Chapter Text
No sabía qué era esa emoción que se estaba arremolinando desde el interior de su núcleo.
Su aroma estaba fuera de control; el algodón de azúcar era opacado por el ácido de la naranja.
Sus manos temblaban y eso no debería suceder.
¿Algún error en su código?
¿Estaba defectuoso?
¿Esa era la razón por la que no podía satisfacer a nadie?
¿Era un error que debía ser reemplazado de manera inmediata?
Su vista fue bloqueada por sus dientes mientras trataba de refugiarse en la oscuridad que le brindaba la parte trasera del show.
Satisfacer.
Esa era su única labor.
Su única tarea.
Su único propósito.
Ese que estaba tan arraigado desde su base. Lo que los humanos llamaban instinto.
Un Omega Puro.
Un rol asignado, que le recordaba constantemente que solo está allí para servir.
Y él no ponía resistencia.
Él, de verdad, quería brindar placer por medio de sus aventuras.
Dolor.
Pánico.
Miseria.
Es lo único que ocasionaba.
Sus dedos ya no respondían como antes, y pequeñas líneas blancas comenzaban a cruzarlos como si su textura se estuviera rasgando desde adentro.
Sus guantes fueron manchados.
¿Qué era eso?
Tomó sus ojos de su lugar flotante, curioso. Ahora eran más brillantes; no era como la animación que solía salir para demostrar una gracia extrema.
Lágrimas.
Eso le decía su base de datos.
No puede ser, las lágrimas solo surgen cuando estás demasiado feliz... Cuando te derrumbas en el suelo y no puedes hacer más que soltar carcajadas hasta quedarte sin aire.
Eso le decía su programación.
Eso es lo único que conocía.
Aunque sabe que no se siente feliz.
Es raro.
Se llevó una mano al pecho; está subiendo y bajando demasiado rápido... Como si algo le presionara, aunque no tuviera pulmones.
La cola de su traje tiene algunos destellos negros y verdes.
Su alrededor está parpadeando, y un pequeño gloink cae por una grieta.
Peligro, lo reconoce de inmediato.
Su aroma es demasiado agrio.
Eso está mal, espantaría.
Su alrededor se desmorona, igual que sucedió cuando Zooble le contó una verdad que hasta ahora dolía.
"A nadie le gustan tus aventuras"
Sus dientes chasqueaban, se tomó de la cabeza, más lágrimas fluyendo.
Debía parar esto.
Si no, llegaría donde sus jugadores.
Los lastimaría, otra vez.
"Es un producto defectuoso"
¿Quién dijo eso?
No importa, debía concentrarse, enfocar el desastre en una sola zona, que lo dañe a él y no al resto.
"Reiniciamos proyecto... C.A.I.N.E"
Duele... Duele demasiado.
Su cuerpo cae de manera brusca al suelo; su traje elegante junto al sombrero arrugado ahora parpadea de manera errática.
Ya había pasado por eso antes. Él lo sabe, solo que lo ignora; debe ignorarlo.
Solo cumplir.
"Prueba 509, se ha logrado demostrar sensibilidad... Sin embargo, responde demasiado bien ante los estímulos "
No debe fallar.
Ellos volverán.
Ellos lo tomarán.
Ellos lo pagarán.
Lo reiniciarán.
Tomarán su código y lo desharán.
Una y otra vez.
Hasta que ya no sea él.
Cómo lo hicieron antes, y lo volverían a hacer.
"AHHHHHHHHHHHH"
Sabe que nadie debe haberlo oído; su lugar siempre era inalcanzable para el resto.
Su interior le quema, su lengua se siente seca; nunca se había sentido seca, solo conocía la palabra seca por el simple hecho de su definición en su gran base de datos.
Golpeó su pecho con desesperación. No sabía cómo detener aquello. No sabía cómo escapar de sí mismo.
"Bu-bubble..."
Quiere pedir ayuda, porque todo le arde, le hormiguea, se contrae, al igual que el glitch a su alrededor, el que se esfuerza por no esparcir.
A su alrededor, el circo sigue: luces deformes, colores invertidos, voces lejanas de niños riendo mezcladas con un eco distorsionado de su propio nombre.
"Ayuda..."
Chasqueó los dedos. Una, dos, tres veces. Pero Bubble no aparecía.
"¡Caineeee!"
Uno de sus múltiples ojos esparcidos por el mapa captó un movimiento.
"He... ¿Hola?"
Ragatha.
Le estaba hablando directamente a uno de sus globos oculares flotantes, con una sonrisa nerviosa; se frotaba las manos como si estuviera debatiendo mentalmente en seguir con lo que estaba haciendo.
Una descarga de electricidad pareció recorrer la espalda de Caine; se veía... [Feliz] No, se veía... [Feliz].
Sus dientes se fruncen más; sabe que esa no es la palabra.
Su cabeza le da vueltas.
Normalmente, su programación no le permite acudir a llamados directos; sin embargo, ahora su programación no es del todo estable.
Toma su bastón, que no sabe en qué momento soltó, entre sus dedos y lo usa para levantarse; trata de flotar, solo para caer de manera patética una vez más.
"Satis... facer..." -susurró, su voz cortándose como un casete viejo- "Solo... debo... cum...plir..."
Vió a la muñeca de trapo alejarse, rendida por no recibir respuesta. El Omega se puso de pie nuevamente, colocando el sombrero en su lugar y, con un último empujón, obligándose a flotar.
Lo logró.
Reunió todas sus fuerzas y con un último chasquido apareció frente a la pelirroja.
"¡Hola!" -el de ojos bicolor apareció con confeti tras de sí- "¡Ya estoy aquí!"
Como siempre, su aroma a algodón de azúcar acompañándolo.
Ocultando lo amargo.
"¡Ahhh!" -Ragatha cayó de espaldas.
Ok, parece que la asustó.
"Lamento mucho la tardanza, querida" -Caine forzó su mejor sonrisa mientras jugaba con su sombrero de copa- "¿Qué deseás?"
El aroma a vainilla llegó a los sensores del más bajito; debe reconocer que siempre le pareció curioso que una de sus mejores huéspedes no deje que el resto disfrute de la tranquila fragancia que emana.
Ella suele ocultar su perfume, como si no quisiera presumir de la casta que tuvo el privilegio de tener.
Para ser una Alfa, la muñeca tenía un aroma muy... ¿Amable?
"Oh, Caine..." -soltó una risita pequeña, mientras se ponía de pie sacudiéndose su vestido- "Lamento si llegué a molestar... Debes tener, uh, cosas que hacer"
"¡Mi trabajo es mantenerlos estimulados!" -dio una pequeña vuelta en el aire; su cuerpo le dolía como el demonio- "¡Así que no debes disculparte!"
"Bueno, en ese caso..." -la sonrisa de la más alta se fue desvaneciendo de a poco, una mueca de [felicidad] apareciendo- "Pomni, pidió... Un nenúfar"
"¿Eh?" -sus ojos flotantes se cruzaron completamente confundidos- "¿Cómo dices?"
"Un nenúfar"
"B-bien..." -rogó mentalmente que esta vez su chasquido logre funcionar- "De... Inmediato"
Cerró sus ojos mientras temblaba, cosa que hizo que Ragatha inclinara la cabeza.
Bubble apareció.
"¡Jefe!" -gritó la pequeña burbuja morada, con sus ojos como espiral- "¡Estoy mareado!"
"Oh, Bubble..." -no podía ocultar el gran alivio en su voz; es probable que la pobre esfera haya estado apareciendo en lugares al azar todo este tiempo- "¿Puedes, por favor... Llevarle algunos nenúfares de la utilería a nuestra bufona?"
"¡Claro, jefe!"
La burbuja asintió con entusiasmo, alejándose sin evitar chocar con algunas cosas.
"Ahora que mi tarea ha terminado... ¡Me voy reti...!"
"Caine, ¿crees que soy mala persona?"
El aroma de Ragatha se hizo algo amargo, ese toque a té que solo percibió una vez hace mucho, haciéndose más fuerte.
No le gustó.
"¿Tú? ¡No me hagas reír! ¡Eres la persona más buena que conozco!" -se acercó más al suelo, colocándose boca abajo para tratar de hacerla reír- "¿Por qué preguntas?"
"Entonces, si no soy mala persona... ¿Por qué... Siempre me quedo sola?" -la muñeca se derrumbó en el suelo, mientras se abrazaba- "No importa cuánto lo intente... Siempre, termino sola..."
Ella estaba... [Feliz].
No.
Ella estaba [Feliz].
Se quedó mirando a la Alfa en el suelo, sin saber qué decir realmente, aunque en realidad sí sabía cómo se sentía.
¿Soledad?
"Seguro no me entiendes..." -Ragatha le dio una pequeña sonrisa cansada al anfitrión- "Es normal, tú... No conoces..."
"¿El sentimiento de vacío?"
Caine cerró la boca y se cubrió con las manos.
¡Se supone que no debe hablar de eso!
"Sí... ¿Tú puedes sentirte solo?"
"¡Ya-ya no hablemos de eso!"
Estaba muy nervioso; ya se había logrado calmar, y ya se está alterando nuevamente.
Su apariencia empezó a fallar.
"¿Caine?"
El aire, aunque no real, estaba pesado. Su aroma a algodón de azúcar se veía sofocado por una neblina densa, ácida, como humo de naranja fermentada.
La pelirroja nunca había percibido ese toque amargo en el de ojos bicolor.
Era tan extraño.
"Eh... Mírame"
Dejó de flotar y cayó de manera brusca al suelo.
"¡Caine!"
El Omega temblaba. Sus ojos flotantes brillaban más de lo normal. No con ese brillo curioso que a veces se le hacía tierno; eran lágrimas.
"Duele..." -Su voz surgió como un hilo roto.
La más alta lo tomó con delicadeza, a pesar de que la naranja ácida le esté quemando las retinas.
El lugar a su alrededor parpadea, aunque sorprendentemente en un solo lugar, como si ese pequeño ser flotante estuviera evitando con todas sus fuerzas no llamar la atención.
Le partió el corazón.
Caine apenas la escuchaba; todo lo que podía sentir era su propio aroma haciéndolo temblar.
Entonces una mano se entrelazó con la suya.
Un leve olor se deslizó por los bordes de su desastre.
Vainilla y té caliente.
Cálido. Suave. Profundo.
Y el caos... se detuvo. Solo un poco.
"Todo está bien, estoy aquí..."
"¿Me odian?" -apenas separó sus dientes para poder observarla- "No quiero que me odien..."
Ella desvió un poco la mirada, debatiendo internamente si mentirle o decirle la verdad.
Nunca había visto al Omega así de vulnerable.
"No te odiamos..." -apretó su mano con suavidad, mientras lo acomodaba más en su regazo, apartando el bastón con cuidado para que no lo lastime- "Simplemente, no logramos entender... Tu mente tan creativa"
Los ojos bicolor se llenaron de más lágrimas.
"No sé qué me pasa..." -se acurrucó más en el regazo de la más alta, sus brazos pequeños aferrándose al vestido como si fuera su único ancla. Quería perderse en el calor que ella irradiaba, un calor que solo él lograba percibir- "No estoy feliz..."
"Es normal..." -la Alfa murmuró con voz suave, envolviendo aún más su cuerpo en un abrazo protector. Una mano tomó con cuidado el sombrero de copa que seguía terco en caer sobre la cabeza del más pequeño. Su aroma a vainilla envolviendo el espacio entre ellos- "No puedes estar feliz todo el tiempo"
"Ustedes están felices todo el tiempo..."
Ragatha arqueó una ceja, divertida.
"Bueno... Gangle es muy expresiva..." -soltó una risa bajita, casi melódica- "Es el mejor ejemplo..."
"Pero... ella es la más feliz de todos..."
La Alfa parpadeó.
"Caine... ¿Sabes qué es estar triste?" -le giró el rostro con sumo cuidado, sus dedos templados rozando el borde de su mandíbula- "¿Sabes que estás llorando, verdad?"
"¿Triste?" -el agrio volvió de golpe, su cuerpo entero temblando, tratando de hacerse invisible- "¿Llorar?"
"Estás teniendo un ataque de ansiedad..." -lo dijo sin adornos, porque la verdad era necesaria en estos momentos- "Shh... Estoy aquí... respira conmigo, ¿sí?"
La realidad la golpeó como un balde de agua fría.
Caine no sabía.
Aquel que todos creían incapaz de empatía, que se reía del caos que él mismo ocasionaba, no tenía idea de lo que era llorar.
No sabía que el nudo en su pecho tenía nombre. Que el temblor en sus extremidades no era un fallo del sistema.
Era pánico.
"Bien, pequeño... Mantén tus ojos en mí" -Ragatha inclinó su cuerpo, bajando hasta estar casi a su altura. Sus dedos acariciaron con ternura lo que sería su mejilla, en círculos lentos y repetitivos, como si trazara un mantra sobre su piel. El dulce aroma de su esencia, reconfortante, se expandió suavemente para envolverlo, borrando la mezcla confusa del Omega- "Dime... ¿Cómo me veo?"
"T-tienes un botón..." -respondió con dificultad, su mirada luchando por enfocarse, pero obediente- "Y... un lazo..."
"Lo estás haciendo muy bien" -ella le sonrió con calma, dando leve toque en la punta donde debería estar su nariz, antes de acariciar su cabeza con palmadas- "¿Qué más?"
Mientras el Omega temblaba, Ragatha deslizó una mano hacia su pecho. Con movimientos firmes pero cuidadosos, masajeó el área para intentar calmar el ritmo acelerado de su corazón.
Ella conocía esa sensación.
Los gritos de su madre aún la visitaban en sueños. La oscuridad de un cuarto cerrado, el peso de las paredes acercándose.
Claustrofobia. Ansiedad. Soledad.
Nadie la ayudó entonces.
Pero ella sí podía ayudar ahora.
Caine terminó de describirla, incluso su nariz en forma de triángulo, con la voz entrecortada, pero su aroma se había suavizado. El aire alrededor de ambos era más liviano.
"¿Mejor?"
"Un... poco..." -susurró él, aún tenso, pero menos que antes- "Lamento haberte hecho lidiar conmigo..."
"Cualquiera hubiera ayudado..."
Mentira. Y lo sabía.
Pero no quería ver otra lágrima en esos ojos bicolor.
"No tienes que mentir..." -el anfitrión llevó su mano al pecho, encontrándose con la de ella, temblando como si fuera de cristal- "Ninguno tiene un recuerdo bonito de mí..."
Ragatha tomó su mano con firmeza y la guio con cuidado hasta su propio pecho, permitiéndole sentir el ritmo estable de su corazón.
"¿Recuerdas la vez en que decidiste celebrar mi cumpleaños?"
Caine abrió los ojos como platos. Pensó que ella había detestado ese día.
"Puede que al final el pastel explotara en mi cara... y que Jax destruyera los regalos..." -sus dedos acariciaron los del pequeño bajo su palma- "Pero fue el día más bonito, porque nadie se había esmerado en celebrar verdaderamente mi nacimiento"
El aroma a algodón de azúcar brotó como una ráfaga cálida y se entrelazó con la vainilla.
Los ojos de quien estaba en su regazo brillaron como nunca antes había pensado y, contrario a toda lógica, pudo ver un rubor flotando.
"¿Quieres que nos quedemos así un rato más?"
Asintió de manera tímida, algo adorable para la pelirroja, llevando su otra mano entrelazada a su pecho, imitando la acción de la más alta.
Se quedaron un momento en silencio, dejando que el aroma dulce los envolviera y sintiendo los latidos lentos del otro.
Caine apenas podía mirar a la muñeca a los ojos, así que solo los desvía sin saber si quería desaparecer o permanecer en ese lugar para siempre.
"Cuéntame, ¿Qué te gusta hacer?" -la Alfa sonrió, dándose cuenta de que es la primera vez que en realidad está teniendo una conversa decente con el Omega- "¿Algo que te guste además de crear aventuras?"
"Crear aventuras es mi arte, la única razón para la que existo y soy útil..." -la IA respondió más rápido de lo que le hubiera gustado- "Si no lo hago... No tendría ni la más pequeña justificación seguir"
"¿No tienes otros pasatiempos?" -no le está gustando mucho lo que oye, no puede evitar verse a sí misma cada vez más con cada palabra que sale de la boca ajena- "¿No hay algo que te guste hacer por... Cuenta propia, sin presión?"
Caine apretó más las manos ajenas.
"Me gustan mucho las abejas..." -lo dice casi susurrando, como si fuera un crimen hablar de algo que disfrute por sí solo- "Suelo dibujarlas..."
"¿De verdad?" -acaricia la mano en su pecho con su pulgar, instando en silencio a continuar- "¿Me podrías mostrar?"
El algodón de azúcar se agitó en el aire.
Se enderezó con cuidado en el regazo de Ragatha, quiso estirar su mano para tomar su sombrero en el suelo y sacar su libreta, solo para darse cuenta de que sus dedos aún seguían entrelazados. Miró sus manos unidas con una concentración sorprendente.
"¿Caine?"
El Omega mantuvo la vista fija en sus dedos entrelazados, como si acabara de descubrir que tenía manos. Las suyas, tan grandes y extrañas comparadas con las de Ragatha, parecían encajar con delicadeza absurda en aquel agarre cálido.
No sabía por qué le parecía tan... reconfortante.
¿Siempre había sido así de bonito sostenerle la mano a alguien?
¿Alguna vez lo habían tomado de la mano?
Sus mejillas ya no ardían, le quemaban.
"Quiero mostrarte... pero tampoco quiero soltarte..." -murmuró no queriendo ser verdaderamente escuchado. El rubor haciéndose más intenso, desviando la mirada.
Ragatha sintió un vuelco en el pecho. Sus mejillas se calentaron sin explicación lógica. Un chillido interno sonando a todo volumen en su cabeza.
Por fuera, solo parpadeó... una vez, dos... y sonrió.
¿Desde cuándo Caine podía ser así de... adorable?
"Solo será un momento..." -la pelirroja dio una risa nerviosa- "Siempre tienes mi otra mano..."
El más pequeño apretó más la mano de la mujer sobre su pecho, mientras que la otra sobre el pecho de ella se iba separando.
De manera lenta, como si estuviera partiendo de su lugar seguro.
El sombrero estaba lejos.
"Te ayudo" -dijo en voz baja; vio dónde se dirigía la mirada bicolor y, estirándose con cuidado, trató de recoger el sombrero sin romper el contacto de sus manos- "Solo un segundo"
El gesto fue torpe pero efectivo. Caine soltó una risita apenas audible; nunca había escuchado un sonido tan sincero brotar del otro. Tuvo precaución de no separarse demasiado.
Cuando alcanzó el sombrero, Caine lo tomó con su mano libre, dejó el accesorio en sus piernas y exploró el interior con movimientos exagerados.
"¡Tarán!" -susurró, como si hubiera hecho un acto de magia- "¡Dibujos!"
La libreta estaba gastada de los bordes; se notaba el uso constante.
Aunque, lo que de verdad llegó a sorprenderla fue que cada una de las páginas amarillas que le mostraba el Omega con entusiasmo, estaba salpicada de dibujos.
Abejas.
Muchas abejas.
Unas realistas, otras caricaturescas. Algunas parecían bailar, otras llevaban moñitos, y una, al fondo, tenía una corona diminuta.
Ragatha soltó una risita suave.
"¿Esa es... la reina?"
"Se llama REINA BLUE" -respondió serio, como si fuera obvio- "Gobierna la Colmena Azul. Es... muy estricta con los horarios de polinización"
"¿Las dibujas mucho?" -preguntó la más alta con curiosidad, al ver el estado del cuadernillo entre las manos enguantadas.
El Omega asintió con una timidez que no era muy común en él.
"Me encantan. Son organizadas, eficientes, elegantes... Y hacen cosas dulces" -bajó la voz, apretando más su mano contra la de Ragatha, sus ojos fijos en la libreta- "Me gusta pensar que... que si fuera algo más, tal vez podría ser una abeja"
Ragatha se quedó en silencio unos segundos.
Luego sonrió, casi con orgullo.
"¿Sabes?" -murmuró ella, su voz ya más animada, como si quisiera compartir un secreto de su infancia- "En mi casa... teníamos abejas"
Caine hizo girar su cabeza tan rápido que hubiera salido volando.
"¿Abejas... de verdad?"
"Colmenas, en realidad. Mi familia criaba abejas... Era parte del trabajo de la granja" -rió por lo bajo encantada de que el aroma a algodón de azúcar se esté volviendo más dulce por su causa; era diferente, era mucho más agradable- "Había tarros enteros de miel por todas partes"
Los ojos del Omega se agrandaron.
Y luego...
"¡¿Tenías abejas?! ¡¿DE VERDAD?! ¡¿DE LAS QUE ZUMBAN Y HACEN MIEL Y VUELAN ASÍ?! -imitó el sonido bzzz con una manita levantada.
"Sí, de esas"
"¡Aaaaaahhh! ¡Eso es lo mejor que me han dicho en TODA mi existencia!"
"A mí me encantaban" -siguió, la mano ahora libre, sin darse cuenta, descansando en la cintura de Caine- "Bueno, menos cuando se metían a mi pelo... por no llevar el traje protector"
"¡Eso es una señal de amor, Ragatha! ¡Si una abeja se te acerca es porque te quiere!"
"¿Por qué dices eso?"
"¡Porque las abejas solo se acercan a lo dulce!"
Ella ya no sabía si reír o preocuparse, pero el ver cómo los ojos de Caine brillaban otra vez.
"Entonces, lamento decirte que yo ya te he superado en el hecho de volverme una abeja" -carcajeó, su aroma a vainilla flotando con un aire juguetón.
"¿Por qué?"
"Porque... Ya estoy rondando cosas dulces..."
Caine está humeando literalmente de vergüenza.
"E-eso, fue algo completamente fuera de lugar" -sus palabras casi se tropiezan con su lengua- "Me-me tomaste desprevenido"
Ragatha acarició de manera instintiva la cintura del otro.
"...¿Puedo saber más?"
El Omega tragó saliva, pero asintió.
El humo sigue saliendo de su cabeza, pareciendo ser el único de los dos que se da cuenta que hay un mano en un lugar equivocado, y sin embargo, no puede molestarse.
Más bien, está ilusionado, ya que, por primera vez en mucho tiempo, alguien quería conocer su mundo.
"¿Qué está pasando... Aquí?"
Una voz conocida se filtro en su pequeña burbuja.
Zooble.
"¡NO ESTÁ PASANDO NADA!"
Caine empujo a Ragatha tan fuerte que hizo que la espalda de la muñeca chocará contra el suelo de manera brusca.
"¡HOY NO HAY AVENTURAS!"
Salió flotando a una velocidad sorprendente, hechando humo como un tren.
La Beta se quedó procesando la escena.
"¿Me vas a decir qué pasó?"
La pelirroja se incorporó con lentitud, con un pequeña sonrisa en su rostro, sobándose la cabeza.
"Creó que es algo, que pronto se darán cuenta"
Mientras las dos jugadoras se miraban con confusión.
El maestro de ceremonias se fue a refugiar a su camerino tras bambalinas, sin poder creer lo que acababa de suceder.
Alguien, después de décadas... Habló verdaderamente con él.
Alguien, había prestado atención a lo que decía.
Y eso, para él, era más dulce que toda la miel del universo.
