Work Text:
“¿Puedes encender el fuego?(Encender el fuego)
Necesito alguien que tome el control (el control)
Sé exactamente lo que necesito hacer
Porque no quiero estar solo esta noche.”
-Sam Smith
La primera vez ni siquiera lo notó.
» ¿entrenamos hoy? « fue lo que envió un viernes por la mañana, los días como ese Ritsu se encontraba mayormente ocupado en el consejo estudiantil, por lo que la ausencia de respuesta no fue un duro golpe. Siguió su día normal, archivando la no-conversación con Teru al fondo de su mente, repitiéndose que estaría ocupado como siempre. Lo dejaría para otro momento, ya lo encontraría.
» No puedo « fue lo que recibió 24 horas después de haber enviado el mensaje. Debatiéndose entre la ira y la decepción, decidió que lo mejor era ir por su cuenta a entrenar. Salió de su habitación, dándole a su hermano, —quien se encontraba desayunando— un rápido saludo al salir, sin darle tiempo de preguntar el motivo de su mal humor.
Teru apareció como un torbellino justo cuando el sol estaba poniéndose, saliendo de la nada, pegándole un susto que provocó que la botella de agua que estaba por tomar saliera volando por los aires. Teru reía, con su estúpida sonrisa y ese pelo ridículo, pero incluso así Ritsu se encontró pensando en lo hermoso que se veía. No era la primera vez que lo pensaba, sin embargo, era la primera vez que iba acompañado de tanta intensidad, Teruki no había sido nada más que amenazante cuando se conocieron pero ahora la misma imagen de su amigo frente a sí, era una muy distinta: confianza , pensó amargamente.
—¿Qué te pasa? ¿Se te ha pasado la hora de la siesta?, ¡Anímate, hermanito! —es lo que dijo, ajeno a la tormenta en su cabeza, tomándolo por los hombros, dejando su cuerpo hormigueando y lleno de una calidez injustificada.
—Estoy terminando aquí, si no lo has notado —respondió secamente, tratando de mantener el ceño fruncido viendo de reojo lo adorable que se veía el rubio haciendo sus estiramientos.
—Ritsu —dijo al cabo de un rato —. Te dije que iba estar ocupado
No lo hiciste , quiso decir.
Pero se tragó las palabras, le dio la espalda y en su lugar murmuró:
—Está bien.
Teru soltó un gruñido frustrado. Era claro que ninguno de los dos estaba siendo razonable. Respiro lentamente tratando de calmarse cuando el vello de sus brazos se erizó, indicando que Teru se había ido, teletransportandose a sí mismo, para variar.
La siguiente semana pasó arrastrándose lentamente. Trayendo consigo cada día una imagen nueva: Teruki acompañado de alguien distinto, Teruki riendo, hablando, moviéndose como si no estuviera enojado con nadie. Como si Ritsu no existiera.
Primero fue en la biblioteca. Una chica de segundo año estaba sentada a su lado, Ritsu no pudo escuchar nada. Solo vio cómo ella era todo sonrisas y risitas mientras Teru le devolvía la sonrisa, grande y brillante. Después fue en la cancha. Dos chicos del club de atletismo lo rodeaban, emocionados, pidiéndole consejos. El rubio levantó una mano, agitando su flequillo con despreocupación diciendo algo que los hizo reír. Desde las gradas del gimnasio, Ritsu cerró los ojos, sintiéndose miserable.
El sábado, Mob lo acorraló con mala cara en la salida del colegio. Él lo ignoró por pura fuerza de voluntad, solo para encontrarlo más tarde en las escaleras de su casa pasando el rato con el mismísimo Teruki Hanazawa en persona. No lo había visto tan de cerca en varios días, así que toparse con él ahí lo tomó por sorpresa. Con la traición, los celos y una pizca de alegría revolviéndose en su estómago, se escabulló por la entrada hasta la seguridad de su hogar.
Era su hermano. Pero, desafortunadamente, en ese momento ya no sabía a quién se refería con esa palabra. Y sin querer, su mente, como solía hacerlo últimamente, fue a él. A Teru. Su mejor amigo, su guía en más de un sentido, casi un mentor aunque nunca se lo hubiese imaginado.
Su habitación estaba oscura, pero no lo suficiente como para esconder todo lo que le dolía. Se dejó caer sobre la cama, con el corazón retumbando. No quería pensar, pero lo hacía de igual manera.
Repasó los momentos en que lo había visto durante la semana. Teruki sonreía, sí... pero la sonrisa con hoyuelos, la que es real, la que duele verla de lejos, esa solo se la daba a él. Esa sonrisa suave que se le formaba cuando estaba cómodo, cuando no actuaba para nadie. Esa no la había vuelto a ver. Salvo, tal vez…en la biblioteca durante un segundo. Una mirada fugaz. ¿Había sido para él?.
Suspiró, levantándose, no sabía a dónde iba. Solo que no podía quedarse en su habitación un minuto más.
Salió al techo, buscando espacio. Pero ahí estaba Teru.
Sentado en el borde, con las piernas cruzadas, mirando al cielo como si estuviera esperando.
—No estás con nadie hoy. —Menciona de pasada, tratando de sonar casual y fallando espectacularmente.
—No, quería estar aquí.— Y por primera vez en días lo mira, se ahoga en esa mirada.
Teru vuelve la vista al cielo, y por un segundo, todo parece igual que siempre. Solo que no lo es.
—Te estuve evitando —dice Ritsu, de repente con la voz tensa—. Porque me dolía verte con alguien más.
Teruki no responde enseguida, voltea. Su expresión no cambia, pero algo en sus ojos se suaviza.
—Y creo que me gustas. —dice finalmente con un hilo de voz, como si las palabras se hubieran estado formando todo este tiempo sin su permiso.— Mucho más de lo que debería.
Silencio.
—Ya lo sabía, —responde, y entonces sonríe tímidamente, una sonrisa pequeña, íntima y suya.
En cuanto ve el hoyuelo, siente su rostro calentarse, su corazón agitado, estaba perdido, estaba enamorado.
—Ritsu…— murmura, tomando su rostro entre sus manos.— También me gustas.
Exhala entrecortadamente, sintiendo la tensión salir de su cuerpo, une su frente a la de Teru, sintiéndose seguro, sintiéndose en casa.
La mano de Teru se deslizó lentamente hacia su espalda, abrazándolo, como si finalmente pudiera dejarse llevar por la misma certeza que ahora sentía Ritsu. La oscuridad ya había caído por completo, pero no parecía importar, Teru no lo soltó y él no se movió.
