Actions

Work Header

Los cuatro primeros besos

Summary:

Craig Tucker y Tweek Tweak, amigos de la infancia, se han besado una única vez en su vida.

O dos, si cuentan aquella vez que estaban borrachos.
O tres, si cuentan aquella vez durante una película.
O cuatro, si cuentan aquella vez en el cuarto del conserje.

Pero ellos no solían contarlas.

Chapter 1: Primera vez

Chapter Text

Primera vez

La primera vez que se besaron no había sido más que un pequeño pico. Un colisión de labios, más que un beso. Una incómoda, pública y vitoreada colisión.

Había sucedido en una fiesta, jugando a la botella tras los incesantes ruegos de Clyde, quien estaba haciendo hasta lo imposible para terminar la noche con Bebe entre sus brazos. Tweek no había ido a muchas fiestas; pocas en comparación a las personas más antisociales de su grado, nulas en comparación a la cantidad de fiestas a las que habían ido y hecho su grupo de amigos más cercanos. Incluso Craig, su mejor amigo, que no solía ser amigable con nadie fuera del grupo y solía hacer sarcásticos y filosos comentarios a la mayoría de anfitriones en la escuela, solía ser invitado a todas las fiestas que se hacían, y él asistía a casi todas ellas en compañía de Tolkien, Clyde y Jimmy.

-Es un punto caliente de alcohol y hierba -le había dicho una vez, tras preguntarle porque asistía si no le agradaba casi nadie de su grado-. Más si es en la granja de Marsh.

Y, aunque Tweek sabía que esa era su razón para ir, junto con el aburrimiento que un pueblo tan pequeño como South Park creaba en cada adolescente los fines de semana, también sabía que ignoraba la razón por la que era invitado a cada una de ellas. Ignoraba que, desde que habían entrado a la preparatoria y había crecido casi 30 centímetros, su nombre no dejaba de repetirse en los grupitos de chicas rodeado de risitas y suspiros; Ignoraba que, desde que se había unido al equipo de fútbol americano de la escuela y había destacado en las jugadas la mayoría de chicos lo admiraban en silencio, y si no podían ser él, ser su amigo era la segunda mejor opción frente a las chicas. Por no mencionar que sus brazos se habían vuelto más firmes, su espalda más grande y su mandíbula más marcada…

O por lo menos Tweek creía que lo ignoraba, que desconocía su efecto en los demás porque nunca lo había visto tomar ventaja de ello. Nunca lo había visto con una chica. Y si ya había estado con alguna, nunca se lo había mencionado. No solían hablar de chicas, nunca. Era curioso, Tweek siempre pensaba, como desde hacía un par de años no había conversación que no acabara inevitablemente en pláticas de chicas con sus amigos, pero con Craig era diferente; con Craig podía hablar de todo y a la vez de nada sin aburrirse y sin parar, y realmente lo hacía, y sin embargo ninguna conversación nunca había terminado en la mención de una chica.

Pero era imposible que Craig Tucker, el Craig Tucker, nunca hubiese besado a una chica antes, por más que ese pensamiento lo incomodara de tan desagradable manera. Porque él era el maldito Craig Tucker, ¿Quién no quisiera estar con él? Con lo inteligente que era en física, con su adorable obsesión con el cosmos, con sus graciosos y sarcásticos comentarios que lanzaba sobre cualquier cosa o persona que le desagradara. Tan seguro de sí mismo, demostrado en la manera que realmente todos le importaban una mierda a excepción de sus amigos, y como le importaba una mierda incluso más grande lo que opinaran o dijeran de él. Y sus ojos tan azules, y su cuerpo tan fuerte…

Sí, era imposible que él no hubiese besado a alguien ya, solo que Tweek no se había dado cuenta porque él normalmente no iba a fiestas. A excepción de esta ocasión, el cumpleaños de Clyde, que Craig y sus amigos le habían rogado semanas que fuera, y que había logrado convencer a su padre de que trabajaría en la cafetería todos los días de las próximas dos semanas si le permitía salir más temprano ese sábado, y que Craig había ido a ayudarlo a limpiar mesas en sus últimos diez minutos para evitar caer en las manipulaciones de su padre para quedarse hasta el fin del turno de la noche.

Y por fin estaba en una fiesta con sus amigos, un sábado por la noche, por más inverosímil que le pareciera. Y la había estado pasando bien; primero, con una cerveza, que solo lo hizo hacer muecas por el sabor, después un shot, que le ardió en la garganta mientras sus amigos bromeaban, después, una bebida con jugo y alcohol, preparada especialmente por Craig para él, después, dos shots más repartidos por Kenny, tan generoso con las botellas de vodka que Clyde había logrado conseguir de alguna manera. Y, tras otro vaso rojo con jugo y particularmente cargado con algún alcohol que no podía exactamente descifrar, esta vez hecho por Jimmy, entre una fingidamente acalorada conversación con Craig sobre un videojuego, Tweek dejó de pasarla tan bien.

De repente, se encontraba en el segundo piso, en la puerta de la habitación de Clyde observando a varios otros chicos y chicas. Cuando, entre su mareo, la ansiedad comenzó a manifestarse nuevamente en él, instintivamente giró con un ya reconocible pánico en sus ojos hacia Craig, quien lo tenía sujeto descansando uno de sus brazos en sus hombros en un fraternal abrazo, aunque más que una muestra de cariño era un apoyo para evitar que el rubio se tropezara en los escalones que habían subido.

-Esto es una mierda -le susurró Craig en su nasal e incambiable voz, aunque Tweek podía detectar vagamente el tono tranquilizador que solo usaba con él-. ¿Qué edad tenemos? ¿Catorce?

Tweek no pudo responder, el pánico rápidamente adueñándose de su cerebro y sus pensamientos. Quería decirle que no quería jugar, que era infantil, pero, sobre todo, que moriría si se daban cuenta que nunca había besado a nadie. ¿Qué pasaría si lo hacía mal? ¿Se podía saber, se podía detectar? ¿Qué si a la chica no le gustaba y gritaba? ¡Estaban todos ahí! El grupito de Cartman jamás lo dejarían en paz. Pero, aun con todas esas preocupaciones congelándolo en su lugar, estaba seguro de que no podía decirlo, no podía decir que nunca había besado a nadie frente a todo el mundo. No podía decirlo frente a Craig. El pelinegro no apartó su vista ni su brazo de él ni por un segundo, su ceño fruncido con preocupación y poniendo incluso más nervioso a Tweek, cuyos espasmos involuntarios que habían desaparecido con el alcohol y las risas, estaban volviendo a él poco a poco. Craig desvió su mirada rápidamente a la habitación, escaneándola, y después la regresó a Tweek. El rubio pudo notar que iba a decirle algo, y sabía que le diría lo que necesitaba escuchar o que inventaría una excusa para sacarlo de ahí, pero cualquier cosa que Craig le iba a decir fue interrumpida por Clyde, que llegó hasta ellos dando un fuerte aplauso, haciendo que Tweek saltara en su lugar y soltara un agudo grito.

-¡AAAH! -gritó, retorciéndose para mirar a Clyde y haciendo que Craig dejara caer su brazo de sus hombros. El grito pareció llamar la atención de los demás, pues casi instantáneamente, incluso antes de que Clyde pudiera decirles cualquier tontería que quería decirles, Craig ya estaba siendo llamado al interior de la habitación, algunas chicas riendo mientras le indicaban exactamente donde sentarse. Y, aunque Craig no parecía realmente emocionado en adentrarse, el pelinegro obedeció en cuanto Tolkien le señaló que se acercara a él, sus ojos disparándose ansiosamente entre el círculo que se iba formando y Nicole.

-Relájate, Tweek, no va a llegar a tu turno antes de que se aburran, somos como quince personas -le dijo Craig, dándole un alentador golpecito en el brazo mientras se separaba de él y entraba a la habitación-. Y si te toca es solo un pico, no te preocupes.

-Eh, no -bufó Clyde a su lado, haciendo un ademan de extrañeza con la mano-. Mínimo diez segundos de lengua.

El poco color de sus mejillas desapareció, abriendo sus ojos con alarma y llevándolos de Clyde al círculo y después a Craig.

-¡Craig! -llamó Tolkien con urgencia, cruzando sus brazos frente a su pecho con sus ojos fijos en la alfombra del círculo, mirando con tal concentración que casi podía ser confundido por un ingeniero de la NASA controlando el aterrizaje lunar.

Craig levantó la mirada a Tolkien y giró los ojos con exasperación, comenzando a caminar hacia él con clara molestia.

-Está bromeando -le aseguró cuando pasó al lado de Clyde, dándole un golpe en la cabeza al castaño-. No lo estreses de más.

En cuanto Craig comenzó a caminar, Tweek tuvo el instinto de seguirlo, llevando uno de sus pulgares a su boca para mordisquear su uña. Pero, antes de siquiera adentrarse por completo en la habitación, Clyde lo detuvo, tomándolo del brazo y aumentando su mareo.

-Necesito que te sientes de este lado -le dijo, arrastrándolo hacia la pared, del lado contrario donde la mayoría de chicos seguían platicando de pie, lanzando furtivas miradas a los grupitos de chicas esparcidas por la habitación.

-¿Qué? -soltó confuso, intentando removerse del agarre sin mucho éxito. Clyde lo impulsó frente a él, sonriendo con la confianza que solo el alcohol podía darle.

-Mira, viejo, tú eres amigo de Bebe, ¿no?

-Supongo.

-Entonces se sentará junto a ti.

-¿Qué?

-Sí, viejo, es psicológico -Tweek frunció el ceño con confusión y Clyde pasó un brazo sobre sus hombros para susurrarle-. Bebe no quiere besarte, quiere besar a Craig. Todas quieren besar a Craig, entonces, cuando él se siente todas se sentarán del lado contrario, este lado. Tolkien se querrá sentar junto a Tammy porque no quiere besarla, quiere besar a Nicole que estará sentada en esa esquina del librero, por lo que Wendy se sentará al lado de Tolkien porque no quiere besarlo frente a Stan, entonces Jimmy se sentará en esa otra esquina porque matemáticamente es el lugar con las mejores posibilidades, y yo necesito estar sentado junto a Craig porque cuando Bebe intente girarlo hacia él caerá en mí.

-¡¿Qué?! -repitió el rubio, mucho más confundido que antes. La explicación de Clyde le había creado dolor de cabeza, pero el castaño parecía realmente satisfecho consigo mismo, mostrándole otra gran sonrisa y removiéndolo con emoción, empeorando su mareo y su dolor.  

-Confía en mí, es psicológico -le aseguró nuevamente y cuando Tweek lo siguió mirando con la misma perpleja expresión, Clyde volvió a hablar-. Si te sientas ahora mismo te ayudaré con lo que quieras, ¿A quién quieres besar tú?

-Nadie -contestó, desviando su mirada a cualquier otro lugar de la habitación e ignorando el flash azulado que surcó su mente por un momento.

-Perfecto, entonces haces esto mucho más fácil -Clyde, en un ágil movimiento que Tweek no esperó aún pudiera hacer en su embriaguez, lo tomó de ambos hombros y lo forzó a sentarse en el suelo.

Tweek se removió, luchando contra el agarre y esforzándose en pelear silenciosamente, reprimiendo cualquier quejido involuntario que se estaba situando en su garganta, temeroso de llamar más atención de la que ya había obtenido con su grito. Tweek realmente no permitía ser zarandeado físicamente de esa manera y sabía que era más fuerte que Clyde, pero hacía mucho tiempo no estaba tan borracho y que la habitación girara cada vez que movía sus ojos no lo ayudaba en lo absoluto. Finalmente se rindió, soltando su agarre de la chaqueta de su amigo y sentándose con las piernas cruzadas.

-Genial, gracias, viejo -le dijo Clyde con sarcasmo, dando un último golpecito amistoso en los hombros-. ¿Qué tal Red? Se tiene que sentar al lado de Craig, o sea que estará frente a tiii~ -cantaleteó.

Tweek disparó su mirada a Red, su cabellera roja haciéndola sobresalir entre el grupo de chicas con las que estaba. Y, aunque sabía que objetivamente era bonita, un rasgo que parecía correr en la familia de Craig, nunca le había parecido verdaderamente atractiva. Nunca de la manera en la que Jimmy una vez se había pasado 20 minutos describiendo y fantaseando. Clyde pareció tomar su silencio como un asentimiento, soltando una divertida risita antes de darle una última palmadita en la espalda.

-De nada -le dijo, casi corriendo al otro lado de la habitación para comenzar a guiar a todos disimuladamente a sus lugares.

El rubio se quedó en completo silencio, exceptuando uno que otro espasmo que lo atacaba en contra de su voluntad, jugueteando con los pellejitos de sus dedos alrededor de sus uñas mientras contemplaba la idea de besar a Red. No estaba tan mal. No le causaba mucha emoción o placer, pero no estaba mal. Red era agradable, igual de sarcástica que su primo, Craig. Tenía las pestañas tan largas como las tenía Craig y, si ya estaba pensando en sus similitudes, su cerebro no podía evitar comparar sus labios. Eran más carnosos que los de su primo, pero no parecían tan suaves como los del chico. Sintiendo un extraño nudo en su estómago, levantó su mirada de sus dedos con urgencia, buscando alguna distracción de sus pensamientos como tan seguido hacía. Sorpresivamente, levantó la vista para toparse que todas las predicciones de Clyde se estaban haciendo realidad. Y, viendo como Craig tomaba asiento delante de él, se dio cuenta de que el hecho de que Red estuviera frente a él significaba que Craig estaba también en ese extremo, de que la botella apuntara a Craig era una viable posibilidad. Su corazón se aceleró en cuanto conectó los puntos y no tuvo tiempo de descifrar porque el miedo que estaba acelerando su pulso se sentía tan reconfortante cuando cruzó miradas con Craig, el pelinegro observando con aburrimiento el círculo antes de mirarlo directamente a él. Tweek sintió el impulso de salir corriendo, y sabía que si alguien podía leer su desesperación era Craig, quien frunció las cejas en un silencioso cuestionamiento.

Tweek negó con la cabeza casi imperceptiblemente, su espalda enderezándose en un intento de evitar los espasmos corporales que amenazaban en manifestarse, su pulso aun incrementando en velocidad cada segundo. Entendía que estuviera nervioso, pero su cuerpo estaba reaccionando como si estuviese a punto de luchar contra un tigre. En cuanto Bebe se sentó junto a él, peinando su largo cabello sin dejar de mirar a Craig, Tweek no pudo evitar dar un gran respingo, elevando la preocupación en el rostro del pelinegro, quien no había apartado su vista de él, ni por los insistente intentos de Bebe de llamar su atención.

Cuando todas las personas tomaron su lugar, Clyde, con una burbujeante emoción al lado de Craig, anunció el comienzo del juego entre aplausos y risas. Las reglas eran simples: Clyde daría el primer giro y a quien señalara el lado delgado, comenzaría la partida y después seguirían en orden de las manecillas del reloj. Todo quedó en manos del destino cuando, tras un fuerte giro y decenas de vueltas bien vigiladas bajo las atentas miradas de todos los presentes, la botella señaló a Tolkien, a solo cinco personas a la derecha de Craig.

Tweek decidió que lo mejor para calmar la extraña reacción de su cuerpo era, sorpresivamente, concentrarse por completo en el juego, aunque inicialmente eso había sido su preocupación más grande. Ahora, no podía descifrar porque su mente parecía usarlo como una distracción de su verdadera preocupación, la cual seguía sin saber cuál era exactamente, pero sabía que no tenía que mirar hacia la dirección de Craig.

Las personas volvieron a aplaudir y gritar con emoción cuando Tolkien se estiró hacia la botella y, con una precisión que muy posiblemente había sido calculada, la giró con la fuerza perfecta para que la botella se detuviera en un impecable ángulo recto, la parte más delgada señalando a Nicole frente a él. Su amigo no pudo disimular su sonrisa triunfante mientras se abalanzaba sobre sus manos y gateaba un poco al centro del círculo, Nicole imitándolo con un notable sonrojo entre “uuuhs”, bromas y risitas. Tweek, por más raro que se sintiera al pensarlo, puso mucha atención al encuentro, decidido a estudiar cómo era que normalmente las personas se besaban en esos juegos. Su alma cayó a sus pies cuando el pequeño pico inicial se convirtió en un profundo pero corto beso, notando como los labios de ambos se movían y abrían en un extraño movimiento que comenzó a revolver su estómago con preocupación al darse cuenta de que no era simplemente una colisión de labios cerrados.

Una contracción recorrió todo el cuerpo y cara de Tweek mientras los dos involucrados volvían a sus respectivos lugares y los demás vitoreaban bromistas. El rubio esperó que nadie lo hubiera notado y, de haberlo hecho, creyeran que era parte de las celebraciones, pero él sabía que alguien seguía observándolo, alguien que había aprendido a leer las reacciones de su cuerpo hacía varios años.

En el siguiente turno, Tammy fue castigada al negarse a besar a Cartman con tres turnos encerrados juntos en el oscuro y pequeño closet de la habitación de Clyde, llevándose consigo entre las negativas de Tammy y las risas de cerdo de Cartman la esperanza de que pudiera simplemente negarse a hacerlo. No sabía si realmente se atrevería a negarse a participar frente a todos, pero ahora sabía el castigo en caso de hacerlo. No podía imaginarse ahí, encerrado con una chica a la que se había negado besar y tener que explicarle las razones. Un escalofrío recorrió su cuerpo, la preocupación no abandonando su semblante por más que intentara forzar una careta de tranquilidad y costumbre a ese tipo de juegos.

Después fue Kenny, cuyo turno señaló directamente a Butters. Stan y Kyle explotaron en carcajadas mientras Tweek ponía mucha atención a la interacción, una parte de él esperando que se negara por ser otro chico y así él tener una excusa en caso de que fuera su caso. Por supuesto, en el estado de completa embriaguez de Kenny, eso no sucedió. Fue casi lo contrario, acercándose a Butters con una rapidez y entusiasmo impresionante, tomando preso los lados de la cabeza del chico antes de que siquiera pudiera procesarlo. Le plantó tres sonoros y divertidos besos en los labios, creando incluso más risas y gritos en el círculo. Lo había manejado de una manera graciosa, divertida y extrovertida, tres cosas que Tweek no creía poder lograr.

Contemplar esos tres turnos había sido suficiente para Tweek. No solo había comprobado que estaba completamente jodido, también todos sus planes o ideas para librarse del juego en caso de ser necesario habían sido completamente destruidos frente a sus ojos. Su mente y ojos comenzaron a divagar por toda la habitación, desesperados por encontrar una distracción de su desagradable nerviosismo. Llevó su mano a uno de sus mechones rubios y comenzó a tirar de él y, cuando se dio cuenta que estaba comenzando a llamar la atención por ello, soltó su cabello para concentrarse en las desgastadas puntas de sus dedos o el borde de su camisa. No volvió a poner atención a la realidad hasta que Clyde abrió la puerta de su closet, indicando que el castigo de Tammy había terminado y eso significaba que el siguiente en girar era Craig.

Su corazón se volvió a acelerar de una manera casi preocupante, sintiendo las palpitaciones llegar hasta su garganta y casi ensordeciendo sus oídos. Pudo sentir como las chicas alrededor suyo se tensaban físicamente y, sintiéndose extraño, notó que él también lo había hecho. Cesó el jugueteo en sus dedos y miró a Craig directamente, por más que su mente le rogaba no hacerlo, mostrándole rápidos flashes azules nuevamente. Tweek dejó de respirar cuando Craig le devolvió la mirada, con una irreconocible exaltación en sus ojos. Nunca antes su cerebro había estado concentrado tan fervientemente en una sola cosa y que sin embargo siguiera mostrándole un incesante caos en su cabeza. Era como si, aparte del mareo del alcohol y sus rápidos latidos, pudiera escuchar sonar alarmas en sus pensamientos. Tweek solo desvió su mirada con lentitud cuando sintió la urgente necesidad de mirar a su alrededor, de ver quien podría besar a Craig, su estómago removiéndose ahora en un acalorado rechazo ante la idea de verlo besar a alguien en los próximos segundos.

Sin más preámbulo, Craig tomó la botella y, con un movimiento de muñeca, comenzó a hacerla girar. Cada vuelta se sentía como ir agregando una piedra en su estómago, pudiendo aparte de todo escuchar silenciosos ruegos y aceleradas respiraciones a su alrededor. Tweek estaba casi hipnotizado por el movimiento de la botella, sus ojos pegados a ella como si la vida le fuera en ello. Las piedras se convirtieron en ladrillos, elefantes y ballenas cuando la botella dejó de girar y la parte más delgada apuntó directamente hacia él.

Tweek escuchó los suspiros de decepción a su alrededor, casi ensordecidos por el pitido que había aparecido en su cabeza, pero nada sonó tan alto como el suspiro de alivio que soltó Clyde.

-Oh, gracias a Dios -susurró el castaño con alivio cuando la botella no señaló a Bebe, aunque todos pudieron escucharlo a la perfección. Guardó silencio un breve momento observando la botella con curiosidad hasta que procesó lo que había sucedido, abriendo muchos los ojos y golpeando el pecho de Craig antes de explotar en una gigantesca carcajada.

El círculo se ahogó en carcajadas y más bromas, “uuuhs” y vitoreo, pero ninguna risotada más alta que la de Clyde, Tolkien y Jimmy. Tweek no podía siquiera respirar, sus oídos incapaces de concentrarse en ninguno de los múltiples ruidos de su alrededor. Los escuchaba lejanos y difusos, por más que estuvieran a su lado. Su corazón iba tan rápido que llevó su mano a su pecho, sujetándose la camisa con fuerza por temor a que se saliera de su pecho o, más realísticamente, que le diera un infarto. Su borrachera se esfumó en el segundo que levantó la vista de la botella, sintiéndose más alerta que nunca.

Cuando miró a Craig, se lo topó sonriente y divertido, todo lo contrario a lo que esperaba encontrarse. Sorpresivamente, Craig estaba participando en las bromas del círculo, aunque nunca antes lo había visto hacer algo como eso. El pelinegro dejó de ser sacudido por Clyde en busca de aire entre sus carcajadas para mirarlo directamente, sus ojos oscurecidos en algo que Tweek nunca antes había notado en él, parecido a su expresión cuando lo observó antes de girar la botella. La esperanza de que Craig se negara a participar se esfumó cuando se encogió de hombros y comenzó a estirarse hacia él, llenando su cuerpo de un pánico casi incontrolable. En contra de su voluntad y completamente avergonzado, soltó un chillido de nervios cuando sintió la mano de Bebe en su espalda, urgiéndolo a acercarse al centro.

Por una parte, se sentía desesperado al ver que Craig estaba siguiendo el juego con tan poca resistencia y, por otro lado, su estómago se había contraído en una terrible ansiedad que, sin embargo, no se sentía tan desalentadora como la terrorífica angustia que había estado sintiendo anteriormente. Sentía que había tardado años en estirarse hacia el centro del círculo junto con Craig, aunque probablemente había tardado uno o dos segundos. De repente, casi frente a frente con el pelinegro, se dio cuenta de que había dejado de respirar y soltó temblorosamente todo el aire confinado en sus pulmones, aterrorizado en parte de que las personas a su alrededor notaran sus nervios tan extremos. No se atrevía a mirar a Craig directamente a los ojos, su mirada disparándose incontrolablemente entre su nariz y mejilla, incapaz de igual manera de mirar sus labios o barbilla, pero notó como su tan extraña, algo arrogante sonrisa desapareció.

-Es solo un pico, Tweek, relájate -le murmuró para que solo él lo escuchara en su tono monótono, provocando que el rubio frunciera el ceño con desagrado y confusión. Craig normalmente no actuaba de esa manera y no sabía exactamente qué parecía molestarle tanto, su primera idea fue que tal vez era producto del alcohol, pero, Craig se había estado comportando tan agradable con él como siempre hasta ese punto, tal vez algo más atento de lo que normalmente era, pero nunca de manera negativa.

No tuvo tiempo de pensar en otra cosa cuando sintió como la nariz de Craig hacía contacto con la suya, llevándolo a hundirse en un espiral de preocupación. Preocupación al ser su primer beso, al estar en medio de un grupo tan grande de personas, preocupación a como estaba reaccionando su cuerpo, como su mente, aún tan abrumada, solo podía concentrarse en los labios de Craig y el olor de su aliento, una mezcla de su pasta de dientes de hierbabuena y vodka, y como su nariz le rogaba aspirar todo lo que pudiera de la colonia del otro muchacho.

Oh, Jesús, iba a besar a Craig Tucker.

Cuando escuchó la declaración en su cerebro, se alarmó por completo, sintiendo electricidad pasar por cada parte de su cuerpo, en especial su columna vertebral. Casi como si lo hubieran jalado, su cuerpo se disparó al lado contrario de Craig, alejándose del encuentro con un grito ahogado proveniente de uno de sus espasmos, aunque algo en lo más profundo de su cabeza le gritaba lo estúpido que era por hacer eso y le ordenaba volver y besar al pelinegro.

El círculo explotó en abucheos y gritos por todos lados, todos diciendo o expresando algo diferente. Tweek rápidamente se sintió agobiado por la cantidad de ruido y el mareo que sentía, aunque ahora este mareo sabía no provenía del alcohol. Craig se quedó en el centro del círculo con una expresión pasmada, frunciendo el ceño con lentitud en cuanto se dio cuenta de lo que había sucedido y, Tweek sintiendo que su corazón se achicaba, lo vio rodar los ojos con exasperación.

-¡Buuu! -chillaban a su alrededor, dándole uno que otro empujón para devolverlo al centro.

-¡Si él no quiere, yo quiero! -exclamó Bebe a su lado, ganándose varias risas de los demás y un quejido de terror de Clyde.

-¡No, esas no son las reglas! -se apresuró a decir, abalanzándose sobre la espalda de Craig para evitar que volviera a su lugar, el pelinegro pareciendo hervir en molestia-. ¡Tweek, vuelve aquí! -ordenó entre dientes, mirándolo con apremio.

-No va a hacerlo, Clyde -contestó en su lugar Craig intentando retroceder, aún cautivo por Clyde, su tono pesando con fastidio. La manera en que lo dijo, junto con la furtiva mirada que le lanzó lo hizo sentir como si su estómago hubiese desaparecido, sin embargo, también le creó una burbujeante molestia que era el sentimiento perfecto para enfocarse en vez de cualquier cosa que lo había obligado a separarse del casi beso.

-¡Ngh! ¡N-no, no lo haré! -exclamó Tweek con la poca valentía que pudo juntar, el coraje en su interior empujándolo a seguir hablando-. ¡Es estúpido, no lo haré!

Craig lo miró con el ceño aun fruncido, levantando las cejas un poco en una desagradable sorpresa. Por un segundo, casi pareció herido por el tono que el rubio había utilizado, pero rápidamente, la expresión cambió a una ceña de burla con sus cejas, los bonitos ojos del pelinegro nublados en un coraje parecido al del rubio. Tweek notó que iba a levantarle el dedo del medio, pero Clyde lo evitó, desesperado cuando Bebe volvió a hablar.

-¡Yo tomo su lugar!

-¡No, que esas no son las reglas! -chilló Clyde, controlando los ahora más serios intentos de Craig de alejarse de él-. ¡Si no cumplen es al clóset!

-¡Pues me voy al estúpido clóset, pero quítate de encima!

-Tweek, ¡Deja de ser un marica y besa a Craig! -escuchó el rubio decir a Cartman detrás de él.

Tweek, ya en un punto de incomodidad y ansiedad altísimos, su cuerpo siendo atacado por espasmos y temblores sin cesar, hizo el ademán de girarse para golpear al gordo, preparado para pegarle en serio si era necesario y si lo sacaba de esa horrible situación. Sin embargo, el siguiente movimiento de Cartman lo tomó completamente por sorpresa: de repente, sintió ambas manos del obeso en su cabeza, una inmovilizando sus movimientos y otra empujándolo por la nuca. Clyde, entendiendo lo que Cartman estaba haciendo, sonrió y abrazó a Craig por la espalda, reteniendo sus manos contra el suelo y colocando todo su peso sobre él para inmovilizarlo también. Tweek abrió mucho los ojos al igual que Craig cuando comenzaron a acercarlos con demasiada rapidez.

Antes de poder procesar por completo que estaba sucediendo, los labios de ambos chicos colisionaron en lo que más que un beso, había parecido un golpe. Los presentes soltaron al unísono un empático “oouh” por el dolor del encontronazo. Y vaya que había dolido.

Cartman soltó a Tweek inmediatamente, corriendo devuelta a su lugar e intentando protegerse entre Stan y Kyle, que comenzaron a removerse y empujarlo de regreso para que afrontara cualquier consecuencia que Tweek quisiera propinarle. Mientras tanto, Tweek y Craig llevaron ambos sus propias manos a sus labios y agacharon sus cabezas, gimiendo en dolor. Tweek seguía sin comprender exactamente qué había pasado, pero durante el golpe, su diente, o quizás uno de los dientes de Craig, había lastimado su labio superior, por no mencionar el doloroso choque de dientes que habían tenido. Su boca tenía ese sabor metálico tan característico de la sangre y se aventuró a comprobar si estaba sangrando, aunque por fortuna no era el caso.

Tweek enrojeció, sintiendo tanto calor en sus orejas que estaba seguro sería imposible disimular su sonrojo cuando levantara la cabeza. Y, por alguna extraña razón, sintió unas terribles ganas de llorar que rápidamente fueron opacadas por el burbujeante coraje que sintió contra su amigo en ese momento. El rubio levantó la cabeza, intentando mirar a Craig que seguía oculto entre sus manos, y, en su lugar, miró a Clyde aún sobre el pelinegro con tal desagrado que hizo que Clyde vacilara en su carcajada.

-Ups -dijo con fingida inocencia, separándose de Craig y volviendo a su lugar.

Craig, libre del peso del castaño, enderezó su espalda con sus manos aún en sus labios, más enrojecido de lo que jamás lo había visto, él, que siempre parecía tener la misma estoica expresión. La reacción de Craig casi lo hizo arrepentirse de su molestia, pero, en cuanto cruzaron miradas, se dio cuenta de que el chico estaba tan molesto como él y eso le causaba incluso más coraje que anteriormente. El círculo bajó su volumen mientras observaban la interacción de ambos chicos, que seguían conectando miradas con un disgusto tan palpable que parecían esperar que comenzaran a golpearse. Sin embargo, no sucedió nada parecido, Craig simplemente rompió el contacto y suspiró con pesadez, volviendo a su lugar detrás de él y Tweek lo imitó inmediatamente, deseando poder desaparecer.

-Eres un imbécil -le dijo Craig a Clyde con veneno en sus palabras, pero Clyde no pareció afligido en lo más mínimo, tan divertido como desde el principio.

-Un imbécil al que le toca tirar~ -cantaleteó, estirándose por la botella frente a él.

El rubio dejó de prestar atención a sus alrededores, ni siquiera por decisión propia, simplemente sus ojos comenzaron a perder enfoque de los objetos y sus oídos habían comenzado a distorsionar los gritos y bromas que habían ganado fuerza nuevamente. De repente, dejó de sentirse real, sentía como si realmente no estuviera en la habitación de Clyde, como si todo fuese un terrible vacío. Ya ni siquiera se esforzaba en disimular sus espasmos, que habían disminuido considerablemente por el abrumador sentimiento, ni siquiera intentaba devolver el enfoque de sus ojos a ningún objeto en específico como sabía que ayudaba en esos casos, ni se molestaba en reaccionar a las cosas que estaban sucediendo en el círculo. Como un balde de agua fría, se dio cuenta de que estaba sintiendo una profunda tristeza, tan honda que lo había desconectado de la realidad.

Ese había sido su primer beso. Su primer beso con Craig.

Y, entre esa abismal aflicción, se dio cuenta que era lo segundo lo que tanto le pesaba. Se dio cuenta que no le molestaba haber besado a Craig, le molestaba cómo lo había besado. Su corazón volvió a acelerarse, esa breve desconexión no siendo tan fuerte como el terrorífico descubrimiento. Quería huir. No. Necesitaba huir de ahí.

Para su fortuna, volvió a sus sentidos para darse cuenta de que Craig había tenido razón, la gente comenzaba a aburrirse y retirarse, en particular porque Clyde había estado inventando nuevas reglas y tiros para asegurarse de que nadie pudiera besar a Bebe más que él. Stan, ahora desinteresado, anunció que iría a buscar otra cerveza, su escapada dando inicio a la de algunos otros más. Tweek decidió aprovechar el momento antes de que cualquiera de sus amigos lo arrastrara para volver a la fiesta.

-…baño -fue lo único que alcanzó a decir con un hilo de voz antes de que un nudo en su garganta lo detuviera, levantándose tan rápido como la fragilidad de su mente y cuerpo en ese momento se lo permitió. Nadie pareció notar el comportamiento de Tweek, las personas en el círculo que aun seguían comprometidas en jugar inmersas en una acalorada discusión con el cumpleañero.

Tweek casi corrió al baño del segundo piso, que Clyde había declarado terminantemente prohibido para la fiesta, pero el rubio no se veía con la fuerza de adentrarse al primer piso, la música haciendo retumbar las paredes de toda la casa. Tweek no sentía sus piernas, sentía que flotaba cuando se metió al baño y cerró la puerta con llave detrás de él. Ahí, viéndose terriblemente pálido frente al espejo, sintió nuevamente esas abrumadoras ganas de llorar y esta vez permitió que salieran las lágrimas. Cuando se tranquilizó un poco, se sentó en la bañera, intentando suprimir algunos jadeos que el llanto le había provocado.

Repentinamente, todo tenía sentido, entendía la razón de la reacción de su cuerpo y como llevaba ya algunos años simplemente observando a Craig, buscándolo a él entre las multitudes, notando sus cambios físicos y emocionales, porque siempre era él. Entendía ahora porque pensaba tan seguido en su cara y sus brazos, y recordaba las veces que se había sorprendido imaginándolo en la soledad de su habitación, reprimiendo cualquier idea o pensamiento cuando volvía a sus sentidos. Lo entendía todo y sin embargo nada lo tranquilizaba a él o a su rápido corazón.

Estaba aterrorizado y, aunque ya había dejado de llorar, le faltaba el aire. Comenzó a hacer ejercicios de respiración, los mismos que había investigado y aprendido con Craig tantos años atrás y, con los minutos, comenzaron a funcionar. Aunque todo seguía difuso y su mente estaba saturada, estaba seguro de una cosa: tenía que irse de ahí.

Cuando miró su teléfono, se dio cuenta que ya llevaba alrededor de 15 minutos encerrado en el baño y, tras otro par de ellos reuniendo todo el coraje y serenidad posible, se lavó una última vez la cara, se vio en su reflejo y suspiró temblorosamente.

Salió al pasillo para darse cuenta de que ya casi no había personas en el segundo piso y que la habitación de Clyde volvía a estar cerrada como todas las demás del lugar. Había un par de chicos sentados en las escaleras y una pareja besándose en la esquina más lejana del pasillo, entusiasmados de ver que el baño ahora estaba desocupado. Tweek caminó con cautela hacia las escaleras, sintiendo que todo su cuerpo temblaba, aunque no necesariamente por sus nerviosas contracciones, pidiendo permiso al grupillo sentado en los escalones y repitiendo un par de ejercicios de respiración mientras bajaba. Cuando llegó al primer piso, giró su cabeza directamente a la cocina, donde sabía que sus amigos estarían. En cuanto los encontró en la isla preparándose unas bebidas, Tweek notó como Craig disparaba su vista hacia los vasos rojos y comenzaba a moverlos de manera distraída. No había duda de que había estado vigilando las escaleras y lo había visto bajar. Con miedo, sintió que su estómago se contraía y sus mejillas se calentaban, obligándose a dar un paso tras otro hasta su grupo de amigos, de repente muy consciente de que sus manos estaban sudando.

Dejó salir un imperceptible suspiro de alivio cuando llegó junto a ellos y ninguno pareció interesado en su desaparición, saludándolo brevemente para continuar con su acalorada plática. Por un lado, estaba Tolkien felicitando a Clyde por su excelente idea de ponerse a jugar a la botella, por el otro, estaba Jimmy reclamándole ser un idiota por terminar el juego antes de que fuese su turno. Tweek se quedó completamente callado, recibiendo el trago, pero no bebiéndolo, que le ofreció Jimmy mientras hacía una mala broma sobre que posiblemente el beso con Craig lo había hecho vomitar en el baño y por eso había tardado tanto en volver. El rubio intentó fingir una risa, pero lo mejor que pudo hacer fue mostrarle una temblorosa sonrisa que, de nuevo, pasó por alto entre sus amigos.

Tweek no se había atrevido a mirar a Craig en todo ese tiempo, notando como él tampoco parecía participar mucho en la conversación de sus otros tres amigos, simplemente uniéndose para insultar a Clyde cada vez que tenía oportunidad. El rubio se había posicionado lo más lejano a él, asegurándose de que sus vistas no se pudieran cruzar ni por coincidencia, temeroso de que, de alguna manera, Craig pudiera descifrar la razón de su nerviosismo por lo bien que había aprendido a leerlo desde hacía tanto tiempo. Tweek observaba el reloj de la cocina con desesperación mientras sus amigos cambiaban el tema de conversación, con los minutos cualquier tensión que se sentía desde su llegada disipándose para ser sustituida por el trivial y agradable ambiente que siempre flotaba entre ellos, Craig comenzando a participar nuevamente en la charla con menos rigidez. Tweek no hablaba mucho normalmente, solo ponía atención a la conversación y afirmaba o agregaba un comentario de vez en cuando, y esa noche no podría haber estado más agradecido de ello, ninguno de los cuatro comentando en su tensión. Aunque, sí notó que Craig no había dirigido ni un solo comentario directamente hacia él como normalmente hacía para abrirle un espacio en la conversación. Y, con una punzada en su corazón, recordó que lo último que había visto él era como habían compartido miradas furiosas. Probablemente creía que estaba enojado con él por ponerlo en esa situación y, muy en el fondo, lo estaba, pero su descubrimiento opacaba abismalmente cualquier otro sentimiento.

Cuando el reloj marcó exactamente los quince minutos desde su llegada, Tweek interrumpió a sus amigos, sus espasmos faciales más incontrolable que nunca.

-¡Ngh! M—me tengo que ir -anunció, haciendo todo lo posible para alejar sus manos de su camisa o su cabello. Sus tres amigos voltearon a verlo, Tweek concentrándose únicamente en un punto lejano entre ellos. No mirarlos directamente le ayudaba a mentir-. ¡Agh! Mi—mi padre me mandó un mensaje ¡Ngh! -Tweek se sentía verdaderamente agobiado, hacía varios años que no le costaba tanto terminar unas simples oraciones, interrumpido por sus espasmos y sus nervios.

-¡¿Qué?! -se entristeció Clyde, mirándolo con pena. Los cuatro estaban consientes de las “actitudes” de sus padres-. Pero prometiste que podrías quedarte a dormir.

-¡Agh! Sí -afirmó, su ansiedad venciéndolo y comenzando a tirar de uno de sus mechones traseros-. Pe-pero cambiaron de opinión -mintió.

Tweek se atrevió a mirar rápidamente hacia sus amigos, observándolos con pena y pesar. Los tres afirmaron con tristeza y el rubio, en un arrebate de valentía, lanzó una fugaz mirada a la dirección de Craig, sintiendo como si lo hubiesen pateado en el estómago cuando lo encontró viendo su teléfono con un vaso entre sus dientes, su expresión tan desinteresada como normalmente la mostraba a otros. Tweek supo que Craig se dio cuenta de que lo veía, sin embargo, el pelinegro se quedó completamente quieto, su mirada fija indiferentemente en su pantalla.

-No te preocupes, amigo -le dijo Tolkien, chocando su mano con él en forma de despedida.

-S-sí -afirmó Jimmy, despidiéndose con un movimiento de cabeza-. E-el lunes te-te contamos qu-que sucede con Ro-romeo y Julieta -agregó, mandándole una burlona mirada a Tolkien quien rodó los ojos.

-¿Cómo te irás? -preguntó Clyde con algo de preocupación.

-Caminando -contestó, intimidándose ante las miradas de desaprobación de sus amigos-. ¡Ngh! O, o préstame tu bicicleta, te la devuelvo el lunes.

-Viejo, estás borracho.

-Ya no.

-Te pedí un Uber -dijo de repente Craig, haciendo que la respiración de Tweek se cortara por completo. Nervioso, dirigió su mirada al pelinegro, demasiado acobardado para decirle que la mayoría de su dinero lo había aportado a las bebidas. Craig tomó una screenshot de su teléfono y, un segundo después, Tweek sintió su celular vibrar, encontrando la fotografía de la descripción del auto y placas que lo recogerían-. Tres minutos -agregó el pelinegro en su plano tono.

-Okay -fue lo único que pudo decir, devolviendo su mirada al reloj de la cocina. Tendría que tomar de su cochinito algo de dinero para completar el viaje, pero hacer esperar al conductor lo ponía menos ansioso que hablar con Craig en ese momento.

Sus amigos siguieron su antigua conversación dos minutos más, hasta que Tweek anunció que iría saliendo. Los cuatro se quedaron observándolo, esperando que chocara el puño o la mano con ellos en forma de despedida, como normalmente lo hacía, pero, tan angustiado como estaba, únicamente le dio un tembloroso golpecito en la espalda a Clyde y le deseó un feliz cumpleaños para apurarse a la salida.

Encontró rápidamente el auto y subió a él con desesperación, aislándose rápidamente del ruido exterior y por fin sintiendo que podía respirar tranquilo. Agradeció que el conductor no parecía tener ganas de conversar y cerró los ojos casi todo el camino hacia su casa, disfrutando del silencio y el olor a auto, esperando que su cerebro pronto dejara de maquinar con tanta rapidez y caos y sus pensamientos se relajaran como sus músculos lo habían hecho desde que el carro aceleró. El conductor tuvo que anunciarle que ya habían llegado al destino para que Tweek abriera nuevamente los ojos, disculpándose una y otra vez cuando le ofreció cuatro dólares arrugados y le dijo que iría por el resto enseguida.

-Está pagado con tarjeta -le dijo el conductor, rechazando el dinero-. Está todo listo, ten buena noche.

Tweek se quedó quieto por un segundo, perplejo, observando como el conductor daba por terminado el viaje y comenzaba a buscar otros en la aplicación. Tweek se dio cuenta de que seguía sentado en el auto del hombre cuando éste detuvo su búsqueda, el rubio exaltándose y agradeciéndole el viaje para salir inmediatamente después.

Genial, aparte de todo lo que había sucedido, ahora le debía más dinero a Craig, que tenía la costumbre de completarle sus comidas en la escuela o en sus salidas cuando no le alcanzaba. Molesto, comenzó a dar profundos pasos entre la nieve hasta su puerta, dando un respingo cuando su teléfono vibró en su bolsillo.

Craig

¿Terminó el viaje?

Tweek

Craig

Ok.

Y esa fue la última conversación que tuvo con su mejor amigo por casi un mes.