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Hace un año, todo había cambiado para Eira.
Extraterrestres atacando la tierra, un par de naves bombardeando Asunción, una visión donde le avisaron que ahora era parte de algo más grande.
Unos días, o tal vez semanas, después, empezó a mover objetos con la mente, al principio fue atraparlos en caída libre, como el plato de su abuela que, por cierto, la decapitaba si llegaba a romperse.
Luego, las luces de su casa temblaban según su humor o si la molestaban en el colegio electrocutaba discretamente al que lo hacía. También las plantas obedecían a sus pensamientos, se estiraban, se fortalecían, movían o crecían a su voluntad.
Emocionada pero preocupada, se había dedicado a practicar ella sola en el bosque cerca de casa. E incluso ya había llegado a un nivel donde simulaba batallas. Pero, también tuvo que aprender a controlarse ella misma, ocultar sus emociones o no dejar que las cosas le afecten.
Con el paso de los meses, sintió que ya podía estar más relajada, aunque no dejaba de practicar con discreción.
¿Y ahora? Sentada bajo un árbol de mango rosa con un termo en la mano y una guampa en la otra, jugaba con unas rocas que hacía flotar en el aire.
Su rostro solo mostraba aburrimiento, como si estuviera esperando que algo pasara. En la tele habían dicho que cualquiera con poderes debía presentarse, que habría una academia donde les enseñarían a usar sus legados. Eira no lo había hecho. No quería dejar a su madre, abuela, sus parientes, no quería separarse de sus amigas cuando recién empezaba a tenerlas.
Un fuerte autocontrol evitaba que hiciera algo que la delatara, pero también había algo que la llamaba, que quería que se probara a sí misma hasta dónde podían llegar sus nuevos poderes. Se preguntó si los demás ya se estaban adaptando también. Pero, no iba a intentar contactarlos.
Un mensaje llegó a su celular. Bufó al observar el remitente, era Bryan en el grupo del colegio. Un video del chico moviendo objetos por su pieza. Genial ¿Él también? Sonrió al darse cuenta de que él apenas estaba desarrollando telequinesis, mientras ella ya iba por su segundo legado.
Bryan presumió que pronto estaría en la academia, que viajaría a EE. UU. y que lucharía contra el mal. Pero antes, haría una demostración en el colegio, para que sus compañeros no lo olvidaran.
Se levantó de la silla, soltó la guampa y el termo y, se dirigió adentro de la casa a estudiar, los objetos la siguieron, obedientes.
Lejos de estudiar, terminó bañándose y acostándose a dormir, se sentía cansada, como si algo fuera a pasar pronto y tendría que estar atenta para ello.
Al día siguiente, en la escuela, durante el recreo, Bryan inició su espectáculo, el payaso del curso haciendo malabares para quien lo quisiera ver.
Eira se puso la capucha del abrigo y trató de pasar desapercibida, pero, eso era imposible cuando era el blanco favorito de bromas de Bryan
—¡Pero miren a quien tenemos acá! —el chico la pilló y se acercó a ella con arrogancia —Eira, juguemos un rato —pidió con falsa amabilidad, aparentando ser amable, sus ojos castaños chocaron con los café de ella.
En otro tiempo, Eira hubiese aceptado con gusto, derretida por él, pero ahora, solo lo miraba con desconfianza, aunque un poco roja por la repentina atención que recibía. Antes de que pudiera responder, Bryan ya la había arrastrado a la mitad de la clase
—Dejame en paz —pidió mientras él empezaba a rodearla con varias botellas de agua a su alrededor
—¡Para el siguiente acto, equilibraré estas botellas alrededor de Eira! —anunció
En ese momento, chica supo sus verdaderas intenciones: fingir un fallo y humillarla al bañarla con el contenido de las botellas, entonces, se adelantó.
Con un suave movimiento de muñecas, levantó las botellas y les imbuyó un poco de energía, haciendo que lo de adentro se caliente y luego explotara, pero en dirección al público
—¡Hey! Mongaso, era a ella lo que tenías que bañar —reclamó Cody, mejor amigo de Bryan —además casi nos quemas
—Y-yo no hice nada —se defendió Bryan, Eira aprovechó la confusión para escapar.
El sábado, cuando ellos llegaron a su hogar, se preocupó, había sido demasiado cuidadosa de que no la descubrieran, pero, ahí estaban. Dos personas vestidas de traje negro, altos, fornidos, serios; frente a ellos, una mujer, que sonreía con amabilidad. Eira supo que Bryan la había delatado en cuanto se dio cuenta de que ella había hecho eso
—¿Eira Arayú? —preguntó la señora
Su abuela, a quien ya había contado todo, salió a ver quiénes eran, se sorprendió al ver a esa gente y se puso seria, borrando su sonrisa amable
—¿Cómo puede ser que me saquen a mi nieta? —preguntó, algo enojada —Su mamá y yo… si se va ¿Qué va a ser de nosotras?
—Señora, es necesario, por la seguridad de todos. Le prometemos que estará segura con nosotros —llevó una mano a su pecho, como si estuviera haciendo un juramento, Eira solo la miraba sin expresión
—Si no voy… ¿Qué pasara?
—Te vamos a poner en cuarentena, hasta ver el alcance de tus legados y si son seguros para vos —informó uno de los hombres de atrás
—O sea que me van a encerrar
—solo por un tiempo —la mujer intentó dar una sonrisa tranquilizadora
—¿Cuánto?
—el suficiente
—Ir a una academia, con falsa libertad o estar encerrada, sus opciones son una mierda —rodó los ojos, la mujer sonrió incómoda, más cuando la abuela le retó por decir groserías —El que me delató fue Bryan Martínez ¿Verdad? —pudo ver un atisbo de tensión en su oponente, tomó eso como un sí —plaga —maldijo en voz baja —. Voy a ir, solo si me ponen lejos de él, no me voy a hacer cargo de lo que le pase —dio media vuelta y entró a la casa.
Su abuela llamó a su mamá, necesitaban el consentimiento de ella para que Eira pudiera viajar. Mientras se preparaba, la chica envió mensajes a su grupo de amigas, despidiéndose, sabía que una vez despegara, le sacarían el celular.
Le dolía dejar atrás su vida, su familia, su hogar, pero, era lo mejor o al menos de eso trataba de convencerse.
Cuando su madre llegó, los adultos extraños, explicaron mejor la situación y, con el pesar de su corazón, Eira tuvo que abandonar su hogar.
Se despidió de su madre, quien, a diferencia de su padre y su abuela, logró contener las lágrimas. Ellos, en cambio, no pudieron evitar que se les escaparan un par.
—Ajujeytako, abuela —prometió, inclinándose para recibir la bendición de la mujer, que le acarició la cabeza con cariño.
—Pórtate bien —dijo su madre, abrazándola fuerte, como si no quisiera soltarla nunca—. Te quiero, mi hija.
—Cuando vengas otra vez, te voy a llevar a que te inscribas otra vez —prometió su papá, hablando de la universidad, intentando disimular la tristeza con un tono alegre.
Con pesar, Eira se separó de ellos. El aire frío de la pista le pegó en la cara mientras subía la escalerilla del avión. Adentro, el murmullo de otros pasajeros se mezclaba con el olor metálico del aire acondicionado.
Y ahí estaba él. Bryan. Sentado, cómodo, con cara de quien ya lleva rato celebrando su triunfo.
—Yo ya estaba festejando, creí que te acobardaste —soltó con esa sonrisa que siempre le daban ganas de borrarle.
Eira lo ignoró. Ni una palabra. Simplemente caminó de largo hacia el frente del avión, dispuesta a que ese viaje fuera lo más silencioso posible.
Hicieron una a escala en Colombia, donde subió Nala, una hermosa chica morena, de pelo negro como el carbón y, la sonrisa más brillante que Eira había visto jamás. Enseguida compaginó con ella, tenía el legado del viento y aún no había pillado el segundo.
Estuvieron compartiendo sus historias la una con la otra y, Bryan, obviamente celoso de la atención, empezó a jugarles bromas haciendo aparecer abejas amenazantes; había desbloqueado el legado del ilusionismo. Eira, ya inmune en el sentido de que aprendió a distinguir las ilusiones de la realidad y simplemente las ignoraba, no se inmutaba, mientras que Nala seguía saltando y riendo cada vez que veía algo fuera de lugar.
Llegaron a la Academia y qué suerte que lo hicieron, Eira iba a asesinar a Bryan si pasaban un momento más adentro con él, poco le iba a importar dejar una buena impresión en su nueva compañera si el chico seguía molestándola.
El “comité de bienvenida” estaba formado por 2 chicos y un adulto. Uno de los chicos llevaba algo de barba y bigote, conociendo a Bryan, el chico debe estar celoso. El otro chico parecía un militar, rígido y en guardia para detener lo que sea. El adulto de al lado tenía una sonrisa condescendiente, como si sintiera lástima por los chicos.
—Bryan Nicolás Martínez Khan —llamó al chico, quien con una sonrisa gigante saludó
—El mismo y en persona —hizo una exagerada reverencia, de esas que hacen los magos cuando se despiden
—Eira Sylvan Arayu Lamprou ¿Es correcto? —se dirigió a la castaña, quien asintió seria —y Nala Yovanna Jara Sikuani —la pelinegra asintió con una gran sonrisa —Soy el Doctor Malcolm Goode, estaré a cargo de su educación aquí. Cualquier cosa pueden recurrir a mi —se presentó —¿Hablan inglés? ¿Lo entienden bien? —preguntó el adulto
—Lo básico —respondió Eira apuntándose a sí misma y a Bryan, quien se ofendió de que ella hablara por él, el chico de atrás pareció emocionado
—Perfecto —respondió Nala asintiendo, esa respuesta apagó un poco al chico
—Él es Simón y él es Caleb, les mostraran el lugar —presentó el dr. Goode a los chicos, quienes dieron un paso adelante —los dejo a su cargo —dijo y se fue.
Los dos chicos les dieron un recorrido por la Academia, Caleb hablaba con Bryan. Mientras que Simón compartía su admiración por la cultura de los indígenas sudamericanos, Eira, que apenas conservaba el nombre y apellido no pudo aportar más de lo que él sabía sobre los guaraníes, así que pronto se desconectó de la conversación, mientras que Nala compartía acerca de los rituales que realizaban en su familia materna.
—Esto, está cargado con conocimiento sobre el inglés —giró hacia los paraguayos —tienen que recargarlo cada semana, cualquier cosa, solo acérquense a preguntarme —sugirió, los dos asintieron
—¿Y las clases? —preguntó Nala
—sus horarios son…
—Si me ponen con él —Eira interrumpió señalando a Bryan con el ceño fruncido —, no me hago responsable de mis actos —advirtió, obviamente no iba a matarlo, pero sí lo haría sufrir si es que seguía metiéndose con ella
—Creo que no son los mismos, antes de que me interrumpieras iba a decir que primero se les hace un examen de nivelación, así que, puede que sí o puede que no estén juntos —respondió Simón algo apurado por la reacción de la chica
—¿Habitaciones? —preguntó Nala tratando de evitar que Eira asustara más al chico
—Ustedes dos serán compañeras de cuarto —les pasó un par de llaves que entregó en mano a Nala —no las compartan con nadie y no permitan que nadie más entre si no son profesores —avisó, ambas asintieron —él… será mi compañero —señaló a Bryan
—lo siento mucho, mi pésame —respondió Eira con una falsa compasión, aunque los otros no entendieron
—monga —reclamó Bryan comprendiendo que se refería a él
—tarúpido —respondió mezclando las palabras tarado y estúpido
—¿Cómo los aguantaste? —preguntó Simón a Nala en un susurro, ella solo se encogió de hombros
—ella parecía civilizada —respondió caminando hasta meterse entre ellos —¡Basta! Al venir del mismo lugar y conocerse de ya mucho tiempo, deberían aprender a tolerarse y apoyarse para sobrevivir aquí —regañó, Bryan se sonrojó, mientras que Eira solo dio la vuelta y caminó hasta Simón
—¿Cuál dijiste era mi número de cuarto? —preguntó en un gruñido
—eh… el nueve —respondió algo intimidado, además la chica parecía estar echando chispas
—gracias —respondió y dejó ahí a los demás, oyó a Nala excusarse y seguirla
—¡Hey! No sé cuál es el historial entre ustedes, pero, deberían… ya sabes, mejorar su relación —sugirió la chica al alcanzarla
—Que se mantenga alejado de mi es todo lo que pido —respondió entre dientes
Ingresaron a la residencia de estudiantes, había gente por todos lados, ruidosos, juguetones, algunos parecían cohibidos, pero era un lugar lleno de vida. Nala sonreía y saludaba a todo aquél que la mirara, Eira en cambio pasó de largo ignorándolos.
El cuarto era de todo menos acogedor, parecía frío, gris. Nala intentó mantener el positivismo comentando que podrían transformarlo juntas
—Elijo la más lejana a la puerta —dijo Eira corriendo hasta el fondo, antes de que la otra pudiera siquiera reaccionar
—Creí que te gustaría estar hacia la puerta en caso de tener que escapar —se burló la colombiana
—Estoy acostumbrada a dormir hacia la pared —explicó seca.
