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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationships:
Additional Tags:
Language:
Español
Collections:
Bingo_Musical
Stats:
Published:
2025-08-18
Words:
1,187
Chapters:
1/1
Kudos:
1
Hits:
25

(08/09)Ella se ha ido

Summary:

Zelda pronto sería la reina de Hyrule y por eso no sonreía más, porque su tiempo con Link debia terminar, pero no sería así para Sheik

Notes:

Songfic con base en el cover de "Kara Sevda" de Martin Barman Music

Work Text:

En el reino de Hyrule, la paz siempre había sido frágil pero nada se comparaba con la calma inquietante que se sentía durante los días previos a las coronación de Zelda como reina.

El pueblo estaba preparado para celebrar la llegada de una nueva era pero en las sombras se entretejia un plan oscuro

 

Era una mañana radiante cuando Zelda, en una elegante túnica blanca, decidió dar un paseo por el jardín del castillo en búsqueda de un momento de tranquilidad antes de asumir su nuevo rol.

Sin embargo, al tomar asiento cerca del lago, ella no vio su reflejo; sino el de un joven sheikah; una raza supuestamente extinta pero que ahora estaba frente a ella en un reflejo de piel ligeramente bronceada y una sonrisa de libertad que cimbró a la aún princesa.

 

“¿ Quién eres?” Zelda elevó su voz y sintió un escalofrío recorrer su espalda al percatarse de cómo la proyección inoportuna imitaba sus movimientos del otro lado del agua.

 

La princesa sintió que el otro le respondería, pero antes de que el encuentro pudiera continuar,el aire se llenó de una energía eléctrica.

 

En un parpadeo, Zelda sintió una sombra rodearla y la imagen en el lago desapareció.

 

Al mismo tiempo, Link, el héroe de Hyrule y el eterno guardián de las fuerzas del reino estaba entrenando en el castillo para encabezar el desfile en honor a la nueva reina, pero una sensación de inquietud lo invadía. 

Algo no estaba bien y ese presentimiento fue una certeza cuando él escuchó el grito desgarrador proveniente de una sirvienta porque la princesa Zelda había desaparecido.

 

El joven esperó pacientemente a que la doncella lograra calmarse para entregarle una prenda de algodón teñida de índigo, con apariencia de velo y turbante.

 

Una prenda bastante larga que bien pudo usarse para amarrar y secuestrar a la princesa a través de los muros del castillo.

 

 

— Estaba arreglando el cabello de su alteza cuando un extraño varón apareció y luego ella…ella ¡ desapareció!— La sirvienta limpió sus propias lágrimas y Link asintió para darle espacio e ir en búsqueda del rastro de la joven que se fue marchitando conforme el día de su coronación se acercaba.

 

Y a decir verdad, él no podía culparla porque no existían palabras para expresar la agonía de saber el mundo a salvo pero su unión siendo prohibida debido a que Zelda era la princesa de setenta y cinco generaciones de pureza y Link, un simple mortal que por su papel destacado en el conflicto contra Ganondorf podría permanecer junto a Zelda como su guardián, pero jamás como su igual, como su compañero de vida.

 

Link actuó con rapidez, movilizó a los soldados y se dirigió al bosque Kokiri en búsqueda de respuestas.

 

Allí no hubo nada y fue lo mismo día tras día hasta que comenzaron las habladurías de un muchacho que parecía no creer en las fronteras y límites. Link escuchó antes de actuar y su corazón estaba dividido entre su lealtad y amor hacia Zelda y la protección a Hyrule, lo más valioso para su princesa.

 

Link tomó a Epona y comenzó a reunir piezas de información que parecían un rompecabezas imposible.

En cada pueblo que él visitaba, escuchaba rumores sobre la figura enigmática de Sheik. 

Los aldeanos hablaban de pociones, profanaciones a los templos sagrados.

 Link respiró tranquilo; al menos no hubo más desapariciones y aunque el pueblo continuaba pendiente de cualquier información acerca de su princesa, Link confiaba en su amada.

 

 

Finalmente, Link se enteró de que Sheik había sido visto en las Ruinas de Gerudo, un lugar peligroso y lleno de trampas. 

Al llegar, él de inmediato se sintió observado. 

Las sombras danzaban a su alrededor, y el aire estaba cargado de tensión. 

 

 

Fue entonces que el enigma se deslizó en el aire y le hizo frente en duelo al experimentado guerrero.

 

 

La batalla comenzó, con espadas chocando y sombras envolviendo el lugar. Durante el enfrentamiento, Link pudo ver algo en el rostro de Sheik: angustia. 

Y al final de la lucha, ambos estaban agotados, y Link, en un momento de compasión, le preguntó en lenguaje de señas: 

 

"¿Por qué haces esto? ¿Qué quieres realmente?”

 

 

— ¿ Has venido a salvar a la reina?— El muchacho pareció mofarse y Link pasó el filo de su espada por las vestiduras de su acompañante—¿ O has venido a detenerme? — El chico dijo con dos de las tres piezas que las diosas de oro entregaron a los mortales.

 

— No tenías por qué hacer esto — Link soltó la espada para sujetar el rostro de Sheik, quien intentó retroceder, esconder su anhelo 

 

— No tenía elección. Era la corona o una vida sin ti— Sheik respondió con la voz más aguda antes de recibir un beso de parte del guerrero que siempre fue consciente del por qué de la desaparición de la princesa que lo amaba aún más que a las ranas.

 

 

“Dejaste demasiadas huellas, me tomó tiempo borrar cada indicio” Link se expresó en el lenguaje de señas que únicamente Zelda y él conocían; así como el significado del shemagh como la prenda que los guardianes elegidos por la diosa Hylia llevaban contigo cuando decidían que era su hora de morir.

 

 

“Entonces, ¿Zelda está muerta?” Link preguntó en lenguaje de señas, poco acostumbrado a utilizar su voz.

 

Zelda se volvió hacia él, una sonrisa iluminando su rostro. Ella siempre había admirado la valentía y la determinación de Link, pero en ese instante, era su calidez lo que más le atraía.

 

—Link, yo nunca podría vivir sin ti aún si debo reinventarme, pero es que sin ti, no sé qué habría sido de Hyrule… de mí.— Zelda afirmó con determinación.

 

El héroe sonrió, sintiendo que las palabras de Zelda resonaban en su corazón. Se acercó un poco más, su mirada profunda y sincera.

 

Sin pensarlo más, Link tomó la mano de Zelda, sus dedos entrelazándose delicadamente. 

Se acercó, sintiendo el palpitar de su corazón, y la besó suavemente en los labios. 

Fue un beso que hablaba de promesas, de aventuras compartidas y de un futuro desconocido pero lleno de esperanza.

 

Zelda cerró los ojos, dejándose llevar por la dulzura y la calidez de ese momento. Cuando finalmente se separaron, ambos respiraban entrecortadamente, sus miradas llenas de emoción.

 

—Link… —Zelda susurró con una sonrisa nerviosa—. No sé qué decir, todo parecía tan correcto, incluso estar ahora a tu lado, pero mi gente, mi deber…

 

—No tienes que decir nada —respondió Link, su voz firme pero suave—. Sólo quiero que sepas cuánto te amo.

 

Zelda sintió que su corazón se expandía, y en ese instante supo que su amor por él era inquebrantable. Las palabras que había querido pronunciar durante tanto tiempo salieron de su boca en un susurro.

 

—Yo también te amo, Link— Zelda sintió su corazón estremecerse. El mundo perdió una parte de la trifuerza, pero ella había recuperado su corazón, sus ganas de vivir con la franca aceptación de Link en aquel plan alocado que algún día regresaría a explotarles en el rostro. 

Quizá cuando siendo marido y marido, Sheik comenzara a engordar y luego tendrían que explicar por qué había un bebé con ellos.