, a la que nadie podría entrar.
Nadie a excepción de una persona que estaba lo suficientemente cerca para intentarlo, sin importarle cuantas veces lo echarán a patadas de ahí.

—Sí—acepta un susurro—. Fue tan bien como podía ir.

Barry asiente y entonces la conversación queda terminada.

Pero Hal niega con la cabeza, incapaz de creer que esto sería lo único que obtendría después de meses en el espacio, soñando con el momento en que pisaría tierra y entonces podría reencontrarse con sus amigos…

Soñaba con el momento donde podría reencontrarse con Barry.

Hal sabía que las cosas entre ellos eran especialmente raras, incluso se atrevería a decir que estaban tensas.
Había muchas cosas por decir y resolver desde aquel beso accidental.

Iban a tener un montón de conversaciones incómodas para las que Hal tuvo el tiempo suficiente para mentalizarse y saber qué responder, le había costado noches en vela, discusiones consigo mismo y abrir algunas heridas viejas para darse cuenta que debía darle la cara a esos sentimientos en lugar de dejarlos consumir su interior como si fuera una larva comiendo una manzana podrida.

Pero cómo se supone que Hal tenga esas conversaciones incómodas y tensas si Barry ni siquiera levantaba la mirada, si sus respuestas parecen predeterminadas como un algoritmo que sabe que responder y que tono robótico debe darle.

—¿Has comido?—pregunta Hal esta vez tiene un tono más serio casi acusador, Barry suspira largo mientras sus dedos se detienen del incesante “click” de las teclas de su computador.

—Hay sobras, puedes tomar lo que quieras.

—¿Comiste hoy?

Hay silencio, el pecho de Hal se aprieta con dolor y sus labios se crisparon en una mueca que denota molestia.

—¿Dormiste siquiera?

—Estoy ocupado—responde Barry después de lo que parece ser los minutos más largos de su vida donde espera que su amigo deje sus absurdas meditaciones para comenzar actuar con racionalidad.

—No has comido y no has dormido—acusa Hal como si fuera un niño pequeño.

—Estoy ocupado—repite Barry como si fuera un argumento sólido, como si fuera un escudo que pudiera borrar cualquier preocupación de Hal.

Hal descubre rápidamente que se siente molesto con Barry.
No puede evitar pensar en lo increíblemente hipócrita que está actuando Barry ahora mismo, tan impulsivo e irracional, llevando la contra cuando de ser la situaciones al reves, Barry se encontraría activamente pidiéndole comer con una mirada seria.

—Vas a comer—declara con determinación, escucha a Barry suspirar con negativa, pero no levanta la mirada de su computadora, sus dedos se siguen hundiendo en cada tecla, dejándose llevar por su frustración.

Hal se arrastra hacía la nevera de su amigo.

Abre la puerta y mira con horror lo que está delante de él.

El refrigerador está casi vacío y lo que no está vacío está podrido.

Barry nunca tiene así su refrigerador.

Barry hace una limpieza de su nevera todas las semanas sin excepción, generalmente lo hace los martes después de volver del trabajo.
Se arremanga su estúpida y fea camisa de cuadros, se quita su reloj y entonces se toma su tiempo para ver, oler y algunas veces incluso probar la comida (Hal ha visto a Barry probar cosas que Hal juraría que tienen vida propia).
Después de la limpieza semanal del refrigerador, Barry tiraba todo aquello que no servía y después con un pañuelo limpiaba todo, de arriba abajo.

Entonces el miércoles Barry tendría su lista de la compra preparada para ir.

Cuando Hal estaba ahí, solía acompañar a Barry, asegurándose de que no fuera tan recto y responsable, que se diera algún capricho al que Barry trataría de oponerse, pero terminaría cediendo por un pestañeo específico y coqueto.

Pero esta vez… Esta vez no hay nada que Barry pueda comer.

Mira de reojo hay un poco de pan, dos rebanadas de jamón, queso amarrillo y lo que parece ser un pedazo de lechuga desinfectado y comestible.
Hal saca todo eso y se propone hacer el mejor sandwich que Barry alguna vez haya visto, algo digno de ser comido por ese chef presumido con el que Bruce tenía una foto.

Comenzó a trabajar en ello.

No es que hacer un sándwich fuera especialmente difícil, pero aún así Hal quería dar lo mejor de sí mismo.
Barry siempre ponía empeño cuando hacía algo para que Hal comiera cuando regresaba de la tierra.

Su panza ruge ante el recuerdo.

La comida de Barry era deliciosa y en estos momentos, cuando había pasado días enteros comiendo comida insípida extraterrestres, lo anhelaba nada más.

Pero Barry estaba jodido, Barry necesitaba de Hal y Hal jamás le negaría nada a Barry.

Cuando pone el sándwich en un plato, Hal admira su obra maestra mientras sale de la cocina irradiando orgullo.
Se para frente a Barry como la hecho miles de veces cuando está vigilando un tratado, extiende el sándwich como si fuera un papel intergaláctico de suma importancia y espera a que Barry le sonría, quizá que agite las pestañas y le dedique unas palabras amables.

Pero se topa con algo peor que un muro.

Una mirada rápida, agradecida, pero cansada y extremadamente rota.

—No tengo hambre—declina educadamente, empujando el plato hacía a Hal—. Deberías comer tú… Supongo que no has comido del todo bien.

Hal resopla y niega.

—Lo hice para ti—aclara como si fuera un gran argumento, y Hal siente que lo es.

Eso siempre era todo lo que necesitaba para que Barry cediera.
Pero está vez, Barry se endurece y sus labios se tuercen.

—No tengo hambre— Hal siente que hierve, apunto de explotar.

—Tienes que comer—insiste con fuerza—. No es una maldita opción, Barry… Sabes que tienes que tener una ingesta más alta que un humano promedio, más alta que yo… Necesitas está comida.

—No quiero comer—repite, está vez con un tono más frío y firme, como si en lugar de una respuesta fuera una orden implícita.

—Bueno me importa un carajo, tienes que comer y vas a comer porque si no lo haces puedes terminar en la enfermería de la Atalaya—replica con fuerza, deja el plato caer contra la mesa, no es en realidad un golpe fuerte, pero hace un ruido lo suficientemente alto para que atravesar todo el departamento.

—Eso sería lo mejor.

La respuesta deja helado a Hal, voltea a mirar a Barry que tiene la mirada más hundida en su ordenador, sin dejar de mirarlo a pesar de que su tecleo que se ha vuelto más lento y menos agresivo.

—¿Qué dijiste?—ruge con fuerza mirando a Barry, quien aprieta los labios y no responde—. ¡Por un jodido demonio, Bartholomew, te estoy hablando y no contestas! … ¿Qué carajo acabas de decir? Y si te atreves a decir que no dijiste nada juro por la memoria de mi madre que te derribo de esa maldita silla.

—Que eso sería lo mejor—aclara levantando la cabeza por primera vez en toda su conversación, el pecho de Hal se aprieta cuando ve ojeras oscuras en el rostro de Barry, su piel está pálida de lo usual; con un color enfermizo coloreando sus mejilas y tiene los ojos inyectados en sangre.

Barry no había dormido en días y probablemente apenas había probado un bocado.

Su entrecejo está ligeramente fruncido en lo que identifica claramente como una mueca de dolor.
La clase de dolor que sólo estaba cuando a Barry le dolía la cabeza y sólo le dolía la cabeza cuando no había comido bien.

—¿Quieres matarte de hambre?—cuestiona dolido.

Barry aparta la mirada y la agacha, avergonzado, pero más allá de eso Hal ve como Barry se siente expuesto, como si un supervillano acabará de atraparlo.

—Barry…—susurra en un tono más dolido de lo que debería—. ¿Quieres matarte de hambre?

Observa como las pestañas de Barry caen suavemente, los ojos se cierran por apenas un par de segundos, mientras el labio inferior de Barry comienza a temblar.

—No voy a morir de hambre—murmuró tratando de calmar a Hal.

—Pero lo intentas—debate Hal con firmeza—. Barry… ¿Por qué?

—Sólo no quiero comer—susurra mientras vuelve a sentarse—. No quiero… No quiero y ya.

—¿Es por la misión?—acusa sin medir bien sus palabras, automáticamente la expresión de su mejor amigo se vuelve rígida y seria, agachando la mirada, escondiéndose de los ojos de Hal— ¿Estás así por la misión?

—No tienes idea de lo que pasó ahí—a simple vista parecen una respuesta cualquiera, pero Hal puede notar el tono incriminatorio, como si Barry señalará a Hal por no haber estado ahí cuando él más lo necesitaba—. No sabes lo que pasó ahí.

—Dinah mencionó algo.

—Bien—resopla—. Me alegra que lo haya hecho, porque no pienso hablar más del tema.

—Barry…

—¡No, Hal!—reclama mientras se pone de pie con un salto, el mouse cae al piso y por primera vez Barry no se gira para recogerlo, sólo lo deja estar—. No voy a hablar de eso

Hal da un paso adelante, estira la mano queriendo tocar a Barry, sujetarlo de la muñeca y hacerle sentir que estaba ahí. Pero Barry retira la mano con un movimiento tosco que deja a Hal perdido.

—Barry no puedes seguir así…

La respiración de Barry se vuelve más rápida, pero extrañamente pesada, como si le costara respirar.

—No lo entiendes—murmura la voz de Barry rota y tan frágil que el pecho de Hal se aprieta—. No estabas ahí, Hal… No los viste morir.

—No fue tu culpa—repite, no para tratar de callarlo, Hal lo repite porque lo creé.

Los civiles que habían muerto, no eran culpa de Barry.
Barry lo había intentado, como en cada misión de la liga.
Barry siempre lo intentaba, dando lo mejor de sí mismo; pero no siempre se pueden salvar a todos, esas son las consecuencias de este oficio.

Hal sabe que la culpa no es fácil de dejar atrás, que hay noches donde aún puedes despertar y escuchar a lo lejos los gritos, los llantos y las súplicas.

—Lo fue—replica Barry por que él es obstinado y cuando quiere puede ser igual o peor de terco que Hal—. Yo no… Yo no pude salvarlos, no fui lo suficientemente rápido… No corrí tan rápido como pude haberlo hecho, si hubiera sido más rápido, si hubiera tomado un atajo o si…

—No sabías…

—Pero era lógico—gruñe tratando de contener la rabia, pero las lágrimas comienzan a caer—. Era lógico que el lugar fuera a explotar, no querían dejar ningún cabo suelto… Debí haberlo sabido, debí haber revisado a profundidad… Debí…

Las palabras se atoran en los labios de Barry.
Abre la boca, parece tratar de terminar la oración; pero ninguna palabra sale, sólo hay un par de gemidos y ruidos incoherentes que siguen escapando.
Hal se acerca, al principio duda.

No está seguro si Barry estará dispuesto a dejar que Hal lo abrace.

No sabe si Barry lo dejará siquiera tocarlo, pero al menos quiere intentarlo.

Hal sabe que no es la mejor persona cuando se trata de consolar o acompañar a alguien más, a menudo es torpe y creé que termina empeorando la situación, pero ver a Barry tan destrozado lo impulsa a intentarlo aunque fracase de nuevo.

Por un momento Hal desea que Dinah o Diana estén ahí, Desea que ellas puedan estar ahí para consolar a Barry, desea que ellas sean esa red eficaz y sólida que él necesita.

Pero sólo está Hal ahí. Una red vieja, llena de agujeros e incapaz de resistir su propio peso, pero que aún así da un paso al frente, dispuesto a cargar otro peso que no sea el suyo propio.
Su brazos rozan la camisa de Barry. Está llena de sudor, no tiene un olor precisamente agradable o cálido, pero a Hal no le importa.

Su mano se recarga contra la espalda de Barry que se tensa ante el contacto.

—Estoy aquí, Bar—susurra con una tranquilidad impropia de él—. Estoy aquí, contigo.

Por un par de segundos se respira una calma, la clase de calma que es similar al ojo de un huracán.
Igual de bella, pero engañosa.

La tormenta se desata con más fuerza que antes, los brazos de Barry se aferran a Hal mientras gime y solloza sin perder tiempo.
El cuerpo de Barry se estremece con cada lágrima que sale de sus ojos, su cabeza recargada contra el hombro de Hal se aprieta sin dejar de llorar.

Hal tiene su camisa manchada de lágrimas y probablemente también de mocos y sudor, pero está bien con eso, está bien con cualquier cosa que venga de Barry.

Los brazos se le entumecen, el cuello le duele y sus piernas no van a aguantar mucho tiempo de pie en una posición tan incómoda, pero Hal se rehusa a soltar a Barry.

No planea soltarlo hasta que Barry decida que es suficiente.

No va a soltar a Barry, hasta que el propio Barry sea quien lo suelte a él.

Hal lo promete mientras Barry sigue llorando y pidiéndole perdón por la forma en la que lo trató.
Hal se promete que no se va a mover de ahí hasta que Barry decida que ya no quiera que Hal lo abrace.

No importa si pasan días, meses, años o incluso una vida, Hal no va a soltar a Barry.

Series this work belongs to: