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El cobalto, levemente encorvado, respiró hondo unas cuantas veces para recuperar el aliento y cuando lo consiguió fue quitando lentamente su mano de su pecho al ya no sentir como si su corazón fuera a salir en cualquier momento. Una pequeña sonrisa seguida de una sarcástica risa burlona se le escapo de sus labios, se sentía tan malditamente estúpido.
—Solo fue otra pesadilla. Sonic, tranquilízate.— Él cobalto se abrazo buscando inconscientemente algún tipo de consuelo, que no encontró, mientras fijaba su miraba hacía las llamativas luces de la distante ciudad ya casi reconstruida por completo.
Solo Habían pasado algunas pocas semanas desde la eliminación total del Metal Vitus, otro intento de Eggman de dominar el mundo que casi da resultados, y el cobalto todavía no se recomponía. Bueno, ¿y como hacerlo? Era cierto que salvo al mundo de aquel mortal virus enviándolo a otra dimensión con ayuda de Silver y las Esmeraldas del caos, pero también había sido el principal responsable de la propagación de aquel virus y la culpabilidad no era una emoción fácil con la cual lidiar.
Las mejillas del cobalto comenzaron a humedecerse y abrumado apretó más el agarré del abrazó, pero en ningún momento se escuchó un sollozo. Como odiaba esto, los pensamientos intrusivos habían regresaron de golpe a su mente recondandole con dureza lo ingenuo que fue al pensar que Eggman, con amnesia en ese entonces, podía reintegrarse a la sociedad y lo tremendamente idiota que fue al hacer caso omiso a las advertencias de sus amigos y su... pareja.
—Sonic the hedgehog ¿un héroe? Nah, más bien Sonic el erizo más estúpido del mundo... Como lo siento, Shads.— El cobalto volvió a reír, pero esta vez de una forma amarga, sintiendo un gran dolor emocional que hizo su cuerpo estremecer y que las lágrimas aumentarán, obligandolo a romper el abrazo y secar las lágrimas insistentemente de sus ojos para recuperar la vista de su nublada visión.
Oh, como deseaba ser consolado por su novio, aunque fuera un golpe a su orgullo por dejar verse llorar, pero el cobalto sabía bien que eso no pasaría por obvias razones, después de todo el azabache y él dejaron de ser algo en una acalorada discusión que surgió en su reencuentro en una evacuación donde se sentenció el rompimiento de la relación.
El cobalto paró de luchar y dejó fluir las lágrimas libremente por su rostro, era mejor desahogarse ahora estando solo que más tarde estando acompañado. Lo menos que quería era ser una molestia para sus amigos con su problema y agregarles otra cosa más de la cual preocuparse, solo sería una carga innecesaria para ellos. Suspiró pesado por el rumbo de sus pensamientos, ¿desde cuando pensaba de forma tan negativa?
El cobalto cerró los ojos por un instante al sentir más que antes las congeladas brisas de la madrugada chocar contra su cuerpo. —Creó que ya es hora de regresar a casa.— Con calma giró en dirección contraria y empezó a correr adentrándose al bosque...
El despertador sonó anunciando las 9:00 de la mañana, el cobalto la apagó y se levantó de su cama con evidente cansancio para luego dirigirse al baño de la habitación para asearse. Dentro, en el lavabo, mientras se limpiaba el rostro observó su demacrado reflejó en el cristal; grandes bolsas negras bajo los ojos, mejillas ligeramente más delgadas que antes, labios algo heridos por tanto morderlos y ni hablar de lo rojizo e hinchado de los ojos por el constante llanto.
—Que desastre.— Él cobalto nego con la cabeza con cierto disgustó ante su imagen, estiró su brazo hacía una estantería colgada en la pared y prosiguió a tomar un kit de maquillaje junto a un envase de gotas para los ojos para luego enseguida comenzar a "arreglar" toda evidencia que delatara su estado actual.
Media hora pasó cuando al fin el cobalto salió del baño listo para iniciar su día. Dejó la habitación y se adentro al comedor dispuesto a desayunar importandole poco que aquel malestar que había empezado a experimentar desde lo sucedido con el virus volviera a fastidiarlo. Tomó un par de alimentos de la nevera y se preparó sin mucha prisa algo sencillo y liviano para saciar su hambre. —Ah... como me encantaría que esto fuera un Chili dog— Murmuró con desilusión mientras miraba su plató. —No. Controlarte, Sonic, sabes bien que pasará si comes algo pesado.— Se regañó por ser quisquilloso y comenzó a comer.
Con cada bocado de comida que saboreaba era una gran victoria para el cobalto al no sentir ninguna molestia, pero quizás había celebrado demasiado pronto. Imagenes de ciudades devastadas y gente huyendo entre gritos de pánico y horror mientras eran atacados violentamente por los infectados pasaron por un cabeza provocando que unas impresiones náuseas lo invadieran, revolviendo su estómago e irritado su garganta, por lo que rápidamente entró al baño más cercano junto a tiempo antes que las arcadas iniciarán y el vómito se presentará a continuación.
—¿Por qué me pasa esto?, esta vez comi liviano.— El cobalto gruño bajo quejándose por la irritación de su garganta, y abrió el grifo del lavabo para lavarse nuevamente el rostro y de paso limpiar el desastre de trozos de comida a medio digerir...
El comunicar vibró llamando la atención del cobalto, que apenas estaba finalizado de asear todo el baño del pequeño incidente de tuvo, así que lo prendió para saber que necesitaban de él quien sea que fuera. —Habla Sonic, ¿qué ocurre?— Preguntó con un tono de energía levemente fingido.
—Sonic, soy yo. Ayer prometiste que me ayudarías con algunas cosas en mi laboratorio, ¿en dónde estás?—.
—Eh? Oh... S-Si, claro que recuerdo lo que dije, Tails. De hecho estoy en camino para allá, solo que me detuve un momento para disfrutar del paisaje jaja, ya sabes como soy.— La comunidad se corto y el cobalto incrédulo por haber olvidado su promesa se apresuró en alistarse y salió disparado de su hogar hacía la casa de su mejor amigo y hermano Tails.
