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Manual de supervivencia paranormal

Summary:

Bloom, lista para empezar la universidad, compra una casa en remate a un precio ridículamente bajo. ¡Es perfecta! O eso cree, hasta que descubre que está embrujada por Icy, una fantasma sarcástica y gruñona que fue la antigua dueña. Icy hace todo lo posible por espantarla, pero Bloom, en lugar de huir despavorida, se encariña con ella.

Chapter 1: Fantasmas, Platos voladores y Pizza

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La fría brisa de octubre calaba hasta los huesos y arrastraba consigo hojas secas que se arremolinaban en el porche de la vieja casa, la cual era todo menos acogedora a simple vista. Pero para Bloom, parada en el umbral con dos maletas abarrotadas y una sonrisa de oreja a oreja que desentonaba con el sombrío atardecer, era un sueño hecho realidad. Su boleto hacia la tan ansiada libertad... con goteras incluidas.

"¡Hogar, dulce hogar!" Exclamó con alegría, ajustándose la bufanda azul y aspirando hondo el olor a humedad. Había adquirido la casa en un remate por un precio bastante bajo, un tanto sospechoso a decir verdad. Pero su paciencia para compartir techo —y nevera, y baño, y tranquilidad mental— con sus queridísimos pero agobiantes padres había alcanzado su límite, así que no dudó en aprovechar la oportunidad de oro en cuanto se le presentó. Aquella casucha era su nueva base de operaciones universitaria. "Unas cortinas nuevas, unas velas aromáticas, un poco de pintura por aquí y por allá, ¡y esto quedará de lujo!" Murmuró, imaginando ya las fiestas, las noches de estudio, y el dulce silencio sin gritos de «¡recoge tu cuarto!» "Vida de adulto independiente con gustos muy dementes, ¡ahí vamos!" Canturreó al aire, arrastrando sus maletas sobre el suelo de tablas.

El primer día, sin embargo, la casa no compartió su entusiasmo y la recibió con un silencio inquietante. Había polvo en los rincones, olor a moho en el aire, y las puertas rechinaban tanto que Bloom no sabía si reír o comenzar a preocuparse.

"Vamos, amiga... se buena conmigo, ¿de acuerdo?" Le susurró a la casa, esbozando una sonrisa tensa. Dirigía sus palabras a las paredes agrietadas, al techo manchado, a la sombra que juró haber visto en el fondo del pasillo. "Pague una fortuna por ti... bueno, más o menos." Claro, 'más o menos' era un eufemismo generoso para lo que había costado. Pero ahí estaba, desempacando sus sueños universitarios y su ilusión de independencia. 

Para el tercer día, sorprendentemente ya había transformado el lugar. El salón tenía cojines de colores, una lámpara de lava que su madre le había regalado el año pasado y un microondas de segunda mano que calentaba unas de las tantas rebanadas de pizza que constituían el 90% de su dieta. Su ropa estaba desparramada por el sofá, y una película cómica se reproducía en la televisión. Bloom, con una sudadera grande y una gaseosa en la mano, se echó en el sillón con un gemido de satisfacción.

"Esto es vida." Declaró, alzando la lata de coca cola en un brindis antes de darle un buen trago. Hasta que un golpe seco y contundente resonó desde la cocina, rompiendo su tranquilidad. Bloom parpadeó, lentamente, desviando la mirada de la pantalla hacia el pasillo oscuro. Su cerebro no tardó en comenzar a barajar opciones. "Fue... un gato, obvio." Se dijo a sí misma, intentando convencerse. "Un gato grande y muy gordo. Que se ha colado por la chimenea." Lástima que no tuviera chimenea, ni gato ni ninguna otra explicación que no diera miedo. Las únicas huellas en el polvo de la entrada eran las suyas. Se levantó con cautela, poniéndose las pantuflas y arrastrando los pies.

Pero antes de que pudiera llevar a cabo su temblorosa investigación, las luces de la sala parpadearon, sumergiendo la habitación en intermitentes estallidos de luz. En ese mismo instante, una ráfaga de aire helado se coló, erizándole los pelitos de la nuca. 

"¡Lárgate de mi casa!" Siseó una voz desde la oscuridad, tan fría como un témpano, y llena de hostilidad.

Bloom dio un salto, lanzando la lata de refresco por los aires. Un grito, alto y muy agudo, escapó de su garganta. Se dio la media vuelta temblando y con los dientes castañeteando. Su corazón no solo palpitaba con fuerza, parecía que estaba a nada de salir despedido por su boca. Lo sabía, la casa no podía ser perfecta. Y claro, justo ahora iba a aparecer un demonio o un asesino en serie para acabar con su vida siendo virgen aún, tristemente.

"¿H-hola? ¿Q-quién esta ahí?" Balbuceó a duras penas. "Si es un ladrón... te advierto que solo tengo pizza de hace dos días que ya está desarrollando su propio ecosistema y... y deudas estudiantiles grandes, muy muy grandes." Esperaba que la combinación de pobreza y comida en descomposición fuera suficiente para espantar incluso a un fantasma.

El aire se volvió más frío de repente. De la nada, justo frente a ella, una figura se materializó flotando a varios centímetros del suelo: una hermosa mujer de largo cabello plateado, brillantes ojos azules que podían congelar el alma de cualquiera, y una expresión de pocos amigos.

"Esta es mi casa, duendecilla." Gruñó la aparición, cruzando los brazos. "¡Y tú no estás invitada! ¡Vete o te haré la vida imposible! Empezando por congelar... esa cosa." Entrecerró los ojos y señaló hacia el horno de microondas con un dedo traslúcido, el cual emitía un leve resplandor azulado.

Bloom se quedó mirándola por unos segundos, primero horrorizada, luego... fascinada. Procesó la información con lentitud: aparición espectral, mujer elegante y claramente fallecida, actitud de diva con muy, muy malas pulgas. Cuando su cerebro finalmente hizo click, se llevó una mano al pecho y exhaló un profundo suspiro de alivio.

"¡Uff, menudo susto, hombre! Casi me haces devolver la gaseosa." Bloom soltó una risa nerviosa, sobándose el estómago que sufría una indigestión por culpa del pánico. Ladeó la cabeza con genuino interés y una sonrisa tonta se dibujó en sus labios, ajena por completo a la crisis existencial que estaba provocando en la espectro. "Pensé que eras un fantasma horrible, de esos que salen en las películas de Hollywood. ¡Pero te ves muy cool! ¿Cómo te llamas? Porque oye, no puedo empezar una pelea de vecinas con alguien sin saber su nombre. Es de mala educación."

La poderosa y temible fantasma se quedó literalmente helada, un logro notable considerando su estado base. Sus ojos parpadearon con incredulidad.

"¿Pelear? ¿¡Pelear!?" Su voz subió una octava y los cuadros en la pared temblaron, a punto de caer al suelo. "¡Esto no es una pelea de vecinas! ¡Soy Icy! ¡Una poderosa hechicera que ha congelado cientos de reinos y que tiene planes a muy largo plazo que, sí, incluyen conquistar el mundo! ¡Y esta casa me pertenece! ¡No voy a tolerar a una mocosa mortal como tú invadiendo mi espacio!" Para subrayar su punto, un estruendo ensordecedor vino de la cocina. Los platos, sacados violentamente de los armarios por una fuerza invisible, salieron volando como platillos poseídos, estrellándose contra las paredes. 

Pero Bloom, con reflejos sorprendentes, atrapó al vuelo tres platos y un tazón, balanceándose mientras la lluvia de porcelana continuaba a su alrededor. 

"¡Ni se te ocurra romper más!" Le gritó a la habitación en general. "¡La última vez que rompí el plato favorito de mamá, me obligó a comer mis cereales en el traste del perro durante una semana! ¡Fue traumático! ¡Traumático!"

Icy avanzó furiosa hacia ella.

"¡Patético! ¡Tus traumas domésticos no me conmueven! ¡Lárgate o la próxima vez serán cuchillos!"

Bloom, sin inmutarse por la amenaza de muerte, dejó los platos intactos en la mesa. Luego se cruzó de brazos, imitando la pose arrogante de su nueva compañera de vivienda.

"Mira, Icy, vamos a hablarlo con calma, como las adultas civilizadas que somos." Carraspeó la garganta. "Los hechos son estos: ya me instalé. Ya tengo pizza en el microondas y las gaseosas en el piso porque no he comprado una mesa decente. El contrato de alquiler, aunque barato, es legal. Así que ¿qué tal si negociamos? Tú ganas algo, yo gano algo. Yo me comprometo a no contratar a un cazafantasmas... que entre nosotras, no puedo permitirme porque no tengo dinero." Dijo esto último en un susurro apenas audible. "Y tú... no sé, ¿dejas de tirar mis cosas?"

La fantasma la miró fijamente. Un pequeño tic empezó a palpitar en su ojo izquierdo, una señal de estrés que no había experimentado desde hacía siglos atrás.

"Negociar. ¿Contigo? ¿Una criatura que se emociona porque salió un capítulo nuevo de su caricatura favorita?" Su risa reverberó en el lugar. "Prepárate para sufrir, pelirroja impertinente." Y entonces, Icy desapareció en una nube de niebla, dejando tras de sí una ráfaga de aire helado que hizo volar las servilletas por el suelo, y el eco de una risa que era mitad malvada, mirad divertida.

Bloom se quedó mirando el desastre de los platos rotos que no había alcanzado a salvar. Sonrió para sí misma, sacudiendo la cabeza.

"Bueno." Murmuró para sí, recogiendo un trozo de porcelana con el dibujo de un pepinillo. "Al menos no estaré sola."