Chapter Text
Nota Del capítulo: Bienvenidos al inicio de esta aventura. Aquí es donde todo se derrumba para que algo mejor pueda construirse. ¡Disfruten del caos inicial!
El aire en la sala común de Gryffindor era normalmente cálido y acogedor, pero esa noche, una tensión palpable lo envolvía todo. Harry intentaba concentrarse en su libro de Defensa Contra las Artes Oscuras, pero las voces de Ron y Hermione, que discutían acaloradamente sobre los méritos de los distintos encantamientos ofensivos, resultaban imposibles de ignorar.
—sólo digo que si Harry dominara el Sectumsempra como lo hizo el Príncipe, nadie se metería con él —declaró Ron con vehemencia, masticando un pastelillo de carne.
—¡Eso es magia oscura, Ronald! —replicó Hermione, con los brazos cruzados y esa expresión de superioridad moral que tanto le salía últimamente—. Harry no necesita recurrir a eso. ¡El Expelliarmus es perfectamente adecuado! Dumbledore siempre ha dicho que su fuerza reside en su capacidad de amar, no en la violencia.—
Harry contuvo un gruñido. Estaba harto de que hablaran de él como si no estuviera presente, y más harto aún de que Dumbledore siguiera siendo la piedra angular de toda decisión moral en su vida. —Chicos, por favor—, intentó mediar, pero fue interrumpido.
—¡Es por tu propio bien, Harry! —Hermione giró hacia él, sus ojos brillando con una determinación fanática—. Necesitas entender que el poder del amor es tu mayor arma. ¡Déjame mostrártelo!—
Antes de que Harry pudiera reaccionar, Hermione había desenvainado su varita con un movimiento brusco. No era un movimiento de hechizo que Harry reconociera.
—¡Veritas Cor Meum Revelio! —cantó con fuerza.
Un rayo de luz dorada, mezclado con destellos escarlata, salió de su varita e impactó directamente en el pecho de Harry. No fue doloroso, no exactamente, pero fue como si un gancho invisible se hubiera enganchado detrás de su esternón y tirara con fuerza. Una presión abrumadora se apoderó de él, y una luz cegadora emanó de su propio cuerpo, iluminando la sala común entera como si fuera de día.
Ron se dejó caer en su sillón, boquiabierto. Hermione palideció, su expresión de certeza se quebró en puro pavor. —Eso... eso no debería haber pasado. Era sólo un hechizo de refuerzo de convicciones...—
Pero la luz no se detenía. Y con ella, llegaron las voces. Fragmentos de conversaciones que nunca debería haber oído, susurros de un pasado que le había sido robado.
La voz de Dumbledore, grave y llena de pesar falsificado: —Lily, lo siento mucho, lo siento... pero es la única manera. Él debe ser el símbolo, debe creer que es su hijo. El mundo necesita un héroe nacido del amor de una madre, no del... legado complicado de sus verdaderos padres.—
La voz de Molly Weasley, aguda y conspirativa: —No te preocupes, Albus. Con el tiempo, se encariñará con nuestra Ginny. La sangre Potter unida a la nuestra... y la fortuna, por supuesto. Será por su propio bien.—
La voz de una mujer que sólo conocía por fotografías, Lily Potter, pero gritando, furiosa: —¡No puedes hacerme esto, James! ¡No puedes quedarte con él! ¡Él es todo lo que me queda de Reg! ¡Es mi hijo!—
Y otra voz, suave, elegante y llena de una tristeza infinita que le partió el alma en dos: —Se llama Harry, Lily. Harry Orion Potter-Black. Protégelo. Por favor.— Regulus.
—¡No...! —La palabra escapó de los labios de Harry como un jadeo. La luz se apagó de repente y él se desplomó de rodillas en la alfombra, jadeando, con el corazón martilleándole en el pecho. El mundo giraba a su alrededor.
—¡Harry! —Hermione corrió hacia él, su rostro lleno de pánico—. ¡Lo siento mucho! No sé qué salió mal, el hechizo solo debería...—
—¿Qué soy? —la interrumpió Harry, con una voz que no reconocía como propia, áspera y cargada de una emoción cruda—. ¿Qué me habéis ocultado?—
Sus ojos verdes, brillando con una furia y un dolor nuevos, se alzaron para mirarlos a los dos. Ron se había puesto pálido como la leche, mirando a Hermione con incredulidad. La expresión de culpa en su rostro era tan evidente que resultaba obscena.
—Harry, cálmate —trató de decir Ron, levantando las manos en un gesto de paz—. Hermione cometió un error, eso es todo. No escuches esas tonterías...—
—¡DIME LA VERDAD! —rugió Harry. Las lámparas de la sala común parpadearon violentamente y una grieta recorrió el cristal de una ventana cercana. Su magia, siempre contenida, pulsaba a su alrededor como una entidad viva y herida.
Hermione retrocedió, asustada. —¡Era por tu protección! ¡Dumbledore dijo que tu verdadera herencia era demasiado peligrosa, que la gente te temería! ¡Que tu padre biológico... que Regulus Black...!—
No pudo terminar la frase. El nombre, dicho en voz alta, resonó en Harry con la fuerza de un martillazo. Regulus Black. El hermano de Sirius. El mortífago que desertó. El que murió... ¿por él?
Sin decir una palabra más, Harry se puso de pie. Su mirada pasó de Ron, el amigo que lo había traicionado por una bolsa de galeones y una promesa de gloria reflejada, a Hermione, la amiga que había preferido la autoridad de un viejo a la verdad. Ya no veía a sus amigos. Veía a extraños.
Giró sobre sus talones y corrió. Subió las escaleras hacia el dormitorio de los chicos, ignorando sus gritos de protesta. Con un movimiento brusco de su varita, empacó su maleta con todo lo que poseía que de verdad importaba: el mapa del merodeador, la capa de invisibilidad, la foto de sus padres... de James y Lily. ¿Era ella siquiera su madre?
Una sola y ardiente certeza llenó su mente, clara y fría como el cristal en medio del caos: Gringotts. Tenía que llegar a Gringotts.
Minutos después, salía disparado por el hueco del retrato, ignorando los gritos ofendidos de la Dama Gorda. No sabía en quién confiar, pero sabía a quién no confiar. Y en ese momento, eso era todo lo que necesitaba.
Mientras corría por los pasillos desiertos hacia el lugar de aparición más cercano, un nombre, un lugar, surgió en su mente como un recuerdo implantado, una pista dejada caer por Sirius en una conversación olvidada hace mucho tiempo: "Beacon Hills". No sabía por qué, ni qué significaba, pero sonaba a refugio. Sonaba a esperanza.
La mentira había terminado. Y la verdad, fuera la que fuese, comenzaba ahora.
NOTA: Y así comienza todo... ¿Qué revelará el test de heredad de Gringotts? ¿Quién está esperando en Beacon Hills? ¡Estén atentos para el próximo capítulo!
