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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-09-09
Words:
1,922
Chapters:
1/1
Comments:
2
Kudos:
99
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9
Hits:
748

Después del Partido

Summary:

Toda la energía que le quedaba tras el combate no buscaba otra cosa que fundirse en los labios de Dan.

Notes:

¡Hello! Volví a publicar otro one shot de esta pareja. Después del capítulo 76, no paro de pensar en cómo seria cuando sean novios pegajosos y tiernos, por lo tanto, esto es canon related pero en un futuro más allá. Primero Jaekyung se tiene que arrastrar por todo lo que le hizo a Dan, cosa que veremos en los siguientes capítulos, ¡que emoción dios!

Sin más que decir, disfruten y veamos si publico más. Cualquier idea es bienvenida también ;)

Work Text:

El sonido de los guantes chocando retumbaba como un trueno en cada esquina del ring. Cada impacto parecía sacudir el suelo bajo los pies de los espectadores. La multitud rugía, saltaba y gritaba con cada golpe que Jaekyung lanzaba, con cada esquive brutal que ejecutaba como si estuviera hecho para dominar ese escenario.

Los últimos segundos de la pelea eran una hoguera: tensos, ardientes, incontrolables. El aire olía a sudor, a linimento, a adrenalina cruda, y la electricidad en el ambiente hacía que incluso respirar se sintiera difícil.

Dan estaba allí, entre el equipo, apenas a unos pasos del cuadrilátero. No estaba en el ring, pero su cuerpo reaccionaba como si fuera él quien recibía los golpes. Tenía una toalla colgada del brazo y un botiquín listo a sus pies, pero los había olvidado por completo. Sus manos, nerviosas, se apretaban contra sus rodillas, y cada músculo se tensaba a la par de los movimientos de Jaekyung.

—Vamos, Jaekyung… —murmuró entre dientes, la voz ahogada por el rugido ensordecedor de la multitud.

Namwook, el entrenador, estaba a su lado, con los brazos cruzados y la mirada fija en la pelea. Parecía sereno, pero su mandíbula apretada lo delataba.

El rival lanzó un derechazo con todo el peso de su cuerpo. Dan contuvo el aliento, sintiendo un nudo en el estómago. Pero Jaekyung giró con una precisión feroz, esquivó y devolvió un golpe directo que retumbó en las costillas del oponente. El sonido fue seco, brutal. El rival se tambaleó hacia atrás, los ojos vidriosos, y el juez apenas alcanzó a intervenir antes de que colapsara.

El estadio explotó. Gritos, saltos, flashes, el nombre de Jaekyung coreado como un rugido colectivo.

Dan se levantó de golpe, olvidando cómo respirar. La luz de los focos caía sobre el ring mientras el árbitro levantaba el brazo de Jaekyung, anunciando el triunfo. El nuevo campeón.

Pero Jaekyung no miró el cinturón dorado que le acercaban. No levantó la mano hacia la multitud como hacía siempre.

Sus ojos bajaron entre el mar de rostros y se clavaron directamente en Dan.

Fue un instante. Un segundo suspendido en medio del caos. La sonrisa torcida de Jaekyung, cubierta de sudor y esfuerzo, no fue la arrogante de siempre, ni la que dedicaba al público cuando disfrutaba de su poder. Fue distinta. Cálida, íntima. Una sonrisa hecha solo para él.

El corazón de Dan se desbocó. Todo el ruido desapareció. Ni los gritos, ni los flashes, ni las voces enardecidas podían atravesar ese momento. Solo existía esa mirada. Y, sin poder evitarlo, sonrió también, tímido, con las mejillas ardiendo, como si compartiera un secreto con él en medio de miles de personas.

—Ganamos… —exhaló Namwook a su lado, rompiendo el trance. Dio una palmada firme en el hombro de Dan, sacándolo de golpe de su ensueño—. Ahora prepárate, muchacho. Le toca a nuestro campeón que lo atiendas como se debe.

Dan parpadeó, tratando de volver a la realidad. Agachó la vista, recogió el botiquín y la toalla, pero la sonrisa no desapareció de su rostro. Se sentía mareado, feliz, impaciente.

Jaekyung acababa de ganar, pero lo único que Dan podía pensar era que en unos minutos, en el vestuario, ese hombre estaría frente a él.

━ ☆゚. * ・ 。゚━ ☆゚. * ・ 。゚

El vestuario estaba en silencio, en contraste con el rugido del estadio que aún vibraba en los pasillos. Dan estaba sentado en el banco de madera, con el botiquín abierto frente a él. Tenía vendas, aceites para la terapia, compresas frías y un par de gasas listas, pero llevaba minutos acomodándolas y desacomodándolas, como si realmente importara el orden.

En realidad, lo que le importaba era contener el temblor en sus manos.

Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las rodillas. Sentía la tela de su camiseta pegada a la piel húmeda por el sudor frío de los nervios. Cada tanto respiraba hondo, intentando calmarse, pero la imagen de Jaekyung en el ring volvía como una oleada: los golpes, la victoria, la sonrisa dirigida solo a él.

—Dios… —murmuró, pasando una mano por su cara encendida—. Me va a matar de un infarto.

Un ruido seco interrumpió sus pensamientos. La puerta del vestuario se abrió con fuerza, cerrándose después con un golpe contundente.

Dan levantó la vista de golpe.

Jaekyung estaba allí.

El sudor aún corría por su pecho descubierto, brillando bajo la luz blanca del vestuario. Su respiración era pesada, fuerte, y en sus ojos todavía ardía la chispa salvaje de la pelea recién ganada. Tenía el cabello desordenado, húmedo, y la sonrisa tan natural que a Dan lo dejaba sin palabras.

Por un instante, ninguno se movió. El aire entre ellos se cargó de electricidad.

Entonces Dan se levantó casi de un salto, incapaz de contenerse, y corrió hacia él. Jaekyung avanzó al mismo tiempo, como si también hubiera estado conteniendo la misma urgencia. Se encontraron en medio del vestuario y se fundieron en un abrazo que los apretó con fuerza, como si hubieran pasado semanas separados y no solo unos minutos.

—¡Ganaste! —dijo Dan, con la voz temblorosa, enterrando la cara contra su hombro. Podía oler la mezcla de sudor, linimento y victoria, y al mismo tiempo sintió cómo los ojos se le empañaban. Había aguantado todo el combate conteniendo el miedo, pero ahora, al tenerlo frente a él, unas lágrimas rebeldes le escaparon por la emoción y el alivio.

—Claro que gané —respondió Jaekyung con un gruñido bajo, su voz ronca todavía por el esfuerzo—. ¿Esperabas menos de mí?

Dan rió entrecortado, apartándose solo lo suficiente para mirarlo a los ojos, aunque sus mejillas ya estaban húmedas.

—Yo… claro que no. Pero igual casi me matas del susto. No puedo evitarlo, Jae… cada vez que peleas siento que… —su voz se quebró, y bajó la mirada.

Jaekyung lo observó en silencio por un instante. Y, sin decir nada, inclinó el rostro y besó con firmeza la humedad de sus lágrimas. Primero una mejilla, luego la otra, como si con sus labios quisiera borrar cualquier rastro de miedo.

Dan soltó un suspiro tembloroso, sintiendo cómo el corazón se le aceleraba todavía más.

—Dan… —murmuró Jaekyung, apenas separado, con una media sonrisa que solo le mostraba a él—. No voy a dejar que nada me derribe mientras tú estés mirándome.

Dan tragó saliva, sintiendo cómo la distancia entre ellos se reducía otra vez. Sus frentes se tocaron, sus narices rozaron, y las risas se mezclaron con un silencio cargado de deseo. Los labios de uno rozaban los del otro, apenas, como una provocación.

—Te amo… —susurró Dan, tan cerca que Jaekyung pudo sentir el calor de sus palabras contra su boca.

—Dilo otra vez. —La voz grave de Jaekyung sonaba más a un reto que a una súplica.

Dan sonrió, juguetón, inclinándose un poco más.
—Te amo.

Esta vez, ninguno contuvo nada.

Los labios se encontraron con fuerza, húmedos, urgentes, como si la energía de la pelea hubiera encontrado un nuevo ring en el que estallar. Dan lo rodeó por el cuello, apretándose contra él, mientras las manos de Jaekyung recorrían su espalda con una desesperación que lo hacía sentir en llamas. El beso era intenso, feroz, pero también juguetón: se interrumpían con risas cortas, con mordidas suaves, con el roce de las narices y las respiraciones mezcladas.

El beso se volvió más profundo, más desesperado. Dan sintió el calor de la victoria ardiendo en el cuerpo de Jaekyung, cada músculo aún tenso por el combate. Su respiración era áspera, pesada, pero en vez de cansancio parecía pura energía contenida.

Jaekyung lo apretó contra sí con tal fuerza que Dan se vio obligado a aferrarse a sus hombros, hundiendo los dedos en la piel húmeda. El sabor salado del sudor se mezclaba con la humedad del beso, y cada vez que intentaba separarse para respirar, Jaekyung lo reclamaba de nuevo con otra embestida de labios.

Las manos de Jaekyung descendieron por su espalda, firmes, posesivas, hasta atraparlo por la cintura y alzarlo con facilidad. Dan soltó un jadeo sorprendido y rodeó su cuello instintivamente con los brazos, mientras sus piernas quedaban colgando unos centímetros del suelo.

—¡Jaekyung! —protestó, entre risas cortas, antes de ser silenciado por otro beso que le robó el aliento.

El luchador lo apoyó contra la pared del vestuario, sin dejar de besarlo. Sus labios se movían con una urgencia que parecía no tener fin, mordisqueando, explorando, dejando un rastro ardiente en cada roce. Dan sintió que sus mejillas ardían, que el mundo se reducía a ese contacto húmedo y frenético.

—Te amo —susurró Jaekyung, casi sin darse cuenta, perdido en la sensación de tenerlo.

—Ah... Jae —gimió Dan.

Jaekyung gruñó bajo, complacido, y volvió a besarlo con una intensidad que lo dejó mareado. Sus cuerpos se pegaban, sus manos exploraban sin descanso: Jaekyung sujetando fuerte su cintura, Dan enredando los dedos en su cabello húmedo, jalando con suavidad para mantenerlo aún más cerca.

La respiración de ambos se mezclaba en jadeos cortos, entre besos que no daban tregua.

Dan sintió cómo el calor subía, cómo la tensión crecía demasiado rápido. Jaekyung no parecía querer detenerse. En un momento a otro, sus labios bajaban hacia su cuello, dejando besos húmedos que lo hacían estremecer.

Con un esfuerzo enorme, Dan apoyó una mano contra el pecho sudado de su novio, intentando poner un poco de distancia.

—Jaekyung… —su voz salió entrecortada, como un suspiro—… aquí no.

El luchador levantó la cabeza, frunciendo el ceño como un niño al que le quitan un juguete. Sus labios se torcieron en un puchero torpe, que desentonaba con su porte de campeón.

—¿No? —preguntó Jaekyung genuinamente.

Dan no pudo evitar sonreír. Levantó la mano y con suavidad le pasó un dedo entre las cejas, alisándole la frente y borrando esa expresión.

—No pongas esa cara. Espera que estemos en casa...—habló Dan junto con una sonrisa ladeada.

Jaekyung lo miró con los ojos brillantes, suspiró, y aunque parecía rendido, asintió despacio.

—En casa… —susurró Jaekyung con la voz grave, y enseguida volvió a capturar la boca de Dan.

El beso fue más lento, húmedo, como si saboreara cada instante después de tanta adrenalina. Dan se aferró a él, respondiendo sin prisa, con un calor que le recorría entero. El mundo a su alrededor se fue desdibujando: solo quedaban sus labios, el sudor tibio en la piel y el ritmo entrecortado de sus respiraciones. Dan sonrió en medio del beso, acariciando la nuca sudada de su novio.

—Ya basta… —murmuró entre risas suaves—. Es hora de hacer la sesión, ¿recuerdas? Estiramientos, terapia… si no, mañana no vas a poder ni moverte.

—No me importa —gruñó Jaekyung, apretándolo más contra su torso. Sus brazos no lo soltaban y su boca volvía a rozar la suya con insistencia—. Solo quiero seguir besándote.

Dan suspiró, medio rendido, medio divertido. Se aferró a sus hombros, hundiendo el rostro en su cuello. Y, con las mejillas encendidas, se inclinó hasta su oído, dejando que su voz temblara en un susurro cargado de malicia:

—Si no me bajas… lo único que logras es que tardemos más en llegar a casa… y en que me hagas el amor como quiero.

El cuerpo de Jaekyung se tensó al instante. Retrocedió apenas para mirarlo, con esa sonrisa torcida y peligrosa que solo le dedicaba a él. Sus ojos brillaban con una mezcla de victoria y hambre que nada tenía que ver con la pelea.

Dan rió nervioso al ver la expresión de su novio, aunque el rubor no lo dejaba escapar.

—Así que… ¿me bajas o prefieres seguir perdiendo tiempo?