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Frotando sus manos, Suguru intentaba neutralizar sus nerviosismo.
Una mujer vestida de manera formal con el logo de la empresa Gojo – un ojo de un color azul cielo - en su chaqueta se acercó hacia el hombre que espera por la autorización para seguir a la Oficina del líder de todo el clan Gojo.
- Puede pasar, el Señor Gojo lo espera en su Oficina, sígame por favor.
Aunque no era necesario que lo guiarán pues no era la primera vez que recorría esos pasillos y viajaba en el elevador de la gran empresa Gojo, Suguru no la rechazó.
Mirando su reflejo en el cristal del elevador mientras subían hasta el último piso, Suguru revisó su aspecto.
Su cabellera todavía larga y lacio hacia juego con su rostro aunque algo afilado no quitaba de su atractivo como Omega. Su traje azul noche pegado a cada curva de su cuerpo dejaba notar que aunque era más alto que un Omega común, contaba con un cuerpo de tentación.
Al escuchar a la mujer informando que ya podían bajar del ascensor, Suguru despertó de su letargo.
- El señor Gojo lo espera – fue todo lo que dijo la mujer al oprimir el botón del primer piso.
Las puertas se cerraron. Suguru se quedó en pie unos segundos mirando la gran puerta de madera de ébano al fondo del pasillo.
Hace 2 años exactamente se había alejado de Satoru por un sentimiento de miedo ante la presión de salir con el gran heredero Gojo. No pudo con las exigencias que le pedía los padres de su ex-pareja, no sintió tampoco estar a la altura de la que se suponía seria su familia, tuvo miedo de todo lo que conllevaba el apellido Gojo… incluso se preguntó si realmente amaba a Satoru, si realmente valía la pena aprender tanto protocolo para seguir a su lado, si valía la pena perder su esencia misma.
Una noche donde su alfa no estaba en casa debido a viajes de negocios, tomó sus cosas y salió del apartamento que había compartido con su compañero por más de 3 años. Dejó sólo como rastro de que en algún momento había vivido ahí, una insulsa nota sobre la cama donde le decía a Satoru que no podía seguir bajo su sombra.
Tenía que admitir que fue cobarde de su parte haber escrito esas palabras como si toda la culpa de sus inseguridades fuera Satoru. Su Satoru que sólo le había dado amor, apoyo y protección incluso contra la presión de la familia Gojo.
Respirando profundamente Suguru se armó de valor y a corto la distancia entre esa puerta y él.
A cada paso que daba su cabeza le plantaba posibles escenarios. Satoru abrazando lo, Satoru besando lo, Satoru exigiéndole una explicación sobre sus decisiones pasadas, Satoru feliz al verlo de nuevo… todas las posibles situaciones terminaban con un Satoru pidiéndole que regresaran juntos.
No podía existir ninguna realidad donde Satoru y él no estuvieran juntos. La única vez en que había contestado al número de Satoru en un arranque de valentía poco después de haber huido, no pudo decir palabra alguna, sin embargo, Satoru si había pronunciado su nombre varias veces en un tono roto y débil, por más que él lo llamó, no pudo decir nada para hacer le ver cuánto lo extrañaba y que lo perdonará por sus acciones.
Entre una voz suave y fuera del tono jocoso de su alfa, Satoru le había prometido que esperaría por él, que sería al único Omega que aceptaría y amaría.
Él lo había prometido.
Satoru estaba esperando por él.
Sintiendo se más seguro de lo que vendría en su futuro, Suguru tomó la perilla de la puerta y la abrió.
El olor de algodón de azúcar, manzanas acarameladas y jazmines golpeó el olfato del Omega.
Una figura mucho más pequeña que la suya, rostro ovalado, nariz respingona, labios color fresa, piel blanca y sin imperfecciones, ojos de un verde esmeralda a juego con unas largas pestañas lo observaban sentado en el gran sofá en el centro de la Oficina.
- Buenas tardes Geto-San – el joven se puso en pie dejando que su silueta delicada fuera abrazada por un suéter de cuello alto unas tallas más grandes que el pequeño quien lo portaba.
Era obvio de quien era la prenda que usaba ese joven. El tamaño y las hormonas de el alfa gritaban a quien pertenecía.
Ese intruso olía a jengibre, pasto recién cortado y cedro.
El intruso estaba bañado en las fermonas de SU ALFA.
¿Por qué ese Omega olía a su alfa?
- ¿Quien eres tú?
Ese intruso seria lanzado fuera de la Oficina de su Alfa.
Satoru sólo tenía un Omega y ese Omega ha regresado a tomar su legítimo lugar al lado del Alfa.
El joven Omega frente a Suguru sonrió.
Incluso con una sonrisa algo siniestra, el Omega se veía todavía más hermoso.
