Actions

Work Header

No tengo boca y necesito amarte

Summary:

Farfadox se dispone a visitar a Killer durante una tarde y queda atrapado en la base ajena por una tormenta.

Tampoco es que se queje.

Notes:

Primer fanfic farfiller en esta página, creo.

Se tomaron headcanons personales para escribir este fanfic.

Work Text:

⠀⠀Diminutas gotas de lluvia golpeaban la armadura de metal del caballero. Miro al cielo, estaba cubierto de nubes grises y apenas era visible el celeste del cielo, juraba que hace apenas unos minutos había menos nubes de tormenta. Farfadox no se preocupó demasiado, estaba acostumbrado a mojarse y ensuciarse, ya era parte de su día a día, y de todas formas ya está cerca de su destino. Conforme avanzaba por el prado la lluvia no se relantizaba, sino todo lo opuesto, con cada paso que daba se sentía que mayor cantidad de agua y con más fuerza chocaban contra él, dejándolo casi mojado por completo: sus hombros, capa, tobillos, e incluso partes de su espalda, con excepción de su rostro qué estaba protegido por su casco. Lamentablemente no podría decir del resto de su cuerpo debajo de la armadura, ya que por pequeñas hendiduras llegó a colarse el agua y a empaparlo.

Pero ya no tenía que pasar más tiempo debajo de las nubes obscuras y húmedo, ya tenía la base de Killer enfrente suyo.

La base era una cabaña de dos pisos, con un pasillo techado antes de llegar a la entrada, con algunas decoraciones y una mesa con un único asiento a la izquierda. El caballero de netherite dio dos golpes fuertes contra la puerta doble de roble antes de entrar sin esperar alguna respuesta, al fin y al cabo Killer ya veía usual a que algún amigo suyo —o también Rich o en este caso Farfadox— entrará sin avisar, inclusive si el dueño no estuviera presente.

F fue bienvenido con el aire caliente del lugar, seguramente proveniente de la chimenea de la sala de estar. Antes de que pudiera averiguarlo, fue sorprendido por la voz de Killer, quien le dio la bienvenida... estando en su pijama gris, algo no muy usual en él.

 

—¿Farfa? No te esperaba tío, pasa.—

 

Se saludaron. El más alto guío al otro hacia la puerta del baño de la planta baja, y le pidió que esperara mientras iba a buscar ropa de cambio en su habitación. No tardo mucho, regreso con unas sandalias y un pijama correspondiente del caballero.

 

—Ten, no quiero que mojes todo, o que te enfermes.—

—Gracias Killer, supongo.—

 

Al darse cuenta de que el otro tardaría en salir, el cazador de slimes se trasladó a la sala de estar en busca de calor, sentándose su sofá, y para matar el tiempo mientras esperaba a su pareja.

El crujido de las sandalias de bambú resonó detrás suya. Farfadox, ya secó y cambiado, se apoyó del respaldo e inclinó su cabeza para estar en el hombro de Killer, y a su vez, lo rodeo con sus brazos para abrazarlo. K correspondió el abrazo, usando su mano derecha para tomar las manos ajenas y con su izquierda depositándola en la mejilla de F. Farfadox dirigió su mirada en el rostro inexistente de Killer. Había pequeñas ondulaciones en donde se supone que estarían los ojos y la nariz de su amado. guiándose solo por su cara era imposible diferenciar un estado de ánimo de otro, pero tenía sus características orejas puntiagudas, las cuales servían de reflejo del estado de su portador.

Sus orejas están alineadas, rectas, no inclinadas un poco hacia adelante u atrás, como también, no estaban ni muy caídas ni muy animadas: reflejando que Killer está experimentado calma junto a un pequeño toque de alegría.

El silencio —ignorando el fuego encendido y la tormenta del exterior— reinaba en la base, ellos dos solos, pasando un tiempo a solas. K observo con más detenimiento el rostro, negro como el vacío, de su amado: por obvios motivos su casco había sido retirado tras su cambio de prendas y esto le permitía al pálido admirar mejor cada centímetro del otro.

Esa gema, tan esplendente como su amor mutuo, incrustada en el centro de la frente del otro: sin duda alguna es lo primero que observa cada que tiene la oportunidad de ver a su enamorado sin la cárcel hecha de metales qué escondía su rostro. Sin una cara que expresar aún Farfadox podía sentir una sonrisa en Killer, una sonrisa cálida, amorosa, maravillosa.
Ambos, sin percatarse, fueron acortando la brecha de vacío que había entre ellos, de una manera tan lenta e interminable, vista desde cualquier otro punto, pero que para ellos era todo lo contrario.

La frente de los enamorados se chocaron: Killer se tensó un poco, nunca se acostumbraría a la punta puntiaguda presionando en su frente, pero, extrañamente, lo disfrutaba. Por otra parte, Farfadox, su zona más sensible estaba en contacto con la otra piel, siendo una sensación inefable, no existían palabras para explicar lo mucho que le maravillaba eso. El principal enemigo de los creepers cortó su —lo que ellos llamaban— beso: esto genero un sonido de queja proveniente del caballero, que había anhelado que ese momento durará toda la eternidad, tal y como lo hacía cada vez que se "besaban". Pero Killer no había terminado.

K se reacomodo, ahora teniendo una posición más cómoda enfrente de F. Sus rostros se miraron y Killer palmeaba el sofá.

 

—Ven para acá, siéntate.— Sugirió el tipo de pijama gris. Cosa que, sin responder con algún sonido, Farfadox acepto.

 

El tipo de la flama obscura se enderezó y rodeo el mueble para sentarse cara a cara al amor de su vida. Algo que no le agradaba mucho a F de esta ubicación, era que se hacía más notoria la diferencia de altura de ambos, sintiéndose tan pequeño e indefenso a comparación del otro, no solo por estatura, sino porque en general se sentía desprotegido sin su armadura. Este pensamiento siempre era efímero, ya que siempre algo o —en este caso— alguien lo sacaría de su mente.

K uso sus manos para calmarlo, sostuvo las palmas del otro con tanta elegancia, las mimó, las acarició y las apretó hasta que F volvió en sí. Continuo con este patrón hasta que las flamas mostraron la calma de su dueño.

Su vista volvió a centrarse en la anaranjada gema. Tomo el rumbo que habían pausado, pero esta vez, con más velocidad rozó la piedra preciosa.

A Killer nunca le importo el hecho de no contar con una boca, al fin y al cabo su cuerpo funcionaba de una forma que no se le era necesario poseer una, pero en estas ocasiones, anhelaba haber nacido con unas, con el propósito de llenar sus: manos, cuello, rostro, frente y, en general, cada centímetro del cuerpo de sus seres más amados, pero era demasiado pedir y era consciente de ello. A pesar de esto, a contra posición, le fascinaba estas situaciones, le recordaba que él y ellos tenían una forma única de expresarse sus sentimientos sin la necesidad de unos labios.

Farfadox retiro las manos ajenas y volvió a acomodarse, esta vez, sentándose en la falda del más alto, sintiendo el calor del otro. Aferro sus piernas al torso de Killer y aferro sus manos en los hombros del mencionado. Killer, guío las yemas de sus dedos hacia el rombo naranjado. Aún con la frente puesta, masajeo los alrededores de la piedra brillosa con sus pulgares y el resto de sus dedos sosteniéndose, con tanta delicadeza, como si temiera que si aplicará cualquier tipo de fuerza este se fragmentará.

Farfadox se derritió bajo su agarre y caricias, sintiéndose más amado, apreciado y adorado como nunca. Si él fuese un hombre gato hubiese emitido un tierno y sereno ronroneo.

F cerró sus ojos blancos ojos, intensificando la sensación de estimulación qué recibía y solo un suspiro que no sabía que contenía. Se sentía protegido bajo sus toques, se sentía en las nubes en cada de estas situaciones. Pero el caballero no se quedó sin hacer nada, más que suspirar y relajarse, decidió usar sus manos para regresar las caricias a Killer y eso hizo. Movió sus dedos y los enredo en el cabello más blanco qué cualquier cosa que pudiese existir. Acarició, movió y demás por cada pelo que hubiese en la cabeza del otro. Las orejas de K cambiaron, ahora estaban apuntando al suelo y ligeramente inclinadas hacia adelante, reflejando un nerviosismo pero también esa sensación de sentirse seguro bajo el toque de alguien.

No se detuvieron por... quien sabe cuanto tiempo ¿diez o veinte? Tal vez ¿treinta minutos? O incluso más, no importaba, ellos ya habían perdido noción de este desde que se cruzaron por primera vez hoy.

K fue el primero en —volver a— separarse, algo adolorido de estar tanto tiempo en esa posición, y no era el único, similar pasaba con F: aunque este para el momento de que el otro se alejó, se quejó, si fuese posible le hubiera encantado seguir estando así, mimoseandose de forma mutua.

El de ropa de tonos grises bostezó, bajo la misma lógica de como hablan, para casi de inmediata el de pijama colorido lo imitaba.
Abrazo a Farfadox y se acostó para atrás, descansando su cabeza en la base del reposabrazos. F se aferró del pecho del más grande. Los dos se sentían cansados y debido al calor, el ruido externo de la lluvia y lejanos truenos, como también la compañía del otro, no ayudaban a no querer caer dormidos para este momento. Pero paso.
Poco a poco, lento como un caracol, fueron cerrando —en realidad solo Farfa— sus ojos, y K también... sea como sea que este durmiese. Ambos fueron abducidos por su propio sueño, las respiraciones se ralentizaron, la flama y las orejas puntiagudas se aflojaron.

Pero antes de dormirse por completo, el caballero susurró unas palabras.

—Te amo.—