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Conquering your senses (even without ask for!!)

Summary:

Fic de cumpleaños!!!

Hiori es bueno leyendo el ambiente de su entorno, era un experto con honores, pero él nunca espero que su silencio y sus gestos rompieran poco a poco los muros de Rin sin siquiera proponérselo.

¿Cómo lo logró?

Fácil, conquistando 4 de sus 5 sentidos y el quinto te dejara sorprendido.

Notes:

¡Feliz cumpleaños Rin!

Hoy es el día de nuestro niño asi que toca su fic de cumpleaños!! espero que les guste!! o si no...!!!

Work Text:

01

Sentido del gusto

Rin Itoshi, un jugador del complejo del blue Lock, caracterizado por ser tan estoico y tan distante con todo aquello que se le acerca, o eso siempre pensaba Hiori la primera vez que él lo vio. Sí, era un buen jugador (aparte de apuesto), pero su sentido social era más denso que las mismas aguas quietas. Radiactiva para todos, pero en un estado de constante quietud… salvo para aquellos que no tienen miedo a morir como Bachira, Isagi o Shidou. En resumen, Hiori sabía leer el ambiente cuando era seguro pasar cerca de Rin y cuando no, como cuando ves una señal de tránsito. 

Sin embargo, una noche él había salido cansado y con hambre del entrenamiento, probablemente la cafetería ya estaba cerrada, sin embargo la cocina estaba siempre abierta con los ingredientes básicos disponibles (Ego no se iba a arriesgar que un grupo de adolescentes incendiaran la cocina por solo hervir agua). Que bueno que Hiori no necesitaba usar las hornillas, él solo requería buscar arroz sobrante, una lata de atún, el té verde caliente de la máquina expendedora y su indispensable Nagatanien Ochazuke para tener el mejor bocadillo nocturno, y cerrar bien el arduo día que él tuvo.

Quizás el ánimo de Hiori fue demasiado que se percató tarde que hizo dos platos. Tal parece ser que él está acostumbrado ahora a traer algo adicional para compartir con Nanase o Isagi. Esto de alguna forma le sacó una pequeña risa irónica por la situación, se escuchara muy codicioso pero le daria pena desperdiciar botar el otro plato por lo que quizás se lo coma uno de sus amigos (y si tenía la suerte de encontrarlos despiertos) para que se lo comieran.

Hiori se sentó con los platos y él se dispuso a comer en la soledad de la extensa cafetería. Una soledad, que no duró mucho cuando, por de reojo, él observó como Rin pasó cerca suyo. Puede que para muchos fijar tu mirada con él era una señal para ganarte un golpe si estaba de mala o un “¿Qué me miras basura?” si estaba de buen humor, sin embargo allí se encontraban los dos sin decir ni un pio. 

Obviamente, Hiori, con lo cortés que era solo asintió con su cabeza y continuó comiendo en silencio, aunque…

-"¿Por qué Rin se me queda mirando?"-  Fue lo que pensó Hiori, masticando un pequeño trozo de atún. -"No, Rin no se fijaría en esas cosas. Así que si no es a mi entonces… ¿Es a la comida?"

Rin no dijo nada, solo soltó un bufido breve y se alejó en silencio. Hiori se sorprendió de ese comportamiento nuevo ya que no hubo una respuesta negativa. Eso era bueno para él, sin embargo ahora se mantenía merodeando por la cafetería y entrando y saliendo de la cocina, como si buscara algo. De alguna forma, a Hiori le recordó mucho al comportamiento de un gato negro que una vez vio de niño.

-"Esto es raro, pero de alguna forma… era como ver un documental de fauna salvaje."

Un par de segundos después…

-Bruff… - Rin hizo una mueca, seguido por un chasquido de lengua.

-"¿Eh? ¿Qué los gatos no hacen eso ruiditos cuando hay un ingrediente o comida que no les gusta?" - O eso fue lo que pensó Hiori viendo que había otros ingredientes por los que Rin se podría cocinar algo, pero por algún motivo ninguno llamó su atención.

Como si ninguno de esos alimentos pudiera saciar lo que él quería, a no ser…

Hiori miró el plato sobrante que él tenia.

Podrá parecer loco, pero quizás… solo quizás…

Mientras Rin seguía buscando, lo que sea que él estubiera buscando, Hiori paso a su lado para limpiar su tazón y ponerlo en el escurridor. Sin decirle mucho a Rin, Hiori se retiró en completo silencio y sin invadir el espacio de azabache.

Rin solo escuchó el eco distante de los pasos de Hiori alejándose por el pasillo y él simplemente volvió su vista al escurridor de platos, aunque… solo había un solo tazón descansando allí.

"¿Y el otro plato?"

El azabache frunció el ceño y regresó su vista a la mesa del comedor donde el cabeza de cian estuvo sentado. Sobre la superficie estaba el otro tazón totalmente intacto y junto a un vado de té verde que desprendía un ligero vapor.

Quedándose parado frente a la mesa, Rin se quedó inmovil y fijando su mirada en aquel detalle absurdo.

-”¿Qué clase de idiota dejaba comida servida para que se enfriara?”-  Los ojos de Rin siguieron el rastro hacia la dirección en la que Hiori había desaparecido.

La taza está caliente, lo cual significa que fue dejado a propósito.

Él podría simplemente buscarlo y arrojarle el tazón sobre su cabeza, o simplemente ignorar el plato y hacerlo quedar como un tonto por haber desperdiciado comida a lo idiota, pero el hambre rugió en su estómago con la sutileza de un alma en pena. 

Rin solo refunfuño.

-“Si esto era una clase de broma del de pelos de cyan, siempre puedo matarlo a escondidas y ocultar su cadáver después.”

Con esa “excusa” convincente, el azabache se dejó caer en la silla frente al tazón. Vertió con calma el té sobre el arroz, escuchando el sonido ligero de la infusión mezclandose con el obvio polvo del caldo e impregnado el ambiente de un cálido y familiar aroma.

Él llevó un bocado de sus palillos a la boca y…

-Hnnn… 

El sabor era simple, pero reconfortante. No era como el de los restaurantes, claro, pero  el condimento era lo suficiente para lograr sacarle un sutil murmullo satisfecho. Podía sentir como una tensión invisible abandonaba el cuerpo de Rin, quien ya se apoyó sobre sus codos sobre la mesa mientras seguía comiendo sin prisa, casi podía sentir que se estaba inclinando hacia adelante para percibir mejor el aroma del platillo. Después de todo, el ochazuke era, al final, el mejor estabilizador emocional que alguien como él podía pedir.

-“Al menos cabeza de coco cyan no tiene el paladar tan cagado.” - Pensó Rin, continuando masticando.

Y desde una cornisa cercana, donde nadie más lo vería, Hiori lo observaba en silencio, con una pequeña sonrisa que se asomó en sus labios al pensar:

-“Sí, es como un gato.” - Imaginar a un gato negro con los ojos de Rin tampoco lo ayudo a que esa sonrisa en su cara no se esfumara durante un largo rato.

 

02

Sentido del olfato

Quien diría que luego de la sub-20 hubiera un abordaje con Rin. Si a Hiori le hubieran regalado una moneda por cada vez que pasó más de dos minutos en el mismo ambiente con Rin tendría dos, lo cual no es mucho, pero era curioso que hubiera parado dos veces y en circunstancias que nadie hubiera sobrevivido al destructor del grupo.

¿Porque te estarás preguntando?

Porque Hiori estaba sentado a unos centímetros cerca de un Rin, en un estado tan peligroso como el mismo chernobyl en pleno incendio.

¿Cómo terminó así?

Es muy curioso que lo preguntes, pero la respuesta era muy simple.

Antes de que comenzara la cena por la victoria de Blue Lock, él solo quería ir a por su cargador (¡como pueden ver nada más que eso!) pero cuando encontró a a su compañero de equipo, Rin, sentado en aquella silla, con una toalla deportiva en la cabeza  y una mirada que hasta podrías envejecer 100 años en un segundo por lo penetrante que era, él supo que había entrando en un mal momento.

A Hiori no se le cayó el cabello por suerte; de hecho, aunque él no lo dijera en voz alta, quería saber qué fue lo que pasó para que el tigre de la jaula estuviera libre y rabioso, pero como el deseo de vivir fue más fuerte, entonces solo necesitaba recoger su cargador y salir en completo silencio.

Como si fuera el inicio de un misión secundaria, él desvió su mirada al mínimo contacto, camino hacia casillero, se puso por costumbre su perfume favorito con nota acuosa con limón en el cuello para calmarse con la fragancia, respirar hondo, tomar su cargador y salir corriendo sin mirar hacia atrás como todo un profesional.

Sí, sonaba como un buen plan.

Con un paso controlado, Hiori, camino al lado de Rin sin intercambiar miradas o decir algo. El ambiente era una gran zona de terror absoluto en el que si hablas te mueres y allí acabó tu historia para darle pase a los créditos de la película de tu vida.

Ya solo quedaba poco, unos pasitos más y ya habrá pasado lo peor (y salir vivo), sin embargo, ni bien abrió tan solo un poco la perilla de la puerta esta de nuevo se cerró de golpe y emitiendo el estruendo más escandaloso que hasta Hiori casi salta de su lugar como si hubiera escuchado un jumpscare.

No hacía falta decir quién fue él quien cerró la puerta

-Tú… quieto…

Decir que Hiori estuviera confundido era decir poco, estaba petrificado mientras escuchaba la voz de Rin a su espalda y no ayudaba que la luz se hubiera apagado debido a la mano del azabache cerca del interruptor.

"¡¿Porque su mano terminó allí?!"

No hubo ni tiempo para pensarlo, la muñeca de Hiori se vio invadida por la fuerza del agarre de Rin. No había espacio para resistencia, y tampoco tiempo para responder preguntas innecesarios. Solo un movimiento brusco que lo llevó a sentarse en la banca, con Rin detrás de él, como si necesitara una barrera humana para no desplomarse del todo.

El corazón de Hiori latía descontrolado. La lógica decía que debía hablar, preguntar, siquiera un 

“¿qué pasa?”. 

Pero la lógica de su propio cerebro también le gritaba que eso sería firmar su sentencia de muerte. Bastaba un vistazo a los ojos de Rin, un segundo antes de sentarlo, para entenderlo. Estaban encendidos, fieros, como un animal arrinconado. No había palabras que pudieran atravesar ese estado bestial.

Así que se quedó quieto, en silencio absoluto. 

La habitación se llenó con un aire pesado, como si el tiempo se hubiera detenido en esa banca. Hiori podía sentir la respiración de Rin detrás suyo. Irregular al principio, cortada, casi como gruñidos apenas contenidos… hasta que, poco a poco, empezó a acompasarse.

Los minutos casi se hicieron eternos. Diez, quince, veinte… ¿treinta? No lo sabía. Solo sabía que ahí estaba, inmóvil, como si su mera presencia hubiera sido necesaria para contener el incendio que ardía en Rin.

Y entonces, sin previo aviso, el azabache se levantó. Tomó su toalla, se la quitó de la cabeza, y empezó a guardar sus cosas con la misma calma con la que alguien hace una rutina repetida mil veces. El contraste era absurdo:

-"¿Cuándo fue que pasamos del caos furioso a una serenidad peligrosa?"

Cuando Rin pasó junto a Hiori, él se detuvo un segundo. No lo miró de frente, pero con su voz sol logra alcanzar:

-"Si le dices esto a alguien más, te mato." -  La voz del joven era baja y seca, pero sin un filo hostil.

Con eso último, Rin simplemente salió con ligera prisa, la puerta se cerró con un golpe seco, dejando a un boquiabierto Hiori todavía sentado en su lugar,solo en el vestuario, con la muñeca aún tibia y la mente desordenada.

-"¿Qué diablos acababa de pasar?"

Lo sorprendente no era la amenaza en sí (esas eran palabras normales en la boca de Rin), sino el tono que él ejecutó. No había rastro de enojo o agresión. Era… calmado. Casi resignado.

Hiori permaneció sentado, sin entender del todo. Lo único que podía procesar era el leve rastro de su propio perfume acuoso flotando en el aire.

 

03

Sentido del oído

Regresar a la alcoba durante los días de entrenamiento, antes del partido contra Nigeria, estaba dentro de lo “relativamente bien” para Hiori. Cada uno andaba ocupado puliendo sus armas y enfoques según las tareas personalizadas que Ego les había impuesto antes del reencuentro con todos los miembros del equipo.

Pero esa era otra historia para contar.

Después de entrenar, al fin él tenía un pequeño espacio para relajarse, y qué mejor manera que con una película. Tableta cargada, auriculares listos (por si acaso), un puñado de palomitas y el cómodo pijama puesta. El ritual perfecto para desconectarse del mundo por unas cuantas horas.

Todo lindo y de acuerdo al plan como uno se lo esperaría, pero Hiori muy en el fondo sabe el verdadero reto de lo mortales empezaran una vez que él toque el icono negro con la N roja… 

“Escoger entre tantas opciones.”

La pantalla de Netflix desplegaba millones de opciones: buenas, malas, mediocres, joyas escondidas y rarezas polacas de los años 50 que ni su algoritmo entendía. Y él… seguía bajando, y bajando, y bajando.

-Joder, a este paso me pasaré la hora leyendo el catálogo de las pelicula. 

Tap…Tap… Tap…

De repente se detuvo en una portada amarilla, con un rostro que le resultaba demasiado familiar.

“El resplandor”

Oh, él la recuerda.  Fue una de las referencias que Ready Player One utilizó para uno de los retos de las llaves.

-"Pero que tonto, ¿Por qué no escogí esa en un principio?- Hiori sonrió mientras tecleaba el nombre en el buscador. 

Él era un friki que podía ver la misma película 800 veces y nunca aburrirse. Quizás no todo esté perdido y sabrá cómo invertir los próximos minutos.

“Esta película no se encuentra disponible en esta plataforma por el momento”

Hiori se quedó mirando la pantalla en silencio. No sabía si reír o llorar. Al final, solo bufó y hundió un poco más la espalda en la almohada con lagrimillas invisibles en sus ojos.

-"Bueno… supongo que ver El resplandor también cuenta… y así tengo excusa para ampliar el catálogo cuando me compre otra suscripción."

Le dio a reproducir y se quedo callado. Aunque no fuera la película que quería, era lo más cercano a esa sensación que tanto buscaba, apagar el mundo por un rato y dejarse llevar por otra historia.

El muchacho de cabello cian estaba absorto en los primeros minutos de El resplandor, con las luces apagadas y un tazón de palomitas sobre las piernas. Los granos explotaban entre sus dientes al mismo ritmo que la música inquietante de la película. El mundo exterior parecía lejano, reducido a la penumbra de su cuarto y la luz azulada de la pantalla.

-"¿La toma del auto tiene que ser tan larga?"- Se preguntó Hiori entre murmullos.

O al menos así lo fue hasta que la puerta del cuarto se abrió.

Hiori parpadeó, sorprendido, y recordó de inmediato que no estaba solo. Desde su regreso a Blue Lock, Ego había ordenado dividir las habitaciones en dúos cuidadosamente seleccionados, aunque todos sabían que era para evitar que alguno acabara estrangulando a su compañero antes del partido más importante.

A Hiori le había tocado compartir habitación con Rin. Y aunque al inicio para muchos la idea le había parecido una crónica de una muerte anunciada para Hiori, con el tiempo entendió que había sido un golpe de suerte... para Rin, porque, ¿para qué mentir? entre pasar las noches con Shidou… o estar presente entre las peculiares conversaciones de los demás NPC e Isagi. En perspectiva, la cordura del azabache se iba a mantener intacta al lado de alguien quien no le diera un fuerte dolor de cabeza gritándole Flyday, pestañitas o promesas de derrotarlo durante los próximos días.

Rin entró con la misma presencia callada de siempre. Toalla colgada al cuello después de una ducha, pasos firmes, el rostro estoico. Hiori lo saludó con un leve gesto de cabeza como siempre y Rin respondió con la misma seña. Ni más ni menos, entre ellos, eso era suficiente.

No hablaban demasiado y estaba bien en ellos. Vivir casi en la misma habitación le había permitido a Hiori aprender a leer el lenguaje silencioso de Rin. Él ya sabía cuándo su compañero de cuarto regresaba de buen humor, cuándo era mejor no cruzar palabra, y qué señales anticipaban que necesitaba estar solo. Lo curioso era que, incluso en esos días en los que parecía un volcán a punto de estallar, bastaba con entrar a la habitación para que su tensión bajara unos grados.

Ese misterio todavía lo desconcertaba.

Rin se acomodó en su cama sin interrumpir el ambiente. Hiori, con un suspiro casi inaudible, volvió la vista a la película. El silencio compartido, como siempre, resultaba mucho más cómodo de lo que cualquiera hubiera esperado. Aunque, para no molestar a Rin con el posible sonido de la película, él conectó el airpod por bluetooth y continuó viendo la película.

Pasaron otros minutos de la película antes de que Hiori notara. Esa sensación de una mirada fija en cierto punto. Inclinando ligeramente su cabeza él vio que, aunque Rin estaba recostado en su cama, su mirada seguía fija en la tableta su tableta. Al principio, Hiori pensó que quizá le molestaba el brillo de la pantalla en la oscuridad. Dudó un segundo en apagarla si Rin se queria ir a dormir… pero entonces se dio cuenta de que no era eso. Rin no parecía incómodo en absoluto, más bien estaba… concentrado.

Hiori arqueó una ceja, curioso. Él se quitó uno de los auriculares para preguntarle si él quería que le bajara el brillo de la pantalla, pero entonces escuchó una voz baja, casi un murmullo. Rin estaba repitiendo los diálogos de la película, como si él los recordara de memoria.

Hiori parpadeó sorprendido y después su mirada se enterneció.

-”Vaya… entonces no soy el único geek de esta habitación…” - Pensó el joven, con una sonrisa que se le escapó sin permiso.

El gesto le pareció tan inusualmente tierno que decidió probar algo distinto. Extendió uno de los auriculares hacia Rin, como una suave invitación a ver la película juntos. Al principio, el azabache lo miró con esa expresión de desdén tan típica de él, pero después se bufó, como si aquello le resultara una molestia innecesaria. 

Sí claro, una molestia que lo llevó a tomar el pequeño auricular.

-"No es que lo necesite…"- Murmuró el azabache, encogiéndose de hombros. -"…pero solo lo hago para evitar que intentes hablarme."

Eso sonó muy tsundere por parte de Rin, pero nada borró la chispa de alegría en el rostro de Hiori cuando él aceptó el pequeño gesto.

Al final, por más que Rin intentaba mostrarse distante con Hiori, eso no lo detuvo de meter la mano en el mismo bowl de palomitas que el de su compañero de habitación.

 

04

Sentido de la vista

Despertar bien cada mañana era la clave para empezar bien el día, es una ley que Hiori sabía a la perfección y que mejor modo de hacerlo que con cuidados para la piel.

-Cinta para el cabello, agua caliente, toalla, gel limpiador, limpiar los residuos con la toalla y finalmente parches de hidrogel para párpados… - Hiori se repetirá a él mismo este mantra cada día mientras empezaba su rutina de cuidado personal.

El silencio del baño no dura cuando la puerta del baño se abre con un somnoliento Rin, que se quedó mirándolo fijamente con una cara a medio camino entre el fastidio y la incredulidad.

-"¿Por qué carajos te pusiste mandarinas en la cara?"- Rin murmuró casi con los ojos entrecerrados y recién saliendo de la bruma del sueño.

-"Porque, mi piel de slime tenía ganas de comer."- Hiori responde con el mismo nivel sarcasmo, aunque él noto como uno de los ojos de Rin estaba rojo. -"Veo que amaneciste con buen humor."

-"Cállate."- Fue toda la respuesta que Rin pudo dar de forma seca y cortante, mientras revisaba su ojo con un gesto molesto. -"El antifaz que compré es una porquería. No sirvió de una mierda y al final igual se me metió la pestaña en el ojo."

Hiori ladeó la cabeza.

-"Supongo que habrá que cambiar de antifaz"

-"Para mi desgracia, sí." -Rin bufó y se inclinó hacia el espejo del baño, frunciendo el ceño. - "Ahora voy a tener que quedarse aquí varios minutos hasta arrancarme el ojo con la pestaña."

Hiori comprendió de inmediato lo que había detrás de esa rabia del joven. No era solo la incomodidad física. No. La única verdad aquí era que Rin odiaba mirarse demasiado tiempo en un espejo porque su rostro era un recordatorio constante de su hermano mayor, Sae. 

Puede que para muchos esto sea tonto, pero Hiori lo entendía bastante bien. Después de todo, él también había pasado por eso. Hubo un tiempo en que no soportaba mirarse, porque cada rasgo le devolvía la imagen de su madre, Junko Hiori.

De solo recordarlo, un escalofrío recorrió la piel de Yō.

Con ese sentimiento todo el día no era un buen inicio y menos con un temperamento delicado como el que tiene Rin. Así que él respiró hondo, se ajustó la cinta del cabello y sonrió con suavidad.

-"¿Quieres que te asista? Tengo limpiadores e hisopos. Podría sacarte esa pestaña sin que sufras más."

Rin lo miró de reojo, desconfiado.

-"¿Cómo sé que no vas a apuñalarme el ojo?"

Hiori río por lo bajo.

-"Si eso pasa, siempre puedes arrancarme el mío de vuelta y usarla. Ya sabes, ¿Un ojo por un ojo?"

Con esa seguridad ligera, Hiori tomó suavemente de la muñeca de Rin y él se subió a su cama. Se acomodó en el centro y finalmente se dio unas palmaditas a su regazo.

-"Anda, siéntate aquí."

Rin lo fulminó con la mirada.

-"Ni de coña."

-"Va a ser más fácil si estoy cerca de tu cabeza y además…" - Hiori explica un fundamento válido, pero no puede evitar también tomarle el pelo a Rin. No sabía cómo ponerlo en palabras, pero le está empezando a gustar esta ligera manía de meterse con él. -"No sabía que eras del tipo tímido…"- Hiori ladeó la cabeza, exagerando un gesto tierno. -"...pero no te preocupes, seré gentil."

Ese comentario fue suficiente para que Rin se pusiera tenso, soltara un bufido resignado y, con evidente mal humor y una sombra roja en sus orejas.

-"Imbécil."- Rin le dió un golpe en el muslo de Hiori.

-"¡Ey! Tengo que ser gentil con el ojo de mi novio ¿no lo crees?"- El muchacho de cabellos de cian finge falsa inocencia. -"Que seas un mal pensado, eso no es asunto mío."

El sonrojo solo aumentó en la cara del azabache.

-“Vaya, ya vamos saliendo como unos 6 meses ¿y sigue avergonzado de que usemos apodos ñoños?” - Él se mordió la lengua para no soltar la risa que ya se le escapaba entre los labios.

-"Síguete riendo y te arranco la lengua."- Gruñó Rin.

-"Al menos espera hasta la noche."

-"¡Tú! Ya basta."- Rin frena la vena traviesa de Hiori. -"Solo quítame la pestaña del ojo para que me pueda ir a entrenar."

-"Ya voy, ya voy, no te alteres."

Pese a su dinámica, él de todas formas terminó dejándose caer de medio lado sobre las piernas de Hiori.

-"No tomara mucho."- Contestó Hiori con una sonrisa complice. -"Fija tu mirada en mi mentón, empezaré a limpiar primero el párpado inferior."

Con cuidado, Hiori empezó a trabajar en el ojo irritado de Rin. El hisopo, humedecido con un poco de limpiador, se acercaba con precisión, mientras su otra mano sostenía con suavidad el costado de la cabeza del muchacho, más como apoyo que otra cosa. Rin mantenía los ojos abiertos y  vigilante a lo que este tonto podria hacer si se queda dormido. Pero mientras más tiempo permanecía recostado en las piernas de Hiori, más descubría que no podía apartar la vista de su rostro concentrado, de esos ojos azules que parecían brillar con una calma inquietante, y del mechón rebelde que se balanceaba sobre su frente.

El color celeste del cabello de Hiori le trajo a la mente algo que alguna vez había leído: la psicología de los colores. El rojo era emoción pura, ira o amor; el verde, vitalidad o estancamiento; el azul oscuro, melancolía. El celeste, en cambio, representaba calma, serenidad, paz, claridad mental. Y eso era exactamente lo que sentía ahora, contra toda lógica.

Sumado a eso, estaba la morfopsicología de los ojos. Los ojos reflejan el yo interno. Quizás por eso él siempre mantenía la mirada hosca e impenetrable, para que nadie pudiera sostenerla demasiado tiempo. Pero los de Hiori eran distintos: grandes, redondos, abiertos. No parecían ocultar nada, solo observar, atentos, vigilantes, como si dijeran sin palabras:

 “No hace falta que digas algo, ya lo sé… porque lo veo todo.”

¿Sonaba terrorífico? Sí. Como el entomólogo que observa una mariposa atrapada, sabiendo que no se moverá bajo el influjo del engañoso color celeste. Una dulce trampa silenciosa.

-"Okey, ahora cierra los ojos"- La voz de Hiori lo sacó en seco de su espiral mental mientras cambiaba de hisopo.

Rin no respondió. Él solo bajó un párpado, pero mantuvo el otro abierto y fijo en él.

- No era porque quisiera seguir mirando ese color. Para nada. Es solo para asegurarme de que este idiota no cometiera un error y acabara dejándome tuerto.” - Fue la justificación que Rin mantuvo para “vigilarlo”

-"Ya está"- Anunció con suavidad Hiori, limpiando el ojo de Rin con un pañuelo limpio.- "Tengo gotas para los ojos. Te ayudarán a que no se te irrite más y, de paso, a que esa pestaña no vuelva a entrar por accidente."

Rin, aún recostado en sus piernas, solo emitió un gruñido bajo:

-"Hn."

-"De nada, amor."- El muchacho de cabello cian soltó una risita, entregandole un frasco pequeño al pequeño lío de sonrojos que era su novio.

 

05

Sentido del Tacto

Los cumpleaños dentro de las instalaciones de Blue Lock son eventos que pasan como cualquier otro día. Un día simplemente despierta y: “¡Ta-da! ¡Level up! ¡Has avanzado un paso más hacia la tumba! Ahora, ponte a entrenar.” Eso es todo. Nada de fiesta o tiempo para conmemorar el nacimiento de un futuro delantero. Nada, aquí en Blue Lock no se hacen esas mamadas, no sumaba en nada con ser el mejor delantero del mundo, sin embargo hay situaciones en las que los más cercanos dentro del complejo realizaban uno que otro compartir con otros compañero, pero ¿Qué pasa con aquellos, cuya existencia emana un aura tan amenazante, que no te permiten ni acercate a 5 metro de ti?

Bueno, esa era una regla estándar para aquellos a los que Rin no toleraba, pero con Hiori había ciertas excepciones ante los términos y condiciones personales del azabache.

Ambos tenían un buen sentido del gusto por el Ochazuke, claro que Hiori era más adicto a los condimentos artificiales y Rin se podría calificar como alguien que le guste que todos los ingredientes esté fresco, pero es no lo priva de disfrutar de un buen tazón luego de un pesado entrenamiento a altas horas de la noche.

Cuando él estaba enojado, y con ganas de romperle el cráneo al primero con quien se topaba al frente, solo necesitaba sentir el aroma del perfume de Hiori. Era inconsciente, pero su sentido del olfato pudo identificar la fragancia del mar impregnada en la ropa como en la piel de su compañero de equipo. Kamakura era una prefectura que estaba cerca del mar y recordar la frescura del mar salado era como estar en pie frente a su santuario.

El silencio entre ambos se había convertido en un lenguaje propio, aunque Rin debía admitir que a él le gustaba más cuando la voz de Hiori llenaba ese espacio con esa calma irritante que su oído identificaba tan fácilmente. Al principio, agradeció el silencio absoluto (como aquella vez en que vieron El resplandor juntos), pero desde que permitió que Yō se acercara más, ya no se callaba tanto. Y, sin embargo, tampoco molestaba. Hablaba lo justo, en un tono suave, como si supiera exactamente hasta dónde llegar. Incluso sus burlas eran distintas: no sonaban como provocaciones baratas, sino como un juego que lo empujaba a responder, aunque solo fuera con un bufido o un insulto. Y Rin odiaba reconocerlo, pero ese eco en sus oídos no era desagradable.

Cuando esa cercanía se acortó aún más, pronto descubrió que su vista no podía evitar perseguir el azul cielo de los ojos de Hiori a donde fuera que él mirara. Rin no confiaba en nadie lo suficiente como para dejar que se acercaran tanto a sus propios ojos, pero de alguna manera se lo permitió a Yō. Había todavia pequeñas voces internas, fragmentos de ese mecanismo de defensa que aún insistía que él no bajara la guardia. Pero, aunque lo negara, no podía apartar la mirada de esos ojos. Eran demasiado claros, demasiado abiertos, como si no escondieran nada. Molestaban, sí, pero también le transmitían una calma extraña, como si mirarlos un poco más no fuera tan peligroso.

Y todo eso lo llevaba a una conclusión que él ya no podía negar. Con Hiori cerca, todo su cuerpo dejaba de tensarse. La presencia del chico no lo irritaba, sino que lo calmaba.

Cuando Rin regresó a la habitación, el olor familiar del perfume de nota acuosa lo recibió antes incluso que el sonido de la voz de Hiori. Esa fragancia, con un dejo cítrico, era lo bastante sutil para no invadir, pero lo bastante clara para recordarle al instante con quién compartía espacio.

-"Feliz cumpleaños, Rin-kun"- Dijo Hiori, con esa voz calmada que siempre lograba desarmar tensiones.

Sobre la mesa baja de la habitación descansaba una bandeja con dos tazones humeantes de ochazuke y, al lado, un pastel pequeño de color turquesa pálido con detalles azul cielo. Rin parpadeó, incrédulo.

-"¿Ochazuke?"- Preguntó el azabache con un ceño ligero mientras miraba de reojo a su pareja. - "No me digas que es el polvo artificial que comes tú."

Hiori se llevó una mano al pecho en fingida ofensa. 

-"Oye, mi paladar tiene estándares." - Él bufó con un puchero en sus labios, pero  luego dejó escapar una sonrisa.- "…Pero como hoy es especial, hice algo más apropiado para ti, y para tu supervivencia pedí a domicilio del restaurante que ya probaste… y aprobaste."

Rin bajó la mirada hacia los tazones. El aroma era distinto, fresco, auténtico que ya podia sentir como la boca se le hacía agua. No solo eso, el detalle del pastel pequeño lo descolocó más de lo que quería admitir.

-"¿Y cuándo demonios tuviste tiempo de hacer todo esto? Entrenamos al mismo maldito horario."- Comentó el joven con una ceja oscura arqueada.

Hiori solo ladeó la cabeza y sonrió como si guardara un secreto. 

-"Tengo mis medios."

Rin resopló, intentando no dejarse afectar, pero cuando se sentó frente al regalo sorpresa, algo dentro de él revivió. El silencio volvió a instalarse entre ambos, aunque era distinto al de siempre, tenía un calor y una sensación de tranquilidad.

Mientras partían el pastel, Rin tomó sin pensar el plato que Hiori le ofrecía. Los dedos de ambos se encontraron. Fue un contacto mínimo, apenas un segundo, pero lo suficientemente claro para despertar algo que él no esperaba: la calidez de esa piel, suave y firme a la vez, recorrió un cosquilleo extraño por sus brazos. Retiró la mano enseguida, como si hubiera tocado fuego, chasqueando la lengua.

-"Tsk… no seas torpe."- Gruñó el azabache, tratando de mirar hacia otro lado para disimular el sonrojo.

Hiori rió suavemente, esa risa tranquila que siempre parecía esconder algo más.

 -"¿Torpe yo? Si fuiste tú el que se puso nervioso por un plato. Empiezo a pensar que puedes ser alérgico al color."

Rin no respondió. Solo bajó la mirada hacia el pastel turquesa y al tazón de ochazuke caliente frente a él. Fingió concentración en la comida, pero el roce de su mano aún le quemaba en la piel, grabado como una marca imposible de ignorar.

-"Aunque suene lógico, sabes que eso no es verdad."- La mirada de Rin pasa de su mano a la de Yō. -"Ya me habrías matado si eso hubiera sido cierto."

Hiori estaba a punto de soltar otra broma, algo ligero para romper la tensión, pero las palabras se le quedaron a medio camino cuando sintió la mano de Rin aferrando la suya. El agarre era fuerte, casi brusco, pero temblaba en su sinceridad. Rin aún no se atrevía a mirarlo, aunque el rojo encendido en sus mejillas y orejas gritaba un mensaje más claro que cualquier palabra: 

“Acércate.”

Hiori sonrió como un tonto, pero esa sonrisa pequeña era la única especial que solo le salía con el chico que él ama, y obedeció. Se inclinó con calma, lo bastante cerca para que la fragancia fresca de su perfume se mezclara con el aroma del ochazuke. El silencio entre ellos se volvió un puente, y cuando Rin finalmente levantó la mirada, él se encontró con aquellos ojos azules que lo apuñalaban desde dentro.

La tensión se rompió en un instante entre los dos jovenes, este era el momento de actuar para Rin, y él, haciendo caso a sus impulsó más ocultos, se inclinó hacia adelante y lo besó. Fue un beso torpe, rápido, casi inseguro, pero lo suficientemente sincero para dejar a Hiori sin aliento por un segundo.

Rin apartó el rostro enseguida, como si el calor  de ese tacto de labio con labio lo estuviera consumiendo. Tragó saliva, apretando aún más la mano de Hiori.

 -"…Uhm…gracias, Yō."- Él tímidamente murmuró, tan bajo que casi se perdió en el aire, pero lo bastante claro para ser escuchado.

Los ojos de Hiori se suavizaron. Una risa breve, alegre y cálida escapó de él, pero esta vez no había burla ni sarcasmo en su voz. Solo ternura.

 -"De nada, Rin…"- Susurró el otro muchacho de cabello cian, y con cuidado le levantó el mentón de su novio para devolverle el beso, solo que esta vez aplicando más suavidad y seguridad, como si quisiera enseñarle que no hacía falta temerle a ese calor.

Hubo un tiempo en que Rin no tenía problemas con el contacto, pero después de todo lo que él pasó con su hermano y la promesa rota, todos sus sentidos quedaron vulnerados y sellados bajo un muro helado que le impedía dejar que alguien se acercara de verdad. Había enfriado su piel como había enfriado su corazón para nunca volver a experimentar lo mismo otra vez. Pero Hiori, el tonto de su novio, de alguna forma logró devolverle ese calor que el invierno le había arrebatado. 

Redescubrir el tacto no fue sencillo. Al principio cada roce parecía para él un recordatorio incómodo de lo que había perdido. Sin embargo, poco a poco, con cada toque discreto, los dedos rozándose al pasar un plato, la cercanía compartida de un auricular, la presión firme de una mano que sostenía la suya, hasta llegar al calor tembloroso de un beso inesperado por los dos. Rin entendió que no era debilidad encapsular una emoción tan simple como comer algo agradable o oler una fragancia favorita. Eran pequeñas cosas simples, pero reales.

El contacto con Hiori no le dolía. Al contrario, lo hacía sentir en tranquilidad.

Fin.