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El timbre había sonado, pero el eco de las exclamaciones aún resonaba en el salón como un terremoto. Sakura caminaba por el pasillo con las manos en los bolsillos, fingiendo indiferencia, pero por dentro su corazón latía como un tambor de guerra.
... Lo hice. Lo hice de verdad. Ese idiota de Suo se quedó mudo, rojo como... como yo solía ponerme. Ja, ¿quién es el tomate ahora?
Una sonrisa secreta se dibujó en sus labios, pero la borró rápido. No podía bajar la guardia. Sabía que Suo no era de los que se rinden fácilmente. Ese tipo era como una serpiente: astuto, rápido y siempre listo para morder de vuelta.
Mientras tanto, en el salón vacío, Suo recogía sus cosas con movimientos lentos, su sonrisa habitual ahora un poco torcida. Los compañeros ya se habían ido, dejando un silencio pesado.
... Interesante. Muy interesante. Sakura-kun ha aprendido a jugar. Pensé que era solo un cachorrito enfadado, pero ahora... ahora tiene colmillos.
Se pasó una mano por el cabello, recordando el calor en sus mejillas. ¿Desde cuándo alguien lo hacía sonrojar a él? Era inaceptable. Inadmisible. Tenía que recuperar el control.
Esa tarde, después de clases, Suo se sentó en un banco del parque cerca de la escuela. El sol se filtraba entre las hojas, pero su mente estaba en otra parte. Planeaba su venganza con la precisión de un ajedrecista.
Primero, necesitaba entender qué había cambiado en Sakura. Ese entrenamiento secreto del que se rumoreaba y del cuál nadie sabía... ¿cómo lo había logrado? Suo sonrió para sí. Tal vez podría usar eso en su contra.
Si él practicó tanto para conseguir este resultado... -murmuró-, yo puedo practicar y ser más eficiente.
Sacó su teléfono y buscó videos de comedia romántica. No, mejor: tutoriales sobre cómo no sonrojarse. Pero pronto se rio de su propia idea. ¿Él, Suo Hayato, necesitando ayuda? No. Él era el maestro.
En cambio, imaginó escenarios. "Sakura-kun, ¿me das un beso para curar mi herida?" No, demasiado directo. Tenía que ser sutil, como siempre.
Practicó en voz baja: - Oye, Sakura, si fueras un vegetal, serías un lindo tomate... no, espera, eso es viejo.
Frunció el ceño. Necesitaba algo fresco. Algo que lo pillara desprevenido.
Al día siguiente, la clase bullía de rumores. Todos hablaban de "el gran contraataque de Sakura". Algunos incluso apostaban quién ganaría el siguiente round.
Sakura entró al salón con su expresión habitual: seria, distante. Pero ahora había un brillo en sus ojos. Confianza.
Suo ya estaba allí, sentado en su escritorio, con esa sonrisa inocente que ocultaba todo.
Buenos días, Sakura-kun -saludó con voz melosa-. ¿Dormiste bien? Soñé contigo anoche.
El salón se calló de golpe. Todos esperaban el sonrojo.
Sakura se detuvo, pero no se inmutó. Respiró hondo, como en su entrenamiento.
¿Ah, sí? -respondió con calma-. Espero que no haya sido una pesadilla. Porque yo sueño con patearte el trasero.
Risas estallaron. Suo parpadeó, pero se recuperó rápido.
-Jajaja, qué agresivo. Pero en mi sueño, eras más... tierno.
Sakura se sentó, cruzando los brazos. ... No morderé el anzuelo tan fácil.
La clase continuó, pero la tensión era palpable. Durante el recreo, Suo hizo algo bastante inusual de él, saco un bento y se acercó a su víctima.
-Sakura-kun, quería hacer algo especial para hoy. ¿Quieres probar mi... salchicha?
Doble sentido obvio. Sus compañeros ahogaron risas.
Sakura miró el bento, luego a Suo.
Claro -dijo, tomando un pedazo y comiéndolo sin pestañear-. Está buena. Pero la mía es más grande.
El salón explotó en carcajadas. Suo tosió, casi atragantándose con su propio té.
... Este chico... ¿desde cuándo responde así?
Pero Suo no se rindió. Durante la clase de educación física, mientras corrían, se colocó al lado de Sakura.
Uf, qué calor -jadeó-. Me quito la camisa, ¿te molesta?
Y lo hizo, revelando su torso tonificado. Los chicos tiraron elogios, pero Sakura solo rodó los ojos.
-Haz lo que quieras. Pero si te resfrías, no llores después.
Suo frunció el ceño internamente. Nada. Ni un rubor.
Esa noche, Suo estaba en su habitación, caminando de un lado a otro. Su plan inicial había fallado. Sakura era más fuerte ahora.
... Necesito elevar el juego. Algo que lo haga dudar, que toque su orgullo.
Se le ocurrió una idea brillante. Involucrar a otros. Si Sakura era inmune a él solo, quizás con testigos o aliados cambie.
Al día siguiente, durante el almuerzo, Suo reunió a un par de compañeros.
-Chicos, ¿han notado lo lindo que es Sakura últimamente? -dijo en voz alta.
Sakura, comiendo cerca, levantó la vista.
¿Lindo? -repitió un compañero- Sí, como un gatito enfadado.
Suo sonrió. - Exacto. Deberíamos hacerle un club de fans.
Sakura se atragantó con su arroz. - ¿Qué demonios?
Pero se controló. - Hagan lo que quieran. No me afecta.
Suo insistió. - Oh, vamos. Imagina carteles: "Sakura, nuestro capitán sonrojos".
Las risas crecieron, pero Sakura contraatacó: - Mejor uno para ti: "Suo, el rey de las bromas fallidas".
Touché. Suo sintió un tic en la mejilla.
La tarde trajo más tensión. En la reunión de clase, Suo propuso un juego: "Verdad o reto".
-Sakura-kun, verdad: ¿alguna vez has besado a alguien? -preguntó inocente.
El salón se tensó. Sakura lo miró fijo.
No -dijo sereno-. Pero si quieres ser el primero, dilo.
¡Boom! Suo se sonrojó de nuevo, balbuceando.
Los compañeros aplaudieron. Sakura ganó el round.
Pero Suo no se dio por vencido. Esa noche, pensó en algo personal. Algo que tocara el corazón de Sakura.
Al otro día, en privado, se acercó.
-Sakura, en serio... me gustas. No es broma.
Sakura parpadeó. ¿Era real? El calor subió, pero lo controló.
Pruebalo. -dijo.
Suo dudó. El juego se volvía real.
