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En una de las mesas frente a él se sentó un chico lindo, uno al que Noé no pudo dejar de verle la espalda durante su estadía en la librería de la escuela. No ha hablado antes con él, solo lo ha observado a la distancia, añorando por entablar conversación con él, pero no ha sido capaz de ello.
Algo poco común en él, porque Noé era una persona social, le gustaba conocer gente y aprender de ellos. Este chico se volvió una excepción en la regla al haberle robado el aliento desde el primer día en el que lo vio.
Enterró su cara en el interior de un libro por la frustración que le ocasionaba el no poder pararse y acercarse a él para presentarse. Ni el aroma de las páginas bañadas en conocimiento sirvió de consuelo y ante su pataleo infantil su compañero le miró con extrañeza. Vanitas estaba acostumbrado a esos comportamientos muy de Noé, pero esto lo sobrepasaba.
—Andas muy raro hoy.
—Basta. No lo menciones.
Noé asomó ligeramente su cabeza para que solo sus ojos tuvieran permitido ver más allá de las palabras que dejó de procesar minutos atrás, centrándose de nuevo en ese cabello negro y corto que le llamaba. A su lado Vanitas lo miró primero a él y después al otro chico para que una sonrisa traviesa apareciera por su rostro.
—¿Te gusta alguien acaso, Noé?
—¡No! ¡No me gusta nadie!
Se dio cuenta muy tarde de que había alzado la voz más de lo necesario a lo que cubrió su boca avergonzado al instante. El libro cayó de golpe en la mesa, el ruido del impacto fue lo que llamó la atención de otros a su alrededor incluido la del chico misterioso que se dio la vuelta para verificar qué había sucedido.
Tenía unos ojos dorados inundados de confusión, una mueca en sus labios rosáceos que indicaba lo tan perdido que se encontraba como el resto de los presentes. Quedó hipnotizado por como se veía que ni siquiera notó a Vanitas aguantándose de la risa. Eso hasta que el chico regresó a su posición inicial de darle la espalda a Noé quien sintió sus mejillas arder de la nada.
—Ahora todos saben que alguien te gusta —Vanitas señaló cerrando los libros que había pedido para un trabajo escolar y metiéndolos a su mochila.
—Te dije que no me gusta nadie.
—Claro, claro. Dilo las veces que necesites para que te lo creas —dio dos palmadas a la cabeza de Noé y se retiró, su entretenimiento del día se había cumplido y no tenía más razones para quedarse allí, o eso fue lo que trató de demostrar.
Bajo las prisas de no ser dejado atrás Noé guardó sus cosas también y llamó a Vanitas para que no se le adelantara. Incluso si quería seguir viendo al chico no podía dejar que Vanitas lo dejara así como así, por lo que no notó como su objetivo se le quedó viendo hasta que abandonó la librería.
~•~•~
Noé adoraba a sus abuelos.
Quedó huérfano a una edad muy temprana que en sus recuerdos eran sus abuelos lo que tenía presente al pensar en sus figuras paternas.
Creció de forma modesta con ellos, recibiendo una educación sencilla y amor a diario que en las noches de soledad en su cuarto se preguntaba qué haría el día que ellos ya no estuvieran. Quedarse sin nadie en quien apoyarse parecía salido de una historia de terror, rogaba que ese día no llegara jamás.
Pese a ya no tener cinco años Noé no dejaba ir la mano de su abuela cuando la acompañaba a las compras de la semana, al menos mientras ella no ocupara ambas manos. Cada que salía con ella hacía el esfuerzo de no distraerse para no darle más trabajo al hacer que lo buscara entre los pasillos. Trataba de no ser una carga para ninguno de los dos.
Su abuela le pidió entonces que se fuera a integrar a la fila mientras que ella iba por unos artículos que olvidó, a lo que Noé mejor se ofreció a ir por ellos para evitarle el esfuerzo extra. La mujer dudó, conocía al chico y su capacidad para distraerse no debía subestimarse. Pero Noé no era un niño pequeño ya, había cumplido trece años hace meses y se le debía permitir algo de independencia poco a poco, así que lo dejó ir.
Noé se memorizó los productos que hacían falta y se encaminó a buscar entre los pasillos que se tenía bien memorizados.
Revisó el papel higiénico en silencio, debatiéndose cuál opción sería mejor ya que no estaba el que usualmente compraban. En eso alguien se paró a su lado y tomó un paquete del mismo producto que él estaba buscando. Noé volteó a verle de reojo y encontró al azabache de la librería de su escuela verificando que todo estuviera en orden con lo que eligió.
—¡Hola! Qué casualidad verte por aquí —su saludo repentino alertó al otro chico haciéndole dar un brinquito en su lugar—. Creo que es la primera vez que hablamos ¿No? Me llamo Noé.
—… El chico al que no le gusta nadie, ¿cierto?
La expresión de Noé se tornó a una avergonzada aunque siguió sonriendo. No tenía caso sentirse mal, fue su culpa haber dejado esa primera impresión. De lo que debía encargarse era de corregirlo.
—Sí, ese mismo.
Silencio. Uno muy incómodo. El chico a su lado dejó el paquete de regreso en su lugar y tomó otro de una marca distinta, echándole una mirada a la etiqueta del precio sin decir nada.
Probablemente no quería hablar con él, o tal vez se le daba mal socializar, no parecía ser ese el caso, pero Noé no quería asumir nada para empezar a juzgarlo mal.
—Nunca te he visto en mi salón de clases.
El chico no volteó, Noé solo notó una pupila dorada viéndole por el rabillo del ojo lo que fue la muestra de que no lo estaba ignorando, era buena señal.
—No compartimos grupo.
—Ah, entonces no eres nuevo en la escuela.
Eso pareció ser una mala respuesta, el chico le dio la cara y frunció las cejas irritado por algo que Noé no captó. Retrocedió unos segundos para repetir sus palabras mentalmente y revisar que fue lo que pudo haber dicho mal para ganarse esa reacción.
No encontró nada. No lo entendía.
—Por supuesto que no, solo un distraído como tú no se daría cuenta de quiénes estudian en su mismo instituto.
Sin más el chico se llevó el paquete de rollos de papel, dándose la vuelta para dirigirse a buscar las cosas que le restaban para comprar. Noé estaba muy confundido. No dejó de ver su espalda mientras se alejaba hasta que desapareció en otro pasillo del establecimiento.
Eso había salido terriblemente mal, tanto que los ánimos de Noé quedaron por los suelos. Terminó tomando cualquier paquete y se fue a buscar a su abuela. Recordó que ella ya estaba en la fila y se apresuró a alcanzarla. Capaz y ya era su turno para pagar y Noé estuvo perdiendo el tiempo nada más.
Por suerte no fue así, todavía había una persona delante de su abuela así que llegó justo a tiempo. Le explicó a su abuela que se distrajo eligiendo una marca, omitiendo por completo su extraño encuentro con ese chico. Cuando les tocó ser atendidos Noé miró el resto de la fila que estaba detrás de ellos, quería encontrarlo. Mas no lo encontró.
~•~•~
Noé cometió un error, fueron las carcajadas incontrolables de Vanitas lo que se lo demostraron al día siguiente que se encontraron camino a sus respectivas aulas. El pobre se inclinó para sostenerse en sus rodillas debido al aparente chiste que Noé le contó.
No había sido ningún chiste. Le dijo sobre su interacción con el muchacho, esa que terminó en fracaso por un error que no lograba identificar, y precisamente por eso lo hizo, buscaba ayuda del único en el que se sentía capaz de confiar.
—Basta Vanitas, se nos están quedando viendo —le informó obligándolo a que recuperara la compostura—. ¿Qué fue tan gracioso?
—Noé, querido, echaste a perder tu única oportunidad con esa cara bonita —señaló un tanto más tranquilo, pero mantuvo su sonrisa burlona en su rostro.
—¿Y eso es motivo de burla?
—Cualquier tipo de entretenimiento gratis es bienvenido. Y contigo ese se obtiene a diario.
Por esto Noé le volteó la cara con toda intención de ignorarlo en un acto infantil de proteger su ya pisoteada dignidad. Debió haberlo pensado dos veces antes de recurrir a Vanitas para esto.
Si bien le gustaba socializar con sus compañeros no significaba que fuera bueno haciéndolo. Todo lo contrario, lo aguantaban por un rato y después pasaban de página. Hasta ese momento Vanitas había sido el único que se quedó con él por unos años, por eso mismo fue tras él en busca de un consejo.
—Ya, ya, no te pongas en ese plan —musitó desinteresadamente dándole unas palmadas en la espalda como disculpa no dicha—. Mira, no creo que hayas hecho algo mal. Es probable que lo hayas agarrado de malhumor o que sea un amargado que no sabe hacer amigos.
—¿Cómo tú?
—O tal vez sí fuiste un insensato en algo que dijiste, ¿cómo voy a saberlo?
Eso no ayudaba en nada, más bien lo empeoraba. Sabía que Vanitas había agregado eso por ponerse a bromear y señalarlo como amargado y que dicha respuesta era su modo de seguirle el juego. Pero Noé no pudo evitar lamentarse todavía más porque seguía siendo una posibilidad más que una broma.
—No pensé que te importaría tanto la reacción de un desconocido.
—Es que me da curiosidad, es todo.
—Curiosidad, claro. Yo creo que más bien sí te gus–
—No lo digas. No quiero que se siga alimentando ese malentendido.
—¿Y qué habría de malo si fuera cierto? El chico tiene lo suyo.
—Ese no es el punto, lo sabes…
Antes de que pudieran darle continuidad a la conversación Noé captó al fondo del pasillo al chico que recién iba llegando y que seguramente se dirigía a su aula. Con una despedida apresurada Vanitas se retiró al haberse dado cuenta de qué llamó la atención de Noé.
Conforme el chico se fue acercando más Noé se preparó por dentro sobre lo qué diría y cómo lo diría, creyó que este se detendría en cuanto lo reconociera o por lo menos lo voltearía a ver. Pero no fue así, el chico siguió caminando como si no hubiera notado a Noé.
Trató de no tomárselo personal y se encaminó a su lado una vez más, dándole unos toques en el hombro para hacer acto de presencia lo que por fin sacó al chico de sus pensamientos. Este se mostró confundido, después frunció el ceño.
—¿Tú de nuevo?
—Disculpa que te moleste, de verdad, es solo que quería disculparme por lo del otro día.
—¿Y se puede saber por qué te disculpas exactamente?
El problema era ese. Noé no lo sabía. Se arrepentía de haberlo incomodado, pero nada de lo que dijo parecía sonar mal. Solo no lo notó antes, lo cual era lógico si no compartían los mismos grupos. Fue una casualidad haberse visto en la biblioteca.
—En realidad no lo sé —las cejas del chico bajaron más en medio de su creciente irritación—. ¿Podrías decírmelo? No podré adivinarlo por mi cuenta, pero no quisiera dejarlo así como así si te ofendí de alguna manera.
El chico suavizó su expresión para sorpresa de Noé, mostrándose sorprendido por el hecho de que Noé quería corregir un error que ni siquiera cometió a propósito. La realidad era que el chico estaba siendo una molestia con toda la intención del mundo, eso Noé no lo sabía.
Lo único que Noé sabía es que pudo haberlo ofendido por error y prefería no quedarse en la ignorancia.
Entonces el chico rió con suavidad, lo que extrañó a Noé en demasía y tuvo que observarlo con mayor detenimiento para tratar de deducir a qué se debía dicha reacción.
—Eres tan, tan, pero tan extraño —murmuró con una media sonrisa que por poco y cautivó a Noé.
—¿Eso es bueno o malo?
—No lo sé —se encogió de hombros y su sonrisa desapareció—. Si crees que puedes descubrir qué fue lo que hiciste, adelante. Quiero verte intentarlo.
Comenzó a caminar para dejar atrás a Noé, pero segundos antes de desaparecer por completo de su campo de visión se detuvo y se giró lo suficiente para ser escuchado.
—Me llamo Louis. No sé si ha sido un gusto conocerte a decir verdad.
Noé se quedó de pie en el medio del pasillo, tardó en captar lo que sucedió. De un momento a otro pasó de ser detestado por el chico a obtener su nombre y una invitación a que siguieran conviviendo si así lo quería. Era mucho más de lo que creyó que obtendría.
~•~•~
A pesar de que Louis le dio entrada a su vida no convivían más allá de lo necesario. Noé notó rápidamente que contrario a lo que imaginó Louis no era tan malo. Era pésimo socializando, le salía natural alejar a los demás con lo seco que era, eso pudo observar a lo lejos en distintas ocasiones. Juntos, para su sorpresa, Louis se mostraba un poco abierto con él, lo que hizo sentir a Noé suertudo de haber llegado a su buen lado de alguna manera.
No conocía nada de Louis. Sabía su nombre, que siempre comía algo de fruta después de comer su almuerzo y que pasaba largos ratos en la biblioteca. Lo poco que le conocía no era suficiente para él, quería llegar a poder llamarlo amigo algún día.
—¿Puedo sentarme contigo?
Noé notó como Louis lo vio por el rabillo del ojo, luego asintió y volvió a centrarse en su lectura. Ese día durante el almuerzo habló con Vanitas en busca de un consejo y este le recomendó que tratara de incluirse en uno de esos momentos en los que Louis estaba a solas.
Tenía presente que Vanitas veía su situación con Louis como una telenovela, podía verlo en su sonrisa cada que lo hablaban.
Era el horario después de clases en el que se les permitía quedarse en la escuela, fuera por trabajos en conjunto o por la necesidad de materiales que solo allí se tenían, había ciertas horas pasadas la jornada escolar en la que los alumnos podían quedarse. Noé no acostumbraba tomarlas si no le aviso a sus abuelos, esperaba no meterse en problemas por tardarse en llegar a casa.
—¿Viniste a leer?
—No.
—¿Entonces?
—Quería hacerte compañía.
—Uh-huh.
La incredulidad podía sentirse en el aire. Noé se aguantó la respiración con temor de que cualquier sonido fuera a arruinar el momento.
Por suerte Louis se mostró interesado en conversar, sus respuestas eran cortas y directas, desanimaban a Noé con el paso de cada una que sintió que estaba por derretirse en su asiento. Contrario a lo que muchos creían de él Noé sí era bastante susceptible al rechazo. Que fuera un tanto positivo no quería decir que ignorara la forma en la que en ocasiones era visto.
—Se está haciendo tarde —puntualizó Louis poniéndose de pie—. Van a cerrar la escuela pronto.
El comentario hizo que Noé se diera cuenta de la hora, sus abuelos debían estar muriéndose de la preocupación. Se levantó inmediatamente y se preparó para irse, pero Louis lo detuvo sujetando su muñeca.
—Te acompañaré. Tus abuelos querrán una explicación y si viene de quién te quitó el tiempo puede que suavicen tu castigo.
Noé le miró con sorpresa, tomándose su tiempo para contestar. Luego sonrió y asintió emocionado, lo llevó a las prisas, Louis le pidió varias veces que fueran más despacio, pero Noé no pudo escucharlo. Aparte de Vanitas quien ya había visitado su casa Louis era el primero en ser un nuevo rostro para sus abuelos en mucho tiempo.
No se le ocurrió preguntar que opinaría la familia de Louis sobre si él tardaba en llegar. No pensó ni siquiera en cómo podría ser la vida familiar de Louis.
~•~•~
Fueron sus abuelos los que preguntaron si habría problema con los padres de Louis por hacerlo llegar tarde a su casa, a lo que Louis admitió que a su abuelo no le importaría. La corrección fue implícita, Louis vivía con su abuelo, no con sus padres.
Quisieron invitarlo a que se quedara a cenar, pero Louis se negó y sin más se retiró al cabo de unos minutos de plática con los abuelos de Noé.
Noé no consideró la opción de que Louis tuviera una vivencia similar a la suya en cuestión de quienes se hacían cargo de ellos. Pensó en el tema constantemente antes de irse a dormir y a la mañana siguiente también. Era fin de semana, no tendría que ir a la escuela ese día y no vería a Louis a menos que el destino se pusiera de su lado e hiciera que se encontraran por casualidad. Esperaba que así sucediera, en verdad quería ver a Louis.
¿Por qué se había apegado tanto a él si llevaban poco de conocerse? Se preguntó sentado cerca de la ventana de su cuarto.
Se moría de aburrimiento. Para un chico activo como él quedarse en casa sin hacer nada no le venía bien, ya había ayudado en los quehaceres a sus abuelos y no quedaban pendientes por lo que restaba del día. Terminó decidiéndose por pasear por los alrededores con toda intención de llegar a una vieja tienda de recuerdos y antigüedades, de esas que están llenas de relojes viejos o rompecabezas que nadie compra. No tenía dinero, pero conocía a la dueña y le encantaba escuchar las historias que tenía para contar.
Fue en el camino que sus plegarias mostraron haber sido escuchadas. Louis estaba cruzando la calle caminando en la misma dirección que Noé, sin embargo lo más probable era que se dirigía a otro lugar. No importaba, Noé le llamó en voz alta desde la banqueta de su lado y agitó su mano bien alzada.
Suspiró aliviado de que Louis lo hubiera notado. De nuevo, podía no conocerlo a fondo, pero cuando Louis se ofreció a acompañarlo de regreso a casa comprendió que el deseo de pasar tiempo juntos era mutuo, aunque Louis tuviera dificultades para demostrarlo y lo ocultara en esa expresión cansada suya.
Louis ladeó la cabeza para ambos lados, queriendo mostrar su dudar sobre si unírsele a Noé sin utilizar palabras. Había una calle en el medio que los separaba, mas no habían otros obstáculos que los detuvieran. En vista de su titubeo Noé cruzó con rapidez.
—¡Qué linda sorpresa! No esperaba verte hoy.
—Con la tendencia que tienes de aparecerte cuando menos lo espero creo que no debería ser una sorpresa.
—¿A dónde vas?
—A casa. Supongo.
—¿Vives cerca de aquí?
—Algo así. ¿Por?
—Por nada. Es bueno saberlo, hay más posibilidades de que nos veamos entonces. ¿No crees?
—Pues sí, tienes razón —Louis desvió la mirada hacia un árbol cercano, inseguro de si había sido una buena idea confirmarle a Noé que vivía cerca.
—¿Crees que puedas llegar un poquito tarde a tu casa hoy?
—¿Disculpa?
Noé decidió invitar a Louis a que lo acompañe a esa tienda que tanto adoraba. Para Noé la invitación representaba su disfrute a la compañía de Louis y su interés por incluirlo en su vida. No estaba seguro de por qué, pero con lo que llevaban de conocerse lo percibió un tanto solitario. No se lo diría nunca, lo terminaría por alejar de hacerlo, pero sí quería causar un cambio para bien en su vida si era posible.
—Solo si no te vas a meter en problemas con tu abuelo, claro.
—Nah, ese hombre ni se ha de haber dado cuenta de que salí —agitó su mano con desinterés, podía parecer poca cosa, pero Noé poco a poco comenzó a entender la dinámica familiar de Louis y no le gustó lo que su cabeza estaba formando.
Los dos chicos fueron a la tienda a la que Noé había llevado tantas veces a Vanitas. La dueña se sorprendió de que hubiera llegado con alguien distinto y no se detuvo de preguntar al respecto. Como siempre, Louis se mostró educado, mas se notó que estaba incómodo con la cantidad de preguntas y con ser tratado como un niño pequeño.
Noé lideró la conversación y la guió a temas más neutrales para no hacer a Louis pasar un mal rato. Gracias a ello pudieron enfocarse pronto en lo que se vendía, Noé aprovechó para lucirse contándole las historias detrás de los productos que reconocía. Se sabía las historias de memoria, era bueno recordándolas.
Estaban sentados sobre un escalón llenando el silencio del local al que a esa hora parecía ser cuando no iba mucha gente a comprar. Noé sostenía una caja musical que había pasado por muchos dueños hasta que dio a parar a ese lugar.
—¿Para qué sería necesario memorizar la historia de vida de un objeto? —murmuró Louis de repente fingiendo estar aburrido. Pero no lo estaba. Más bien parecía estar perdido en lo profundo de sus pensamientos, como si esa pregunta fuera a resolver todas sus dudas existenciales.
—¿Por qué la pregunta?
—Es un objeto, Noé. No vale la pena tratarle como una persona.
—Ese no es el punto —abrazó la caja musical cuidadosamente mientras hablaba—. Todo merece ser recordado. Personas, objetos, animales.
Elevó la mirada, se encontró con un Louis estupefacto. Era tan raro verlo descolocado a tal punto que las palabras no salían de su boca. ¿Las olvidó acaso? ¿O su garganta no lo dejaba sacarlas?
—¿Qué hay de las malas personas? ¿De las cosas dañinas? ¿O de los no deseados?
Noé entendió que se trataba de algo más, no obstante como Louis no decía directamente qué pasaba por su mente no podría saberlo. Así era siempre con Louis, pero esta vez era algo más delicado al parecer.
—Todo. Para bien o para mal existen. Sobre todo a los no deseados. No porque no fueran esperados por quién sea que los defina así no merecen ser recordados.
¿Estaba seguro de sus palabras? Sí.
¿Fue lo correcto? Tal vez. Esperaba que lo fuera. Porque el que Louis se quedara callado sin verle a la cara no le pareció la mejor reacción por haber. El asunto empeoró cuando Louis se despidió de forma seca y se fue corriendo. La dueña le preguntó a Noé qué sucedió, él se encogió de hombros en confusión.
Había algo muy raro sucediendo en la vida privada de Louis.
~•~•~
—¿Qué pasó entre ustedes?
Vanitas lo recibió yéndose directo a lo que le interesaba. A las actualizaciones de su tan aclamada novela. Así ocultaba que le interesaba que Noé estuviera haciendo las cosas bien, luego sus consejos no se verían “salidos de la nada”.
Habían pasado días desde esa última interacción con Louis y pasó lo que tuvo que pasar: Louis lo estaba evitando. No lo ignoraba del todo. En realidad se saludaban en los pasillos o cada que se topaban por casualidad. Fuera de eso se sentían como dos extraños forzados a convivir y así no era como se sentían las cosas antes.
Noé siguió guardando sus cosas. Él por cuenta propia evitó a Vanitas lo suficiente para que no le preguntara sobre Louis, pero estaba destinado a suceder tarde o temprano. Solo alargó lo inevitable.
—Ni yo lo sé —aclaró al principio para hacerle entender que no tendría respuestas interesantes—. Estábamos hablando como si nada el fin de semana, creo que el tema se puso un poco personal y luego salió huyendo.
—¿Crees que se puso personal? —Vanitas arqueó una ceja confundido, no creía que hubiera sido solo un poco a juzgar por la reacción de Louis.
—Es que hablábamos de las antigüedades de esa tienda. Lo lleve allá —explicó refiriéndose a la misma a la que Vanitas ya lo había acompañado—. No sé qué pasó. Si dije o hice algo.
—Es el mismo problema del principio —recriminó, difícil fue saber si a Louis o a Noé, pero lo hizo ver como un problema —Búscalo y habla con él. Pídele que sea claro, o qué sé yo de mantener relaciones —agregó con menos severidad, sabiendo que él no era mucho mejor que Louis al enfrentar ciertas cosas mejor se guardó su juicio.
—¿Lo alcanzaré si lo busco ahora? Ya debió haberse ido…
—No lo sabrás si no lo intentamos. Apúrate para que lo alcancemos.
—¿Qué? ¿Tú vendrás conmigo?
—Claro, alguien debe asegurarse de que no te pierdas.
Divisaron a Louis yéndose del edificio escolar, no era la dirección que Noé tomaba para llegar a su casa así que supuso que Louis se dirigía a otro lugar o quizás su casa quedaba en esa dirección. Si era la última opción entonces mintió sobre vivir cerca de Noé.
Lo siguieron a una cierta distancia con tal de no ser notados, algo a lo que Noé no accedió inicialmente pues el plan era alcanzar a Louis para hablar, no seguirlo hasta su casa. Pero en el medio del camino no pudo hacer cambiar de opinión a Vanitas y tuvieron que seguir.
En efecto, Louis iba a otro lugar. A otra escuela cercana en realidad. O eso aparentaba el edificio que estaba a varios pasos de donde Louis se detuvo. Vieron que no llegó a la puerta de la escuela, se quedó cerca de una esquina que lo ocultaría bien a menos que alguien lo estuviera buscando a él en específico. Y así fue. Una chica un tanto más baja de estatura se dirigió hacia Louis a pasos rápidos, ignorando al otro grupo de estudiantes que se retiraban también.
Noé y Vanitas estaban prácticamente del lado opuesto a la esquina en la que Louis estaba, si por causas del destino decidía dar la vuelta a ese lado quedarían expuestos al instante, sin una oportunidad de huir. Era un riesgo descomunal.
Por el ruido de otros estudiantes pasando, los vehículos y más no pudieron escuchar toda palabra de lo que Louis y la chica hablaban. En un intento por escuchar Vanitas se acercó más a la orilla, casi asomando su cabeza. Por lo riesgoso que eso era Noé entró en pánico y tiró de él, a lo que Vanitas le dio un manotazo. Los dos terminaron forcejeando en voz baja, pero no valió su esfuerzo ya que Vanitas se resbaló y tiró a Noé con él, haciéndoles caer y quedar a la vista.
De la vergüenza Noé quiso que se lo tragara el piso. Con una mirada rápida se encontró con dos pares de ojos dorados viéndole, unos curiosos, otros enfadados y llenos de pánico. Para Noé era de las pocas ocasiones en las que Louis se mostraba así de expresivo.
—¿Ustedes qué hacen aquí? —demandó Louis exasperado, su rostro pronto se coloreó de rojo.
En lo que se levantaban Noé pensó en qué mentira sería la adecuada en ese escenario. Quería, en lo posible, evitar quedar en malos términos con Louis y perder la posibilidad de solucionar lo que sea que ocurrió en la tienda de antigüedades.
—Louis… Nosotros queríamos… Bueno, yo más bien…
—¿Son amigos tuyos?
La voz de esa chica era suave, no dejó ir el brazo de Louis al preguntar por ellos dos y Louis no la empujó ni le pidió que lo soltara, era un gesto aprendido al que estaban acostumbrados. Eran cercanos. Hermanos quizás por el parecido.
—…algo así —Louis se limitó a decir, se le notaba con pocas ganas de elaborar la complicada situación que él y Noé tenían, por otro lado a Vanitas lo conocía de vista, no había nada que decir sobre él.
—¡Oh! Un gusto entonces. Soy Dominique, hermana de Louis.
Sonreía como un verdadero sol, brillaba de un modo que Louis solo lo hacía en privado cuando creía que estaba siendo sutil. Noé tomó la mano de Dominique y se presentó amablemente, le dio un codazo a Vanitas para que hiciera lo mismo al ver que se había quedado de pie distraído con algo externo.
Noé y Dominique no dejaron de hablar por un buen rato, dejando a Vanitas y a Louis forzados a intercambiar algunas palabras por primera vez solo para confirmar que la única forma de convivir para ellos era a costa de los demás.
—Suficiente. Tienes que ir a casa ¿Sabes? O te meterás en problemas —le recordó a su hermana tras irrumpir en la burbuja que ella y Noé crearon.
—Cierto. Ya es hora de que me vaya. Fue un placer conocerlos chicos, me alegra que Louis tenga amigos que se preocupen tanto por él —exclamó gustosa, lo que confirmó las suposiciones que Noé tenía sobre la dificultad de Louis para socializar.
—Dominique.
—¡Ya me voy! Cuídense mucho.
Esperaron a que Dominique estuviera fuera del campo visual, una vez que eso sucedió Louis les dedicó una mirada severa al par sin poder deshacerse del sonroje que le apareció por haber sido expuesto de distintas formas esa misma tarde.
—Explíquense. Ahora.
Noé miró a Vanitas pidiendo ayuda en silencio sobre cómo proceder con el pésimo giro de los hechos, a lo que Vanitas rodó los ojos y decidió por lo menos explicar que esto fue su idea principalmente. Total, a él no le interesaba llevarse bien con Louis ni aunque se volviera novio de Noé.
Con la explicación el enojo de Louis pasó de estar dirigido a Noé a estarlo hacia Vanitas, aunque más suavizado al comprender que venía con buenas intenciones. Agradeció la preocupación, mas aseguró que fue una tontería haber actuado de esa forma. Vanitas, aburrido del regaño, se despidió antes de que siquiera finalizara.
Se quedaron Noé y Louis con cientos de cuestiones que tratar.
—Te acompañaré devuelta a tu casa. Es lo menos que puedo hacer —sugirió Louis, consciente de que esto no habría ocurrido si no hubiera sido un cobarde.
Al haber conocido a Dominique más dudas surgieron en la cabeza de Noé. Con cada cosa que descubría de Louis más confundido se encontraba.
Necesitaba escuchar las respuestas de Louis y aprovecharía que estaban solos en esa caminata de regreso para intentar aprender sobre él. Quizás ese era el mejor curso de acción.
—¿Dominique vive en otro lado?
—Sí. Con nuestro padre y hermanos.
Tenía a su padre con vida. No mencionó a su madre, optó por no preguntar por ella ya que no era el momento. También tenía hermanos, volvía más extraña la situación de Louis.
—¿No vives con ellos?
—Nunca lo he hecho. No conozco a nuestros hermanos en realidad.
—… ¿Qué quieres decir con eso?
—Eso mismo. No los conozco. Solo a Dominique. Ella me busca por obvias razones.
—¿Esas razones cuáles son?
—Somos gemelos —aclaró lo obvio—, para ella tenemos una conexión especial.
—¿Y no la tienen?
Louis soltó una risa baja y pateó una piedra pequeña que se atravesó en su camino, sonó entristecido. Similar a ese día en la tienda de antigüedades.
—No, Noé. No fui deseado a pesar de que somos gemelos y ella no lo sabe. Esa ignorancia forma una brecha entre los dos que nada romperá. Para ella fui enviado con nuestro abuelo por una enfermedad.
La confesión le cayó mal a Noé por la sorpresa que se detuvo y dejó que Louis caminara unos cuantos pasos más previo a detenerse también. Louis lo había contado todo como una historia de un libro en lugar de sus vivencias que Noé casi no le creyó.
Se topó con la expresión más fría de Louis. Era irreconocible, pero Noé se centró en el temblor de sus labios que delataron lo mucho que le pesaba admitir sus verdades.
—Es la primera vez que me cuentas de ti.
En verdad no tenía ni la menor idea de qué debía decir al haber sido mucha información de golpe y de gran importancia, no era el color favorito de Louis ni el dulce que menos le gustaba. No. Se trató de lo que Noé no consideró al inicio, pero que con el paso del tiempo comenzó a sospechar.
Por eso fue la pregunta en la tienda, por eso Louis se enojó cuando se hablaron por primera vez y Noé indicó no haberlo notado. El enojo de Louis era no ser visto o aceptado, asustado de la idea no ser notado.
—Considérate afortunado, no todos tienen ese privilegio.
De nuevo restándole importancia.
Noé se armó de valor y tomó de la mano a Louis, los dedos de ambos se entrelazaron en automático como piezas de un rompecabezas. La mano de Louis estaba helada en comparación a la suya.
—Recordaré cada detalle, gracias.
Louis volvió a sonrojarse. Tanto que Noé se preguntó si había vuelto a enojarse. Mas no fue así. Así como fue la primera vez que Noé aprendió más de Louis, fue la primera vez que Noé deslumbró a Louis.
~•~•~
Noé tenía tres amigos. Vanitas, Louis y Dominique. Habían pasado varios meses desde que conoció a Dominique y se habían vuelto cercanos. En privado se encargó de demostrarle a Louis que eso no significaba que no lo estaba cambiando. En todo caso, su presencia ayudó como un punto medio para que Louis buscara solucionar cualquier diferencia con su hermana.
A pesar de tener más amigos de los que tuvo en toda su vida habían cosas que no admitía tan fácilmente. Como las inseguridades que le generó el verse ignorado por muchos durante la mayor parte de su vida.
Hasta ese punto Louis no lo había visto ponerse mal por sobre el tema, esto porque Noé tendía a ser optimista y porque no se rindió en ningún momento al querer llevarse bien con él. Pero ese era el detalle, actuó por sobre su temor al rechazo.
Arrastró seguido a Louis a su casa al punto de que este comenzó a presentarse por cuenta propia para pasar tiempo con él. No hacían falta las invitaciones, era algo ya esperado. Por ello cuando en todo el fin de semana Louis no fue a verlo Noé se sintió mal. Sus abuelos notaron su cambio de ánimo que vino instantáneamente, se encargaron de hacerle saber que de seguro Louis se había ocupado con algo.
Pero al verse de nuevo en la escuela fue lo mismo. Estaba siendo evitado otra vez. Solo que no había una razón aparente. Habían estado muy bien, Louis incluso le permitía que se abrazaran y que tomaran siestas juntos bajo los árboles.
—¿Te parece si te acompaño a ver a Dominique?
Detuvo a Louis cuando lo vio prepararse para ir a verla. Como era costumbre ellos se veían ciertos días en específico por un rato después de sus clases. Dominique asistía a una escuela distinta, por ende se veían poco. Por razones que Louis no le admitía a su hermana no la acompañaba hasta su casa para dejarla.
—No creo que sea buena idea. Escuché que te lastimaste la muñeca hoy.
—¡La muñeca, no el pie! Puedo caminar perfectamente bien, no te preocupes —insistió con esmero, trató de no verse como un desesperado, pero seguro causó el efecto contrario.
—Ve a casa, necesitas descansar. Nos veremos mañana de todas formas.
Más que preocupación sonó a una excusa para que no se vieran considerando como le estuvo sacando la vuelta.
Casi un año conociéndose y Louis creía que Noé no reconocería ese patrón de comportamiento. Hasta le ofendía que lo subestimara a ese nivel.
Por supuesto Noé se lo tomó para mal, estaba seguro de que Louis le diría que ya no podrían verse por una razón cualquiera, esa no importaba del todo. El punto es que dejarían de ser amigos y eso a Noé no le agradaba. ¿Pero qué podía hacer para evitarlo? Él que enfrentó malas caras y desaires solo por ser él mismo. Cambió para bien gracias a varios de esos golpes de realidad, pero en esta situación en particular no veía qué hizo mal. En todo caso necesitaría que Louis se lo dijera para poder corregirlo.
Pero, viendo como era Louis, con lo mucho que tardaría en expresarse para ese punto su relación se habría desgastado. Solo quedaba insistirle a Louis, aunque no parecía ser una buena idea. No del todo.
—Espera, no te vayas todavía.
Una mala idea que llevaría a cabo. Le impidió a Louis que se fuera tomándolo de la manga con dos dedos nada más, dándole la posibilidad de que se fuera si eso era lo que quería.
Por suerte Louis se quedó, esperó a que Noé dijera lo que tuviera ganas de decir en lugar de exigirle que lo dejara en paz. Era un cambio notorio si lo comparaban con como iniciaron. Cultivaron paciencia y comprensión en esa relación suya.
—Si hice algo que te haya molestado me lo dirías ¿Cierto?
—No hiciste nada. Confía en mí.
—¿Estás seguro? Si no he sido yo, ¿te pasa algo?
—Nada de lo que tengas que preocuparte. Tengo muchas cosas en la cabeza nada más.
No hubo más explicaciones. Al menos pudo asegurarse de que estaban bien dentro de lo que cabía.
Pero ¿Por qué el tenía que confiar cuando Louis parecía no confiar en él?
~•~•~
Seguía inquieto. Louis seguía actuando raro y Noé estaba inquieto.
Extrañaba verlo seguido, que se esperaran para irse juntos y esas reuniones que venían sin planearlas.
Se lamentó de no verlo con tanta intensidad que como por arte de magia Louis llegó a su casa a visitarlo sin previo aviso, algo raro al no haberlo hecho por un tiempo ya. Noé lo recibió animado, sus abuelos no se encontraban en ese momento así que tendrían privacidad. Tenía el presentimiento de que la necesitarían.
Llevó a Louis a sentarse en el comedor y sirvió dos vasos con agua para los dos, luego se sentó al lado de Louis.
—Créeme que me alegra que vinieras. Pero es un poco raro después de… Ya sabes, no vernos como antes.
—Puedes decirlo. Después de que te evadiera.
Noé hizo una mueca de incomodidad, decirlo en voz alta no mejoraba para nada las cosas.
Si era honesto no esperaba que Louis pidiera perdón, quería creer que tenía sus razones para actuar como lo hacía y como siempre quiso ser comprensivo a costa de sus propias emociones.
En eso vio a Louis llevar sus manos al bolso pequeño que traía consigo. Lo cargaba para llevar dinero o lo que necesitara, por eso Noé no cuestionó que lo trajera. Lo que sacó lo dejó sin palabras más rápido de lo que cualquier otra cosa lo hubiera hecho en su vida.
Era la caja musical de la que le habló. Esa que en su momento los separó pero que dio entrada a que se volvieran más cercanos al haber hablado. Tenía un moño pequeño color morado en la tapa indicando que se trataba de un regalo.
—¿Para mí?
—¿Para quién más va a ser? —murmuró con diversión y acercó la cajita a Noé para que la tomara.
Noé la revisó varias veces, conocía cada pieza de la caja musical de memoria al igual que la historia de su existencia y aún así se sentía como una novedad. Estaba más que feliz.
Abrazó a Louis en muestra de su agradecimiento, le puso nervioso que Louis correspondiera torpemente mas no lo mostró. En su lugar abrió la cajita y giró la llave varias veces hasta que la música llenó el lugar. La melodía era mucho más linda de como la recordaba, tal vez porque era un regalo de corazón.
—No tenías que darme algo.
—Quise hacerlo. Te lo debía.
No le debía nada. Nunca se lo debió.
—Gracias Louis. No tienes idea de lo que esto significa para mí —expresó sosteniendo una de las manos de Louis con dos de las suyas, jugueteando con los dedos inocentemente.
La acción hizo a Louis sonrojarse hasta las orejas, a lo que Noé pensó que se veía lindo cuando estaba avergonzado. Louis tenía las reacciones más interesantes cuando no trataba de fingir esa pasividad agresiva.
—¿Te parece si salimos el próximo fin de semana?
—¡Claro! No tienes que preguntar.
—No, creo que no estás entendiendo —Louis se aclaró la garganta y dio un golpeteo nervioso a la mesa con la punta de su dedo—. Te estoy invitando a una cita. Romántica. Una cita romántica.
De todo lo que imaginó que hablarían esto fue lo que no consideró en lo absoluto. Noé se quedó petrificado en su lugar tratando de procesar lo que escuchó.
Louis quería tener una cita con él. ¿No era eso una locura? ¡Se trataba de Louis! Le gustaba a Louis. No podía ser cierto. Pero lo era. Louis estaba frente a él esperando una respuesta positiva o negativa a su propuesta. De seguro por ello había estado tan raro.
“¿Te gusta alguien acaso, Noé?”
Pudo escuchar la voz de Vanitas preguntándole lo mismo una y otra vez. Tanto que lo negó y terminó metido en ello. En verdad siempre creyó que Louis era bonito, en especial por su voz, aunque su personalidad les haya generado roces en repetidas ocasiones Noé se encariñó con rapidez de Louis.
¿Le gustaba?
—…¿tomo esto como un no?
—¡No! ¡Acepto! ¡Quiero tener una cita contigo!
Sí. Le gustaba.
Y mucho.
Los dos eran un desastre total, pero la reacción ruidosa de Noé hizo reír a Louis, a lo que Noé se relajó también y se rió. Sí, podrían hacer las cosas funcionar.
