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Su estomágo estaba revuelto y por un segundo le faltó el aire.
Senku acababa de limpiar la comisura de sus labios con las vendas de su brazo, otra vez había vomitado un puñado de flores.
—Ah...—Suspiró derrotado, escondido en una esquina del laboauto.
Sabía que no tenía sentido, que era inútil, su cerebro enamorado era un gran problema precisamente por esa razón.
Cuando tu cuerpo se alinea con tus sentimientos es más difícil que responda, es más díficil controlarlo y es más díficil encontrar una solución.
Estaba empeorando. Al principio solo había sido un petálo, luego un pequeño puñado, unas cuatro veces había sucedido lo mismo, por ello no le dio mucha importancia, pero ahora mismo esa misma cantidad de pétalos había salido acompañada de un rastro de sangre que lastimó su garganta.
A Senku no le gustaba el dolor, sabía que su cuerpo no era tan resistente y por eso no quería enfrascarse, creyó que mejoraría, pero no.
La culpa la tenía Gen.
Bueno, no directamente él, sino lo mucho que lo quería y que se había esforzado en ocultar, durante esos años que ya llevaban conviviendo juntos. Habían pasado por tanto: La guerra contra el imperio de Tsukasa, la construcción del barco, conseguir petroleo y ahora estaban ahí, en la isla del tesoro y aún seguían juntos. Aunque su corazón lo agradecía, claramente su cuerpo no.
Empezó esa noche en la que Gen le había regalado junto a los de Ishigami el observatorio.
Si era sincero, en ese punto todavía dudaba de que Gen le fuera a ayudar de forma genuina. El chico no dejaba de quejarse de todo el trabajo que el reino de la ciencia involucraba y además, no perdía la oportunidad de mencionar en voz alta el hecho de que él buscaba comodidad sobre todas las cosas, eso y su maldito harem.
Así que pensar que en cuanto bajara la guardía el podía traicionarlo a cambio de recibir una consideración por Tsukasa y verse rodeado de chicas no era tan descabellado para ese entonces, pues él solo le había ofrecido una botella de cola.
Lo cual no era nada comparado a lo que el mentalista podía llegar a obtener si se lo tomaba enserio.
Por eso, cuando Magma lo secuestró para llevarlo hasta su sorpresa pensó lo peor y sin embargo; cuando le quitaron la venda de los ojos se topó con la imagen del cielo estrellado en primer plano, todo gracias a Gen.
Con lo cual, lo díficil paso a ser el no enamorarse perdidamente de él.
Senku no fue llamativo con su enamoramiento o parecido. Sino todo lo contrario, lo guardó bastante bien para sí mismo, porque en esos momentos una relación afectiva no era prioridad, pero sobre todo porque realmente pensó que con Gen no tendría oportunidad alguna.
¿Lo recuerdan? Él solo pudo ofrecerle un misero refresco de cola.
Y bueno, acondicionar a su cerebro para que no sintiera amor era relativamente simple. Pero su cuerpo y corazón seguían siendo los de un adolescente puro a pesar de tener más de tres mil setecientos años. Aunque claro, quizá no tan puro, era un hombre después de todo.
Las necesidades afectivas eran indispensables para alguien de "su edad" y eso despertaba deseos profundos como el querer besar, abrazar, acariciar y compartir todo con la persona que amas y en ese caso, esa persona era Gen.
Pero no podía atreverse a hacerlo, así que lo ignoró lo más que pudo. Hasta que permaneció separado de él por un buen tiempo.
La primera vez fue cuando llevaron el teléfono hasta la cede de Tsukasa, como Gen era él único que sabía el camino fue inevitable que el mentalista terminará involucrado dirigiendo la expedición y aunque estuvieron comunicados en todo momento intercambiando mensajes de texto, o algo parecido. A Senku casi le daba un infarto cuando el tiempo pasó y Gen no regresaba.
Obviamente que le preocupaba su seguridas, pero en esa ocasión pudo disfrazarlo bastante bien con la excusa de que "Necesitaban a Gen para completar el plan de engañar al imperio de Tsukasa" A Senku incluso se le había olvidado ese plan por una fracción de segundo luego de vomitar las primeras flores.
Luego le siguió otra gran tortura: El tiempo en el que construyeron el barco, Gen permaneció bastante tiempo del lado de los agricultores mientras él buscaba el pétroleo y compartía tiempo con Ryusui y Chrome arriba del globo, afortunadamente el mentalista también sirvió de guía esa vez para Francois y regresó a su lado antes de que tuviera tres ataques seguidos.
De nuevo Senku temió por su frágil corazón cuando Gen expresó su deseo de no querer subir al Perseo y aunque seguramente Ryusui como el capitán que priorizaba la integridad de sus marineros a toda costa lo hubiera permitido. ¡En definitiva él no!
Por eso apuntó su nombre al final y le insistió para que subiera, no soportaría volver a estar lejos de él nuevamente.
Y se supone que con conseguir que Gen abordará el barco ya lo había resuelto todo, pero entonces...¿Por qué acababa de escupir de nuevo esas malditas flores?
Tosió, su garganta si que se había lastimado—Esto es malo... —espetó en un susurró tomando los pétalos manchados de rojo entre sus manos.
Si todavía seguía al lado de Gen, a pesar de que ya habían petrificado al resto del barco, el mentalista se había salvado y ahora seguía con él a su lado planeando el golpe contra el cabecilla. No tenía sentido.
Bueno, no a menos que lo admitira en voz alta.
Puede que no tuviera aún una respuesta, pero si que tenía una teoría de porque había desarrollado Hanahaki.
Y era por celos.
¡Pero no era su culpa, era la de Gen! Ese mentalista se comportaba como un gigoló cada que interactuaba con una chica y más si era una nueva que no tenía ni idea de su fama.
Como ya habían permanecido todos juntos en Ishigami un buen tiempo Senku había olvidado esa sensación. Por que se encargaba de tenerlo a su lado el mayor tiempo posible y aunque repitiera lo del harem no le había visto mover sus cartas con alguna de las chicas del reino aún, porque sabía que Gen era un experto en la manipulación, si bien lo hubiera querido ya tendría a varios más a sus pies y por eso se confió.
Sin embargo, eso cambio esa misma tarde, cuando a penas dando el primer vistazo a la chica que había recogido las caracolas en la costa el mentalista casi se le fue encima llamándole "Lindura".
Senku hizo una mueca.
¡Ni siquiera sabían si podía ser una aliada o no! Y el mentalista fue y le extendió los brazos con coquetería barata, para el colmo, en todo lo que llevaban del día ya le había reafirmado más de tres veces que la chica era realmente atractiva. Y no solo eso, sino que incluso había montado esa farsa de que él se llamaba "Laboratorio" y era novio de Kohaku antes de proponerse a sí mismo a interpretar el rol de su pareja, lo cual no le hizo mucha gracia.
Ah, pero Senku ya lo sabía.
Que Gen probablemente nunca pudiera verse a sí mismo como su pareja porque a él solo le interesaban las chicas lindas.
Y se sintió tan patético estando ahí tumbado en el suelo siendo derrotado por el ramo de flores del rosal que crecía en su corazón. Porque de verdad que puso todo su empeño en que no se le notara el malestar, en que Gen nunca pudiera ver su enamoramiento, en formarse esa convicción solida de no enamorarse hasta traer de regreso la civilización tal como la conocían a la tierra.
A parte del dolor, se sentía realmente mal porqué ahora no podía excusarse, todo era culpa de su cerebro enamorado.
Una cosa era estar lejos de Gen y preocuparse por su bienestar al no verlo tanto tiempo y otra era tenerle envidia a Amaryllis por ser el tipo de persona linda que atraía a Gen. La chica ahora los estaba intentando ayudar, habían formado un plan juntos y todos pensaban con lógica para un bien común: el de salvar a su gente que había sido petrificada en el barco.
Senku debía de seguir esa misma lógica, así que no tenía tiempo para el amor, aunque su cuerpo lo pidiera a gritos.
Por lo mientras, guardaría las flores. Escupir un racimo de narcisos y lavanda no era natural después de todo, luego podría analizar la ilógica de su corazón bajo un microscopio y resolver su problema con la ayuda de la ciencia como todos sus demás retos, no había necesidad de preocupar a los demás y menos de confesar su enamoramiento.
Sí, bueno pretendía que ese fuera el secreto, pero encerrarse en el laboauto y tener un ataque de tos por varios minutos tampoco contribuía demasiado a ser discreto.
—¡Senku! —Kohaku atendiendo el alboroto que el chico antes había hecho se entrometió en el espacio y lo volteó a ver preocupada —¿Estás bien?
Senku ya había limpiado la sangre de sus labios, así que solo ocultó velozmente los petálos manchados de rojo cubriéndolos con otros tantos.
—Sí, sí lo estoy.
Pero el acto no podía pasar desapercibido ante una bendecida vista como la que tenía la rubia, solo que antes de que pudiera apelar, Gen se le acercó por la espalda.
—Senku-chan, ¿Todo esta bien? —amablemente también preguntó asomando su cabeza en el laboauto y ampliando una sonrisa al ver todas esas flores —¡Ah! ¿Es lo que usaremos para crear los cosméticos?
Senku dio un respingo al verlo, aclaró su garganta para volver a sonar neutral y asintió. —Sí, estaba preparando los ingredientes. —Se puso de pie— Vamos leona, tenemos que darnos prisa, haremos un milagro con el poder de la ciencia para que en la selección de mañana te veas hermosa. —Y los invitó a salir con él.
—¡No soy una leona! —replicó.
Gen rio cubriendo su rostro con las mangas de su haori. —Que lastima que no tengamos un maquillaje para suavizar el vocabulario de Kohaku-chan, con eso ya sería más que hermosa~ —Canturreó.
Y Senku volvió a pegar un saltito que hizo temblar la punta de sus dedos, algo que Kohaku también vio.
Hicieron el shampoo, acondicionador y maquillaje, preparando todos los elementos para embellecer a las chicas que infiltrarían donde el cabecilla, contaban con la astucia de Amaryllis y la fuerza de Kohaku, pero querían estar verdaderamente seguros de tener una carta ganadora, fue entonces cuando la isleña propuso hacer más pruebas de maquillaje ahora en ellos.
Senku rechazó la idea, usar vestido y llevar coletas definitivamente no era su estilo y aún así se estremeció cuando Gen le mencionó que si no abria la boca no podrían descubrirlo. Ciertamente no supo como sentirse tras el comentario, una pequeña parte de él esperaba otro cumplido, algo así como que él también se veía lindo...
Una espina le rasguñó por dentro y disimuló su queja con un grito que ahogó cuando vio a Gen vestido de mujer, era malditamente atractivo, no había duda de que lo escogerían y también, era probablemente el mejor caballo de troya, hábil, inteligente, perspicaz, bello, astuto y talentoso.
Senku no podía parar de nombrar todas las virtudes de Gen en su mente y agradeció que Kohaku abriera la boca diciendo que era demasiado alto para el estándar porque de lo contrario él no hubiera podido encontrar otra razón por la que podrían rechazar a Gen y seguir manteniéndolo a su lado.
Cuando suspiro aliviado por eso, Kohaku le dedicó una suave sonrisa.
Al final fue Ginro el que acompañó a las chicas y cuando vigilaron el trayecto de estas desde la selección hasta la fortaleza del cabecilla Gen tampoco perdió la oportunidad de burlarse un poco de ellas, más directamente de Kohaku y ahí lo tenías diciéndole que hiciera una pose linda mientras la admiraba sonriente.
Senku se mordió la lengua para evitar toser erratícamente, después de todo no estaban muy lejos de Ibara y el plan a penas iba iniciando.
—¿Senku-chan estás bien? —Gen le cuestionó en voz baja, luciendo preocupado.
Pero Senku solo nego, no necesitaba su preocupación, necesitaba que dejará de coquetear.
El chico selló sus labios hasta volver a su escondite, donde dejó que el agua se llevara todas sus flores combinadas con sangre. El escenario consternó a la pequeña Suika que iba rebotando por ahí llevando materiales para ser útil y Senku buscó tranquilizarla de inmediato pidiéndole que no dijiera nada.
La niña se quedó un poco más tranquila cuando Gen consoló al científico después de que descubrieran el tesoro que le había dejado su padre.
Ella no entendía muy bien lo que Senku quiso decir cuando mencionó que no compartía sangre con su padre, pero tal como Gen lo había dicho; "Es no importaba", lo que verdaderamente los unía era su tenacidad y que no se rendían nunca. Con esas palabras la vista de Senku dejo de estar nublada por las lágrimas y pasó a ser una más decidida a rescatar a todos sus compañeros.
Además, ella y Soyuz también le habían guardado un pequeño secreto a Gen esa misma noche, justo como el científico se lo había pedido a ella y fue que no le dijieran que mientras el dormía Gen lo había procurado tarareando una melodía y masajeando su espalda al notar como su pecho se contraía por un esfuerzo desconocido.
Las cosas avanzaron hasta que Ryusui consiguió integrarse a ellos, Senku había apreciado volver a compartir tiempo de calidad con el mentalista justo como en un inicio, donde en el suelo de Ishigami los únicos pertenecientes a la era moderna eran ellos dos, pero la compañía del capitán también resultaba ser bastante útil.
Incluso más de lo que Senku previa.
—Entonces iremos Soyuz y yo, nos adentraremos al mar para buscar la estatua de Kaseki, me aseguraré de aprovechar al máximo los tanques de oxígeno antes de que se nos acabe el tiempo.
—Sí, cuento contigo, experto en el mar. —Senku le sonrió mientras rascaba su oído— Me gustaría poder ir con ustedes para tener mayor precisión con el tiempo, pero esos tanques son todo lo que tenemos, así que yo los custodiaré desde afuera junto con el mentalista, confíen en nosotros.
Terminó de afinar detalles con Ryusui antes de que partieran en su pequeño barco hasta la costa con la misión de rescatar a Kaseki.
Y creyó que todo lo había entendido bastante bien, hasta que Ryusui elevó la voz y le habló casi como un regaño. —¡No, eso es imposible Senku! Tú no puedes entrar a la mar con tu condición.
Senku hizo un gesto. —Lo sé, seguramente terminaría flotando en el agua, no tenías porqué recalcarlo —bufó.
Y Ryusui chasqueó la lengua como muestra de desaprobación. —No me refiero a eso, habló de tus pulmones.
—¿Mis pulmones? ¿Qué tienen? —Senku expresó confundido.
Ryusui le señaló luego de chasquear los dedos. —Están conteniendo algo, ¡No puedes engañar a la intuición de un marinero!
Senku dio un respingo.
¿Era posible que Ryusui se hubiera dado cuenta de su hanahaki?
—¿De qué hablas? —fingió demencia.
—Senku —volvió a reprenderlo—, esta mal, no puedes seguir así. Si te lo sigues guardando el aire te comenzará a faltar aunque no estés bajo el agua. ¡Tienes que soltarlo!
—¿Ah?
Ryusui se comenzó a irritar por la actitud de Senku, tan renuente y terco. Mientras que el científico solo quería esconderse ante la posibilidad de que alguien lo descubriera, si Ryusui ya lo había hecho, muy seguramente Gen también lo haría y no. No estaba preparado para decirle lo que sentía.
Las flores le llenaban hasta la garganta cada vez más seguido, quizá por seguir estando al lado de Gen sin ser correspondido, Senku creyó que la distancia y la posibilidad de perderlo era la razón de sus males, pero en ese corto tiempo entendió que eso era solo otra excusa, lo que de verdad le lastimaba era no poder evitar sentir ese amor y deseo por Gen aunque ya lo tuviera a su lado, porque el hecho de que lo rechazara era lo que más miedo le daba en el mundo, más que verlo con alguien más o no verlo en absoluto.
Solo temía perderlo.
—Bien, bien, ¿Qué sucede aquí? El ambiente esta muy ánimado, ¿no creen? —Gen intervinó en la tensa charla.
Ambos chicos desviaron su vista con un suspiro.
—¡No importa! Vamos mentalista, tú te quedarás conmigo para esta misión. —Senku le tomó la mano y lo llevó con él hasta el barco.
Ryusui los miró fijamente.
El recuperar a Kaseki salió mejor de lo que esperaban, ahora que tenían a Taiju la posibilidad de traer a todos sus compañeros de regreso era mucho más factible y todo estaba saliendo bien. Con eso, si tenía algo más de suerte, quizá podría permitirse algo de tiempo para seguir analizando los petálos que salían de su boca, antes no pudo hacerlopor el miedo a que Gen lo descubriera pero ahora Chrome podía cubrirle la espalda en lo que a la ciencia respectaba y los demás también.
Pero él nunca tuvo buena suerte.
Y los problemas vinieron uno tras otro, primero Amaryllis volvió con ellos para informarles que Kohaku y Ginro habían sido descubiertos y convertidos en roca por Ibara, les reveló la verdad sobre el cabecilla, quien resultó el padre de Soyuz y por último, apareció Mozz con la intención de matarlos a todos.
El más adecuado para evitar el peor de los escenarios era claramente Gen y eso no significó buenas noticias para la condición del chico de mirada carmín. Porque ver a Gen en peligro era una cosa y luego verlo junto al guerrero tratando de convencerlo de formar una alianza con su grupo tan pegado a él y sonriéndole de forma complaciente fue otra.
Además de que Mozz dejo muy en claro que a él solo le interesaban las chicas lindas y que su objetivo era conseguir el control sobre la isla para adueñarse del Harem que ahora tenía Ibara, Senku sintió escalofríos al pensar que el deseo de ese hombre no diferia mucho de lo que quería Gen también. Se imaginó qué hubiera pasado si a Gen le ofrecían la oportunidad de disfrutar también de ese harem y pensó lo peor; que lo traicionaría y aceptaría encantado la propuesta.
Otro par de espinas que se clavaron sobre su piel y que provocaron una queja que solo un par de oídos bien entrenados pudieron escuchar.
Gen ganó, obviamente.
Y después de felicitarlo, Senku dejó libre otro gran puñado de flores en el agua.
Ukyo le mencionó el día del asalto tridimencional que él si que daba miedo debajo de la capucha de su disfraz por las pintas que llevaba encima, ojeras y cansancio por no haber dormido adecuadamente siendo víctima de pesadillas con pensamientos negativos que su mismo subconsciente provocaban y también, del dolor en su pecho.
A ese punto ya sabía que no podía ocultarlo, todos se habían dado cuenta de su padecimiento y se sentía indefenso.
No había podido resolver su propia enfermedad, ni seguir adelante y con todo el alboroto posterior a eso tampoco decirle la verdad a Gen.
—Me gustas, mentalista —pronunció frente a su estatua, con una mirada llorosa, las piernas temblando y un fuerte dolor en la boca del estomágo que lo obligo a caer sobre sus rodillas y toser uno y otro y otro petálo más.
La batalla había acabado, la persecusión en el barco, en la isla, el enfrentamiento cara a car con Ibara. Todo.
Senku incluso había conseguido la medusa, pero no el valor de decirle eso mismo a Gen Asagiri en otro momento que no fuera estando debajo de la roca.
Era tan patético...
Eso le recriminó Kohaku, aunque con otras palabras luego de que la despertara y se reuniera con ella en el árbol que había resguardado durante esos miles de años el tesoro que su padre le dejo como regalo. ¿Quién lo diría? Su padre le regaló un tesoro valioso, una aldea con amigos en que apoyarse en el futuro y su tenacidad por la ciencia y aún así, su cerebro enamorado eligió poner los ojos sobre alguien que nunca creyó cruzarse de frente en el mundo de piedra.
—Tal vez las cosas hubieran sido mejor si nunca lo hubiera conocido, si solo hubiera escuchado su nombre en las portadas de esos libros basura y jamás me lo hubiera topado aquí, en el mundo de piedra —Se quejó.
Y la rubia lo reprendió.
Cuando escucharon los arbustos de atrás de ellos removerse ambos supieron de lo que se trataba y Kohaku regañó a grito abierto al científico impulsándolo a retractarse de lo que había dicho de inmediato y ser completamente sincero con Gen por una vez en la vida.
Solo así Senku pudo reunir el valor para hacerlo.
Lo que había dicho no era cierto, no podía imaginarse un mundo donde Gen Asagiri no existiera a su lado, incluso había agradecido diez mil millones de veces el haber cruzado sus caminos en el mundo de piedra. Lo amaba, lo amaba maldición, solo que era un cobarde, aferrado a esa prohibición autoimpuesta de no enamorarse y que claramente había fracasado.
Por que estaba perdidamente enamorado de él.
Y entonces, decidió levantar su prohibición muy tarde o quizá bastante a tiempo... No supo como catalogarlo cuando vio a Gen tumbado en el suelo, jadeando bastante agitado, casi llorando.
—¡Mentalista! —gritó con la respiración entrecortada por el esfuerzo que conllevó alcanzarlo —Espera, eso no era lo que quería decir, yo...
—¿Senku-chan? —Gen volteó a verlo.
Entonces las pupilas carmín de Senku se contrajeron al ver esa dolorosa imagen de frente.
Gen, su querido Gen. Su amado mentalista, la persona que lo había hecho sentir como un niño ingenuo en temas del amor todo ese tiempo y por el que había estado escupiendo flores ante la posibilidad de su rechazo, estaba ahí, ahora mismo, frente a él. Escupiendo flores de la misma forma.
Gen también estaba padeciendo los síntomas del hanahaki.
Estaba de rodillas porque no pudo seguir corriendo para contener los petálos de la flor de su corazón marchita para llevarlos hasta donde nadie los viera, luego de que las palabras de Senku le habían roto por fin su corazón en mil pedazos, pues había sentido todo su rechazo. Ese que temió tanto que nunca pudo enfrentar y guardo para sí hasta terminar de esa forma.
—¡Gen! ¡Gen! —Senku se tiró violentamente en el mismo sitio tratando de tomarle.
Cuando Gen le rechazó. —¡No es nada Senku-chan!, ¡Vete! —En cuanto abrió la boca más y más petálos salieron, también manchados de sangre, lo que alteró más al chico.
—¿De qué hablas? ¡Estás herido! Déjame revisarte —insistió.
El bicolor volvió a negarse. —No tienes que preocuparte por mí, después de todo, hubiera sido mejor si no nos hubieramos conocido, ¿Cierto?
Entonces Senku se estremeció, una lágrima cayó desde su mejilla y una última espina lo hizo sacar todo lo que había retenido.
Él también comenzó a toser flores.
Las soltó frente a Gen e inútilmente solo cubrió su boca con sus manos para que no lo viera. Gen se impactó de inmediato, buscó incorporarse de mejor forma y atrapó a Senku entre sus brazos para sobar su espalda en un intento desesperado de calmar su dolor.
—Senku-chan...Senku-chan...—repetía su nombre con una voz frágil, por su garganta los pétalos no dejaban de fluir, pero aún así colocó como prioridad a Senku.
Entonces el chico se sinceró con él. —Lo siento...
—No hables —Gen le pidió—. Es doloroso, lo sé. ¿Por qué no me dijiste antes? Podía haberte ayudado, ¿O es que para eso tampoco me necesitabas Senku-chan? Como yo no era la persona a la que amabas, creíste que no era necesario decirme nada, así como conocernos en la era de piedra, ¿Cierto?
Senku se alteró.
—¿De qué hablas? —Volvió a toser.
—Basta.
—No, no. Espera, ¿De qué hablas? De verdad, ¿Quién piensas que me gusta, idiota? —soltó a Gen para empujarlo y verlo de frente, apenas pudiendo responder por tanto pétalo saliendo de su boca.
Gen tenía colgado uno sobre la comisura de sus labios, Senku se perdió un segundo en su movimiento antes de escuchar la respuesta del chico.
—Eso no importa ahora —de nuevo tosió—, te rechazaron, ¿Cierto? No es que me alegre, al contrario, me preocupa que estés así de mal. —sus ojos estaban llenos de lágrimas.
—¿Y a ti? ¿Te rechazó Amarillys o qué? —Senku replicó con una ceja enarcada.
Gen dio un respingo. —¿Amarillys? N-no, para nada...
—¿Entonces?
El brazo del mentalista pasó por encima de sus labios delgados y los limpió, no quería verse tan patético enfrente de la persona que lo había rechazado—. Hace unos segundos, dijiste que lo mejor hubiera sido que no nos conocieramos Senku-chan —sonrió vagamente—, eso claramente fue un rechazo.
Y por más que quizo, no pudo evitar llorar.
El corazón de Senku punzó, ver al chico que amaba romper en llanto frente a él era más de lo que podía soportar, pero su cerebro por otra parte, estaba demasiado confundido para empezar.
¿Eso quería decir que Gen todo ese tiempo lo amó a él?
¿Qué el mentalista estaba pasando por lo mismo? Sufriendo la distancia y las interacciones ajenas con tanta rudeza como él, incluso más y aún así había decidido quedarse callado hasta ese punto.
¿Acaso ambos eran idiotas?
Luego de una pausa Senku fue el que tomó la iniciativa esta vez para abrazar a Gen, lo llevó contra su pecho y le acarició la cabeza con delicadeza.
—¿Senku-chan?
—Cállate y escucha bien porque no voy a repetirlo —le dijo—. Yo no podría estar más agradecido de haberme cruzado contigo en este mundo de piedra, ¿Entiendes? Por que te amo.
—¿Qué? —Gen intentó sáfarse.
Pero Senku pusó todo su esfuerzo en evitarlo—. Me gustas, Asagiri Gen. Tú y solo tú, no soporto alejarme de ti, no soporto verte con alguien más y es un dolor de cabeza porque yo no quería enamorarme, al menos no hasta traer de regreso la civilización, pero cada que haces algo por mi me pones las cosas díficiles, así que, aunque me rechaces, solo dime que te quedarás conmigo siempre. Si no lo haces, de verdad moriré a causa de estas tontas flores.
Gen tragó saliva, podía escuchar el corazón de Senku retumbar dentro de su pecho en esa posición, cuando el científico cayo en cuenta de ello lo dejo libre y desvió su mirada para ocultar su rostro sonrojado.
Luego de un segundo, ambos sintieron sus gargantasun poco más frescas y recuparadas, así que volvieron a separar los labios.
—Yo...—dijieron al unísono. Lo que incrementó su vergüenza.
El mentalista incitó a Senku a que tomará la palabra y este preguntó en voz baja—¿Tu respuesta?
Gen formó una muy suave y encantadora sonrisa. —Te amo Senku-chan.
Descendieron la mirada hasta las flores que ambos habían regado por el piso, acababan de confesarse su amor encima de mil colores de primavera. Y terminaron sellando su unión esa misma noche, bajo los fuegos artificiales y compartiendo con todos sus amigos, que ya sabían lo que ambos sentían y estaban felices de que al fin se hubieran decidido a decirlo en voz alta, conectando sus labios.
En un beso, con un muy ligero rastro de polen sobre ellos.
FIN.
