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Es sólo un cuento de hadas

Summary:

Los pequeños Sae y Rin buscan la forma de volver a casa en medio de un extraño lugar lleno de fantásticas criaturas egoístas.

Notes:

¡Feliz Drawtober 2025! Esta historia está inspirada en una serie de ilustraciones para este mes. Si te interesa verlas el link está aquí: Drawtober

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Mensajero a luz de vela

Chapter Text

Esa era una mañana extraña, extraña sin decir mucho más. Para el pequeño Sae, encontrarse en medio de un silencioso bosque luego de haberse acostado a dormir solo significaba que debía seguir soñando. Y qué sueño tan melancólico era ese. De todos los bosques que pudo crear, tenía que despertar cerca de lo que parecía un pantano maloliente.

Y no estaba solo.

Un pequeño bulto se movió a su lado. Las hojas habían aplastado por completo al pequeño que reconoció como su hermano en cuanto se revolvió, escupiendo ramas y maleza en su dirección.

—Ay Rin —quejó Sae, dando palmadas en la espalda de su hermano menor—. Escupe todo, no te los tragues.

—Hermano… ¿Dónde estamos?

Sae no tenía una respuesta, se limitó a observar el entorno al igual que Rin. Lo último que recordaba era acomodar bien su almohada y acostarse pensando en el partido de fútbol que tendría al día siguiente. Pero, ahora ni siquiera tenía pijama, parecía igual a como había estado vestido la tarde anterior. Se miró las zapatillas y luego acomodó sus ropas antes de volver la vista a su pequeño hermano, quien estaba a punto de saltar dentro del pantano.

A buena hora lo tomó de la capucha de su sudadera para evitar que hiciera una locura y lo guió de la mano en busca de una salida.

—No hagas eso, Rin. No sabemos ni donde estamos.

—Sí… hermano mayor…

Ambos siguieron caminando tratando de encontrar alguna especie de camino que les sirviera de guía, pero aunque habían caminado ya un buen tramo no hallaron nada que les indicara que estaban cerca de algún lugar. No cantaban los pájaros y solo el viento mecía las ramas… en realidad era un tanto tenebroso.

—Como una película de terror.

—No es buen momento, Rin.

Porque parecía que la noche se acercaba y Sae temía lo que pudiera pasarles. Dieron un par de vueltas más antes de cansarse, por lo que terminaron sentados al pie de un esquelético árbol. Sae dudaba que les sirviera de refugio algunos de esos árboles si lloviera. Miró a Rin, que también lo miraba a él como si esperara lo que iba a decidir hacer. Ojalá no lo estuviera esperando, él tampoco sabía qué hacer y era muy frustrante.

Cuando estaba por enfadarse, Sae terminó escuchando un extraño sonido que era traído por el viento y le dio escalofríos. Quizá solo era el viento pero… casi parecían voces entremezcladas. Susurraban.

Tomó la mano de Rin y decidió que debían seguir buscando una salida, pero Rin no se movió. Estaba clavado como una estaca en la tierra, sus ojos estaban fijos en alguna parte entre el bosque.

—¿Qué haces? Vámonos de aquí.

—Pero… —Rin señaló la dirección en la que veía, donde aparentemente algo emitía luz—. Parece que nos está llamando.

—Rin, vámonos.

Quizá habían visto suficientes películas de terror para saber que nada bueno podía resultar si algo en medio del bosque te “llamaba”. Sin embargo, Rin terminó casi hipnotizado con el ritmo en que la luz parecía prenderse y apagarse. Sae intentó jalarlo pero era inútil ¿Por qué era tan pesado?

Cuando aquello estuvo más cerca el hermano mayor abrazó al menor en acto protector, sentía temor por lo que cerró ambos ojos antes de notar que en realidad no había pasado nada y todo el lugar se había iluminado.

—Vaya, vaya… pero si son dos niños.

Sae abrió los ojos. La luz… la luz era sostenida por una persona. Ésta, bajó su capucha dejando ver una confiable sonrisa en su rostro mientras descendía a estar de cuclillas a su nivel.

—¿Qué hacen aquí, pequeños?

A decir verdad Sae no confiaba en los adultos, menos en uno que parecía ir disfrazado para día de brujas… La luz que traía era la de una vela en candelero y su atuendo parecía salido de un viejo cuento occidental.  Por lo que, aún receloso, se negó a responder al extraño.

—Estamos perdidos.

—¡Rin!

Rin miró a Sae sin saber qué había dicho mal, pero realmente no importaba ya. Sae echó un suspiro antes de continuar.

—Es verdad, estamos perdidos… no podemos salir del bosque y queremos volver a casa, tengo un partido mañana.

—¿Un partido?

—De fútbol.

—Fútbol… ¿Fútbol?

El hombrecillo de la vela miró al ave que tenía en el hombro, como si le preguntara al animal si sabía qué significaba esa palabra. Sae creyó que el extraño le tomaba el pelo, se hacía el tonto pareciendo no conocer un deporte tan mundialmente famoso.

—Como sea ¿Sabes cómo salir de aquí?

—Depende de a dónde quieras llegar.

—Quiero volver a casa.

—Yo no sé dónde está tu casa.

El hombrecillo se echó a reír, como si estuviera acostumbrado a sentarle bromas a la gente. Sae estaba perdiendo la poca paciencia que le quedaba y estuvo por patearle el tobillo cuando fue Rin quien preguntó esta vez:

—¿Y sabes dónde hay un camino? Mi hermano buscaba un camino.

—¡Un camino! Haberlo dicho antes. Síganme.

Sin decir más, el hombrecillo del candelero echó a andar y ambos niños lo siguieron. Sae aún receloso y Rin maravillado por el brillo inusualmente grande que podía emitir una sola vela. Lograron hallar un camino, pequeño y retorcido entre el bosque, y entonces el hombrecillo de ojos de vibrantes volvió a verlos.

—Aquí hay un camino.

—Es perfecto para volver a perdernos.

—¿Verdad que sí? Podrían no salir nunca.

Sae no sabía si sorprenderse más de la respuesta o de que aquel extraño no pareció entender el sarcasmo, así que lo que había dicho parecía una simple verdad.

—¿Y por dónde podemos ir para no perdernos?

—Eso depende de a dónde quieras ir.

—Queremos ir a casa.

Antes de que la rabia de Sae fuera más notoria, Rin tomó su mano y señaló una direccional. Un viejo pedazo de madera clavado con letras extrañas… No, en realidad Sae podía leerlo, no tan bien como quisiera, pero había empezado con eso de aprender inglés hace no mucho. Qué esperaban.

—Villa de las hadas… una milla de distancia… ¿Hadas?

—¡Ah es cierto! Cómo no se nos ocurrió, Yoo. —El hombrecillo hablaba al pájaro en su hombro otra vez. —”Las hadas vuelan de aquí para allá, seguro que saben dónde está el hogar de los niños”. Muy listo como siempre, pequeño Yoo.

Rin seguía mirando en dirección a donde señalaba el letrero. Sae pensaba que habían encontrado un desequilibrado mental, pero era mejor seguirle el juego. Además, no tenían mejores opciones a las cuales ir.

—¡Eso es! Los dejaré en el río. Vamos, vamos.

Emocionado, el hombrecillo del candelero llevó a los niños más allá del nublado bosque y terminaron a orillas de un río cuyo pequeño muelle tenía una destartalada barca donde solo entraría una persona adulta. Pero ya que ambos hermanos eran pequeños, entraban sin problemas.

—Y recuerden alejarse de las voces del bosque… los monstruos acechan por aquí.

Les recordó el extraño mientras los despedía, sus ojos relucían a luz de su brillante vela mientras volvía su camino de vuelta a los bosques.

Los hermanos se miraron entre sí un momento antes de decidir impulsar su pequeño barco al otro lado del río, más allá de los marchitos árboles.