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Todavía recordaba esa noche.
Think I need someone older
Las luces de la discoteca lo cegaban, ya sentía el arrepentimiento corriéndole por las venas.
Apenas legal, Franco se encontraba junto a sus hermanos mayores balanceándose entre el mar de gente en una fiesta en Monte Carlo.
Los exámenes en la nuca, el estrés de su nueva rutina y la victoria de Charles en su home race fueron los ingredientes que se mezclaron para su presencia en tal noche.
— Quita esa cara, Fran. Disfruta de la noche que está hermosa. – Arthur pasa su brazo por encima de los hombros de su hermanito mientras le grita al oído.
— Vamos al VIP, allá están los chicos esperándonos. — Charles empuja a sus hermanos hacia las escaleras que los dirigen al exclusivo lugar.
Franco ni siquiera tiene tiempo de replicar y se deja arrastrar por ambos Leclerc. Se voltea hacia atrás mirando a Lorenzo con súplica, el muy traidor solo eleva sus hombros y le sonríe tenuemente mientras sigue a la manada hacia el VIP.
Al llegar, rápidamente es abrazado por sus cuñadas que se encontraban esperando a la llegada del ganador de la noche.
— No sé cómo hicieron para sacar tu cabecita de los libros pero estoy muy contenta de verte acá, pichón. — Alexandra le deja un cálido beso en la mejilla mientras lo abraza.
— Coerción, por supuesto. — Él afirma bebiendo de la bebida sin alcohol que le pasó Charlotte ni bien lo ve.
Aunque no lo admita abiertamente, Franco adora a sus cuñadas, son las hermanas que el universo quiso que tenga.
Sus hermanos ya se encuentran tomando todo lo que la barra les ofrezca, Charles particularmente está contento en demasía y recibe todo lo que la noche tiene para darle.
El menor de los Leclerc fue elegido como conductor designado puesto a que no es legal que beba alcohol, de todas formas Franco no era muy adepto a él por lo que le dio igual.
Disfruta de ver a su familia feliz.
Poco a poco, colegas y amigos de sus hermanos comienzan a llenar el VIP para celebrar la gran carrera de hoy y distender las tensiones del día.
Observa a la mariposa social, a.k.a Charles, moverse por el espacio como si le perteneciera y adorando por completo ser el rey de la noche. El menor decide que es tiempo de dar una vuelta, tal vez pueda encontrar algo de diversión por ahí.
— ¿Putivuelta, bro? Voy con vos. — Arthur se termina de un solo trago su bebida y envuelve a su hermano menor nuevamente con su brazo mientras bajan a la pista. De todos sus hermanos, el rubio era el más afectuoso y unido al más chico de la camada. También el más denso y sobreprotector.
— Uy, que pesado este puto ¡Me espantas el ganado!
— Es la idea, ahora haceme la pata que ya vi mi objetivo.
El castaño fue dejado con la palabra en la boca, su hermano ya se encontraba zigzagueando el gentío para acercarse a una rubia de cara conocida. Jade.
— El bagre no se rinde. — Comenta entre risas, esperaba que la ojiazul no le diera cabida a su hermano; Arthur se había portado mal con ella, y honestamente, le hacía falta un golpe de realidad al susodicho.
Moviéndose a la par de la música, su mirada comienza a recorrer el lugar, tratando de captar algo o alguien que le llame la atención. Cuando elevó sus ojos hacia donde estaban los mayores, se cruzó con unos ojos verdes que ya lo estaban viendo.
Just a little bit colder
La mirada verdosa posada sobre él no le decía nada. Apoyado sobre la baranda, se encontraba Lando Norris, piloto de McLaren y colega de Charles Leclerc.
Particularmente, él jamás había interactuado con el inglés. No interactuaba con nadie en la Fórmula 1, en realidad. Su interés siempre fue su hermano y todo lo demás pasa a segundo plano. Hubo pocas excepciones pero Franco prefiere olvidar esos deslices. Ahora, no puede evitar preguntarse por el interés descubierto de Norris hacia él ¿te debo algo, papito? pensó.
Alzando una ceja en desafío, Franco le sostuvo la mirada. Lando le responde con una sonrisa de lado y con la mirada aún vacía. Atorrante. Todavía mirándose el uno al otro, el menor sonríe y levanta su vaso ¡Salud! y cierra los ojos al beber.
El inglés chasquea su lengua ante la insolencia del más chico y se voltea. Para cuando el estudiante abre sus ojos, la mirada había desaparecido ¡JA!
Si que fue una sorpresa sentir unas manos en su cintura.
— Debo decir, estoy bastante sorprendido de verte solo, pensé que tus perros guardianes no te dejaban estar sin su compañía. — Lando le hablaba al oído, causando escalofríos por toda su columna. Sus manos, sus grandes manos, seguían en su cintura, que agradable sensación.
La sensual música resonaba por todo el recinto, pegando su espalda al pecho del moreno, Franco comienza mover sus caderas al compás de esta.
Take the weight off your shoulders
— Palabras bastante fuertes para alguien que terminó P2 y anda berrinchudo por eso.
— ¡Ja! Lengua filosa, digna de un Leclerc.
Con sorprendente facilidad, Lando lo voltea y reanuda la danza; pegaditos, ombligo con ombligo. Se miraban a los ojos, con tensión apenas contenida, olvidándose de todo y todos a su alrededor.
Franco se obliga a salir del trance, y mira a sus costados en busca de alguno de sus hermanos, no quería que le caguen el momento.
— Tranquilo, Arturito desapareció con una mina, Charles se está ahogando en alcohol con Pierre y tu hermano más grande está con la mujer en la barra. Te tengo todo para mi esta noche.
— Ah, mira vos, bastante calculado lo tuyo.
— No sabes hace cuánto.
Habían dejado de bailar, se miraban con intensidad buscando una señal, cualquiera, para avanzar o retroceder. Con los ojos del ruloso mayor puestos en la erótica boca del menor, este sonríe con sorna. Fue todo lo que Lando necesitaba.
— No me mires así si no vas a hacer nada al respecto, Lando.
— Vení conmigo y vas a ver todo lo que tengo que hacer al respecto, Franco.
Asegurándose que nadie los vea, Franco inicia el beso. No había ternura ni delicadeza, solo ganas, pasión y la sensación de que empezaron algo que iba a ser difícil parar.
Lando ya había esperado demasiado para tenerlo entre sus brazos. Desde la primera vez que lo vio en el paddock un año atrás, supo que esos ojos, que solo observaban a Charles, lo iban a mirar a él también. Sea como sea.
Se separaron, un hilo de saliva colgando, la tensión cargando el momento, el mitad belga agarra al pequeño monegasco de la muñeca y se lo lleva a la salida de la discoteca.
Esa noche, entre jadeos y besos, entre sábanas y fluidos, entre pasión y descontrol, comenzó la historia clandestina de Franco Leclerc y Lando Norris.
(Think I need someone older)
Baby, am I your little secret?
18, I'm old enough to keep it
Silverstone. Su casa, su hogar. Al fin había llegado la carrera que más esperaba.
Se sentía confiado, seguro y sabe que tiene todas las de ganar. Tiene un buen auto, un ingeniero confiable y una escudería que lo respalda. Y a Franco, su chico.
Estos últimos meses junto al menor lo habían traído de vuelta a la vida sin saber que estaba muerto. Todo con Franco era más fácil, coloreaba su vida y le otorgaba una paz que poco se comparaba a las nimiedades de lo cotidiano. Establecieron una rutina sin querer, y ambos disfrutaban mucho de ella. Todo valía la pena si estaban en compañía del otro.
Había un solo problema, su relación estaba en las sombras de lo clandestino. El estudiante sabía muy bien que sus hermanos se pondrían furiosos con su elección de pareja, Lando por otro lado, sería devorado por la prensa dada la edad del menor; no es que le importase mucho esto a él pero sabe que su novio no soportaría tantos ataques y su escudería no tolerará ese tipo de imagen negativa.
De todas formas, eso no impidió que la joven pareja le confiara este secreto a sus personas importantes; sus padres.
Adam y Cisca estaban un poco preocupados por las posibles repercusiones que podrían llegar a tener si esto salía a la luz, Pascale en cambio fue directa y fiel a su personalidad — No me gusta nada el panorama, pero si te hace feliz, mi niño, yo también lo soy. —
Yeah, guys, my age just aren't the same
I'm young and that's okay
Lando observaba a su novio charlando muy contento con Kimi Antonelli. La sensación pesada en el pecho y el sabor amargo en la boca se asentaban con rigidez en su cuerpo mientras veía a ambos chicos reírse con tanta soltura. A veces no podía evitar cuestionarse a sí mismo por sus acciones ¿le estaba robando experiencias de la juventud? ¿lo enjauló cual pájaro exotico? ¿se aburría de estar con una persona vieja? ¿lo dejará cuando se de cuenta de todo lo que se está perdiendo por estar con él?
La vorágine de pensamientos autodestructivos se frena de repente cuando escucha una voz, una odiosa voz.
— ¿Ya te cansaste de tirarle onda a mi hermano? Pendejito de mierda. — Charles rodea al italiano con sus brazos para hacerle una llave.
— Lo voy a dejar en paz cuando me de un be… AY, era broma, era broma, lascia andare il mio vecchio bruto. — Kimi exclama haciendo su mejor intento de liberarse del Leclerc mayor. Falla miserablemente.
— ¿Viejo bruto? Ahora vas a ver.
— Soltalo pesado. — Franco entre risas, ayuda al piloto de Mercedes a zafarse de su hermano, Kimi le da un beso rápido en la mejilla y huye a toda velocidad hacia su hospitality.
— Vení para acá vos, no te me pierdas de vista, te dejo solo cinco minutos y ya empiezan a caer los cuervos ¿podes creer? la puta madre. — refunfuña el piloto de Ferrari mientras arrastra a su hermanito a su motorhome.
Cuando Franco voltea y se encuentra con la mirada de su novio quien había observado todo el intercambio, le guiña el ojo y sigue a su hermano.
Lando no quiere ni pensar en lo que le harían los Leclerc cuando se enteren que se está tirando a su tesorito.
Lo que sea, vale la pena.
Darling, hold me while you wipe my tears
Falling, you say I'm wise beyond my years
Afuera, el cielo embravecido dejaba caer toda su furia sobre la ciudad de Mónaco. La tormenta parecía una advertencia de lo que iba a pasar. Franco deseó haber prestado atención.
Desnudo, con su cabeza apoyada en el pecho de su amante, miraba a través de la ventana la lluvia cayendo y las nubes negras cubriéndolo todo. Lando le acariciaba los rulos perezosamente mientras ojeaba su celular sin prestar demasiada atención.
Se encontraban en el departamento del mayor, aprovechando el parón de verano y las vacaciones de la universidad, se escondieron en su burbuja de idilio para disfrutar el poco tiempo que tienen para estar juntos.
Hasta que sonó el teléfono.
— ¿Hola?
— Fran, hermanito, ¿dónde estás? — Lorenzo del otro lado suena preocupado.
— En mi departamento, acá en París, ¿por qué? ¿pasó algo? — el castaño mintió descaradamente, pues era muy obvio que no iba a revelar su verdadero paradero.
— No me mientas, no a mi, yo no te voy a juzgar ni nada, lo sabes. Ahora decime en serio, ¿dónde estás?
— Lor, en serio, yo… — su hermano le interrumpe abruptamente.
— Franco, salieron fotos. Estás en Mónaco, en un ascensor, por algún motivo estás con Lando Norris y Charlie y Ar están como locos. — se escucha una respiración profunda, un suspiro cansado. — No me mientas, hermanito. No a mi. Estoy de tu lado, y te voy a apoyar siempre, especialmente ahora que se te viene la noche negra.
Lágrimas empiezan a correr por las mejillas regordetas del castaño. Lando se incorpora rápidamente mientras acuna su rostro.
— ¿Qué es? ¿qué pasa, amor? hablame.
— Lo saben.Todo el mundo lo sabe. — Su novio lo mira con esos ojos de borrego llenos de desesperación. El inglés atrae a su pareja en un abrazo fuerte intentando que su pequeño amor no se agriete.
— Todo va a estar bien, amor mío. Yo me encargo de eso.
Agarra su celular, le da un beso profundo, admira su rostro que aun en la tristeza es el más bello, y con decisión firme, comienza con las llamadas para arreglar el desastre.
La puta madre.
