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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-10-18
Words:
4,525
Chapters:
1/1
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2
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109
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8
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716

Eras tú

Summary:

¿Qué hubiera pasado si HuaYong le enviaba la foto no sólo a GaoTu, sino también a WenLang?

Notes:

Otro pequeño fanfic, sé que aún debo la traducción de second chance, pero no pude evitar traerselos.

Espero lo disfruten.

Work Text:

Shen WenLang había vuelto al hospital con un ramo de flores apretado entre las manos. El camino, que debería haber sido corto, se le hizo interminable.

No porque estuviera lejos. Sino porque HuaYong, en su manera retorcida de ayudar, le había enviado la foto. Esa misma que él había pedido no ver, como si cerrar los ojos borrara lo ocurrido.

Y aun así, la abrió.

La imagen lo obligó a detenerse en seco, a buscar la primera banca del parque cercano y hundirse en ella como un hombre derrotado. Las flores crujieron bajo la presión de sus dedos, marchitándose antes de tiempo.

El omega con el que había pasado aquella noche... no era un rostro difuso perdido en la bruma del alcohol. No era un error enterrado en el silencio.

Era GaoTu.

El shock lo sacudió de pies a cabeza. Imágenes más nítidas de ese momento llegaron a él. La manera en que lo sometió, como casi lo reclama, pero logra detenerse por la suave súplica de GaoTu. El aroma de la salvia combinada con los lirios.

Luego GaoTu fingiendo que no había sucedido nada, diciendo que WenLang había estado en el lugar incorrecto, en el momento incorrecto. Como si quisiera olvidar ese momento, como si quisiera ignorar que ambos tenían una compatibilidad alta, más alta del noventa por ciento. De ser de otra forma, no habría perdido el control de esa manera y GaoTu hubiera tenido más oportunidad de rechazarlo.

¿Por qué?

¿Por qué GaoTu había decidido enterrarlo todo en silencio, como si nunca hubiera pasado?

¿Fue por miedo... o porque, en realidad, lo despreciaba?

WenLang se llevó una mano al rostro, cubriéndose los ojos, como si con ese gesto pudiera detener la oleada de recuerdos que ahora se filtraban con más nitidez que nunca. El calor febril del cuerpo de GaoTu bajo sus manos, la voz temblorosa pidiéndole que se detuviera, la fragancia imposible de olvidar: lirios enredados con salvia.

No fue un error cualquiera. No pudo haberlo sido.

La compatibilidad de sus feromonas era tan brutal que lo había arrastrado fuera de sí, quebrando toda la disciplina que siempre lo había definido. Y GaoTu... GaoTu lo sabía.

Si de verdad no hubiera significado nada, ¿por qué entonces su propio cuerpo había respondido de aquella manera?

¿Por qué él, WenLang, aún podía sentir en su piel la huella de esa noche?

Apretó los dientes, un estremecimiento recorriéndole la espalda.

¿Qué es lo que temes, GaoTu? ¿A mí... o a lo que somos cuando estamos juntos?

Por eso se animó a llamarlo. Necesitaba saber la respuesta, escuchar su voz, verlo directamente para poder descifrar todo lo que estaba sucediendo.

El teléfono sonó un par de veces antes de que GaoTu contestara.

Del otro lado, su respiración era apenas un murmullo, como si también dudara en hablar.

WenLang apretó el ramo con la mano libre, tragando las palabras que se agolpaban en su garganta. Había tantas cosas que quería preguntar: ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué fingiste que no pasó nada? ¿Por qué siento que te estoy perdiendo incluso cuando te tengo tan cerca?

Pero no podía. No debía.

Ya había aprendido, con base de errores y heridas, que GaoTu era como un pequeño animalito que se ocultaba en la penumbra al menor ruido. Si lo presionaba, huiría y WenLang no podría alcanzarlo.

Así que respiró hondo, suavizando la voz como si acariciara con ella.

—GaoTu... ¿dónde estás?

Hubo un silencio breve, incómodo, y en ese vacío WenLang sintió cómo su propio corazón latía con desesperación. No necesitaba una confesión todavía. Solo necesitaba estar a su lado, verlo con sus propios ojos.

Al otro extremo, GaoTu tragó saliva.

—Estoy de camino a casa —su voz fue baja, casi como si no quisiera haber contestado la llamada.

WenLang ignoró la punzada de decepción que sintió al escucharlo, tenía que saber, tenía que escuchar de su propia voz las razones por las cuales decidió fingir que no había pasado nada entre ellos. Sin embargo, su garganta se cerró ante la sola idea de preguntar directamente lo que pensaba, entonces decidió preguntar algo más sutil.

—¿Descubriste quién era el omega?

De nuevo el silencio reinó al otro lado de la línea.

Su corazón palpitaba fuertemente, casi ensordeciendolo.

—No —la respuesta fue decepcionante una vez más—, es una persona con traje común. No se alcanza a distinguir su rostro.

WenLang cerró los ojos por un instante. La voz de GaoTu era demasiado plana, demasiado contenida, como si cada palabra hubiera sido elegida con cuidado para no dejar escapar la verdad.

Claro que estaba mintiendo. Lo supo de inmediato.

Y aun así, no lo desenmascaró.

Podría haberlo confrontado, decirle que él también tenía la foto, que lo había visto todo, que no había dudas. Pero algo en su interior se resistía: el miedo a quebrar el frágil muro que GaoTu había levantado para protegerse.

—Ya veo... —murmuró, obligando a su voz a sonar tranquila, casi indiferente, aunque por dentro se desmoronaba.

El silencio volvió a reinar en la línea, un silencio que se hacía más pesado con cada segundo. WenLang apretó el ramo hasta sentir las espinas clavarse en su palma, un castigo autoimpuesto por no poder decir lo que en verdad quería.

¿Por qué me ocultas esto, GaoTu? ¿Por qué cargas solo con algo que nos pertenece a los dos?

Sintió que debía decir algo más, algo que lo anclara a él, aunque fuera un instante.

—¿Cuándo volverás a la empresa? —decidió que el trabajo sería un tema seguro de conversación.

Supo que se equivocó cuando el leve suspiro al otro lado de la línea resonó antes de la respuesta de su secretario.

—Hoy terminan mis vacaciones, entonces lo veré temprano en la oficina, señor Shen.

WenLang odió por un momento el tonó frío con el que habló GaoTu. Cada vez que hablaba con esa voz plana llena de profesionalismo, sentía que GaoTu lo alejaba intencionalmente.

Primero fue en su departamento, luego fue cuando le dijo que estaba en el hospital con su hermana, ahora era con la excusa del trabajo.

Quiso gritarle, regañarlo por tratarlo tan formal.

No pudo.

En cambio, su voz de nuevo salió suave.

—Está bien, nos vemos mañana.

Y la respuesta de GaoTu fue:

—Nos vemos.

La llamada se cortó y el silencio se precipitó sobre WenLang con un peso insoportable.

El teléfono, aún caliente en su mano, parecía quemarle la piel. Miró la pantalla negra, como si en ella pudiera leer las palabras que GaoTu no se atrevía a pronunciar.

"Nos vemos."

Dos palabras cortas, pulcras, distantes.

Lo había dejado igual que siempre: en la orilla, esperando, con el pecho ardiendo de cosas que no podía decir.

El ramo de flores, marchito entre sus dedos, fue lo único que recibió su rabia contenida. Los tallos se partieron bajo la presión de su mano, y aun así, no lo soltó porque a pesar de todo... seguiría buscándolo.

Aunque GaoTu huyera con excusas, aunque lo cubriera con esa voz fría de secretario, él ya sabía la verdad.

Y no pensaba retroceder.

El día siguiente llego lento, como si intentase alargar la insoportable espera para ver a su secretario. Sin embargo, al llegar a la oficina, cuando lo vio sentado en su escritorio, con la espalda recta y su mirada puesta en la pantalla de la computadora, apresuró su paso hasta estar frente a él.

—GaoTu —lo llamó, sonando un tanto desesperado.

El omega levantó la mirada sorprendido y también confundido.

—Señor Shen, ¿sucede algo?

"Sí, suceden muchas cosas"

Pensó en su fuero interno, tantas incógnitas sin respuesta y, apesar de ello, eligió aclararse la garganta y ganar compostura.

—Te enviaré unos archivos, necesito que los leas y me mandes un reporte de ellos.

GaoTu dejó de verlo con esa mezcla de curiosidad y miedo para relajarse.

Esta vez el trabajo funcionó como excusa.

—Entendido —respondió con su usual tono profesional.

WenLang asintió y caminó hasta su oficina, donde se refugió y soltó un suspiro.

¿Cómo debía acercarse a su secretario sin arruinar las cosas? Ya suficientemente malo era que haya olvidado esa noche, incluso GaoTu podría no decir la verdad para protegerlo de la vergüenza y, de ser así, WenLang se habría convertido en un monstruo por dejarlo asumir la culpa.

WenLang se dejó caer en su silla, los dedos entrelazados sobre el escritorio. El eco de la voz profesional de GaoTu aún resonaba en sus oídos, fría y medida, como un muro que lo separaba de la verdad que ambos compartían.

"No puedo precipitarme..." pensó, observando desde la distancia cómo GaoTu volvía a su pantalla, concentrado en el trabajo. Cada movimiento, cada clic, cada gesto medido le recordaba que el omega seguía reteniendo sus emociones.

El pecho le dolía por la impaciencia y la culpa. Quería acercarse, tocarlo, hacerle sentir que no estaba solo en nada de eso. Pero sabía que si cruzaba la línea ahora, podría romper la frágil compostura de GaoTu y, peor aún, hacer que se cerrara por completo.

Suspiró nuevamente y decidió de momento que el próximo paso a seguir sería intentar concentrarse en el trabajo.

Las horas pasaron lentamente. WenLang revisaba documentos, contestaba llamadas, pero su atención estaba dividida. Cada tanto, levantaba la mirada hacia la puerta de su oficina, esperando a que su secretario entrara por ella para poder hablar finalmente de lo sucedido, pero cada vez que veía la puerta, ésta seguía cerrada y nadie entraba por ella.

Cada vez que escuchaba pasos en el pasillo, su corazón se aceleraba. Por un instante esperaba ver a GaoTu asomarse, con esa mezcla de profesionalismo y cautela que lo volvía irresistible. Pero cada vez, era alguien más. Documentos entregados, llamadas contestadas, susurros de otros empleados... nunca GaoTu.

WenLang apoyó la frente contra el respaldo de su silla, dejando escapar un suspiro largo y pesado.

"Paciencia", se recordó a sí mismo. "Si me precipito, lo alejaré. Déjalo acercarse a su ritmo."

Sin embargo, cada minuto que pasaba, el deseo de verlo, de tocarlo siquiera con un gesto inocente, se hacía más intenso. La ansiedad y la culpa se mezclaban en su pecho, recordándole que el tiempo jugaba en su contra. GaoTu podía seguir escondiéndose tras esa fachada profesional, pero WenLang ya no podía ignorarlo.

Finalmente, escuchó el sonido familiar de pasos ligeros acercándose a su oficina. Sus ojos se levantaron automáticamente, y allí estaba GaoTu, con la carpeta de informes en la mano, mirando la pantalla de su teléfono con atención concentrada. WenLang sintió cómo un hilo invisible los unía, denso y cargado de algo que ninguno de los dos quería nombrar todavía.

—Aquí está el informe que pidió, también tiene una junta dentro de un par de horas con algunos inversionistas, estuve trabajando también en su discurso para presentar el nuevo producto que tenemos y...

—GaoTu —lo interrumpió.

Su secretario levantó la mirada de su teléfono.

WenLang frunció el ceño.

GaoTu estaba pálido, en sus ojos había una sombra que antes no había estado y su instinto le gritaba reconfortarlo.

—¿Sucede algo? —preguntó el omega... ¿su omega?

El corazón de WenLang se aceleró al escuchar su propia pregunta reflejada en la voz de GaoTu. Esa mezcla de profesionalismo y vulnerabilidad lo desarmaba por completo. Por un instante, todo lo demás desapareció: los archivos, la oficina, incluso los horarios y compromisos. Solo quedaban ellos dos.

—No... —su voz salió más baja de lo que quería, temblorosa, como si reconocer la palabra "omega" hubiera abierto una herida que ambos compartían—. No, nada grave. Solo... quería asegurarme de que estés bien.

GaoTu frunció ligeramente el ceño, dudando, pero sin apartar la mirada. Había algo en la forma en que WenLang lo miraba, intensa pero contenida, que lo obligaba a prestar atención. El silencio que siguió fue breve, pero cargado de electricidad, el tipo de tensión que no podía ignorarse.

WenLang respiró hondo, levantandose de su asiento, acercándose un poco a él, sin romper la distancia profesional, pero lo suficiente para que GaoTu sintiera el calor que desprendía, la fuerza contenida bajo su fachada.

—GaoTu... —susurró—. Si algo te molesta, o si hay algo que... necesitas decirme, quiero que lo hagas.

El omega bajó la mirada, jugueteando con el borde de la carpeta, y WenLang supo que su acercamiento gradual estaba funcionando. GaoTu estaba escuchando, evaluando, sintiendo la seguridad que WenLang le ofrecía sin presionarlo.

Por un momento creyó que diría algo por la forma en que sus labios se entreabrieron, la esperanza comenzaba a aparecer en su corazón, acelerando sus latidos a tal grado que sentía que todos serían capaces de escucharlos.

—Yo... —WenLang escuchó atento, preparado para cualquier cosa que pudiese decir GaoTu. —No tengo nada que decir, todo está bien.

La manera en que desvió la mirada al piso y sus hombros cayeron un poco delataban que mentía.

WenLang contuvo un suspiro, resistiéndose a inclinarse y tomar su rostro entre las manos, como deseaba hacer. Cada fibra de su cuerpo le pedía acercarse, mostrarle que no tenía que cargar con nada solo, que no había necesidad de fingir.

—Está bien... —dijo con voz suave, apenas un susurro—. No te obligaré a decir nada que no quieras.

Aun así, no apartó la mirada de él. Su presencia, cercana pero controlada, era un recordatorio silencioso de que WenLang estaba allí, que podía confiar. GaoTu sentía el peso de esa mirada, la mezcla de paciencia, fuerza y calidez que emanaba de WenLang, y aunque quería resistirse, no podía negar cómo su propio cuerpo reaccionaba.

Entonces... sucedió.

—Señor Shen... ¿qué le hará al omega con el que pasó la noche una vez que sepa quien es?

El corazón de WenLang se desbocó con la pregunta.

Si hubiera sido antes, una respuesta atroz hubiera sido lo primero que hubiera salido de él. Algo como darle dinero para que abortara por si hubiera quedado embarazado esa noche, o tal vez algo más parecido como demandarlo por haberlo seducido en contra de su voluntad.

Más no se trataba de cualquier omega, se trataba de GaoTu, la única constante en su vida.

—Depende —respondió con voz baja.

GaoTu entonces levantó la mirada del suelo. Sus ojos brillaban.

—¿Depende de qué?

WenLang tragó saliva, sintiendo cómo cada fibra de su cuerpo se tensaba ante la mirada fija del omega. Esa claridad en los ojos de GaoTu, esa mezcla de desafío y miedo, era suficiente para desnudar sus pensamientos más profundos.

—Depende del omega —dijo finalmente, su voz cargada de sinceridad—. Si el omega quiere que haga algo, respetaría su pedido, pero si el omega desea que me quede a su lado no podría dejarlo ir, después de todo... Nuestra compatibilidad es tan alta como para llamarnos destinados.

GaoTu parpadeó, incapaz de apartar la mirada. Las palabras de WenLang parecían pesar en el aire, densas, calientes, imposibles de ignorar. Por un instante, la máscara profesional del omega se resquebrajó, y WenLang vio el sutil temblor de sus manos mientras sostenía la carpeta.

—¿Destinados...? —murmuró GaoTu, casi como si pronunciara la palabra por primera vez, temeroso de su propio significado.

WenLang inclinó ligeramente la cabeza, acercándose apenas un paso más, sin invadir del todo el espacio personal de GaoTu, solo suficiente para que el aroma del otro llegara hasta él, para que sintiera la misma electricidad que WenLang sentía.

—Sí... —susurró, con voz baja pero firme.

GaoTu tragó saliva, su cuerpo reaccionando a cada palabra, a cada respiración compartida, a esa cercanía que, aunque mínima, lo desarmaba por completo. La carpeta tembló ligeramente entre sus manos, pero no se movió.

—Y... ¿si ese omega le hubiera mentido durante años sobre su identidad?

WenLang lo miró, su corazón latiendo con fuerza, consciente de que cada palabra podía romper la delicada barrera que ambos mantenían.

—Si hubiera mentido... —repitió lentamente, casi como digiriendo la pregunta—. Entonces tendría que reconstruir la confianza, paso a paso, hasta demostrar que no hay engaños, que no hay traición. Pero... —su voz bajó aún más, pero no dejó de ser firme—. No sería un problema si el omega fuera tú.

GaoTu lo miró, incrédulo, con los ojos ligeramente húmedos. La cercanía de WenLang, el calor de su voz, la manera en que lo sostenía sin exigir nada... todo eso lo hacía tambalear.

—¿En serio...? —susurró, apenas audible, como si temiera escuchar cualquier otra cosa que lo desarmara por completo.

WenLang asintió, sin apartar la mirada, dejando que su presencia hablara más que cualquier palabra. Cada segundo compartido era un recordatorio silencioso de que no había necesidad de ocultar nada, que podía confiar en él.

—GaoTu... ¿entonces estás seguro de que no hay algo que quieras decirme? —su voz ahora era un susurro, su cuerpo inclinado hacia su secretario.

GaoTu bajó la mirada, sus dedos jugueteando con el borde de la carpeta como si fuera un ancla que lo mantenía firme. Cada fibra de su cuerpo parecía querer inclinarse hacia WenLang, pero la cautela lo contenía.

—No... no hay nada —murmuró, la voz temblorosa, aunque su corazón gritaba otra cosa—. Todo está bien.

WenLang percibió la mentira de inmediato. Su intuición alfa le decía que el omega estaba conteniendo algo importante, y aún así no lo presionó. Con un movimiento lento, casi imperceptible, acercó su mano hasta rozar la de GaoTu sobre la carpeta.

El contacto fue breve, mínimo, pero suficiente para que ambos sintieran el calor del otro, la electricidad de la cercanía, y el hilo invisible que los unía se tensara aún más. GaoTu no retiró su mano, aunque su respiración se aceleró. WenLang apretó suavemente, apenas un gesto de afirmación: estaba allí, no para exigir, sino para acompañar.

El silencio posterior no era incómodo; estaba cargado de posibilidades. Cada latido de sus corazones parecía sincronizado, y aunque ninguno dijo nada más, la verdad que ambos evitaban reconocer flotaba entre ellos, palpable y latente.

—Bien... —respondió suavemente— Pero quiero que sepas que estaré aquí para cuando estés listo.

GaoTu bajó nuevamente la mirada, su pulso acelerado como un tambor insistente en su pecho. No dijo nada, pero algo en su postura se relajó apenas, como si el simple hecho de escuchar esas palabras le hubiera dado permiso para respirar un poco más tranquilo.

El roce de las manos aún permanecía, tenue pero presente, y WenLang no lo retiró. Cada segundo compartido aumentaba la confianza silenciosa que se estaba construyendo entre ellos, un hilo invisible más fuerte que cualquier miedo o vergüenza.

—Gracias... —susurró GaoTu finalmente, con la voz apagada pero cargada de emoción. Un suspiro tembloroso escapó de sus labios, la primera señal de vulnerabilidad que WenLang había conseguido sacar de él.

WenLang inclinó apenas la cabeza, esbozando una sonrisa suave, apenas perceptible.

—Ahora dame el informe junto con el discurso, lo leeré para la junta de más tarde.

Y como si el hechizo se hubiera acabado, GaoTu se alejó de él después de lo que dijo, entregando los papeles y huyendo de la oficina con paso apresurado.
WenLang se quedó inmóvil unos segundos, observando cómo GaoTu desaparecía por la puerta. El eco de sus pasos resonaba en la oficina como un recordatorio doloroso de la barrera que aún existía entre ellos.

Apoyó la frente contra la palma de su mano, dejando escapar un suspiro largo y pesado. Por un instante, el control que siempre ejercía sobre todo se le escapó, y solo quedó la certeza de que quería más de ese contacto, más de esa cercanía, aunque todavía no fuera el momento adecuado.

Sacó los papeles que GaoTu le había entregado y comenzó a revisarlos, pero su mente estaba lejos del informe y del discurso. Cada frase, cada palabra, parecía mezclarse con la imagen de la mano de GaoTu, con la tensión de ese breve roce que ambos habían compartido.

El tiempo avanzaba lentamente, y WenLang sabía que la próxima oportunidad para acercarse sería decisiva. No podía forzar a GaoTu, pero tampoco podía retroceder. Tenía que ser paciente, pero firme, dejar que el omega eligiera abrirse por su propio impulso.

Mientras revisaba los documentos, el aroma tenue de GaoTu parecía haberse impregnado en la oficina, y WenLang cerró los ojos un instante, respirando hondo. Sabía que cada segundo, cada gesto, cada silencio compartido contaba. Y cuando GaoTu estuviera listo... él estaría allí para recibirlo, con paciencia y cuidado.

Entonces los días comenzaron a pasar, uno tras otro, con GaoTu decidiendo mantener su secreto hasta el último momento y WenLang respetando su espacio.

Sin embargo, conforme el tiempo avanzaba, GaoTu comenzaba a verse más pálido, a veces se encerraba en el baño de la empresa y salía de ahí con paso tambaleante. A veces faltaba a la empresa por problemas de salud y WenLang supo que no podía esperar más después de un rato prolongado en el cual su secretario se encerró en el baño.

Entró sin tocar y en su mano la vio, una prueba de embarazo marcando positivo.

El mundo dejó de girar en ese instante, la pequeña prueba con dos rayas rojas pronto fue escondida por su dueño y WenLang decidió que era momento de hablar directamente con su omega.

Entonces dio un paso hacia GaoTu, con el corazón latiendo desbocado, consciente de que cualquier movimiento en falso podría asustarlo.

—GaoTu... —dijo, suavemente—. Tenemos que hablar.

El omega levantó la mirada, sus ojos reflejando miedo, vergüenza y una chispa de incertidumbre que lo hacía parecer aún más vulnerable. Ninguna de sus defensas habituales funcionaba frente a la intensidad de WenLang.

—Señor Shen... —murmuró, intentando recomponerse—. No es nada... solo... no quería preocuparlo.

—No me preocupa que estés embarazado —interrumpió WenLang, acercándose un poco más, manteniendo la voz baja y firme—. Me preocupa que estés pasando por esto solo, que te estés haciendo daño sin decirme nada.

GaoTu tragó saliva, incapaz de sostener la mirada. Su pecho subía y bajaba rápidamente mientras el miedo y la emoción lo consumían.

—Yo... no quería...

WenLang dio un paso más, lo suficiente para que sus hombros se rozaran levemente. Esa mínima cercanía, ese contacto accidental, hizo que GaoTu se estremeciera, y WenLang supo que era el momento de tender su mano de apoyo sin exigir nada.

—No tienes que enfrentarlo solo. No estás solo, GaoTu.

El omega dejó escapar un suspiro tembloroso.

—Yo... —intentó volver a hablar, pero no pudo.

—GaoTu, es mío ¿cierto?

La respiración de su secretario volvió a acelerarse.

—No... No... El bebé...

Un suspiro por parte de WenLang lo detuvo.

—No tienes que seguir fingiendo, GaoTu, sé que eres un omega, también sé que eres el omega con el que pasé la noche aquel día.
GaoTu se quedó helado, las palabras de WenLang calando en lo más profundo de su ser. Sus manos temblorosas aferraban la carpeta, pero su cuerpo entero parecía paralizado por la certeza de haber sido descubierto y, al mismo tiempo, protegido.

—S-sí... —susurró finalmente, su voz quebrándose—. Era yo... esa noche...

WenLang dio un paso más cerca, cuidando cada movimiento, cada gesto. Sus ojos no se apartaban de los de GaoTu, transmitiéndole paciencia, firmeza y un calor que lo anclaba en el presente.

—No tienes que temer ni sentir culpa —dijo WenLang con suavidad—. No por esa noche, ni por lo que viene... ni por nada. El bebé, tú... todo... es algo que enfrentaremos juntos.

GaoTu bajó la mirada, incapaz de sostener la intensidad de la expresión de WenLang, pero un hilo de alivio comenzó a abrirse dentro de él. La certeza de que WenLang no lo juzgaría ni lo dejaría solo le daba un impulso para finalmente soltar la barrera que había mantenido durante días.

—De verdad... estarás conmigo... —murmuró, apenas audible, como si temiera que decirlo en voz alta pudiera romper el delicado equilibrio que WenLang le ofrecía.

—Siempre —respondió WenLang, acercándose un poco más y dejando que su hombro rozara suavemente el de GaoTu, un contacto mínimo, pero cargado de promesa y protección.

Y WenLang cumplió su promesa, se quedó al lado de GaoTu en todo momento.

El tiempo pareció desacelerarse mientras WenLang permanecía a su lado, firme y silencioso, sosteniendo con su sola presencia lo que GaoTu no se atrevía a enfrentar solo. Cada mirada, cada leve roce accidental, cada respiración compartida se convirtió en un recordatorio silencioso de que no habría juicio ni abandono, solo compañía y cuidado. Cumplió sus antojos cuando llegaron, se quedó a su lado dandole masajes en la espalda baja cuando el peso extra lo cansaba demás, lo llevó al hospital y sostuvo su mano liberando feromonas tranquilizantes el día en que Lele nació.

Cada gesto de WenLang se convirtió en una rutina silenciosa que fortalecía la confianza de GaoTu: desde sostenerlo mientras caminaban por los pasillos de la empresa, hasta asegurarse de que descansara lo suficiente y que su alimentación fuera correcta. Cada contacto, cada aroma liberado, cada roce de manos o espalda no solo calmaba al omega, sino que también creaba un vínculo inquebrantable entre ellos.

Cuando finalmente Lele nació, GaoTu no estaba solo ni un instante. WenLang permaneció junto a él, sosteniendo su mano, respirando con él, compartiendo cada emoción, cada miedo y cada alegría. Sus feromonas tranquilizadoras envolvían la habitación, suavizando los nervios, creando un refugio seguro en medio del caos del parto.
WenLang nunca había sentido un silencio tan lleno de expectativa y miedo. Cada respiración de GaoTu, cada temblor en sus manos, era una señal de lo vulnerable que se encontraba, y él estaba allí para sostenerlo, para anclarlo cuando todo parecía desbordarse.

Se inclinó un poco hacia él, tomando su mano entre las suyas, notando cómo el pulso de GaoTu se aceleraba con cada contracción, cómo su cuerpo temblaba bajo el peso del embarazo y el cansancio acumulado. Emitió un leve suspiro, liberando feromonas tranquilizadoras, y sintió cómo la tensión en el omega empezaba a ceder, aunque solo un poco.

—Respira conmigo —susurró, no como un jefe ni como un alfa dominante, sino como alguien que simplemente estaba allí, inquebrantable, dispuesto a sostenerlo—. Estoy contigo, no estás solo.

Cada contracción lo hacía estremecerse, y WenLang apoyó su palma en la espalda baja de GaoTu, masajeando suavemente, siguiendo el ritmo de su respiración, mientras le ofrecía calor y presencia sin invadirlo. Cada pequeño gesto suyo era un recordatorio silencioso: "Estoy aquí. Te tengo."

Cuando los llantos del recién nacido llenaron la habitación, WenLang sintió que un peso se levantaba de sus hombros y una mezcla de alivio y emoción lo atravesaba. Miró a GaoTu, a los ojos que brillaban entre lágrimas y sonrisas temblorosas, y entendió que la fuerza que había mostrado no era solo suya, sino de ambos.

Sostuvo la mano de GaoTu mientras el bebé era colocado junto a él, dejando que el aroma del pequeño llenara la habitación, mezclándose con la de GaoTu, con la de él. La sensación de protección, de posesión tranquila y de amor profundo, se apoderó de WenLang. Todo lo que había deseado estaba frente a él: GaoTu, vulnerable pero valiente, y su hijo, pequeño y frágil, pero completamente suyo para cuidar.

—Me alegra que hayas sido tú el omega de esa noche.

GaoTu le sonrió cansado.

—Me alegra que hayas cumplido tu promesa de quedarte a mi lado —respondió en voz baja.

Ambos se sonrieron mutuamente.

Aún les quedaba mucho por delante, pero el futuro ya no parecía incierto para ninguno porque se tenían mutuamente.