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Detector de Mentiras

Summary:

El Detector de Mentiras es un artefacto que mide respuestas fisiológicas para determinar si la persona sometida está diciendo la verdad o mintiendo.
Nada fuera de lo común, ¿verdad?

 

O
Donde Amane Yugi es sometido por la chica que le gusta a una serie de preguntas concretas.

Notes:

MI PRIMER FANFIC AMANENE/HANANENE

debo admitir que me gustó bastante escribirlo 🥹 espero lo disfruten !!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Casa sola y en completo silencio, tareas hechas descansando sobre su escritorio y el celular cargado al completo, Amane estaba seguro de que aquello recibía el nombre de “paraíso”.

El sol brillaba con fuerza sobre los tejados del vecindario, tiñendo el cielo de un azul intenso y sin nubes, un día perfecto y sin interrupciones en el cuál el hijo mayor de los Yugi podría disfrutar de la comodidad de su cama, con la mirada perdida en el techo mientras se ahoga en sus propias crisis existenciales.

Sus padres habían salido desde temprano y, para su inmensa fortuna, su hermano había desaparecido junto con sus amigos. Por primera vez en mucho tiempo, Amane tenía el espacio y la tranquilidad solo para él. Pero, irónicamente, ahora que la calma reinaba, el aburrimiento comenzaba a pesar como un rebaño entero sobre sus hombros.

Un leve zumbido vibró en su mesita de noche. Tomó el móvil sin demasiada expectativa, pero sus ojos se agrandaron al ver el nombre en la pantalla.

•  ¿Estás en casa? Quiero mostrarte
algo que compré 😊

Un mensaje de Yashiro Nene.

Un cosquilleo recorrió su estómago. Sintió cómo el pulso se le aceleraba levemente, como si su cuerpo reaccionara por instinto ante la posibilidad de verla. Nene no era solo su mejor amiga; era esa presencia luminosa que llenaba de calidez incluso los días más grises. Sus ojos lo hacían sentir como si se hundiera en el mismísimo espacio exterior y todo su cuerpo fuera arrastrado hacia donde ella quería, aunque tal vez atribuía aquel ejemplo a la falta de aire que le producía cada vez que cruzaban miradas por más casuales que fueran. Y aunque jamás se lo había confesado, llevaba tiempo deseando que lo viera con otros ojos.

Se apresuró a contestar, luchando por sonar casual:

•  Sí, estoy aquí. ¿Qué compraste?

Apenas unos segundos después, ella respondió:

•  Espera a que nos veamos...

Amane se quedó mirando el mensaje, con el corazón golpeando con fuerza dentro de su pecho mientras una mezcla de nerviosismo y felicidad se acumulaba en cada parte de su ser. Se levantó de la cama con brusquedad mientras se enredaba con las sábanas, sintiéndose de pronto tan inquieto como si cada rincón de la habitación fuera demasiado pequeño como para contener sus emociones.

A tropezones pisó los montones de papeles y juguetes esparcidos que su hermano había abandonado por el suelo de la habitación. Algún día él le rogaría a sus padres usar el ático como su lugar propio y no tener que compartir el mismo cuarto con aquel ser que tanto lo perseguía.

Estaba a punto de dirigirse hacia el baño para darse una ducha rápida y estar presentable, hasta que se percató de con quién estaba lidiando.
Yashiro Nene, la misma chica terca que conoció hace un par años, la misma que chillaba y lo volvía a intentar cuando algo no salia como ella quería, la misma que se emocionaba demás y se apresuraba en hacer las cosas. La misma que probablemente estaria trotando a la velocidad de la luz en dirección a su casa en ese mismo instante.
Sin cuidado alguno pateó con rudeza cada pertenecencia ajena sobre el suelo, poco le importaba que terminara acumulándose bajo la cama de su gemelo o si este llegaba a enojarse por ello.

La conocía a la perfección, probablemente la muchacha habría escrito aquel mensaje a la mitad del camino hacia su hogar. Jamás la entendió, pero tampoco era una molestia, hasta podría decirse que es uno de sus mayores y favoritos encantos.
Solo que ahora le estaba jugando en contra.

Se echó una mirada rápida a sí mismo y correteó escaleras abajo, maldiciendo al aire por su propia apariencia descuidada.

¿En qué momento los muebles de la casa habían cambiado de lugar? Parecía que con cada paso que daba su cabeza daba vueltas, haciendo su cuerpo tambalearse y estamparse con cualquier cosa que se cruzara en su camino; como lo era la alfombra del pasillo, con la cuál casi tropieza; el borde del sillón, con el que casi cae de cabeza; y la mesita decorativa de la sala, que contenía el preciado jarrón de su madre y que, por poco, casi rueda por el piso sino fuera por sus agudos reflejos.

— ¡Ay, por favor! — Murmuró entre dientes, tratando de recuperar el equilibrio mientras su corazón latía con fuerza descontrolada.

La emoción lo superaba. Estaba tan enamorado y absorto en sus pensamientos que sus movimientos eran más torpes de lo habitual. Todo su cuerpo parecía responder ante la simple idea de la linda muchacha visitando su casa.
No era la primera vez que venía, pero si la primera en que lo hacía sola y cuando la casa estaba hecha un desastre. Varias veces hicieron trabajos en equipo con otros compañeros, incluso el pequeño Kou los había acompañado en ocasiones, pero esta era la primera vez en la que Nene lo visitaba por cuenta propia y sin nadie mas que la acompañe.
Y la idea de quedarse a solas con la chica más bonita de su clase lo hacía sentir nervioso, o tal vez, ansioso.

Sin detenerse, giró bruscamente y entró al baño. Cerró la puerta de golpe, se apoyó sobre el lavamanos y alzó la mirada al espejo. Su reflejo le devolvió la imagen de un chico despeinado, con expresión de pánico amoroso y un vergonzoso pijama del hombre araña.

Tragó saliva. Definitivamente no querría que Nene lo viera en ese estado.

— Tranquilo, Amane. Es solo Nene... Tsk, como si fuera a decir algo sobre mi pelo... — Susurró, intentando convencerse mientras aún asi intentaba acomodarse el cabello con las manos húmedas. Al no presenciar ningún cambio en su semblante, optó por echar agua fria sobre su rostro con brusquedad, observándose fijamente.— Esto es un desastre.

Pero no podía evitarlo. Pensar en ella le aceleraba el pulso. Esa sonrisa suya, sus ojos brillantes, su cabello largo y levemente ondulado, la forma en que lo miraba cuando se reía de sus tonterías... Nene Yashiro era simplemente hermosa, y no solo por fuera; Tenía una dulzura única, como una chispa que solo ella portaba y que era capaz de desarmarlo por completo.

Mientras trataba de alisarse la ropa, de poner en orden su cabello rebelde y de calmar su respiración agitada, el timbre de su amada vivienda resonó por todo el lugar, arrebatándole el poco aire que le quedaba en sus pulmones.

Aquella niña era terca e impaciente. Estaba seguro que si la dejaba esperando un poco más volvería a insistir, por lo que debería ser rápido sino quería lidiar con un roedor enojado de 150 cm haciendo pucheros todo el día. Aunque la idea no le desagradaba.

Se sintió volar mientras se dirigía hacia la puerta principal a toda velocidad, con cuidado de no continuar tropezandose con cualquier cosa que se interponga en su camino. Se paró frente a la puerta con las manos sudorosas a cada lado de sus caderas. Sus nervios llenaron cada molécula de su cuerpo, impulsandolo a retractarse y abortar la misión que tanto había esperado. Su celular comenzó a escucharse desde su habitación, supuso que sería la impaciente chica tratando de llamar su atención para no quedarse afuera, asi que decidió apurarse.

Con un fuerte suspiro limpió sus manos resbaladizas en su ropa y cambió cualquier expresión de nerviosidad en su rostro que pudiera delatarlo. El arte de fingir que había dominado con éxito al enamorarse de la mujer más observadora y, a su vez, la más despitada que conoce.

Antes de que Nene pudiera levantar la mano para presionar el timbre nuevamente, Amane abrió la puerta con un semblante burlón mientras encontraba su mirada y el perfume dulzón a cerezas lo golpeaba como un balde de agua fría.

— ¡Hasta que al fin abres!— La señorita se cruzó de brazos con un puchero inconciente mientras se abría paso hacia el interior de la casa a un lado del azabache. Éste sintió ganas de abrazarla y fundirse en sus brazos.

— Si te soy sincero te habría dejado afuera.— La vió voltear con un semblante molesto e instantáneamente levantó los brazos en señal de rendición.— ¡Es broma!

La chica rodó los ojos y le dedicó una sonrisa tan suave que Amane luchó por no ceder vergonzosamente ante sus encantos.
La observó de espaldas mientras acomodaba sus pertenencias con rapidez, momento que Yugi aprovecho para ordenar sus pensamientos y controlar sus futuras acciones.

— Hacía tanto calor afuera, aquí está más a gusto.— Dándole la razón, Amane le ofreció un poco de agua, algo que ella aceptó.— Iba a invitar a Kou-kun pero al parecer tenía otros planes.

— Me resulta extraño que quieras adueñarte de mi casa y hacer una reunión.— Ella simplemente lo ignoró, tomando el vaso de agua una vez que el anfitrión se lo extendió.— Por cierto, ¿qué era lo que querías mostrarme?

Como si hubiera escuchado algo indebido, Yashiro casi se atraganta con el agua, abriendo los ojos como platos y volteando hacia donde habia dejado su bolsa. El castaño la observó removerse buscando algo en concreto entre sus pertenencias.

— Mira, si es alguna revista extraña de chicos musculosos no la necesito, gracias, puedes mostrársela al niño para ver que tal esté su mente perversa de adolescente-

— ¡Por supuesto que no es eso! Las chicas tenemos cosas mas importantes en las que pensar.— Respondió con recelo, seguido de un chillido de felicidad al encontrar lo que buscaba.— ¡Como por ejemplo esto!

Giró en su lugar y le extendió el objeto hacía el muchacho. Una especie de aparato blanco mediano y con detalles y botones rojos se mostraba sobre las manos juntas de la joven. Ella sonreía contenta y, para evitar demostrar el torbellino de emociones que aquella imagen causó en él, solo se dispuso a imitarla con una expresión confundida.

— No quiero bajarte de tu nube de felicidad pero...¿qué carajo es eso?— Nene suspiró dolida y visiblemente irritada ante rostro confundido e incómodo de su amigo.

— ¿No lo sabés? Esto ha estado en tendencia últimamente.— Explicó, dejándolo sobre la mesa.— Es un detector de mentiras.

Amane asintió como si hubiera entendido.

— Aah, ¿Y qué hace?— Sonrió burlón cuando la vió golpear su rostro con la palma de su mano.

— Detecta mentiras, duh.— Yugi estaba por protestar, pero ella continuó.— Te hacen una pregunta, y si respondes con la verdad no te pasará nada, pero si respondes con la mentira, este "aparatito" te enviará una pequeña descarga eléctrica.

— O sea, me puedes matar si quieres.

— Si quisiera ya lo habría hecho.— Amane tragó duro ante lo sincero que sonó aquello, acompañado de la sonrisa ladina que removió sus entrañas y provocó que sus orejas de calentarán inmediatamente.

— ¿Y piensas jugar con esto? ¿Ahora?

— Sip, es divertido.

— Tú lo que quieres es sacarme información secreta...

— Tal vez... Pero tú también puedes.

Aquello encendió un foco en la mente de Yugi, quien sonrió burlón y se cruzó de brazos.

— Pero antes de comenzar, ¿no tienes aire acondicionado? ¿O un ventilador? Me estoy asando acá.

Y así, como por una sucia jugada mal intencionada del universo y el destino ambos terminaron en el frío suelo de la habitación que el castaño compartía con su gemelo. Obviamente, habían reglas nuevas que Yashiro aprendió a respetar rápidamente; como no tocar las pertenencias de Tsukasa, no ensuciar nada y dejar todo en su lugar. La chica asintió a todo, comprendiendo la dura convivencia entre hermanos.

Con cuidado, Nene colocó el dispositivo en medio de ambos mientras Amane le pasaba, casualmente, un par de cojines lo suficiente grandes como para evitar que ella se sentará en el suelo. Por supuesto, él se dejó las almohadas que más pasaban hambre.

— Bien, escuchame...— El muchacho asintió, observando el semblante serio de su acompañante.— El juego consiste en que yo te haré preguntas y tu debes responder con la verdad... Sino, te ganas una descarga en tu mano.

— ¿Algo más fácil no te llama a atención? No lo sé, ¿Un ludo, damas, ajedrez?— Ella lo miró con una expresión que no supo distinguir en el momento.— ¿Cartas?

— ¿No quieres? — Preguntó, ambas manos sujetando el aparato con una delicadeza impecable.— Puedo guardarlo si quieres, ¿Prefieres una película?

Aquel tono bajo y desanimado fue como un cañon disparando a su pecho, golpeándolo en el lugar justo en dónde yacian sus sentimientos hacia la chica.
Notando el repentino cambio y su gran sonrisa falsa al fingir estabilidad, Amane estiró su mano lo suficiente hasta tocar el aparato, deteniendo los movimientos ajenos.

— Me interesa.— Vió aquellos ojos rubíes brillar en su dirección.— ¡Pero no prometo que me guste! ¿A quién carajos le gusta recibir descargar eléctricas?

— A un masoquista, supongo.— El azabache sonrió al tener la apariencia brillante y feliz frente a él nuevamente.

— Ya entiendo porque quieres jugar.— En respuesta, recibió un golpe duro en el hombro.

💡

— ¿Así que simplemente tengo que poner la mano aquí?— Yashiro asintió.

— ¡Exacto! Ahora te haré preguntas, ¿Listo?— Amane soltó un bufido, con intenciones de ocultar su evidente nerviosismo. Algo en él le advertía que lo que tenía en frente lo llevaría a la condena misma, más no quitó la mano.

— Muy bien, primera pregunta. — Se aclaró la garganta como si estuviera a punto de interrogar a un criminal.

Amane arqueó una ceja.

— ¿No será algo absurdo como “alguna vez te saltaste la clase” o “qué desayuné”?

— No me subestimes. — Se inclinó hacia él, tan cerca que pudo notar el dulzor de su perfume nuevamente. — Primera: ¿Alguna vez mentiste para librarte de un castigo en la escuela?

El chico soltó una risa breve y casi automática. — Obvio que sí, de hecho, me llevé a Yamabuki conmigo.

El detector permaneció en silencio, sin luces rojas ni descargas. Amane sonrió satisfecho.

— Empezamos bien.— Pero no se rindió fácil.— ¿Alguna vez pensaste en mi como una molestia?

La pregunta lo descolocó.

— ¿Qué clase de pregunta es esa?

—¡Solo responde! — El rostro de la chica lo hizo pensar con malicia.

— No quería que te enterarás así pero... Sos una insoportable cuando estás en tus dí-

Nene le aventó una almohada con puntería envidiable, mientras el sonido de la respuesta correcta pasaba totalmente desapercibido.

— ¡Hablo enserio, maldito! — Se cruzó de brazos, acomodando nuevamente y con enojo la mano de Amane sobre el aparato.— Quiero ver si mis amigos me aprecian de verdad...

— ¿Creés que no?— Ella negó.

— Es que lo vi en un trend de tiktok, y quería probar.— Sonrió.— Además, eres el más sincero que conozco.

Se quedó observándola unos momentos, antes de exhalar el aire contenido, resignado.

— Aparte sos el más tonto que no sabe tratar con chicas, ¿Sabes? Por lo menos Tsukasa me regaló una flor muerta por mí cumpleaños una vez.— Abrió la boca, visiblemente ofendido.

— ¡Pero si te encantó el regalo que te di!

— Aprecio mucho el mini pijama que le regalaste a Cañón Negro...— Se cruzó de brazos.— ¡Pero apenas le entró en una patita!

— Eso es porque está gor-

— ¡Sigamos!— Nuevamente le aventó otra almohada, que logró esquivar con rapidez.— ¿Alguna vez tuviste un crush en algún profesor?

— Que maldito asco, obviamente no.

— ¿Qué tiene? ¡Es normal! A mi me gustaba el profesor de Educación Física de segundo año...— Se defendió, ganándose una mirada juzgadora.

— ¡¿EL VIEJO?!

— ¡TE JURO QUE TENÍA ALGO!— El castaño se golpeó la cara con su mano libre.
La máquina volvió a emitir un sonido afirmativo, lo que provocó un bufido molesto proveniente de los labios de Nene.

— Sospecho que esta cosa no sirve.— Se la arrancó de la mano, echándole una mirada de puta concentración.— Fui estafada.

Amane rió.
— Debe ser porque tus preguntas son 0 originales.— Lo tomó de entre sus manos, volviendo a colocar su mano en ella, con su mirada mas suavizada que antes.— Intenta preguntando algo mejor y que sepas que responderé incorrectamente.

La chica suspiró y con un puchero lo miró fijamente, pensando una pregunta con sumo cuidado. Amane se perdió en sus pestañas.

— Creo que lo tengo...— Se reincorporó, juntando sus manos en sus rodillas.
Amane tragó duro antes de esperar con paciencia la pregunta.— ¿Yo te gusto?

...

El muchacho abrió los ojos como platos, atragantandose con su propia saliva en el momento en el que abrió la boca para acotar algo. Por su parte, Yashiro lo observaba con la cabeza ladeada, un poco nerviosa por su propio atrevimiento.

— ¿Po-Por qué esa pregunta...?

— Simplemente responde que sí y verificaremos que el aparato funciona. No significa nada, Yugi.— Se cruzó de brazos, expectante, mientras el muchacho luchaba por controlar el latido de su propio corazón que retumbaba sin cesar en su oído.
Abrió la boca y la volvió a cerrar, temiendo lo peor. Sus pensamientos más internos salieron desde lo mas profundo de su mente, arrastrando sus inseguridades y todos los posibles escenarios que podrían volverse realidad si algún día intentaba confesarse.

Frente a él, la chica se mostraba nerviosa. Amane la conocía a la perfección como para pensar que esa pregunta fue simplemente al azar, pero no podria hacerse ilusiones por una simple pregunta. Inhalando el poco aire que pudo, tomó fuerzas de algún lugar desconocido.

— Sí, me gustas.— Y aquello lo expulsó como si estuviera bajando un camión de sus hombros. Lo sintió como una liberación, dejando que su cuerpo se relaje al haber hecho lo inevitable.

Esperaron un minuto, luego otro, hasta que el sonido afirmativo resonó en la habitación, seguido de otro silencio incómodo.
Pudo fingir que era una broma, reírse y esforzarse por hacerle creer que todo había sido planeado y que la máquina tendría algún tipo de error de fabrica, a fin de guentas, ella siempre le creía. Sin embargo, prefirió callar y tragarse la vergüenza con todo y lo que pudiera venir después.

Evitó mirarla a la cara, perdiéndose del brillo en los ojos sorprendidos de la muchacha. Luego de unos segundos, Nene soltó una risa ligera, llena de nervios, mientras se acomodaba el cabello detrás de las orejas.

— Je, c-creo que de verdad no funcio-

Fue rápidamente callada por la mano del joven, quién pareció tocarla como si fuera de porcelana, pero asegurándose de que no pudiera soltar ninguna palabra. Por un momento, el de ojos color ámbar vió el rostro enrojecido de Nene, sintiendo como su estómago daba un vuelco como por arte de magia.

— Por f-favor no... no digas nada.— Despacio, Amane fue apartando la mano, liberandola del agarre y evitando su mirada.
Sus ojos permanecían recorriendo el suelo, mientras que su rostro entero adquiría un tono carmesí que con el pasar de los segundos iba aumentando su intensidad.

Por su parte, Yashiro no dijo nada, simplemente estiró su mano lo suficiente como para tocar su hombro, tratando de llamar su atención. Cuando este se volteó apenas, trató de buscar su ojos sonriendo en al momento de unir sus miradas, el silencio entre ellos volviéndose tan pesado que casi podía cortarse con un cuchillo.

El zumbido continuo del aparato detrás de ellos era lo único que se atrevía a llenar el ambiente tenso, mientras ambos permanecían atrapados en el mismo carrusel de dudas y ansiedad.

Amane no resistió más. Sus ojos, temblorosos, se encontraron recorriendo el rostro brillante de Nene. Esa sonrisa, pequeña y nerviosa, lo golpeó en el pecho como si fuera la prueba final de todo lo que había querido ocultar por tanto tiempo y que ahora salía a la luz.

— ¿De verdad…? — Preguntó ella con voz apenas audible e insegura, como si necesitara una confirmación que no le diera lugar a ninguna duda.

Amane asintió despacio, con sus labios entreabiertos y el corazón acelerado. Notaba cómo su rostro ardía, cómo las manos le sudaban y aún así, no apartó la mirada.

Ambos se inclinaron hacia el otro, como si una fuerza invisible los atrajera lentamente entre sí hasta poder encontrarse. El aire se volvió espeso, cargado de la electricidad.

— Amane… — Murmuró ella, a escasos centímetros de su rostro.

El muchacho tragó saliva, luchando por mantener la compostura, pero en cuanto vió el leve temblor de sus pestañas y el rubor extendiéndose por las mejillas de Nene hasta sus orejas, se rindió.

Sus rostros se acercaron más, los segundos pareciendoles eternos acompañando cada movimiento era torpe e inseguro. Yugi se permitió a sí mismo recorrer el rostro ruborizado de su enamorada antes de cerrar los ojos, incapaz de dejar que sus ojos sean testigos de la distancia siendo acortada por completo.
Yashiro apretó los puños en las mangas cortas de su acompañante, cerrándo sus ojos con fuerza y estirando sus labios con esperanza.

Justo cuando sus labios estaban a punto de encontrarse, la puerta se abrió de golpe con un chirrido estruendoso.

— Amane, me olvidé mi- ¿Qué están haciendo aquí? — La voz cantarina de Tsukasa llenó la habitación como un balde de agua helada.

Como por impulso, la albina apartó de un manotazo el débil cuerpo del Yugi mayor, tirándolo al piso con un grito agudo. Obviamente, el grito de Amane sonó aún más fuerte.

— ¡¿QUÉ CARAJO HACÉS ACÁ, TSUKASA?!— Escupió con voz temblorosa, tratando de reincorporarse con torpeza mientras Nene se llevaba las manos a la cara, completamente roja.

— Sakura me devolvió a casa... Pero es más interesante saber que hacían ustedes dos así de cerca...— Soltó una risa en cuanto el rostro de su hermano mayor palideció.

— ¡N-no es lo que piensas! — Exclamó la chica de inmediato, agitando las manos con desesperación, aunque sabía perfectamente que eso no ayudaría a su caso.— ¡No estábamos haciendo nada! ¡Solo… solo estábamos… revisando… el aparato!

— ¿Con la boca? — Preguntó Tsukasa, alzando una ceja con una malicia exagerada.

El silencio que siguió fue sepulcral. Amane quedó paralizado, Nene quería que la tierra la tragara, y el aparato detrás de ellos emitió un bip inoportuno como si confirmara lo dicho.

— ¡¡¡TSUKASA!!! — Gritaron ambos al mismo tiempo, lanzándole almohada tras almohada mientras este se refugiaba tras la puerta. El menor, feliz de su victoria, salió corriendo por el pasillo con las carcajadas rebotando en las paredes.

Los dos en la habitación quedaron congelados. Amane respiraba entrecortado, con la cara roja por la furia y la vergüenza, y Nene todavía no se atrevía a levantar la mirada.

— Yo… — Empezó ella, pero al instante se detuvo, tratando de disimular su voz temblorosa.
El chico carraspeó, intentando sonar digno pese a estar todavía despeinado y con el corazón queriéndole escapar por la garganta.

— …Bueno… eso fue… eh… incómodo.

Nene, que todavía se escondía tras sus manos, bajó apenas los dedos y lo miró de reojo.
— I-Incómodo no es la palabra… — susurró, encogiendo los hombros como si quisiera convertirse en parte de la pared.

Ambos desviaron la mirada en direcciones opuestas, demasiado conscientes de lo que casi pasó. El aparato seguía brillando y emitiendo un débil pitido cada cierto tiempo, como si se burlara de ellos.

Amane se rascó la nuca, bajando la mirada al suelo.
— Entonces… eh… ¿seguimos… como antes?

Nene se mordió el labio, insegura, jugando con las mangas de su uniforme.
— ¿“Antes”… antes de qué exactamente…?

Él se atragantó con su propia saliva.
— Y-ya sabes… antes de que… casi…

Ambos se miraron un instante, comprendiendo al mismo tiempo lo que iban a decir, y de inmediato desviaron la mirada otra vez, rojos hasta las orejas.

— ¡N-no importa! — Dijeron los dos al mismo tiempo, casi gritando, y después se quedaron mirándose con los labios entreabiertos, sin saber si reír o morirse de la vergüenza.

Un pitido más fuerte del aparato los hizo pegar un salto, como si hasta la máquina estuviera exigiendo que se apuraran.

Amane suspiró, pasando una mano por la cara y mirando hacia la puerta.
— ...Estoy seguro de que volverá...

Nene asintió rápido, aún encogida, pero al mismo tiempo, no podía borrar esa sonrisa nerviosa que se escapaba de su rostro.
No hablaron más del tema. Ni en lo que restó del dia, ni al día siguiente.
Pero desde entonces, cada vez que sus miradas se cruzaban por accidente, ninguno podía evitar recordar la calidez única que los envolvió al estar tan cerca.

Notes:

Gracias por leer <33

— @sousukefresita on twt