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Sakura Haruka tenía fama de ser un chico frío, intimidante y sin filtro. Al menos, eso creían los que apenas lo conocían en los pasillos de la escuela: un rostro siempre serio, ojos que parecían desafiar a cualquiera y un aura distante que imponía respeto.
Pero esa fachada se desmoronaba con un detalle ridículamente pequeño. Bastaba con un gesto amable, un comentario fuera de lugar o, peor aún, una insinuación con doble sentido para que su cara se incendiara al instante. Su ceño fruncido y su voz brusca no podían disimularlo: Sakura se convertía en un tomate humano.
Y había alguien que lo sabía mejor que nadie... y que lo explotaba cada vez que podía.
Suo, su vicecapitán de clase.
Carismático, astuto y con una lengua afilada que usaba como cuchillo. Sus bromas eran armas, sus sonrisas inocentes eran escudos, y lo más peligroso: siempre podía salir de cualquier situación como si nada hubiera pasado.
Era el tormento de Sakura.
Y al mismo tiempo, su sombra constante.
- Oye, Sakura-kun -canturreó Suo un mediodía, justo cuando estaban almorzando en clase-. No me mires así, ¿sí? Si quieres de mi té, dilo directamente.
El silencio cayó por una fracción de segundo, antes de que toda la clase girara hacia ellos.
Y entonces, como era costumbre, el rostro de Sakura ardió.
- ¡¿Q-qué rayos estás diciendo, idiota?! -estalló, levantándose de golpe.
Las carcajadas resonaron por todo el salón. Suo se encogió de hombros con esa sonrisa de falsa inocencia que ya era su marca registrada.
Sakura se hundió en la silla, mascullando maldiciones, mientras todos disfrutaban de lo que ya parecía una rutina diaria.
Pero esa noche, tumbado en la oscuridad de su cuarto, todavía podía sentir el calor en sus mejillas. Y con él, algo más profundo: la rabia de saberse siempre en desventaja.
... Siempre igual. Siempre termino siendo el chiste. Ese maldito Suo... siempre se sale con la suya.
El ceño de Sakura se endureció en la penumbra.
Ya basta. Tengo que hacer algo. Si él puede fastidiarme... yo también puedo fastidiarlo. No pienso quedarme atrás.
Y así nació una idea descabellada:
Vengarse de Suo. Pero para lograrlo, primero debía derrotar a su peor enemigo: su propio sonrojo...
A la mañana siguiente, Sakura comenzó un plan que nadie debía descubrir.
Un entrenamiento secreto.
Se plantó frente al espejo de su habitación, cruzado de brazos, mirándose como si se retara a un duelo.
-... Una ver. -murmuró, finciendo la voz de Suo- "Qué g-guapo estás hoy, Sakura".
Instantáneamente, sus mejillas se tiñeron de rojo.
- ¡N-no, mar maldita! ¡Ni siquiera es real y ya estoy rojo! -explotó, golpeándose la frente contra el espejo.
Frustrado, respiró hondo y lo intenté otra vez.
- "Seguro que eres muy popular con las chicas, ¿no?" -imitó otra frase típica de Suo. Esta vez sonriendo apenas, y contestó con calma:
- "Claro, ¿quieres que te enseñe cómo?".
Aguantó tres segundos.
Cinco.
Diez.
Un calor subió por su cuello.
Y en quince segundos, su cara era un semáforo.
-¡¡¡AGHHH!!! -gritó, cayéndose de espaldas en la cama, revolcándose de pura vergüenza.
Durante los días, la rutina fue la misma. Imaginaba escenarios absurdos, practicaba respuestas ingeniosas, forzaba sonrisas serenas. Una y otra vez fracasaba, pero poco a poco... algo empezó a cambiar.
El calor ya no lo derribaba tan rápido. Aprendió a respirar hondo, a relajar los músculos de la cara, a engañar a su propio cuerpo.
Incluso comenzar a practicar contraataques:
- "¿Quieres que te alimente con la cuchara, Suo?" -decía, arqueando una ceja frente al espejo.
Al principio se desplomaba de pura vergüenza tras tres segundos. Pero después de tantas repeticiones, algo se desbloqueó en él.
Hasta que una noche, finalmente, dijo en voz baja:
-"Oh, ¿te pones celoso, Suo?"
Y por primera vez en su vida, quedó completamente... sereno. Sin rastro de rubor.
Miró su reflejo fijamente.
Nada.
Un silencio solemne llenó la habitación, roto apenas por su propia risa triunfal.
- ¡¡Lo logré!! - exclamó, levantando los brazos como si hubiera ganado una batalla épica.
Sakura Haruka ya no era un simple tomate humano.
Ahora tenía un arma.
Y estaba listo para usarla...
El siguiente lunes, el ambiente en el salón era como siempre: risas, charlas y un aire despreocupado. Pero para Sakura, era un campo de batalla.
Se sentó con el mentón apoyado en la mano, aparentemente indiferencia, pero por dentro sus sentidos estaban alerta.
... Hoy es el día. Suo caerá. No pienso titubear.
Y, como si hubiera leído sus pensamientos, Suo atacó. Se giró hacia él con esa sonrisa inocente que escondía pura malicia.
- ¿Sabes, Sakura-kun?- dijo lo suficientemente alto para que todos escucharan- Creo que por fin entendí por qué siempre estás tan serio... Seguro es porque en secreto te da vergüenza ser tan lindo.
Toda la clase estalló en murmullos, expectante. Todos esperaban el espectáculo de siempre: Sakura rojo como un tomate, gritando un "¡cállate, idiota!".
Pero esta vez... no pasó.
Sakura lo miró en silencio.
Un segundo.
Dos.
Y entonces, con una calma desconcertante, ladeó la cabeza y sonriendo apenas.
- ¿Ah, sí? -dijo con voz serena, casi juguetona- Entonces, ¿significa que me estabas mirando fijamente todo este tiempo, Suo?
Un estruendo invisible sacudió la sala.
Suo parpadeó. Una. Dos veces.
La sonrisa se le congeló en la cara.
- E-eh... yo... -balbuceó, por primera vez desarmado.
Los compañeros murmuraban, atónitos.
- ¿Sakura-san... sonrió?
-¿Qué… qué demonios fue eso?
-¿Desde cuándo sabe contestar así?
Y lo más impactante: ni una pizca de rojo en el rostro de Sakura.
Suo intentó recomponerse con una carcajada nerviosa.
- Jajaja... claro, era sólo una broma, ¿ya sabes?
Sakura, aún apoyada en la mano, mantuvo esa sonrisa enigmática.
-¿Broma? Curioso... a mí no me sonó una broma.
Silencio. Absoluto.
El salón entero contenía el aire.
Y entonces ocurrió: las mejillas de Suo se tiñeron de rojo.
El maestro del juego había caído en su propia trampa.
El timbre salvó la tensión, y de inmediato el salón se llenó de exclamaciones.
-¡No puede ser!
-¡Sakura lo destruyó!
-¡Suo se sonrojó!
Suo reconoció sus cosas con una sonrisa forzada, mientras por dentro hervía.
Miró de reojo a Sakura, que ya salía del salón con calma, como si nada hubiera pasado.
... Interesante . Pensó, con un destello en los ojos.
Porque si Sakura estaba dispuesta a jugar a ese nivel...
el verdadero duelo apenas comenzaba.
