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Odiaba a mi madre.
Su sola existencia me asqueaba y me ofendía.
Era una persona que no infundía ningún tipo de respeto, apego, cariño o empatía. Irónico para alguien que se suponía debía ser la imagen del amor, cuidado y perfección.
Una madre.
Estaba tan lejos de la fantasía que solían vender. Casi tan lejos como la idea que ella deseaba de mi como…
“¿Usted es el familiar de Liane Cartman?” La voz de un médico es fría y apática al traerme a la realidad.
Maldito sea. “Soy su hijo.” Permanecí sentado, no valía el esfuerzo.
“Debo darte información importante y hay papeleo que hacer. ¿Dónde esta tu padre?”
“Bajo tierra”
El hombre me miro de arriba a bajo. “¿Eres mayor de edad?”
“Si” A penas.
Se tallo los ojos al escucharme. Parecía cada vez más irritado con la idea de que su interlocutor tuviera la pinta de un adolescente que ni siquiera había terminado la secundaria. Empezó con su discurso aburrido lleno de términos médicos. Su voz plana y fría combinaba muy bien con el ambiente del hospital en el que estábamos. “Tu madre esta en fase terminal” había dicho. “No lo queda mucho tiempo, tal vez unos días u horas. Depende de ella.”
Eso ya lo sabía. Uno no tenia que ser medico para notar el deterioro que había estado teniendo la última semana.
“No hay nada que podamos hacer. Ahora lo importante es que sufra lo menos posible. Te recomiendo llevarla a casa”
“¿QUE?”
“Se realista niño. ¿Qué preferirías para ella? ¿Que muriera en un cuarto frio de hospital o en casa con las personas que la quieren?”
¿Personas que la quieren? No.
Ese hombre debía estar loco si pensaba que me iría de vuelta a casa con ella. Tal vez le quedaban unas horas pero yo viviría en esa casa todavía. Además, tenia planes para mudarme a la recamara principal. No iba a dormir en el mismo lugar donde ella muriese.
“Prefiero que muera en el lugar donde se supone que debería de morir. Donde se supone que uno va cuando se paga el seguro.”
“Solo estará haciendo espacio. Es mejor para todos que vaya a su casa y muera ahí.” La gente decía que yo era un hijo de puta insensible y sin tacto. Obviamente nunca habían tenido una conversación con un medico de un precario sistema de salud.
“Lo que es mejor para ustedes es que hagan su maldito trabajo.” El hombre me miro y dio un paso atrás mientras me erguía frente a el. “Si no le queda mucho tiempo entonces déjenla donde esta. Llénenla de drogas si es necesario no me importa. Pero ella no se moverá de este hospital.”
Mi intención fue intimidarlo y se logro. “Si eso es lo que deseas de acuerdo. Acompáñame entonces.”
Lo mire unos segundos caminar por el pasillo antes de comenzar a seguirlo. No quería estar en esta situación mas que el. Mi madre agonizaba y ya era una molestia para todos.
Sabía que mi día sería una mierda cuando me levante en esa mañana. La gata no despertó conmigo si no con mi madre, pegada a su cuerpo tratando de darle calor a un cuerpo que francamente llevaba varios días empezando a enfriarse.
Cuando trate de levantarla para que su día comenzara algo en ella estaba mal. “Calabacín… Llévame al hospital” me había dicho. Supongo que ella también se había dado cuenta de su estado.
Pensé en negarme, pero se veía peor que el día anterior y francamente el día anterior ya se veía muy mal. No estaba pensando mucho a largo plazo, solo tome mi billetera, teléfono y llaves. Le puse una vieja chaqueta para que se cubriera del frio cuando la gata se enredó en nuestros pies. “¡Deja ya de molestar!” Le grité cuando sentí que le había pisado la cola por accidente.
“Eric, dale de comer antes de irnos” Alcanzo mi madre a decir con las pocas fuerzas que le quedaban.
“Lo hare cuando regresemos mama no molestes. No le hará daño ayunar un poco.”
En ese momento no creí que todo el drama de mi madre duraría tanto. Tenía fe en que cualquier cosa que pasara seria rápido.
Me llevo hasta la habitación donde la habían instalado. Se veía tan delgada y frágil. Enferma era la palabra correcta. Sabía que era lo que el maldito medico trataba de hacer. Recurrir a la lastima y el dolor al mostrarme la imagen de mi madre moribunda conectada a las maquinas. El hijo de puta jugaba sucio.
Pero se equivocaba, la vista de mi madre luciendo así solo provocaba en mi asco y odio.
“Si quieres que se quede entonces deberás quedarte con ella, usa el botón si ocurre algo.”
“Espere, ¿Qué? ¿No se supone que hay gente aquí que se encarga de eso?” Mi voz cubierta en pánico no hizo que se inmutara.
“No hay suficientes enfermeras para cuidarla.” Le dio una ultima mirada al cuerpo enfermo de mi madre antes de regresar a mi. Parecía que casi sentía lastima por ella. “Eres su hijo. Tu cuídala.”
Claro que iba a usar la carta del hijo. Maldito sea. La gente debería dejar de suponer que solo porque alguien es tu familiar cercano significaba que te cuidaría bien. Mi madre fue un gran ejemplo de eso.
“Hijo” Bufé dejándome caer en una silla cercana.
Mire aburrido su cuerpo inerte frente a mí. Era casi hipnótico ver su respiración subir y bajar una y otra vez. Como un recordatorio de que seguía viva mientras yo perdía mi tiempo aquí.
No podía hacer mucho y más que frustrante era aburrido.
El medico prácticamente me condeno a cuidarla hasta que ella muriese. Que brillante castigo se le ocurrió. Aunque tal vez en su perspectiva no lo era. Tal vez una oportunidad. La gente suele desear haber pasado mas tiempo con sus seres queridos para perdonarlos y perdonarse. El problema es que no sentía la necesidad de hacer ninguna de las dos cosas.
Estar frente a ella en estos momentos solo era un recordatorio del interminable circulo vicioso y toxico que era nuestra relación madre hijo. Uno se hundía y el otro se quedaba solo para ver. Sin ofrecer soluciones o un camino mejor, solo dejando que el otro se pudriera poco a poco por la comodidad de uno mismo.
¿Ella hubiera querido esto para sus últimos días? No lo se. Pero si sé que ella no quería un hijo. En el fondo sé que nunca me quiso, intento abortarme incluso mucho después de yo haber nacido. Perra estúpida.
No quería un hijo, quería un compañero. Alguien que hubiera llenado el vacío que había en casa. Alguien que le hiciera creer que no estaba sola. Una pequeña sombra que la quisiera de forma incondicional. De una forma que nunca logro en otras personas.
Que imbécil era mi madre.
Debió ser una verdadera molestia el verme crecer y darse cuenta que la persona que más debía amarla e idolatrarla era una pequeña plaga que le robaba la poca felicidad que podía encontrar en la vida.
La escucho quejarse mientras duerme y algo se revuelve en mis entrañas. Tal vez en algún momento pude llegar a sentir algo más que solo repulsión al verla. Pero fue hace tanto tiempo. Demasiado joven para entender lo poco que se esforzaba en cuidarme.
Siempre la misma excusa patética.
“Hice todo lo que pude”
No. No lo hizo.
Hubo muchas cosas que pudieron ser diferentes, que se pudieron evitar. Ella prefirió solo no hacerlas. Prefirió su propia comodidad barata y repugnante. Así que por ahora solo puedo pagarle con la misma moneda.
Dios, como la odiaba.
Odiaba sus ojos, marrones y grandes. Con pestañas largas y pobladas, que constantemente buscaban dar lastima.
Odiaba sus manos suaves, delicadas. Manos que me consolaban y cuidaban pero que también usaba para tocar a los seres más inmundos por haber.
Odiaba su voz, tan suave y sumisa. Tan dulce cuando cantaba en las mañanas mientras preparaba el desayuno, pero también tan estridente que atravesaba las paredes de la casa. Descarada, vulgar.
Odiaba su falta de vergüenza, sus adicciones que patéticamente trataba secretamente de vencer. Nunca lo lograba. No tenía fuerza de voluntad. Que vergüenza ser su hijo.
Odiaba su trabajo. Humillante, degradante a niveles inhumanos. Ese trabajo que ponía la comida sobre la mesa. Comida deliciosa que preparaba con las mismas manos sucias que tocaban a los que solo puedo reconocer como cerdos. Trabajo que todos conocían. Del que todos hablaban aun conmigo presente. Trabajo que llevaba a casa constantemente. Cerdos que entraban y salían. Cerdos que se me acercaban demasiado. ¿Por qué ella no los detuvo? ¿Se dio cuenta en algún momento? Simplemente los dejo pasar. ¿Era muy estúpida para ver lo que constantemente sucedía bajo su mismo techo?
¿Por qué no me protegió?
Odiaba su amor. Su retorcida, toxica y enferma forma de amor. Sin control, llena de excesos y chantajes. Llena de carencias e indiferencia total. Apatía disfrazada de complacencias. Engaños disfrazados de regalos. Arrepentimientos y culpas servidos en un plato de comida “Hecha con amor” y otro, y otro y otro más. Tantos que mi cuerpo termino siendo tan grande como la incompetencia de mi madre.
Odiaba a mi madre. Odiaba que la misma persona que me arropaba por las noches fuera la misma que al salir de la habitación se prostituía a un cuarto de distancia.
¿Era mucho pedir una madre normal?
Alguien que se apegara a lo que una madre debería de ser. Alguien que no me diera vergüenza y que no me hubiera llenado de recuerdos horribles en mi propia casa. Alguien que buscando sanar su culpa no me hubiera trastornado en el proceso.
La escucho de nuevo quejarse. Abre los ojos un poco solo para balbucear cosas sin sentido. Miro atento esperando que ella hubiera de alguna forma escuchado todo lo que he estado pensando y diga algo para hacerme sentir mejor a pesar de que sea ella la que este muriendo. Pero no pasa, sea lo que sea no tiene sentido y vuelve a dormir.
Tal vez debió ser así.
Tal vez tuve la madre que merecía.
No creo que yo tampoco hubiera merecido algo mejor.
No sabría que hacer con ella. Con una madre que cuida y te hace obedecerla. Una madre que no cumple todos tus caprichos. Una madre inteligente. Una madre que gana dinero de forma decente y no solo de la única forma que conoce.
Conociéndome tal vez de haberla tenido la hubiera echado a perder y ya no habría a quien culpar de mi vida. Al menos es para lo único que sirve.
Porque mientras le echas la culpa a tu madre tienes un respiro para sentirte mejor contigo mismo. Los errores que cometes ya no son del todo tu culpa. Tal vez para eso son las madres después de todo. Fue lo único para lo que ha servido la mía.
Pasa el tiempo en la habitación y ella no empeora ni mejora. Solo está ahí, como dijo el medico “haciendo espacio”, robando oxigeno.
Odio tener que detener mi vida para estar con ella. Nadie me advirtió que esperar la muerte de mi madre en un hospital sería jodidamente aburrido. ¿Qué estaría haciendo ahora si no fuera por que está enferma? Tal vez comiendo el recalentado de la cena de acción de gracias. Tal vez, si tan solo ella no hubiera empeorado y quedado sin energías para hacer la cena.
Que puta tan vaga.
¿Qué estarán haciendo los chicos? Probablemente ni siquiera sepan que estoy aquí. Es curioso que la gente suele decirme que soy propenso a recurrir al victimismo. Mi madre se está muriendo frente a mi, no tengo familia real que me ayude en algo. Soy genuinamente una víctima y aun así no siento la necesidad de alardear sobre eso.
No se siente natural pedir que me consuelen por la muerte de madre, no quiero su estúpida lastima. No con esto.
¿Qué hare cuando mi madre muera? Técnicamente soy un adulto, pero quien sabe que pasará después de todo el estúpido papeleo que vendrá después. Tratare de vivir en mi casa todo el tiempo que pueda, tal vez conseguir un estúpido empleo. Dudo que algún familiar de Kansas quiera a acogerme después de esto. Puta madre mama, ¿No pudiste aplazar tu cáncer un par de años más?
Habrá que caerle un maldito funeral. Dudo que ella quisiese un funeral en el patio como siempre me los organizaba para alguno de mis peluches pero francamente es lo último que me importa.
Si hago un funeral, ¿Alguien vendría? No recuerdo que haya tenido amigas y los únicos hombres que vi que se le acercaran no pasaban de las dos noches con ella. ¿Los chicos vendrían?
Ni siquiera vale la pena imaginar ese escenario. Una vez muerta no quiero volver a hablar de ella. No tendrá un funeral, punto final. Tal vez tire sus cenizas en su antiguo trabajo, para que pase la eternidad en el único lugar en el que estaba mas tiempo que en casa. Seguro eso le gustaría.
Una vez me llevo al gran cañón. Tal vez, solo tal vez viaje allá terminando la preparatoria, tal vez seria mejor eso que un estúpido funeral.
¿Estaría mal? A mi me parece la mejor opción dadas mis circunstancias. ¿Qué pensaría la gente? ¿Qué pensaría Kyle? Si su madre hubiera muerto, ¿Como lo estaría procesando él?
El muy imbécil probablemente tendría un plan súper ético y cursi. Arreglaría todo el papeleo sin problemas. Tendrían un estúpido funeral judío. Con su estúpida familia que le daría consuelo y apoyo. ¿De qué estoy hablando? Probablemente ni siquiera tendría que mover un dedo, su imbécil padre haría todo por él. Probablemente su madre ni siquiera habría muerto. Se habría curado del cáncer con su dinero.
Estúpido Kyle son su estúpida y buena familia.
Si su madre estuviera muriendo el jamás llegaría a las conclusiones que yo. El no la odiaría, el no estaría reclamando nada. Solo se permitiría sentir su duelo. El jamás pensaría así de su madre, él la respetaría hasta el último momento de vida…
Mi madre vuelve a balbucear algo mientras se despierta. Solo ha dicho incoherencias en los últimos días, a penas y ha reconocido mi presencia.
De pronto hace un escaneo en la habitación y puedo darme cuenta que es ella, al menos por unos momentos lo será. Se detiene al verme y se congela. No sé si porque realmente no sabe dónde esta o si fue porque pensó que yo seria el último en estar con ella.
Veo que lucha por seguir en conciencia, pero está perdiendo la batalla. El dolor que seguramente siente le hace difícil mantenerse cuerda. Toma mi mano mientras se retuerce por el dolor. Yo tomo la suya más por reflejo que por algún consuelo.
Dice algo, balbuceante. No logro entender. “¿Que?”
Su voz, débil es apenas un susurro. “Lo… Losi…”
“Que estas tratando …?”
Toma fuerzas de quien sabe dónde y se las arregla para decir claramente. “Oh Eric… lo siento…”
No.
Me reúso. Sea cual sea la razón por la que quiere disculparse. Me reúso a creerle. “Estas alucinando mama”
“No Eric, de verdad…Yo lo siento, lo siento tanto” su rostro comienza a llenarse de lágrimas.
La imagen de mi madre llorando siempre me incomodo. “No te entiendo, ¿Por qué lo sientes?
Intenta volver a hablar, pero se tropieza antes de poder terminar lo oración.
¿De qué lo siente? ¿Por no haberte cuidado bien? ¿Por llenarme de comida como una disculpa por su promiscua vida y provocarme sobrepeso? ¿Por dejarme ver tantas cosas incorrectas? ¿Por dejar que todo el mundo supiera lo que hacía? ¿Por no haberme dicho antes quien era mi padre? ¿Por darme ese padre en primer lugar? ¿Por haberme tenido?
"¿De qué carajos te estas disculpando?"
Sus ojos se mostraron perdidos otra vez. “Oh Eric, lamento tanto… lamento tanto haber quemado el pavo de este año”
¿Qué? “Tu…. ¿Te disculpas por la comida? ¿¡Te estas disculpando por eso!? ¡De todas las cosas que pudiste…!
Mi madre vuelve a retorcerse de dolor y la veo por unos segundos. Se me revuelven las entrañas con la vista. Por mucho tiempo en mis más oscuros y profundos deseo fantasee con ver a mi madre así. Recibiendo una pisca de lo que se merece. Pero hoy no, hoy no me dio el regocijo que esperaba. Que decepción.
Me canso de verla más pronto de lo que hubiera imaginado y llamo a una enfermera. Ella llega rápido y le da algo que hace que su dolor disminuya. Su rostro es pacifico al dormir. Las drogas siempre son más satisfactorias después de periodos largos de dolor. Así como la comida es más deliciosa cuando mueres de hambre. Así como las migajas de amor y reconocimiento son tas embriagadoras después de una vida de indiferencia y peleas.
Tal vez por eso se disculpó. Después de nunca aceptar sus errores creyó que podría compensarlo disculpándose por algo trivial como la comida. Como si esa disculpa valiera por todas.
Maldita sea. Creo que le funciono.
Me molesto con ella. Es injusto, no quería que se disculpara. Tal vez en algún momento si, pero ahora se siente tan… innecesario.
Mi madre se disculpa por vaya a saber qué razón, va a morir mientras agoniza de dolor y se ahoga en drogas. Nadie la recordara ni la extrañara más que la gata que nos espera. Probablemente me quede con la casa y no habrá nadie que me esté jodiendo ni recordando lo podrida que fue mi niñez. Tengo el escenario con el que fantasee en mis peores momentos y aun así no es suficiente.
No me siento mejor. Me siento vacío y estafado. Se supone que esto era lo que quería y ahora que lo tengo no lo quiero. Todas las veces que la miré con odio por hacer mi vida basura. Todas las veces que la odie por no darme lo que quería (Porque era su deber) Todas esas ocasiones donde me inundaba un rencor atroz no sirvieron de nada. No tenían un propósito al cual llegar.
Mi madre se moría y yo no me sentía mejor. No tenía deseos de beber sus lágrimas.
Mi madre vuelve a hablar algo entre sueños, enferma y perdida. De pronto la habitación es demasiado pequeña. El aire demasiado frio. Decido que ella estará bien si me separo unos minutos, de todas formas, no hay nada interesante de lo que pueda hablar.
Intento salir de la habitación, pero algo me detiene en la puerta, no sé que es. Tal vez un presentimiento. Quiero irme, ella no se merece mi lastima. Escucho a mi madre seguir hablando incoherencias. Este lugar me va a freír el cerebro. Me resigno y busco de entre la vieja chaqueta que le puse para salir de casa los cigarrillos que siempre llevo conmigo.
No me gusta el sabor y francamente siempre me reseca la garganta. No sé porque lo hago, tal vez venganza. El primer cigarrillo que fume lo tome de uno de sus clientes. Lo dejó olvidado en la cocina cuando ellos subieron. Nadie estaba cerca de mi, parecía buena idea.
En algún momento mientras fumaba por la ventana mi mama dejo de hacer esos molestos ruidos y se quedó dormida. Pensé que al menos podría tener unos momentos de paz antes de regresar al maldito martirio en que se había convertido mi vida. Siempre pensé que mi vida con ella había sido una molestia. Lo que viví no era nada comparado a cuidarla enferma.
No había fumado ni la mitad del cigarrillo cuando un molesto enfermero apareció. “No puede estar fumando en el hospital.”
“Técnicamente no estoy fumando dentro, el humo se va por la ventana”
Su cara era apática y parecía que solo buscaba desquitarse conmigo por alguna razón. “Apáguelo o llamaré a seguridad”
Estaba agotado de forcejear contra este maldito lugar. Apague el cigarrillo en la pared de mala gana solo para que me dejara tranquilo. El mal nacido no se fue, se quedó en la habitación casi vigilando que no lo volviera a hacer. Decidí regresar al lugar que me esperaba con mi madre mientras el hijo de puta trataba de cerrar la ventana. Quizá al abrirla la forceje un poco y se atoro, no me voy a disculpar. Es su maldito trabajo.
Me senté con fastidio y miré a mi madre dormir por milésima vez en el día.
Algo no estaba bien.
“Creo que ya no está respirando” dije a penas para mí.
Busque en su cara alguna señal, un destello a penas de vida, pero no había nada. Nunca la había visto dormir así. Ya no era una persona, ya no era mi mama. Eran solo piel y huesos.
“Mi mama ya no está respirando” dije ahora más fuerte. El inútil del enfermero ni siquiera se movió. Me levanto con brusquedad de mi asiento. “¿No me escuchaste? ¡Haz algo! ¡Ella ya se está muriendo!”
“¿Puedes darme un segundo? Arreglo la maldita ventana que atoraste” Esa ventana, por un momento fue más importante que mi madre.
Se acerco con calma a su lugar y la revisó. “Ella ya falleció.” Tal vez ya lo sabía. Prácticamente lo estuve esperando toda la tarde y aun así no podía irme hasta que la persona frente a mi lo confirmara. “Hora de la muerte, 5:47 de la tarde” dijo con voz apagada. Para él solo era un paciente menos en el hospital.
Por fin había pasado.
Mi madre había muerto esa tarde. Mi vida seguiría después de hoy, pero al mismo tiempo seria completamente distinta. Quizá un poco más vacía.
Sus últimas palabras para mi fueron balbuceantes. Poco coherentes a lo que ella estaba viviendo.
¿Qué me dijo por última vez antes de que perdiera la cordura y yo me fuera a fumar? No me acuerdo. Quizá algo estúpido, sin importancia.
No pude hacer nada, ya nadie podía. Tal vez así siempre funcionó nuestra relación. Uno miraba inútil mientras el otro se hundía un poco más. Solo con la excusa de estar ahí, aunque no sirviera de nada. Mi madre siempre estuvo para mí, pero solamente en la obligación que te ata la sangre.
Su último suspiro fue insignificante. A penas me distraje un momento en la ventana.
Pensé que lloraría cuando la viera enferma. Pensé que lloraría cuando llegó al hospital. Pensé que lloraría cuando la viera intubada. Pensé que lloraría cuando se disculpó. Pensé que lloraría cuando la escuché agonizar de dolor. Pensé que lloraría al escuchar la hora de muerte.
Pero no pasó.
Me encantaría decir que no lloré por pura fuerza de voluntad. Pero eso no me lo creería ni yo mismo. Por dentro ni siquiera sabía porque no me causaba dolor. Fue como si un peso fuera reemplazado por otro, tan rápido que no pude notar la indiferencia.
Mi madre acababa de fallecer y yo tenía frio.
Los chicos llegaron al cabo de un rato, no les dije que vinieran. No estoy seguro de cómo se enteraron. Casi daban risa. Sus caras largas y confundidas no sabiendo como actuar en una situación así.
Maricas.
Supongo que fue mejor tenerlos y reírme de su incomodidad un rato a estar solo lidiando con todo el papeleo postmordem. En algún momento durante el caos Kenny me pregunto si estaba bien. “¿Por qué no habría de estarlo? Espere por mucho tiempo mudarme a su recamara. Por cierto, ¿No compras una vieja camioneta?”
“¿La… de tu mamá?”
“Si, me muero por sacar ya la basura”
Kyle estaba enojado por alguna razón. Tal vez porque mi día no giraba en torno a el. Perra vanidosa. “Mi madre acaba de morir podrías sacarte la arena de la vagina? Santo dios.”
El ambiente de regreso a casa fue extraño. Insistí en que podía regresar solo pero no querían soltarme las llaves del auto. Algo sobre que mis manos no dejaban de temblar. Solo era el maldito frio. ¿Por que los hospitales tienen que ser tan helados?
“Tal vez para que los cuerpos se vayan aclimatando para lo que viene” Kenny por fin soltó y aligero el ambiente. Al menos por mi parte, saco una carcajada de mi cuerpo que llevaba horas tratando de escapar por algún lado.
No fue tan gracioso pero la carcajada se sintió bien.
Los convencí de buscar un lugar para cenar, solo teníamos que hacer una parada rápida a la casa para darle de comer a la gata e ir por unos papeles. Ellos esperaron en el auto de Stan mientras yo bajaba.
Tenía hambre, estaba cansado y aún tenía que organizar un patético funeral. Ni siquiera teníamos mucha familia que quisiéramos invitar o que quisieran venir.
Ella no tenia amigos.
Solo somos nosotros dos.
Éramos nosotros dos…
Ahora solo era yo.
Caminaba casi como un zombie a través de la casa, la gata no dejaba de maullar. No la había visto en casi 24 horas, probablemente tenía más hambre que yo. Esa maldita gata vieja. Creía conocer su edad, pero pasaban los años y no mostraba signos muy notorios de vejez, ojalá no muera pronto. Muchas veces llegue a pensar que su muerte dolería más que la de mi madre. Por como iban las cosas tal vez era cierto.
La gata maullaba, una y otra vez. Deambulaba por toda la casa como buscando algo, un olor familiar, unos pasos extra por la habitación. Trate de ignorarla mientras buscaba su comida.
Por un momento sus maullidos pararon. Me asomé a verla y la encontré restregando su cuerpo en la chaqueta vieja de mi mamá. Chaqueta que había arrojado al suelo apenas llegué. No le había dado importancia, pero la gata había encontrado consuelo en ella.
Amaba a esa gata. Parecía indiferente a todo el daño que nos hacíamos. Sin importar lo que uno hiciera ella igual iba a nuestro regazo en busca de afecto. Tal vez en ella pude tener cierto cariño familiar que no encontré con mi madre.
Tal vez ella sintió lo mismo por la gata.
Recuerdo verla acariciándola mientras veía televisión. Con una paz, con un cariño incondicional y sano. Un tipo de amor que nunca me pudo entregar a mí. Pero se equivocó. Ahora el único ser que podría llorar su muerte ni siquiera sabía que había fallecido.
Madre estúpida.
Madre cruel
Madre puta
Madre distante
Madre permisiva, consentidora
Madre triste
Madre cariñosa
Madre enferma
Muerta…
“...¿Cartman?”
¿En qué momento?
“Oye ¿Tienes un cargador? Mi teléfono está muerto.”
¿En qué momento mis ojos...?
La mano de Kyle se posó en mi hombro y me trajo a tierra. “¿Estás bien?”
La última persona que espere llegar. La única a quien mi ego no quería ahí, pero también la única por la que mi corazón rogaba consuelo. Él no tenía la necesidad ni obligación de estar ahí. No tenia un compromiso unido por la sangre. En sus ojos no vi regocijo, no se quedaba para verme sufrir.
El tenia todo. Una buena vida, un padre, un hermano, una madre viva. Podía presumir todo eso en mi cara y aun así eligió buscarme y preocuparse. ¿Por qué le importaba? ¿Por qué parecía triste con mi dolor?
Verlo ahí no tenía sentido, nada ya tenía sentido. Una risa burlona quería brotar en mi rostro, pero algo no la dejaba salir por completo. Era una maraña de emociones que no terminaban de asentarse. Ironía, cansancio, paz, tristeza y por dentro muy muy por dentro estallaba algo que siempre permanencia adormecido dentro mío.
Culpa.
Verlo de esa forma obligo a desenterrar desde lo profundo de mi ser una emoción avergonzada. El la tomo sin querer y la saco para que estuviera obligado a confrontarla.
“La gata…” Solté titubeante.
“¿Que pasa con la gata?”
Sabía que si hablaba todo si iba a desmoronar. “¿Como le voy a explicar a la gata… que mi mama ya no va a volver?”
Y así fue.
El llanto por fin llego.
De forma patética e infantil.
No había pedido un abrazo por parte de Kyle pero supongo que tampoco pedí que llegaran al hospital.
Y así como en ese lugar horrible y frio me aferre a los chicos para matar mi aburrimiento, en ese momento me aferre a la única persona que estaba que a pesar de todo el mal que nos habíamos hecho. Kyle había elegido estar conmigo. No por obligación, no por lealtad, ni siquiera por un círculo vicioso de toxicidad. Fue algo mas, algo casi simple y puro. Algo que no recuerdo haber experimentado.
Tal vez llore muy fuerte porque después de unos minutos Kenny y Stan entraron preocupados. No dijeron nada, pero sentí el peso de sus cuerpos sobre mi un segundo después.
Tal como la paz que sintió mi madre cuando la llenaron de morfina después de la tortura de su enfermedad. Casi como comer después de morirse de hambre. Sentí algo parecido a la paz, parecido a sentirse satisfecho después de años de mendigar.
Lloré.
Lloré y me aferre a ellos como lo único más o menos bueno en mi vida que siempre parecía irse por la borda. No por primera vez Kyle y los chicos fueron un ancla a tierra, pero nunca de forma tan visceral y hambrienta.
