Work Text:
Lyle Lipton, inventor y excéntrico padece una condición llamada ¡¡¡Completamente enamorado y enajenado, fuera de sí!!! Su razón y corazón le pertenecen a quien fuera su ex-empleador Wally Wackford, diablillo nacido en el infierno y dueño de la fábrica de inventos Wacky Wally Wackford´s Wacky Idea Factory.
El delirio de amor de este pecador sólo era conocido por su mejor amigo y socio Loopty Goopty con quien comparte la dirección de la compañía Lyle- Loopty Robotics; y cuyo edificio principal se localiza en Ciudad Imp, Primer Anillo del Infierno. Sitio donde, por motivo de su alianza corporativa el antes nombrado diablillo les hizo una visita. Ya que es víspera de Halloween y como más tarde iría a una fiesta de disfraces. Para optimizar tiempos ya llevaba vestido su disfraz: Maquillaje blanco, espirales rojos simulando mejillas sonrojadas, corbata de moño y un traje oscuro a rayas, también se pintó la boca y articulaciones trazando líneas en su piel, para lucir justo como lucen los muñecos de ventrílocuo. Claramente es un disfraz de Billy “The puppet” Aquel títere emblemático de las películas “Saw, El Juego del miedo”, saga increíblemente popular aquí en el Infierno. Después de todo los demonios son grandes consumidores de cine slasher.
Pero Lyle, quien odia el terror, no sabe ni querría saber absolutamente nada sobre estas películas. Y además sufre la enfermedad mental llamada amor solo veía lo que sus ojos querían ver y su cerebro creía lo que quería creer:
¡El jefe! (Porque aunque no lo era más seguía aferrándose a esa relación laboral que los conecta) se había disfrazado de muñeco para complacerlo, para serle atractivo a sus ojos. Porque, ¿Cómo diablos Wackford iba a saber que Lyle no solo es afecto a las máquinas y robots, sino también es aficionado y coleccionista de muñecas, peluches y juguetes antiguos? Pues no lo sabía. Esta solo era una coincidencia, pero para entendimiento de Lyle era un acto deliberado del diablo para forzar su persona en su vida. Vida que desde que lo conoce, el pecador anhela compartir con él. Extasiado; el hombre hizo un avance, que de no ser por la emoción en su interior normalmente no haría:
—Señor Wackford. No sabía que a usted también le interesaban los muñecos antiguos ¿O acaso quiere formar parte de mi colección? —Es que… ¡Ese disfraz es perfecto! ¡Luce justo como los muñecos que tanto le gustan! La cara entera se le ruborizó dandole el aspecto de un tomate.
—Técnicamente es un títere—Aclaró Wally sin darse cuenta del flirteó en el que se encontraba— ¡Ugh! —
¡Ah lenguaje técnico! ¡Sí! Que sonara inteligente prendía a Lyle. El pecador incontrolable lo estrechó fuerte en sus brazos y se lo llevó cargando en dirección al elevador. Como era liviano le fue muy fácil. Irían al último piso del edificio donde se encuentra el departamento donde vive, y dónde reside su basta y valiosa colección.
.
.
.
.
Nunca llevaría a nadie allí. Era un hombre anciano y tener ese tipo de cosas podría parecer problemático, pero, tuvo el presentimiento de que Wackford podría apreciar la belleza y valor de las figuras de su colección: muñecos de tela y de madera, muñecas de porcelana y celuloide. Algunos peluches extraños y más. Muchos con aspecto viejo y en excelentes condiciones a pesar de su antigüedad. Los tenía exhibidos en una gran sala, dispuestos en anaqueles, vitrinas y algunos en muebles a escala. Porque también le gustaba recrear escenas domésticas, como fiestas de té, tertulias y cosas así.
Wally quedó maravillado, nunca imaginó que un lugar así se encontraría en este edificio. Le encantaban los juguetes, en especial los que tienen mecanismos. Y los de Lyle cumplían los requisitos, tenía aquellos que funcionan con cuerda, otros que contenían cajas de música, muñecas que abren y cierran los ojos al cambiarlas de posición y más. Como niño en juguetería, el diablillo lleno de entusiasmo inspeccionó cada uno de ellos así como cada rincón de aquella gran sala. Donde, en diversos muebles. El pecador guardaba además repuestos, accesorios y ropa a juego.
Wally no pudo sino exclamar con asombro con cada descubrimiento.
¡¡LAS ALARMAS!! ¡¡Viejo loco coleccionista de muñecos y tu estás disfrazado como uno!! No sonaron. Por el contrario estaba muy entretenido. Habló con asombro y se divirtió mirando y comparando cada una de las piezas de esa colección. Decía cosas como “Este está muy bien hecho” “¿Cómo funciona?” “Este diseño es increíble I say I say” “Que genial”
Cada halago a sus muñecos, era un halago que Lyle sentía iba dirigido a el mismo. Su corazón se derritió, sintió mucha felicidad y un enorme orgullo. Muy de cerca le mostró y explicó el origen, funcionamiento e historia de cada uno. Habrían pasado horas allí de no ser porque llego el momento en que Wally se dio cuenta de que llegaría tarde a la fiesta de Halloween. Entendiendo que debía irse y algo avergonzado por dejarse llevar por la emoción momentos antes, un poco nervioso, habló para llegar a la despedida que lo sacaría de allí.
—I Say I Say Son muchos muñecos señor Lipton. No sabía que tenía esta afición—
—mmff— Lyle solo afirmó con un sonido. Le presionó las mejillas con cada mano haciéndolo fruncir los labios. Para luego enrollar el bigote del diablillo en su índice. Al inspeccionar esa linda cara, pensaba con que trajes lo vestiría y cuales muebles compraría para hacerle su habitación de ensueño.
¡Ah! Como ávido coleccionista que es, amaba a sus muñecas y muñecos, los cuidaba y daba mantenimiento como se debía; pero no jugaba con ellos. Ahora su jefe le daba la oportunidad de vivir la experiencia. Por nada se disfrazo de muñeco, no, corrección, de títere. Era su forma de decirle que renunciaba a su voluntad y se doblegaba por completo a él. ¡¡Ahh, le asestó duró en el corazón!! ¡Adoraba a este Imp!
Si Lyle no se infartó de amor fue porque ya estaba muerto.
Desde entonces, Wally pasaría el resto de su vida atrapado allí. Siendo la joya de la colección.
.
.
.
.
.
¡Meh! No fue tanto tiempo
—¿Sigue aquí? —
A la mañana siguiente fueron descubiertos por Loopty. El pecador se extrañó enormemente con la escena montada en la mesa para desayunar.
Estaba Wally aun caracterizado como títere, llevaba un babero al cuello y se encontraba sentado en un asiento para bebé. El diablillo se había entretenido todo ese rato armando versiones en miniatura de las máquinas de tortura como las de las películas del Juego del miedo. Las herramientas y piezas estaban a su disposición porque esa es casa de inventores. Frente a él también tenía un desastre bélico compuesto por soldaditos y tanques a escala. Tenía el aspecto de un chiquillo travieso enfrascado en un proyecto. Mientras tanto era mimado por un Lyle dichoso y enajenado que lo atendía como se atiende a un rey y quien le cortaba la comida en pedacitos.
Goopty solo puso los ojos en blanco y se frotó el entrecejo agotado. No quería saber nada más, ni ser participe de la aberración que sucedía en su piso. Pero como tenía hambre tomó asiento en la mesa junto a ellos. Al hacerlo Wally le habló conteniendo la risa.
—Ksksksks El señor Lipton de verdad cree que soy Billy — El diablillo animado se preguntó si Jigsaw alguna vez jugó así con su títere, al menos cuando no lo usaba como portavoz de sus catastróficos mensajes. No era descabellado pensarlo; después de todo el asesino también padecía una enfermedad cerebral y no estaba exento de comportamientos extraños.
Goopty apoyó la cabeza en la mesa exhausto por las locuras de este par.
En cuanto a Wally, se quedo cuanto pudo para aprender todo lo que pudiera de ellos. De grande quería ser igual: Viejo rico, demente y excéntrico.
Como el piso donde vivían era enorme, si quería ir algún sitio cómodamente podía desplazarse en un triciclo por los pasillos.
