Chapter Text
Las noches de Trost son todas iguales. Oscuras.
Siempre nublado, una sorpresa si se llega a ver un atisbo de luna; los faroles viejos de la calle casi no iluminan, ya sea por la mugre o porque están rotos.
Las sombras se distinguen. Chicas, individuales, en grupos. Saliendo de boliches, regresando del trabajo, vendiendo droga. Hay una sola sombra grande, pero se oculta bien; se camufla en las demás, hasta que encuentra su objetivo.
Aterriza sin hacer ruido al final del callejón. Sus pasos son livianos, un leve chasquido cuando pisa un charco, pero el vendedor no se da cuenta. Se desliza a él con movimientos calculados, hasta que se posa tras suyo.
Unos chicos se acercan para comprarle, pero cuando las luces de un auto iluminan al vendedor, también iluminan a la sombra que lo acompaña, una demasiado grande, demasiado oscura.
Salen corriendo. El vendedor se gira.
—¡B-Batman! —jadea y, antes de que dé una excusa estúpida, antes de que mienta sobre lo que en verdad está haciendo, Batman le da un puñetazo.
Cae al suelo. No se mueve.
—Le pegaste muy fuerte —otra sombra, más delgada, alta y esbelta, dice.
—No lo hice —replica Batman, comenzando a revisar sus bolsillos.
—Ah, encima vas a robarle.
—No voy a-
—Te estoy jodiendo —resopla y se inclina en la pared del callejón. Ve que le quita bolsas de los bolsillos con droga fraccionada, luego lo esposa a un farol—. Lo van a soltar sus amigos.
—¿Tenés una idea mejor?
—Ponele un cartel —dice, su voz vibrando en chiste—, vendo falopa, y llamás a la policía.
—Ya los llamé.
—Ah- ¿en serio? —hace una mueca—, para mañana va a estar afuera.
—¿Tenés una idea mejor? —repite Batman y la otra sombra suspira.
Toma las bolsas con droga y las tira en un tacho, luego busca en su cinturón hasta sacar una botellita.
—¿Qué estás haciendo? —cuestiona con curiosidad mientras lo ve rociar la droga. Después lo prende fuego—. ¿Estás seguro de que eso…?
—¿Tenés una id-?
—Idea mejor, bla, bla, bla- sos disco rayado, eh.
Batman gira a mirarle. La máscara oculta sus ojos, pero es claro que frunce el ceño.
—¿Para qué me seguís, CatThing? ¿No tenés nada mejor qué hacer?
CatThing sonríe, como si hubiera esperado esa pregunta hace rato.
—¿Mejor que espiar qué hace el nuevo vigilante de Trost? Obvio que no.
Trost no siempre fue una ciudad así. Antes era un lugar que rozaba el lujo, donde solo las mejores personalidades del país vivían. Después se fue todo a la mierda. Diría que fue en el momento en que mataron a sus padres, pero eso solo había sido la gota que rebalsó el vaso.
Todavía quedan rezagos de esa época. Las mansiones, por ejemplo, pero todas están deshabitadas, abandonadas por familias que se fueron creyendo que todo mejoraría en algún momento. Pasaron quince años y todavía no lo hizo.
La mansión Ackerman es la única que se mantiene en pie, pero no por mucho. El portón de la verja apenas funciona, el motor automático se queja cuando lo utilizan, amenazando siempre que será la última vez que abra. Todavía está en su lista de por hacer el reforzarlo, aunque no es prioridad. Los jardines delanteros están abandonados, demasiado trabajo como para que alguien lo haga. El camino hasta la puerta está lleno de pozos, difíciles de esquivar en la noche y con la luz de la motocicleta apagada.
La entrada principal rechina con cada movimiento. No puede usarla. El garaje de adelante sigue atestado de basura, otro de sus pendientes. Debió utilizar la entrada trasera.
Deja la motocicleta a un costado de la mansión, bastante escondida. Ya le robaron dos en el último mes. Usa la pistola de gatillo para impulsarse y llegar a una ventana del primer piso, la de su habitación. Entra y se queda un momento en silencio, esperando pasos, pero nunca llegan.
Levi se quita la máscara y suspira apenas. Comienza a hacer el recorrido hacia el sótano, pensando otra vez en que debió usar la entrada trasera, porque está conectada al mismo, mientras se quita el resto del traje.
—Te levantaste temprano —dice Kenny, sentado en la sala, ambiente que no puede evitar en su camino.
—Yo… —comienza y el otro lo mira, retándolo a que le mienta cuando tiene los pantalones del traje todavía puestos—. Recién llego.
—No sé qué prefiero —se queja él—, esto o que llegues en pedo.
—Estaban vendiendo falopa —Levi se justifica, reanudando sus pasos.
—Sí, como en toda la puta ciudad —lo sigue.
—Bueno, ahora hay uno menos.
—¿Te pegaron? —Levi niega—, ah, bien, aprendiste a esquivarlos.
—Fue una sola vez, y fue porque uno estaba escondido.
Kenny suspira. Llegan al sótano y él termina de quitarse el traje, colocándolo en su lugar. Siente la mirada ajena todo el tiempo, sabe que quiere decir algo más, pero no sería nada nuevo. Ya han tenido esta conversación desde todos los enfoques posibles.
Kenny vuelve a suspirar, regresando a las escaleras.
—¿Vas a comer algo? —no recibe respuesta y se gira a mirarlo—, mirá que a las once tenés la entrevista con el pendejo ese.
—Ugh —se pone el pijama limpio que está seguro que el otro dejó ahí más temprano—, posponela.
—No —Levi voltea a él—, ¿qué me mirás así? Ya la pospusiste tres veces.
—Que sea una cuarta.
—No seas un pendejo de mierda y cumplí tus responsabilidades —reprende—. ¿Y vas a comer algo o no?
Levi suspira y lo sigue escaleras arriba.
—Sí, gracias.
Viene esquivando las entrevistas como un campeón, pero esa racha se termina ese día.
Suele haber dos filtros. Primero Kenny, que manda a la mierda a cualquiera que quiera preguntarle a Levi sobre porqué sigue en esa ciudad después de que mataran a sus padres ahí; el segundo es él mismo, que manda a la mierda a Kenny cuando le dice que tiene que, por los menos, dar una declaración en nombre de su empresa.
Este reportero, un pasante del Scout’s Journal, viene acosándolos hace varias semanas, tanto que Levi hasta tiene ganas de felicitar su perseverancia.
No lo va a hacer.
Les envía las preguntas de antemano, Kenny las revisa, luego Levi, para asegurarse de que no se vaya de tema. La entrevista se va a hacer en la mansión, sin grabación, solo lo que este pibe pueda anotar a mano.
Se hacen las diez de la mañana y, como nunca, el sol entra con fuerza por su ventana. Levi se tapa por completo con la manta y Kenny se la arranca de sus manos.
—En una hora viene el pibe este —dice—, así que, levantate así no se nota mucho que recién te despertás.
—¿No es sábado? Que crea que salí de joda —se gira en la cama, tapándose otra vez.
—Es martes —Levi gruñe y Kenny vuelve a arrancarle las mantas—. Te dejé un café ahí. Levantate.
Al mismo tiempo que el reportero llega, Levi sale de su habitación. Kenny no recuerda la última vez que lo vio vestido con algo que no sea el pijama o el traje de Batman.
El timbre suena y Kenny presiona el botón del portón automático para que entre.
—¿Debería ser simpático? —pregunta mientras abren la puerta principal, viéndolo llegar en bicicleta.
—Me chupa un huevo, es tu imagen —murmura a la vez que el reportero llega a la puerta—. Bienvenido, pibe, ¿querés agua?
—Gracias, señor —dice y les estira la mano—, soy Erwin Smith, del Scout’s Journal.
—Lo sospeché —murmura Levi, estrechando la mano—, Levi Ackerman, de Empresas Ackerman.
—Sí, ah, lo sé —asiente con una sonrisa—, investigué un poco.
—Yo también.
—¿Eh?
—Empecemos ya —lo guía dentro de la mansión—. Revisé las preguntas, están decentes, pero voy a responder rápido, así que, espero que escribas-
—En realidad —lo interrumpe, mostrándole el celular—, pensaba en grabar, ¿si no hay problema?
—Sí hay problema.
—No perdía nada con intentarlo —ríe suave.
Llegan al salón, Kenny le da el vaso de agua, luego desaparece hacia la cocina mientras los otros se sientan. Erwin se baja la mitad de la bebida en dos tragos, lo deja en la mesita entre él y Levi, y saca su libreta. Le sonríe.
—Entonces, Levi-
—Señor Ackerman —corrige.
—Señor Ackerman —asiente—. ¿Cómo está?
—Eso no está en la lista.
—¿Le molesta que pregunte?
Levi frunce el ceño, mirándolo fijo. Cruza una pierna sobre la otra.
—Estoy bien, gracias —Erwin lo anota—, ¿usted?
—Ah, un poco acalorado por la bici, pero bien —dice, pero Levi nota que no tiene una gota de sudor en su rostro—, ¿cómo estuvo ayer?
—¿Sos-? —comienza mientras se inclina en el asiento hacia él—, sos reportero, ¿no?
—Sí, por supuesto —Levi lo mira con fuerza—. Bueno, pasante- casi lo mismo, ¿o no?
—¿Por qué querías la entrevista? —cuestiona—, porque no tengo nada que pueda darte, no sé, tu gran novedad para ascender.
—Pues-
—¿Sos psicólogo?
La pregunta lo toma desprevenido. No del tipo de me descubrió, sino del a qué viene eso.
—No, me recibí en periodismo hace tres años —dice Erwin y Levi enarca una ceja.
—¿Y todavía sos pasante? ¿Cuánto tiempo llevás en el Scout’s?
Erwin ríe apenas—, ¿creo que yo tendría que hacer las preguntas?
—¿Te molesta que pregunte?
El otro vuelve a reír y Levi contempla romperle el vaso en la cabeza. Debe ser la falta de sueño.
—No, pero con una condición —dice y vuelve a sacar el teléfono—, si me dejás grabar-
—No —corta de una—. Empezá con tus preguntas.
Erwin suspira.
Hacen una pausa veinte minutos después cuando Erwin recibe una llamada. Levi va a la cocina, encontrándose con Kenny cagándose de risa.
—¡No puedo creer que le hayas preguntado si es terapeuta! —jadea en voz baja y Levi frunce el ceño.
—No sería la primera vez que hacés una mierda así —refunfuña—. Igual, hay algo raro en él.
—¿Te referís a su interés en vos? La verdad que a mí también me cuesta entenderlo.
—Es en serio —replica—, ¿quién perdería tiempo en esto cuando puede, no sé, entrevistar a alguien que haga algo?
—Vos hacés algo.
—Cerrá el orto —masculla y Kenny suelta una risa.
—No es tan raro, Levi, nunca nadie tuvo tu declaración después del accidente-
—Asesinato —corrige.
Kenny suspira—, además, justo se cumplen quince años. A la gente le gusta leer esas mierdas.
—¿Señor Ackerman? —llama Erwin desde la sala y Levi respira profundo.
—Respondé sus preguntas y listo, dejá de hacer tanto drama con esto —dice Kenny.
Levi regresa a la sala.
—Ya estoy listo para continuar —dice Erwin y el otro se vuelve a sentar—. Nos quedamos en… Por qué sigue en Trost.
—¿A dónde más iría? —replica—, mi vida está acá.
—Solo su tío y usted —señala el otro—. Y con sus, uh, recursos, podrían reubicarse donde sea.
—Me gusta Trost —se cruza de brazos.
—¿No le preocupan los índices de criminalidad?
—No.
—Según los análisis, están en el mayor pico desde- desde, ah, varios años. Va en aumento. ¿No ha sido víctima de algún robo?
Piensa en las dos motocicletas, pero niega igual.
—¿Será por los recuerdos que tiene, que prefiere quedarse? —pregunta Erwin y cuando levanta su mirada de la libreta, se encuentra con los ojos molestos de Levi.
—Esa no estaba en la lista.
—Ya sé.
—No voy a responder.
Erwin asiente, anotando en la libreta.
—¿Hay chance de que siga acá por el supuesto vigilante que ronda la ciudad?
—¿Supuesto? —cuestiona y Erwin asiente.
—Hay declaraciones de personas que lo vieron atacando a supuestos vendedores de droga y después robándoles.
—¿Supuestos? —jadea y frunce el ceño—, ¿quién mierda dice eso?
—Redes sociales —le muestra su teléfono y Levi se lo quita de la mano—, se habla hace meses de esta… persona.
Levi revisa los tweets rápido, encontrando quejas, elogios y hasta una foto que reconoce como la de la noche anterior, cuando le quitaba la droga al vendedor.
—¿Entonces? —insiste Erwin. Levi lo mira, encontrándolo con la mano estirada. Le devuelve el teléfono y se reclina en su asiento.
—No me parece que esté haciendo un mal trabajo —dice y Erwin lo anota—, ey, no-
—Entonces, está de acuerdo.
—No, yo- dejá de anotar- no estoy- no tengo opinión —concluye.
—Me parece que sí.
—Te parece mal.
—Entre nos —comienza Erwin, bajando la birome y acercándose apenas—, tampoco me parece que esté haciendo un mal trabajo. Creo que le vendría bien trabajar con la policía.
—No podría —niega veloz—, está por completo corrupta. Por eso esta ciudad se está yendo a la mierda.
—¿Cree que por eso un ciudadano común tuvo que tomar el lugar de justiciero?
—Tal vez.
—A pesar de que no tenga la autoridad para impartir justicia.
—No es… así —dice y respira profundo, pensando bien sus palabras—. Creo que la ciudad está cansada. Del robo, los asesinatos, de que vendan falopa en cada esquina. Yo puedo irme a la mierda, puedo vivir en un lugar mejor, pero, ¿y los que no? ¿Y los que rozan el límite de la pobreza? Creo que la gente está cansada de vivir en la mierda y exige un cambio, aunque sea un vendedor por noche, porque es uno menos para… lidiar…
Sus ojos caen en Erwin, que no lo mira, pero que escribe rápido. Como, muy rápido. Se detiene a la vez que él deja de hablar.
—¿Usted está cansado? —sus ojos suben a su rostro, que le sonríe apenas.
—Bastante.
Nadie puede escribir a esa velocidad.
Por la noche, la sombra de Batman lo envuelve otra vez. Lleva poco más de un año haciendo esto, desde el aniversario anterior del asesinato de sus padres.
Se preparó desde entonces. Entrenando todos los días, aprendiendo todas las disciplinas posibles. No esperaba que se volviera algo regular; había acordado con Kenny que sería una vez, para tener la justicia que la policía nunca le dio.
Pero cada noche se encuentra con que hizo lo correcto al salir. Cada noche, están robando. Cada noche, están matando. Cada noche, alguien lo necesita. ¿Cómo va a parar ahora?
La primera aparición de CatThing fue hace pocos meses. A Levi le dio un poco de envidia. ¿Cómo puede moverse con tanta naturalidad? ¿Cómo esquiva todos los golpes? Siente que se ríe de él cada vez que se cruzan.
Cosa que pasa seguido.
Sigue pensando en qué hacer con esa persona. Ya le atrapó algunas veces robando, pero siempre se le escapa. Es como que está cerca, pero nunca al alcance de su mano. Le molesta.
También le molestan las palabras de Smith, el reportero. ¿Trabajar con la policía? Difícil, si le apuntan cada vez que pueden.
No es necesario. No los necesita. Un criminal por noche le parece suficiente avance por ahora.
Kenny lo presiona y lo atosiga. Finge que no le importa que Levi juegue al superhéroe, pero después lo putea cuando llega cagado a palos. Dice que está harto, que no le preocupa que una noche no regrese, pero después encuentra el traje de Batman con un refuerzo extra, por si le disparan. No lo entiende.
Las semanas pasan y se acuerda de Smith, pero no porque se acuerde en sí, sino porque Kenny le muestra un periódico.
—Parece que el pibe encontró su notición para ascender… —comenta y le muestra el titular ¿Vigilante o criminal?
Esa es la primera vez que alcanza a CatThing cuando le persigue.
—¿Le diste una entrevista a Erwin Smith? —jadea cuando le acorrala en un edificio.
—Ah, ¿es tu amigo? —se le ríe—, igual, no, pero no dejaba de perseguirme- ¿sabés lo rápido que corre? Demasiado.
—No es mi amigo —replica, pero luego le mira—, ¿te alcanzó?
—Y, encima, iba escribiendo —dice y frunce la nariz—, fue raro. Digo, es felicitable lo comprometido que está con su trabajo, no parece de esos reporteros que buscan puterío- ah, sí me preguntó en un si era hombre o mujer, ¡casi me hace tropezar! —suelta una risa, pero Batman no le acompaña. Le da un pulgar arriba—, vi que escribe cosas buenas de vos.
—¿Y?
—Eso es bueno.
—No, lo… otro —insiste. CatThing cambia de peso en sus piernas e inclina la cabeza apenas.
—¿Te interesan esas cosas? —suelta una risa cuando Batman no responde—. Hoy… vamos a dejarlo en hombre.
—¿Y mañana?
—Sorpresa —sonríe—, vas a tener que preguntarme.
Batman frunce el ceño, pero no se nota bajo la máscara. No siente que eso explique mucho más sobre CatThing. Tampoco es como si fuera algo tan relevante.
Lo más relevante son los detalles de Smith, que se suman a la lista de cositas raras sobre él.
—Leí el otro día que entrevistó a uno que dijo que deberías trabajar con la policía —dice CatThing—. No es mala si de verdad querés hacer un cambio.
—¿Querés ayudar al cambio? Dejá de robar.
—Nah —hace un gesto con la mano, restándole importancia—, tampoco es como si hiciera tanto daño así.
—No puedo trabajar con la policía —confiesa Batman, recibiendo la atención del otro—. Son corruptos.
—Deshacete de ellos, entonces.
CatThing corre al filo del edificio y desaparece en la noche.
No puede deshacerse de toda una fuerza nacional, es imposible eso. Aunque, las palabras ajenas sí le dan una idea.
—Okay, ¿y si compro la policía?
—¿Sos pelotudo? —cuestiona Kenny—, no podés comprarla, es, como, algo nacional. No se puede.
Levi hace una mueca.
—Pero, podés sobornarlos para que hagan su trabajo.
—No sirve —niega—. Ah… Me molesta mucho, pero Smith tiene razón, Batman debería trabajar con la policía. Eso volvería más permanente lo que hago.
No va a mencionar que CatThing le dijo eso también.
Observa a Kenny moverse en la cocina, preparando la cena. Casi ni le presta atención.
—Necesito… deshacerme de la parte corrupta —Levi piensa en voz alta. El otro sigue sin mirarlo—, ¿cómo lo hago?
—Matalos.
—Batman no mata- además, ¿me estás jodiendo? ¿Todo esto, para hacer lo que estoy tratando de evitar?
—Bueno, bueno, era un chiste, malhumorado de mierda… —refunfuña—, poné la mesa.
Sigue pensando. Es una cadena demasiado grande, porque la policía es solo la parte visible. No tiene idea de cuánta gente hay detrás de esa corrupción. Funcionarios, políticos, capaz incluso el gobernador.
Tiene que hacer un golpe. Tiene que desestabilizarlos y demostrarles que él no va a permitir que sigan haciendo eso.
¿Cómo lo hace?
No encuentra la solución, pero algo parecido lo encuentra a él.
Es una escena de crimen, nada nuevo por desgracia. Lo que es nuevo es que el perpetrador sigue ahí.
Batman cae sobre él y lo apresa, pero cuando un auto los ilumina, lo reconoce como el detective Arthur Braus, el único policía que no suele apuntarle.
—No lo maté —dice veloz, levantando las manos—. Era mi informante.
Duda un momento, pero lo suelta, dando un paso atrás.
—¿Qué pasó?
Braus le explica y Batman se encuentra con la solución a la mitad de sus problemas.
El detective piensa como él, la corrupción es la mayor ventaja de la criminalidad en Trost, y quiere hacerla mierda.
Está detrás del Comisionado actual, la punta más frágil y accesible para ellos ahora. Batman entiende su punto, pero también ve sus ventajas, porque sospecha que Braus es el más propenso a tomar su lugar.
Considera lidiar con un problema a la vez. Braus ya le demostró- en contadas ocasiones, que busca el mismo cambio que Batman. El Comisionado actual es solo corrupción. Duda que quede persona en él.
Braus termina de hablar. Lo está mirando. Quiere una respuesta.
—¿Qué necesitás? —pregunta Batman.
Braus le pide cosas ambiguas. Vigilar a uno, escuchar las conversaciones de otro. Batman comienza a pensar que fue mala idea meterse, hasta que escucha una conversación especial.
Hablan de fecha, horario. Una redada que va a encubrir el movimiento de ellos. No lo considera algo que le interese tanto a Braus, aunque a él sí.
Cuando llega al lugar de la redada, el muelle, ve que es un operativo grande, Braus está ahí, al igual que el Comisionado. Es esto. El golpe que necesitan.
Un cargamento de tráfico ilegal que, sospecha, el Comisionado va a tratar de apropiarse.
Observa en silencio el despliegue policial, no interviene en ningún momento, ni siquiera cuando termina y comienzan a llevarse a los criminales. Braus habla con el Comisionado- por un segundo, Batman duda. Tal vez, Braus siempre estuvo involucrado.
Pero cuando lo ve irse a la vez que otros llegan, se da cuenta de que es una trampa para él.
El Comisionado lo golpea por la espalda, le apunta con el arma reglamentaria, y Batman le tira un batarang, quitándole la pistola de las manos. Baja del techo que lo ocultaba, aterrizando junto a Braus.
—Vienen más —dice, haciendo un gesto hacia la entrada del muelle.
—Hijo de puta, me ibas a matar —dice Braus, mirando al Comisionado en el suelo—. Voy a terminar con toda la mierda que estás haciendo.
Por más de que Batman trate de evitarlo, el enfrentamiento pasa a un tiroteo. Para cuando termina, cuatro de los criminales están atados, uno muerto y Braus tiene un disparo en el brazo. Llama refuerzos y una ambulancia.
—¿Te pensás que va a quedar así? —cuestiona el Comisionado y a Batman le suena como los malos en las películas, que quieren tener la palabra final—, lo van a barrer bajo la alfombra y a vos, Braus, te van a enterrar sin honor.
Batman quiere negarlo, pero cuando mira al otro, ve que su expresión no es buena. Él piensa lo mismo.
—Si termino con vos, va a ser uno menos —dice en cambio—, uno menos sigue siendo un alivio.
Días después, Levi ve en la tele que Braus es dado de alta del hospital, pero no se menciona nada de lo que en realidad pasó. Encubren la baja del Comisionado como jubilación y no se designa a nadie para su lugar.
Entonces, Levi se acuerda de Erwin Smith otra vez.
La oficina del Scout’s Journal no está en Trost. Es un viaje de una hora a Mitras, la ciudad contigua, pero es media hora más hacia el departamento de Erwin Smith.
Está vacío y le parece pequeño. Supone que es suficiente para una persona. Entra por la ventana y sujeta la carpeta que tiene atada a la cintura para dejarla sobre la mesita de café, pero la puerta del departamento se abre.
No es sorpresivo que sea Erwin, pero sí que no se sorprenda con su presencia.
—Sabía que la entrevista a CatThing te daría ganas de tener una —dice como si lo hubiera estado esperando.
—No —responde seco y suelta la carpeta en la mesa de café—, necesito que publiques eso.
Erwin enarca una ceja. Cierra la puerta, enciende las luces y se acerca al otro. Comienza a ojear las páginas; lento primero, luego con velocidad, sorprendido.
—¡Es…! ¡Pero dijeron que fue un operativo fallido! —jadea y Batman bufa.
—Fallido para ellos —se gira a la ventana—. Voy a estar vigilándote.
—¿Para?
—Puede ser… que vayan por vos —dice apenas, pero voltea veloz cuando Erwin suelta una risita—. ¿De qué te reís? Es serio esto.
—No necesito que me protejas —sonríe casi con osadía—, soy reportero, sé cuidarme con noticias así.
Batman asiente. Ya no cree que haya algo raro con Smith; ahora cree que hay algo mal.
—Entonces, ¿me vas a dar la…? —Erwin se gira, pero está solo en el departamento—, entrevista.
Erwin suspira y se pone a trabajar.
—No sé qué es más increíble —dice Kenny, días después, cuando están desayunando—, que te hayas levantado temprano, que hayas expuesto la corrupción de la policía en el diario o que el Comisionado Braus haya puesto una puta lámpara para llamarte.
—Todavía no me acuesto —murmura Levi.
