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Las Ventajas de la Luna Nueva

Summary:

Un rumor falso. Tres chicos enamorados. Una luna nueva que bloquea los poderes de Anya. ¿El resultado? El día escolar más caótico, ridículo y lleno de malentendidos que el colegio Edén ha visto jamás. Y lo peor... Anya no sospecha nada.

O

Becky cansada que Damian no actue en consecuencia de sus sentimientos, crea un enorme malentenido.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

—Damian —le dijo, acercándose con seriedad de novela turca—, si no haces algo ya, te van a ganar.

Damian Desmond, como el orgulloso heredero del Grupo Desmond, estaba a punto de decirle que no tenía tiempo para tonterías cuando escuchó la palabra mágica. —¿Ganar qué? —frunció el ceño, tratando de parecer desinteresado, pero ya completamente atrapado.

—A Anya —susurró Becky con dramatismo—. Me dijeron que Ken... ¿te acuerdas de Ken? Ese chico al que Anya salvó de ahogarse cuando gano su primera Stella... Bueno, al parecer se le va a declarar el lunes.

Damian sintió que algo explotaba en su interior. ¿Ken? ¿El chico que es un año superior a ellos? ¿Ese Ken?

—¿Estás segura?

—No. Pero tampoco estoy segura de que no sea cierto —dijo Becky, encogiéndose de hombros con una sonrisa traviesa—. Solo pensé que... ya sabes, deberías actuar.

Y ahí quedó la semilla. Una semilla que florecería en una selva de desastres.

Pero lo que ninguno de los dos sabía era que detrás del casillero, una chica con trenzas estaba recogiendo su libro de historia... y había escuchado todo. A la hora del almuerzo, el rumor ya había mutado en algo así como: "Ken le compró flores a Anya y va a confesarle su amor eterno el lunes". Luego fue: "Ken y Anya fueron novios secretos en primeria y él le quiere proponer volver".

Tertius, quien estaba tratando de recordar cómo se resolvía una ecuación de segundo grado, fue abordado por Arnorld.

—Oye, ¿te enteraste? Dicen que un tal Ken se le va a declarar a Anya el lunes. ¿No que tú también estabas tras ella?

Tertius se atragantó con su jugo.

—¿Ken? ¿Quién es ese?

—Hasta donde me entere, es un amigo de Anya a quien salvo hace muchos años, es más grande que nosotros.

[...]

Mientras tanto, Freddy, que había ido al baño y regresaba distraído a clase, escuchó una conversación entre dos chicas en el pasillo.

—Dicen que Ken lleva meses planeando esto. Hasta escribió un poema.

—¡No! Qué romántico. ¿Crees que Anya diga que sí?

Freddy se detuvo en seco. ¿Anya? ¿Poema? ¿Lunes?

En su mente se activó una alerta de nivel rojo.

Así fue como, por una mezcla de celos, malas interpretaciones y un comentario inocente de Becky, los engranajes del desastre comenzaron a girar.

Y lo peor: ninguno pensó en hablar directamente con Anya.

[...]

El lunes amaneció con una tranquilidad engañosa. El cielo estaba despejado, el desayuno de Anya tenía la cantidad perfecta de mantequilla, y por alguna razón, el perro Bond no había tirado el florero esa mañana.

Pero al salir de casa, Anya notó algo distinto... y sonrió.

—Hoy hay luna nueva —dijo para sí misma, casi con alivio.

Porque aunque leer mentes podía ser útil -y a veces divertido-, también era agotador. Gente pensando en tareas, dramas de secundaria, el chico del fondo que siempre pensaba en explosiones... uf. Tener un día libre de todo ese ruido mental era como vacaciones para su cerebro.

—Paz... dulce paz —murmuró, y se dirigió a la escuela sin sospechar que ese mismo silencio era la antesala de un desastre.

[...]

Ken había llegado temprano. Demasiado temprano. Tal vez porque sospechaba que algo extraño estaba pasando. Pero apenas se acercó a su casillero...

—¡Ken! ¡Hermano! —Freddy le dio una palmada en la espalda tan fuerte que casi lo desmaya, ¿Quien era este chico? ¿Y por qué conocía su nombre?—. Justo te estaba buscando. Necesitamos tu ayuda urgente en el club de ciencias.

—¿Eh? Pero yo no estoy en ese clu— ni siquiera pudo terminar la frase, ya estaba siendo arrastrado lejos de su casillero.

—¡Precisamente! Necesitamos perspectiva externa. Rápido, antes de que el experimento explote.

Y así, en menos de un minuto, Ken fue arrastrado por un tipo que ni conocía bien, hacia un salón donde lo obligaron a mezclar bicarbonato con vinagre durante veinte minutos.

Ken logró escapar del club de ciencias, aún preguntándose por qué tenía espuma en la camisa, y fue directo a su clase, por algún motivo, se sentía muy vigilado y la gente murmuraba a sus espaldas.

[...]

Anya, con su mochila colgada de un solo hombro, caminaba rumbo a la escuela, todavía en su burbuja mental de paz. Su mente estaba tan en blanco que por un momento consideró si así se sentía la gente normal todo el tiempo. "Qué raro debe ser vivir sin el ruido de los pensamientos ajenos... pero también qué relajante."

—Ahh... qué descanso —murmuró Anya para sí con una sonrisa. Ni una sola voz mental. Sin deberes olvidados, sin pensamientos de ramen, sin planes para invadir la sala de profesores. Paz total.

Pero algo se sentía... raro.

Muy raro.

Las miradas. Esas miradas.

Primero fue una chica de tercer año que la observó como si hubiera salido en televisión. Luego, dos chicos se cruzaron con ella y uno le dio un codazo al otro justo después de verla. Más adelante, un grupo de estudiantes fingió estar muy concentrado leyendo... mientras claramente la espiaban detrás de los libros.

¿Tengo algo en la cara? pensó. Se pasó la mano por la mejilla. Nada.

Y luego se intento concentrar en los murmullos.

Pequeños, apenas audibles, lo justo para que no entendiera una sola palabra. Pero claramente hablaban de ella.

—¿Es hoy, verdad?
—Dicen que sí...
—¿Pero cuando pasará?
—Shhh, que puede escucharnos...

 ¿Qué se supone que pase hoy? ¿Me van a secuestrar o algo? ¿Alguien le gastaría una broma?

Anya entró al salón sintiéndose como si llevara un letrero invisible que decía "ALGO PASARÁ AQUÍ".

¿Por qué tenía que pasarle justo cuando no podía leer mentes? Bond hubiera sido su mayor ayuda.

Y entonces llegó Becky.

Como siempre, apareció con ese aire de saber más de lo que decía. Se sentó junto a Anya con una sonrisa ladeada y la miró con complicidad.

—Oye, Anya... ¿nadie te ha dicho nada raro hoy?

—¿Además de que toda la escuela me mira como si fuera un programa de televisión en vivo? No.

Becky bajó la voz.

—¿Segura? ¿Ningún chico te ha dicho... ya sabes... algo especial?

Anya parpadeó.

—¿Cómo qué? ¿"Te ves menos patética que de costumbre"? ¿Eso cuenta?

Becky rodó los ojos.

—No, me refiero a... declaraciones. ¿Nadie te ha confesado algo hoy?

Anya la miró como si acabara de sugerirle que le gastarán una broma al profesor elegante.

—¿Qué? ¡Claro que no!

—¿En serio? —Becky parecía genuinamente confundida—. Pero... se supone que hoy era el día.

—¿De qué hablas?

Becky miró hacia un rincón del salón, donde Damián se veía ansioso.

—Nada... solo... olvídalo —dijo Becky, cruzando los brazos. "Me pregunto por qué Damian no ha hecho algo".

Anya la miró fijo intentando en vano leer su mente.

—¿Qué hiciste, Becky?

—Yo... nada. —Anya no le creyó ni un poco. Sin embargo al parecer no le podría sacar ni una palabra, porque entro el profesor.

Anya apoyó la frente contra su pupitre. —No vuelvo a confiar en un lunes tranquilo...

[...]

Más tarde, en el primer receso, Tertius controlo por donde estaba Ken, realmente no sabía que hacer, pero sin duda no quería que se encontrara a Anya, así que improviso. —¡Cuidado! — no se le ocurrió nada más que fingir tropezar, se lanzó hacia Ken como si estuviera salvando al mundo. Ambos rodaron por el pasillo en una escena digna de telenovela.

—¡¿Qué te pasa?! —Ken se levantó, sacudiéndose.

—Perdón, perdón —dijo Tertius, ayudándolo con una sonrisa fingida—. Es que... no vi. El suelo. Muy resbaloso. Por... el clima. El clima interior.

Ken entrecerró los ojos. Algo raro estaba pasando. No se iba a quedar allí, como pudo, corrío con todas sus fuerzas para alejarse de ese chico, no quería problemas.

Cuando por fin llego al modulo que le tocaba su siguiente clase, se puso alerta, no quería que algo extraño pasara a su alrededor, aun así, continuo su día lo más tranquilo que pudo. Ya no pudo entrar a la clase de lengua por el chico que lo llevo a química, no quería que volviera a pasar algo así..

—¡Keeeeen! —gritaron Emile y Ewen al unísono, apareciendo por los arbustos con la energía de dos ardillas hiperactivas.

—¿Eh?

—Nos enviaron por ti —dijo Emile, asintiendo muy serio.

—Misión secreta —añadió Ewen, con un tono dramático que claramente se lo había copiado a un anime.

Antes de que Ken pudiera preguntar quién los envió o por qué era necesario que lo llevaran cargado entre ambos como si fuera un saco de papas, ya lo habían levantado del suelo y lo estaban "escoltando".

—¡¿Qué están haciendo?! ¡Déjenme! ¡Tengo clases a las que asistir!

—Shhh —dijo Ewen—. No podemos arriesgarnos.

—¡¿A qué?! —Ken se debatía sin éxito.

—A que la escena no salga como el jefe la planeó —susurró Emile, como si eso lo explicara todo.

Desde una esquina, Damian los observaba con los brazos cruzados y una expresión de absoluta satisfacción.

—Lo hago por tu bien, Anya... —murmuró, sin notar que en realidad lo único que hacía era llevarse a un inocente.

mientras tanto, Ken, totalmente confundido, había sido llevado por Emile y Ewen al laboratorio de biología "por su seguridad". Los chicos habían improvisado un encierro usando sillas y un cartel que decía "NO MOLESTAR: PRUEBA DE EMERGENCIA".

—¿Esto es una clase de broma? ¡Dejenme salir!

[...]

El sol de la tarde caía sobre el patio escolar como si nada pasara.

Pero todo pasaba.

—¡Anya! —exclamó Damian, apareciendo a su lado como si hubiera surgido del suelo.

Anya se giró, un poco sobresaltada.

—Ah, eres tú —dijo ella con su tono habitual— ¿Pasa algo?

Damian se aclaró la garganta. Tenía las mejillas rojas, las manos sudadas, y el discurso mental bien ensayado -aunque, irónicamente, ese día Anya no podía leerlo-.

—Yo solo quería decir que tú... bueno, tú me pareces...

—¡¡ANYAAA!! —gritó una voz detrás. Era Tertius quien venía corriendo como si Anya estuviera a punto de ser secuestrada por extraterrestres.

—¡Un momento, Desmond! ¡Yo necesito hablar con ella primero!

—¿QUÉ? ¡Yo llegué primero!

—¡Eso no importa si ibas a decir tonterías! —gritó Tertius, empujando ligeramente a Damian.

—¡Ni se te ocurra tocarme! —respondió Damian, y lo empujó de vuelta.

Anya solo los observó sin entender nada.

—Eh... chicos... —intentó decir Anya, pero justo entonces...

—¡YA BASTA! —gritó Freddy, saltando de un arbusto como un ninja descoordinado.

—¡¿Tú también?! —gritaron los otros dos al unísono.

—¡Sí! Yo necesito hablar con mucha urgencia con Anya —dijo Freddy, jalando a Anya para alejarla de los otros chicos—. Pero como ustedes están aquí, pues... me la llevo.

—¡¿Qué?! —dijeron Damian y Tertius al mismo tiempo.

—¡Si no es para mí, no es para nadie! —declaró Freddy, dramáticamente.

Hubo un silencio incómodo.

—¿Esto es en serio? —preguntó Anya, ya visiblemente confundida—. ¿Se están peleando por... hablar conmigo?

—¡NO! —gritaron los tres, al mismo tiempo.

—¡Yo solo pasaba por aquí! —mintió Damian, mirando al cielo como si admirara las nubes.

—Yo pensé que te estabas por desmayar y venía a ayudarte —dijo Tertius, poniéndose una mano en el pecho.

—Yo solo venía a preguntarte si sabes la tarea de biología —improvisó Freddy.

Anya los miró en silencio por unos segundos... y luego se encogió de hombros.

—Bueno. Si nadie quiere nada, yo me voy a casa. Quiero ver dibujos animados.

Y se fue corriendo.

Así, sin más.

Los tres chicos quedaron congelados. Nadie dijo nada por varios segundos. 

—Damian—apareció Ewen, casi tropezando con sus propios pies de lo rápido que iba.

—¡Necesitamos directrices! —añadió Emile, sacando un cuaderno donde claramente había apuntado "MISIÓN KEN" con estrellitas decorativas.

Damian los miró con el ceño fruncido, cruzando los brazos.

—¿Qué pasa ahora?

—¡Ken sigue atrapado! —dijeron ambos al unísono.

—¿Qué?

—¡Sí! Lo dejamos encerrado en el salón de biología con una silla contra la puerta y un letrero de "No molestar"

—¿Por qué no lo soltaron antes?

—¡Porque tú no diste la orden de liberar al objetivo! —respondieron muy seguros de sí mismos.

—¡YO NO DI—! ... ¿Qué rayos estoy haciendo con mi vida? —murmuró Damian.

A los pocos minutos, el pequeño escuadrón llegó al salón de biología, seguido por Freddy, Tertius. El grupo quedó parado frente al salón de biología, como soldados después de una batalla absurda que ninguno ganó y liberaron a Ken.

Ken se sacudió el polvo del uniforme y los miró a todos con una ceja levantada.

—¿Ahora sí me explican qué fue todo esto? ¿Quiénes se supone son y porque me han estado molestando todo el día?

Freddy bajó la cabeza.

Tertius suspiró profundamente.

Damian se cruzó de brazos, en silencio, como si pudiera retroceder el tiempo con suficiente concentración.

Fraddy rompió el hielo.

—No vamos a dejar que te declares a Anya.

Ken los miro fijo durante varios minutos intentando comprender sus palabras.

—¿Declaración? ¿De qué hablan? Anya es mi amiga, nada más. ¡Me salvó de ahogarme cuando éramos niños! Le debo mi vida, no mi corazón. ¡Además yo tengo novia!

Silencio.

El aire se cortaba con cuchillo.

Freddy giró lentamente hacia Tertius. Tertius miró a Damian. Damian... miró al vacío.

—Entonces esto significa que alguien empezó un rumor y ninguno lo verificó —respondió Tertius, mirando a todos menos a Ken.

—Yo escuché que le ibas a dedicar un poema —dijo Freddy mirando al piso.

—¡¿QUÉ?! —Ken casi se indigna—. ¡¿De dónde salió esa historia?!

—A mí me lo dijo Arnorld—dijo Tertius, señalando hacia el cielo como si eso lo absolviera.

Damian no dijo nada.

—¿Y tú? —Ken lo miró directamente.

Damian apretó los dientes.

—Becky me lo dijo.

—¿Y no se les ocurrió preguntarme si era verdad?

Damian lo pensó por dos segundos.

—...No.

—¡JA! —saltó Ewen, apuntándolo con un dedo—. ¡Y nos llamó paranoicos cuando queríamos amarrar a Ken con cinta adhesiva!

—¡Eso fue idea tuya! No fue Damián quien lo sugirió —replicó Emile.

—¡Pero tú la llevabas en la mochila!

Freddy se dejó caer al suelo con un suspiro trágico. —¿Así que todo esto de hoy fue por... nada? 

—Literalmente, por un rumor mal contado—añadió Ken, todavía confundido—. ¿Ustedes estaban... celosos?

Damian, Freddy y Tertius se miraron.

Silencio.

—...No —dijeron los tres al mismo tiempo. Demasiado rápido.

Ken asintió lentamente, con una sonrisa burlona.

—Ajá. Claro. Por eso me dejaron atrapado con tubos de ensayo y una nota que decía "no molestar".

Tertius se cubrió la cara.

Freddy murmuró:

—Yo tenía preparado un discurso.

—Yo escribí una carta —añadió Tertius con voz apagada.

—Yo organice todo para una cita—susurró Damian.

Ken los miró, luego se giró para irse.

—Bueno... suerte con eso, caballeros del drama. Me voy a ver si todavía me guardaron almuerzo.

Cuando Ken desapareció al fondo del pasillo, los cinco se quedaron en silencio.

Tertius levantó la mano lentamente.

—¿Podemos fingir que esto nunca pasó?

Damian suspiró.

—Solo si quemamos todas las pruebas.

Freddy ya estaba arrancando su discurso arrugado en pedacitos.

Tertius sacó su carta del bolsillo y la lanzó a la papelera como quien entierra un cadáver.

Emile y Ewen los solo siguieron a Damian sin mencionar nada.

Y así, en un rincón oscuro de la escuela, se formó una nueva alianza.

No por amor.

Sino por pura vergüenza colectiva.

 

Al día siguiente...

Anya recuperó sus poderes mentales y se encontró con una avalancha de pensamientos que incluían:

"¿Y si le hubiera dicho que me gusta su sonrisa?"

"Creo que Ken nos odiara por el resto de su vida."

"¿Por qué rayos salí de un arbusto?"

Lo más alarmante era el pensamiento colectivo de los tres "¿Ella aun aceptara tener una cita conmigo"

Anya solo suspiró.

—Definitivamente ayer fue un buen día de luna nueva, ojala hubieran más.

 

Notes:

Adore escribir esto, espero les haya gustado, los comentarios y kudos son alegria para mi alma

Nos vemos en una proxima