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💜💚°Una melodía familiar° (SenGenSummerWeek)

Summary:

Gen Asagiri canta en medio de la calle imitando las voces de cantantes famosos a cambio de dinero para conseguir "Cumplir su sueño", un día Senku lo escucha cantar la famosa canción de Lillian Weinberg "One Step From Zero", esa canción que le recuerda tanto a su padre y queda totalmente flechado de él.

Este es un relato sobre alcanzar tus sueños y seguir adelante. También del confort que puedes encontrar en algo tan especial como una melodía. Y es mi segundo aporte a la #SenGenWeek con el tema: "No-petrification Au" que se da en la era moderna. Espero que puedas disfrutarlo ^^

Notes:

•Relato SenGen 💚 💜
•Au era moderna- Sin petrificación.
•Senku tiene un crush con Gen.
•Gen es un artista ambulante.
•Drama, confort, mención de la muerte de Byakuya.
•Happy ending.

Relato para el segundo tema de la SenGen week 2025: "Non-petrification"

#SenGenSummerWeek2025 #SGWDay2 #SWdía2 #nonpetrificationSenGenAu

Espero les guste ^^.

Work Text:

Era un día triste para Senku.

El clima era soleado. Era entre semana, así que el tráfico en las calles estaba a todo lo que da, el ruido urbano era el de costumbre. Todas las demás personas estaban enfocadas en su rutina diaria.

El tiempo seguía fluyendo a su propio ritmo. Y nadie se detenía a mirarlo.

Para el resto de las personas era un día cualquiera, pero no para Senku Ishigami.

Para el joven científico, ese era un día triste.

Probablemente el más triste de toda su vida, pues había perdido a su padre.

Era curioso, Senku podía sentir como cada paso hacia que le doliera más y más el corazón. Cómo le faltaba el aire y sus oídos latidos retumbaban dentro de sus oídos.

Y aunque intentaba abrirse paso por la multitud sentía que no avanzaba, no quería llegar al cementerio y ver la tumba de aquel hombre que lo crío porque no sabría cómo reaccionar.

Todas las personas a su alrededor estaban en lo suyo, seguían avanzando acelerados por el propio ritmo de sus vidas, pero él no podía. Para él, el tiempo estaba detenido desde que escuchó la fatídica noticia.

Byakuya estaba en Estados Unidos, lejos de él, comprometido con formar parte de un proyecto especial que la NASA estaba a punto de lanzar: El gran concierto espacial de Lillian Weinberg.

Un proyecto en el que Byakuya formaba parte de la tripulación que acompañaría a la chica fuera del planeta para transmitir en vivo y así cumplir su sueño de ser astronauta, ese por el que había luchado tanto, dedicado esfuerzo y que incluso él se había dedicado a apoyarlo. Pero fue repentino.

Byakuya se quedó sin la posibilidad de poder cumplir su sueño porque el cohete despegó, pero sin él dentro.

El accidente fue vial, o algo así le dijieron las personas que se comunicaron con él para sarle la noticia, las posibilidades eran bajas y aún así sucedió. Y Senku, del otro lado del mundo no fue capaz de hacer nada. De hecho, realmente no hizo nada.

Los agentes estadounidenses y personas de la NASA se encargaron de ejercer todo el papeleo correspodiente para trasladar las cenizas de Byakuya a Japón, con su hijo que aún era menor de edad y le dejaron todo listo para que solo él fuera y pudiera recibir las cenizas en un lugar consagrado.

Senku no pudo procesar de inmediato la noticia, aunque ahora mismo estaba en la entrada del cementerio.

Nunca había sido creyente, pero al tener las cenizas enfrente encendió un incienso y dedicó sus oraciones como en un último adiós. Un adiós díficil de pronunciar porque Byakuya solo lo tenía a él, pero él tenía también solo a Byakuya y ahora estaba solo.

Y aunque le doliera bastante, no pudo soltar lágrima alguna, para él el tiempo todavía seguía detenido.

Tal vez hubiera sido buena idea contarle a Taiju o decirle a Yuzuriha y al final apoyarse en sus dos mejores amigos, pero no quería importunar. Y por eso, al salir del cementerio él camino sin rumbo entre las calles de la ruidosa ciudad, con la cabeza agachada y la mirada perdida. Anduvo de esa misma forma de ahí para allá, tanteando los callejones y esquivando a la gente ocupada, hasta que una melodía familiar se coló por sus oídos en medio de todo ese ruido urbano, una voz deslumbrante resonaba por lo bajo en la esquina de una gran avenida.

Senku entonces corrió, guiado por aquella voz.

Y la manecilla de su tiempo comenzó a avanzar.

La reconocía, sí, no había duda alguna, era la voz de Lillian.

Había escuchado otras veces cantar a la chica antes de que su padre tuviera aquel incidente, él y ella eran muy cercanos, durante toda la preparación del despegue del cohete la tripulación creo relaciones de valor y su padre congenió bastante bien con aquella cantante, tanto que, en varias de las llamadas que intercambiaron antes, él había logrado escucharla de fondo.

Así que no podía confundirla, esa voz era parte de los últimos buenos recuerdos que había formado con Byakuya.

Pero aunque estaba al noventa y nueve por ciento seguro de que se trataba de ella, el otro uno por ciento tenía más lógica y como siempre, la razón era lo más importante para el chico. Era obvio que aquella cantante no estaría en ese lugar luego de haber viajado al espacio. Y entonces ahí seguía la duda: Si no era ella entonces ¿Quién?

La respuesta llegó a Senku cuando llegó al final de la calle.

Ahí, de pie, con una pequeña bocina que reproducía la pista en instrumental, un sobrero de mago puesto copa abajo con un cartel de cartón que tenía escrita la leyenda: "Apoyame a cumplir mi sueño", un cabello particular dividido a la mitad por un tono blanquecino y oscuro del lado contrario y ropa algo desgastada, estaba un chico.

Quizá un poco más alto que él, delgado, de cejas pequeñas y labios delgados, cantando con una melodiosa voz la canción más popular de Lillian. A pesar de ser un hombre, el chico tenía un rango vocal impresionante y grandes hábilidades de mimetismo, sonaba casi como la verdadera y no necesitaba de algún arreglo o instrumento para acompañarle, con el mismo entusiasmo que la voz que él tenía en sus memorias.

Se quedó pasamado, observándolo fijamente mientras daba su interpretación a cambio de unas monedas.

El tiempo parecía correr de la misma forma para él también, pues aunque estaba ahí, dándolo todo, nadie se detenía a admirarlo, quienes pasaban a su lado no escuchaban realmente lo que cantaba y solo unos cuantos le arrojaban alguna que otra moneda.

Nadie le hacía caso a aquel chico de cabellera bicolor en esa gran ciudad, solo una única mirada carmín que lo veía con ensueño y los ojos llorozos desde el otro extremo de la calle.

La mirada de Senku Ishigami.

A la cual le bastó escuchar la primer estrofa de la canción salir de sus labios para comenzar a derramar lágrimas. La voz del muchacho había logrado traerlo de vuelta, su tiempo volvió a fluir acompañado de cada rima y el confort que la voz suave le otorgó acarició tiernamente su corazón hasta el punto que le dio el consuelo.

Fue esa la vez en la que por fin pudo llorar la muerte de su padre y liberar todo su sentir de encontrase solo en el mundo.

Lloró hasta que la canción acabo.

Y luego le dejó al chico un billete en su sombrero.

A partir de entonces, Senku Ishigami se volvió algo así como un admirador ferviente del chico que cantaba en las calles. No era realmente muy comprometido pero cada que visitaba la tumba de su padre procuraba ir a verlo después, a esa misma avenida, en la misma esquina, el chico volvía casi a diario e interpretaba casi a la misma hora un repertorio de canciones variadas. Algunas con títulos en un inglés perfecto, con voces femeninas como principales y otras de idols ya posicionados.

Siempre con el mismo letrero.

Senku procuraba dejarle una buena propina cuando terminaba de escucharle, cruzaba la calle e iba hasta su sombrero sin intercambiar alguna palabra, más que aplausos y ovaciones cuando concluía su actuación.

Con el tiempo, la gente comenzó a prestarle mayor atención al talento del chico y cada vez que Senku volvía a asistir conseguía reunir de a poco más y más gente, más y más propina. Mientras él, solo le veía desde la lejanía.

El joven amante de la ciencia se preguntó muchas veces cuál sería ese sueño que el otro mencionaba en su cartel, porque aunque ahora se ganaba más monedas seguía viéndose igual que cuando lo conoció. Con un corte impar, cabellos largos y ropa gastada, tal vez, su sueño era demasiado costoso como para permitirse invertir alguno de esos yenes en mejorar su aspecto, era extraño conocer a un chico así en esa edad, no se le veía tan grande, a lo mucho sería mayor por dos o tres años y también, innegablemente tenía mucho talento.

Claro que Senku no era el único intrigado en cada presentación que el otro daba.

El cantante también lo estaba al respecto de esa persona que cada semana iba a escucharlo cruzado de brazos desde la otra calle y que no le quitaba la mirada de encima desde la primer canción hasta la última.

Pensó que era alguien muy raro, pues aunque le agradaba tener público que lo escuchara y felicitará nunca pensó que alguien así se tomará el tiempo de dedicarle un espacio de su día únicamente a escucharlo a él en medio de todas esas calles ruidosas y luego, le recompensará con una muy buena propina.

No se hizo pensamientos raros o sacó conclusiones precipitadas únicamente por el hecho de que esa persona se veía como cualquier otro estudiante de secundaria, bueno, a excepción del pelo. El cabello verdoso en punta si que era llamativo, pero por lo demás, se trataba de un estudiante de apróximadamente quince años, tímido, que siempre lo veía desde lejos sosteniendo un ramo de flores.

Al principio pensó que se trataba de un adolescente hormonal que casualmente estaba teniendo citas cerca de la zona y las llevaba para su novia, pero el chico solo llegaba a oír su concierto y al terminar se marchaba de inmediato, así que lo descartó y simplemente pensó que podía frecuentar esas calles bastante a menudo, pero no dejaba de ser curioso.

Cierto día, hubo más público de lo esperado y Senku solo pudo alcanzar a ver la punta de la cabellera bicolor del joven limitándose a solo oír su voz ya que, al parecer, el chico se había vuelto bastante popular porque alguien que lo había escuchado cantar antes lo grabó y subió a redes sociales. Desatando un boom casi repentino, varios de esos nuevos asistentes solo querían escuchar cantar al chico de las mil voces.

Pero Senku solo quería volver a escuchar la canción de Lilian en su voz una vez más.

Le alegró bastante que más gente le reconociera, incluso percibió que al final de su presentación una persona bien uniformada le ofreció una tarjetita de papel y el otro la recibió con bastante alegría.

Esa fue la primera vez en la que Senku vio a ese cantante sonreír y su corazón sintió casi la misma calidez que cuando lo conoció. Tal vez, el sueño de ese chico podía cumplirse pronto y Senku se alegró por ello.

Espero como todas las demás veces, fervientemente a que todo el público se retirará para él ser la última persona que dejara propina en su sombrero, que por primera vez estaba hasta el tope de dinero. Colocó su billete en la punta mientras el otro alzaba su pequeña bocina y se dispuso a retirarse. Pero antes, la mano pálida del joven le detuvo tomando su muñeca.

—¡Espera! —pronunció con ánimo.

Senku al verse atrapado pegó un saltito.

El chico entonces pensó que podría haber sido bastante rudo y lo soltó—Oh, lo siento, no quise asustarte. Solo quería agradecerte por venir hoy. —Ofreció una reverencia.

Senku abrió los ojos con sorpresa, era la primera vez que escuchaba al chico con una voz que no imitaba a alguien más, esta era mucho más genuina porque era suya y la verdad, tampoco estaba mal.

—Espero te haya gustado. —Agregó.

Senku asintió suavemente. —Ah, ya te he escuchado antes, cantas muy bien.

El otro le dedicó una sonrisa. —Lo sé. Te he visto, gracias por todo tu apoyo.

—Ah, sí. —Senku desvió la mirada con un poco de color en sus mejillas, no pensó que lo identificaría con toda la gente que había ido esa tarde.

El bicolor descendió la mirada hasta las manos del más joven. —Hoy no traes flores...—Susurró.

—¿Cómo?

Negó moviéndo la cabeza. —No es nada. Solo... ¿Te puedo hacer una pregunta?

—¿Sí? —Senku enarcó una ceja intrigado.

—¿Cuál es tu canción favorita?

—¿Perdón? —la pregunta le sacó un poco de balance.

El chico soltó una encantadora risilla. —Descuida, ¡Ya lo tengo! —Y exclamó con emoción— Es "One Step from zero" de Lillian Weinberg, ¿Desho?~ —inquirió.

Senku parpadeó dos veces consternado.

—Siempre me miras más fijamente cuando la canto. ¿Tanto te gusta? —Le molestó un poco al ver lo divertido que había reaccionado antes.

—Me recuerda a alguien. —Senku por su parte respondió demasiado formal.

—¿En serio? ¿A quién?

—A mi padre.

—Oh.

El chico se agachó hasta su sombrero para comenzar a recoger las propinas que había ganado y Senku lo miró desde arriba, nunca había estado tan cerca de él, así que decidió grabarse cada detalle, mientras su corazón palpitaba suavemente.

—¿Puedo preguntarte algo más?

—¿De qué se trata?

—¿Cuál es tu nombre?

Senku frunció sus cejas—¿Por qué quieres saberlo?

—Me gustaría saber cuál es el nombre de mi primer fan. —Volvió a sonreirle. Y rio ante el nuevo saltito que pegó.

El científico lo meditó un poco y luego, simplemente lo dijo. —Ishigami Senku.

—Ishigami Senku...—repitió en voz baja. Volvió a dibujar una sonrisa suave en su rostro y luego, cuando terminó de recoger sus cosas se puso de pie— Bien, Senku-chan, me aseguraré de recordarlo.

—¿De qué hablas?

—De tu canción favorita. —Guiñó— Así que por favor —y luego le volvió a sostener las manos, ambas, esta vez como un estrechamiento cariñoso—, espero seguir contando con tu apoyo.

Esa fue la última sonrisa que el chico le dedicó y también, la última vez que lo vio.

Senku no se atrevió de preguntar también su nombre de regreso y fue una verdadera lastima, porque si lo hubiera hecho tal vez se hubiera quedado con una última pista y no solo el vago recuerdo de su melodiosa voz.

Volvió a la semana siguiente a la avenida, pero esa vez el chico no estaba ahí y así la siguiente de la siguiente hasta que se dio por vencido. Creyó quizá que eso significaba que ya había logrado alcanzar su sueño y que por eso era que ya no necesitaba más seguir ofreciendo espectaculos ambulantes a mitad de la calle.

También evitó pensar en otras posibilidades, como la de que le hubiera pasado algo malo o su voz comenzara a darle problemas.

De verdad, no quería pensar en eso.

Así pasaron dos años, donde Senku visitó la tumba de su padre sin acompañamiento musical alguno.

Afortunadamente, era un chico listo y había madurado prontamente, para dedicarse de lleno en lo que más amaba: La ciencia.

Ahora asistía a la preparatoria, pero ya trabajaba por su cuenta en experimentos importantes intercambiando información con diversos científicos de todos los continentes, incluso con quienes formaban parte de las filas de la NASA. Quería hacer homenaje a su padre y en algún momento de la vida, ir a Estados Unidos e investigar allá.

Pero por lo mientras estaba ahí, en el laboratorio de ciencias de su escuela, escuchando los cuchicheos de sus compañeros que leían una revista de supuesta psicología, divirtiéndose un poco en responder las preguntas de un test que para Senku no tenía sentido.

—Esas preguntas son una total farsa.

—¿Eh? Pero Senku si este test fue hecho por un profesional.

—Sí claro. —Rodó los ojos.

—No, no en serio. Si hasta tiene publicados libros y eso.

—¿Ah sí? —dijo dudando de la veracidad de el hecho—¿Y quién se supone que es el autor?

—Es Gen Asagiri.

El nombre no removió ni un poco al científico, que solo se giró hasta ellos rascando en su oído con una cara de absoluto desinterés.

—¡Gen Asagiri! ¡Gen! —exclamaron.

—¡El gran mago juvenil! Ese que con tan solo diecinueve años debutó en Estados Unidos por sus habilidades en el mentalismo.

Senku mantuvo su expresión.

Yuzuriha rió suavemente. —A Senku-kun no le interesan esas cosas —dijo—, pero es cierto que Asagiri Gen es muy famoso.

—Incluso ha salido en televisión, ¡Senku! —el grandote también agregó.

El científico siguió rascando su oído. —Bueno, no me interesa ni en un uno por ciento —suspiró y volvió al trabajo.

Pero sus compañeros no dejaron de molestarle y se empeñaron en hacer que reconociera a Gen Asagiri como si hubiera una recompensa por ello.

—Mira, mira Senku, esto.

Insistieron anteponiendo la pantalla de un celular frente a sus ojos, en este se reproducía lo que era un fragmento de entrevista que ese supuesto mentalista había dado en una televisora nacional hace unos días.

Y antes de que el científico pudiera rechistar al respecto y detener el video o quitarse la pantalla de encima.

Lo vio.

Vio su rostro. El de ese supuesto mentalista y no había duda alguna de que era él.

Aquel chico que cantaba en las calles con una pequeña bocina pidiendo ayuda, era ese mismo hombre que ahora mismo portaba un traje elegante y que con una sonrisa amplia se presentaba ante un público mucho más grande en cadena nacional.

Senku tragó saliva al verlo. Tomó el celular entre sus manos y se enfocó en ver a Gen.

—Oh, ¿Te interesa ahora Senku? —cuestionaron sus compañeros.

El chico no les dio respuesta, estaba absorto en ver a Gen.

Sí, él era. Tenía el mismo corte impar que antes, aunque ahora lo teñía de negro y se veía mejor recortado. También estaba un poco más alto, el traje y los zapatos lustrados se le veían mucho mejor que estas viejas ropas, pero sus cejas pequeñas, suave sonrisa y voz seguían siendo igual de encantadoras.

Senku no se había equivocado, Gen había conseguido cumplir su sueño y en su interior se sintió bastante orgulloso.

—Entonces, ¿Dices que hiciste entretenimiento abulante para financiar tu viaje a Estados Unidos porque querías estudiar magia? —El entrevistador le cuestionó.

—Sí, me esforcé mucho —Gen dio su respuesta—. Siempre había llamado mi atención ser un mago profesional y practicar esos trucos como sacar el conejo de un sombrero.

La risa del público empatizó con el chico.

—Pero eras un niño, ¿no? ¿Cuántos años tenías?

—Tenía dieciséis años cuando viaje a Estados Unidos, ni siquiera sabía hablar inglés muy bien en ese entonces —confesó.

—¿Y entonces? ¿Cómo lo lograste?

—Bueno, fue gracias al apoyo del público japonés por supuesto.

De nuevo se ganó al público.

—Comencé cantando en las calles para pedir monedas y juntar de a poco el dinero que financiara mi viaje. Entonces un día un hombre bondadoso se acercó a mí y me ofreció trabajar en su agencia, más tarde se convirtió en mi asistente, ¡Saludos, por cierto! —miró a la cámara con una sonrisa amplia— Él dijo que tenía bastante talento, así que me ofreció la oportunidad de trabajar con él y con eso conseguí dinero mucho más rápido, luego viaje a Estados Unidos y además de la magia estudié psicología, siempre me llamo la atención el comportamiento humano y si a ustedes también les intriga, lean mi libro —guiñó.

El público volvió a aplaudir.

El presentador rio con carisma. —Vaya, este chico es toda una caja de sopresas: Mentalista, psicologo, mago y además cantante. ¡Y con solo diecinueve años señores!, un aplauso por favor.

El público reaccionó euforico con una alabanza.

Senku se conmovió y pensar que hace un par de años a ese chico la gente solía ignorarlo en la calle.

—¿Verdad que es impresionante? —le preguntó a Senku uno de sus compañeros, tratando de tomar de regreso su celular.

—Bueno y ahora que lo mencionaste, ¿Por qué no nos cantas un poco? ¿Quieres? —el presentador lo invitó a hacerlo.

—Oh vaya, hace mucho que no lo hago —Gen reveló.

Entonces el muchacho tomó el teléfono pero Senku se negó a soltarlo. —¡Espera! —replicó llevándoselo consigo.

—¿Eh? Pero es mi celular... —se quejó.

Entre tanto, en el programa el público y el presentador ya habían convencido a Gen de cantar y como si todo lo hubiera planeado el destino, la melodía que salió de sus labios fue la misma que de ese entonces. La canción de Lillian.

Senku se había alejado hasta la ventana del aula para escuchar a Gen detenidamente y cuando comenzó a cantar, el tiempo se le detuvo de nuevo, solo que esta vez para revivir la sensación que sintió ese día.

Ese cariño que le tocaba el alma con la suavidad de su voz y que lo dejaba hipnotizado. El motor del corazón de Senku se aceleró dentro de su pecho al oír al chico, que por primera vez, cantaba usando su voz más genuina.

Senku sintió un nudo en la garganta y una lágrima traviesa se resbaló por su mejilla.

—Asagiri Gen...—pronunció su nombre con ternura, en un tono suave, cariñoso y nostálgico.

Gen terminó, el público y el presentador quedaron cautivados, entonces el hombre le hizo una última pregunta.

—¡Maravilloso! Simplemente maravilloso, dime una cosa, ¿Hay alguien a quien le dediques esa canción?

Gen asintió. —Claro, a mi primer fan, por supuesto.

El rostro de Senku sonrosó.

Esa tarde fue al cementerio. La nostalgia de lo vivido le incitó a ir aunque fuera un día de los que no acostumbraba, de nuevo fue solo, con unas ramitas de incienso y un pequeño ramo de flores en la mano, pero se llevó una sorpresa cuando vio a alguien más de pie frente a la urna de su padre.

Corrió para ver de quien se trataba.

Cuando se puso a un lado de esa persona se detuvo un segundo a recuperar el aliento. El otro hombre estaba vestido totalmente de negro, de pies a cabeza, con gafas de sol y una gorra, acababa de presentar sus respetos a la tumba de su padre y dejado un ramo de flores él también, así que por supuesto que le intrigó.

—Ah, ¿Quién?... ¿Quién eres?...—a penas y pudo jadear.

Entonces la otra persona se volteó a verlo de frente y le sonrió con suavidad.

—Hola Senku-chan.

Al chico solo le bastó con oír su voz.

—Siento haber venido de sorpresa, es solo que siempre me intrigo, ¿Sabes? El saber porqué fue que pude conocerte, no tenía idea lo siento. —Su gesto fue amable y considerado con su perdida.

Senku se quedó mudo, en definitiva no esperaba aquello.

Ante la falta de respuesta Gen rebuscó en su bolsillo y le extendió un sobre con una carta dentro. —También, quería darte esto —dijo—. Nunca te agradecí lo suficiente, pero de verdad me salvaste aquel día, tú Senku-chan... Fuiste el primero que me escuchó.

Senku lo miró con unos ojos abiertos y confundidos. Él era quien debía de darle las gracias, pues él también había sido salvado gracias a su voz.

Senku miró el sobre y sonrió suavemente al leer el destinatario en la postal.

"Para Ishigami Senku. Mi fan no. 1"

FIN.

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