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you drive me crazy and I can't have you

Summary:

—¿Citas? ¿Acaso estás probando eso de conoce al amor de tu vida en cinco minutos?.

—¿Qué? ¡No!—respondió Ravi por Buck—Más bien era cómo una cita con dos personas.

Ahora si que necesitaba saber que significaba todo ésto.

—¿Es una broma?—preguntó Eddie confundido. Vio las mejillas de Buck sonrojarse, bajó de la corredora y caminó hacia una de las pesas de 10 kilos.

--

Eddie ha descubierto que está enamorado de Buck, sin embargo, su amigo está involucrado en asuntos poliamorosos que lo hacen dar un paso al costado y embarcarse en la búsqueda de su felicidad mientras intenta olvidarlo.

Notes:

Este es mi primer fic. Me atreví a escribir en español porque aunque entienda el inglés no me da el coeficiente para escribir.
Espero que disfruten.
Me divertí mucho escribiendo.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La sola idea de tener que experimentar un turno después de una noche de sueños de mierda era detestable.

En realidad, sus sueños no eran mierda.

Más bien… Eran tan intensos que necesitaba una media hora para recuperar la respiración después de la cantidad de imágenes explícitas que pasaban por su mente.

Su humor no iba mejorando. Con Buck siendo lo primero que sus ojos encontraban al entrar en la estación 118.

Buck. Camisa empapada. Sudor. Cabello mojado.

Era impactante pensar en el tiempo que le tomó comprender que la manera en que sus ojos viajaban constantemente a través del cuerpo de su mejor amigo no era para nada algo típico de camaradas.

Ahora comprendía que sentía. Comprendía las emociones que le despertaban.

No tenía motivos para ignorarlo. Aunque llevará casi dos semanas con apenas verle la nariz en medio de cenas apresuradas o después de una tarde con Chris, no tenía ningún motivo válido que le llevará a ignorar su presencia y no mostrarse cómo lo que era, su mejor amigo.

—Llegaste temprano Buckley—comentó al llegar a su lado. Buck salió de su esfera de concentración y lo observó con los ojos azules llenos de sorpresa, sacó los audífonos de sus oídos y paró la cinta de correr.

—Eddie—saludó con una sonrisa nerviosa—Si… Estoy intentando mantenerme en forma, no quiero salirme de la línea.

Eddie no iba a hablar de su forma en estos momentos, menos después de los sueños que lo acosaron durante la madrugada.

—¿Ha llegado otro del turno A?

—Chim ya está en su oficina—apuntó—Está un poco nervioso con todo esto de asumir la capitanía así que lleva varios días llegando temprano.

—Lo he notado—pasaría por su oficina para ofrecerle un poco de café—¿Ya desayunaste?

—Si si—contestó sin más. Sus ojos lo evitaban, volvían a la máquina y otra vez al teléfono que tomó unos segundos antes de la banca que a un lado.

—Está bien, iré a preparar un café, avísame si quieres uno.

—Buenos días—escuchó la voz cantarina de Ravi a sus espaldas y se sobresaltó casi tirando su bolso de la sorpresa—Lo siento Eddie.

—Ravi…—musitó con los dientes apretados.

Le regaló una sonrisa inocente.

—Te juro que no fue mi intención.

Rodó los ojos.

—¡Buck! —si Eddie creía que Buck estaba evitándolo, la indiferencia que desprendía su cuerpo hacia Ravi era mil veces más fuerte. —¿Cómo estás? ¿Cómo están tus citas de ayer?

Las ganas de Eddie por perderse en la cocina en búsqueda de su café se esfumaron. Se detuvo y espero. Miró a Ravi curioso y este le sonrió insinuante, sus ojos viajaron otra vez hacia Buck que fulminaba al más joven. Seguro que su pudiera lo calcinaría.

—Excelente Ravi, gracias por preguntar—eso era una boca llena de sarcasmo.

Levantó una ceja hacia su mejor amigo.

Lo conocía cómo la palma de su mano. Estaba intentando distraerse y no sabía por qué. Eso sólo le volvía el estómago un revoltijo de emociones.  

—¿No lo sabías? —los ojos de Ravi indicaban ingenuidad, era apariencia y Eddie lo tenía clarísimo.

Negó con la cabeza y dejó salir una risa. Una risa falsa. Una risa que buscaba camuflar sus verdaderos sentimientos, la incomodidad que empezaba a acumularse al imaginar a Buck en la situación.

Buck era bisexual.

Terminó de entenderlo una noche de viernes, después de un largo turno de 24 horas y una siesta igual de larga, Eddie decidió preguntarlo. Tenía sus dudas.

No sobre Buck, sino sobre sí mismo. Se sentía avergonzado de preguntarle a Hen, así que tuvo que intentar, de la manera más enmascarada, indagar en la experiencia de Buck.  

—No—reconoció incómodo. —¿Y cómo fue? —preguntó hacia el rubio.

Buck estaba incómodo. No dejaba de subir y bajar la pesa, una y otra vez, arriba y abajo, arriba y abajo, con unos quejidos exagerados de por medio.

—Estuvo bien—era una respuesta apática.

Eddie asintió sin saber que decir, su experiencia en citas era la peor de todas. Incluso Christopher tenía antecedentes más favorables. Pero sus recién descubiertos sentimientos le hacían querer saberlo todo.

Hora. Lugar. Personas. Nombres.

¿Volverían a verse? ¿En realidad a Buck le había gustado?

¿Te acostaste con los dos? —la pregunta del más joven descolocó a ambos. La sorpresa de Buck se vio reflejada en la manera en que casi soltó la pesa de golpe. 

—¿Qué diablos? —preguntó molesto.

Eddie lo agradecía. En realidad, sí quería saberlo. Prefirió mantenerse en silencio y ser un espectador de cómo Buck se engullía en una espiral de pensamientos. No dejaba de mirarlo de reojo y eso empeoraba sus nervios.

¿Desde cuándo existía tanto secretismo entre ellos?

—¿Qué? —se encogió de hombros. —Es sólo una pregunta después de que te ayudé.

—¿Los conoces? —preguntó con más fuerza de la necesaria.

Se aclaró la garganta ante las miradas fijas de Ravi y Buck.

—Si—musitó cauteloso—Cuando fuimos al bar se cruzó con la pareja, ellos quedaron encantados con Buck.

¿Pareja?

—No estoy entendiendo nada—reconoció.

Ravi se rio y Buck se sonrojó con más fuerza.

—Es un hombre y una mujer Eddie, son una pareja que está intentando explorar nuevas experiencias—explicó Buck entre jadeos.

Ah.

Aaaaaaaah.

Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah.

¿Qué?

—¿Tu eres la nueva experiencia? —preguntó señalándolo.

—Sólo estoy probando opciones… ya sabes… explorando.

Claro. Explorando.

Buck había entrado en una relación apenas comenzó a descubrir partes que él mismo que desconocía. Era normal que quisiera explorar con su sexualidad. Aunque a Eddie se le apretará el corazón con fuerza.

Aunque quisiera pedirle que no lo hiciera.

No lo haría.

Era su mejor amigo. Quería por sobre todo su felicidad, por encima de cualquier cosa.

Fue suficiente el tiempo que pasaron separados para entender que Buck era demasiado importante para él cómo para alejarlo solamente porque no se sentía de la misma forma.

—Si…—comenzó a decir tragando con fuerza. Sonrió con euforia—¡Que bien por ti Buck! Me cuentas cómo sale todo.

Huyó como un cobarde. Se escondió escaleras arriba y dejó que su corazón latiera con fuerza todo el camino, intentó recuperarse, pero no pudo.

Tal vez llegó el momento en que finalmente buscará su propia felicidad, y si Buck no estaba disponible, tendría que comenzar a labrarse un nuevo camino.

Se lo prometió a sí mismo. No volvería a ser quién fue en Texas.

Sería feliz porque era lo que más quería.


—Así que aún no se lo has dicho—la voz de Hen lo sacó de sus pensamientos.

La emergencia había acabado. Un conflicto entre vecinos terminó con uno de ellos aplastado debajo de un vehículo en un ataque de rabia. Lesiones leves. Algunos rasguños y un collarín en el cuello. Uno terminó en una patrulla de policía y el otro camino a urgencias para verificar que en realidad todo fuera un daño superficial.

—No es necesario que diga nada.

—Eddie…

—Hen.

Soltó un suspiro cansado.

—¡Lo sabes! Está explorando, buscando nuevas aventuras o cómo quieras llamarle, no voy a decirle.

—Es que de verdad creo que deberías, son mejores amigos desde hace años, él claramente…

—Se pondrá en un aprieto—la interrumpió. Dejó salir un suspiro y se apoyó en su mano mientras miraba a través de la ventana de la ambulancia—Sabes cómo es. Buck siempre intenta… Complacer a todo el mundo. Si se lo confieso intentará tenerme contento, estará a mi alrededor e incluso intentará corresponderme cuando no es lo que realmente quiere.

—Eso no lo sabes Edmundo.

—Ahora usamos nombres completos—se quejó.

Se pasó las manos por el pelo en un intento desesperado.

—Estas siendo paranoico Díaz.

Rodó los ojos.

—De verdad estoy feliz de que comprendieras un parte de ti Eddie y quiero que seas feliz por eso es por lo que insisto.

No había manera en que eso le molestará. Desde su llegada a Los Ángeles su relación se estrechó aún más, compartió con ella y Karen las primeras preguntas que comenzaron a surgir en su mente luego de su conversación con Buck, fueron ellas quienes lo aconsejaron y acompañaron. Sólo porque estaba demasiado asustado de admitirle a Buck que estaba pura y enteramente enamorado de él.

—Lo sé Hen. Por eso sólo debo dejarlo ir, Buck está en ese mismo punto, comprendiendo quién es y aunque queme no voy a hacer nada para quitarle esa oportunidad—los ojos de su compañera parecieron volverse agua por unos segundos. —Por otro lado, tú me ayudarás a conseguir una cita.

—¿Para poner celoso a Buck?

—¡No! —respondió apresurado—Quiero intentarlo, llevó cuatro meses aprendiendo quién soy y necesito intentarlo, aunque sea un desastre.

Hen sonrió realmente contenta.

—Muy bien, Karen y yo tenemos un trabajo ¡Comienzo de las citas gays!


Se acercó antes de pensarlo demasiado. Desde su regreso de Texas no había dispuesto de los tiempos de Carla tanto cómo antes, Christopher se hacía mayor, pasaba mucho tiempo en casa de los Wilson porque con Denny su grupo de amigos eran afines. Pero esta era una ocasión especial. Intentó por todos los medios no tener que hacerlo.

Sobre todo, porque no quería decirle a Buck las buenas nuevas.

Sin embargo, aunque lo intentó, no tenía otra solución.

En las dos semanas que pasaron desde que Buck decidió comentarle sobre su situación poliamorosa había pasado poco tiempo en casa, salía con sus nuevos ¿acompañantes? Eddie estaba intentando apenas comprender su sexualidad así que no se dio de indagar en las nuevas experiencias de Buck. Por lo que, apenas se toparon, a excepción que de sus turnos o los trabajos en los que Christopher necesitaba ayuda.

—Buck—lo llamó al alcanzarlo en la estación después de bajarse de la ambulancia. Sentía la mirada de Hen sobre él, pero lo ignoró.

—Eddie—murmuró nerviosamente Buck.

Estaba desaliñado. Obviamente, después de un rescate en alturas y con un montón de tierra cayendo sobre su cuerpo.

—Mañana tengo una cita con…—se quedó en silencio. No le diría que era un hombre. No valía la pena—Tengo una cita—repitió—He intentado pedirle a Carla que se quede con Chris, pero ya tiene otras actividades en ese horario. ¿Podrías quedarte con él ese tiempo?

Espero y espero.

Su amigo abrió los ojos con sorpresa. Se pasó las manos por los rizos desordenados dejando que una pequeña nube de polvo se levantara a su paso.

—¿Una cita? —una sonrisa débil salió de sus labios—Mmm… tenía algunos planes con los chicos—lo sabía—Pero puedo cancelar. No hay problema con eso amigo—le dio un golpe en el hombro fuerte, para nada la sutileza que solía caracterizarlo—¡Yo me quedó con Chris!

Eddie asintió y sonrió.

Era un alivio.

No quería dejar a Chris en casa de la tía Pepa y dar más explicaciones.

—Gracias…—la palabra que quería salir de sus labios no coincidía con el grito de su corazón, pero era momento de seguir adelante así que apretó los labios y murmuró: —amigo.

La sonrisa de Buck tambaleó. Eddie se dio vuelta y caminó hacia Hen ignorando cómo ésta mantenía los ojos fijos en el hombre al que acababa de darle la espalda.


—No tienes por qué estar tan nervioso Eddie… Te ves bien, todo un hombre apuesto—murmuró Karen a través de la pantalla de su teléfono. Volvió a mirarse en el espejo y estiró la camisa blanca.

—¿No crees que el blanco es demasiado?

—¡Para nada! —se metió Hen con una sonrisa deslumbrante. —Quedará encantado contigo en cuanto te vea.

—No busco algo tan serio, sólo quiero explorar ¿sabes?

La pareja de mujeres rodó los ojos.

—Ya lo has dicho Eddie.

Sonrió apenado.

Observó su pelo. No estaba completamente desordenado, más bien, le daba un aire despreocupado con los mechones cayendo sobre su frente. Toda idea de las mujeres Wilson.

—¿Seguras de que no debería usar el gel? Va a pensar que ni siquiera me esforcé en peinarme.

—¡No te atrevas a tocar ese tubo de gel Edmundo Díaz! —exclamó con fuerza Hen. Eddie estaba seguro de que si fuera por ella correría a su casa sólo para tirar el regalo de su mano.

Tomó el tubo y lo mostró frente a la cámara con una sonrisa.

Aunque gran parte de su trabajo de autoconocimiento había sido basado en dejar atrás creencias que sus padres inculcaron durante su crianza, el gel era una fiel muestra de aquello que no podía olvidar de su padre, Ramón Díaz. La presentación lo es todo, encantaba a la gente y es lo principal para que las personas confíen en ti.

Al menos escucharía a las Wilson esta vez. Al final, eran ellas las que habían concretado su cita.

—Es un buen gel, no sé por qué lo odian tanto.

—Prefiero omitir mis comentarios al respecto—respondió Hen.

—Lo puedes usar en otra ocasión Eddie, cómo cuando tengas una cita más formal con el chico.

—Woody Tucker—les recordó.

Era un nombre gracioso. Ni siquiera conocía su cara.

Según los detalles de Karen estaba segura de que era su estilo.

Eddie en realidad no sabía cuál era su estilo, más bien se basada en un hombre alto, grande, con un tatuaje de línea en el brazo derecho, rizos castaños claros y ojos azules cómo el mar.

Con una sonrisa deslumbrante y datos curiosos por montones.

—Tuck—repitió Karen.

Era tan incorrecto llamarlo Tuck. Sólo una letra marcaba la diferencia.

—Claro… Tuck—repitió con ironía.

—Sé que es parecido al nombre de ya sabemos quién, pero es sólo una coincidencia, te lo juro. El hombre es un amor, te lleva dos años y trabaja cómo instructor de beisbol de preadolescentes. Te encantará.

Antes de que pudiera responder escuchó el golpe en la puerta. Buck.

Reconocía esos toques en cualquier lado.

—Es Buck, voy a cortar, nos vemos más tarde—cortó antes de que saltarán a responder y caminó hacia la puerta. Sin motivo alguno despeinó su cabello aún más, volvió a planchar la camisa y descartó cualquier tipo de suciedad que pudiera acumularse en sus zapatos oscuros.

Abrió la puerta. Buck estaba a punto de volver a golpear. Sus ojos se encontraron y Eddie quiso esconderse, era la primera vez que iba a una cita desde que vivía con Buck, la primera vez que iba a una cita comprendiendo quién era y la primera vez que se preparaba con tanto esmero.

Con Ana y Marisol solía ser lo normal. Una camisa. Pelo engomado. Reloj en mano.

No recordaba sentir una avalancha de emociones.

Menos al encontrarse con los ojos de su mejor amigo.

—Sólo quería decirte que acabo de sacar unas tartaletas del horno y quería saber si querías probar un poco.

—No—respondió—Comeré en el restaurante.

Buck asintió.

—Entiendo—lo observó de arriba abajo y la sonrisa vacilante volvió a aparecer. Últimamente recibía mucho esa sonrisa. —Te ves… bien.

—Gracias Buck—respondió manteniendo un tono relajado.

—Si quieres te presto el todoterreno para ir a buscar a tu chica—agregó con tono animado.

Quiso encogerse.

Chica.

Que mal se sentía escucharlo.

—Iré en Uber, ya sabes… por si bebo alguna cerveza o algo así.

Buck guardó silencio unos instantes.

—Si… es una mejor idea.

Se quedaron en silencio. Eddie no sabía que agregar. Se sentía tan incómodo. Sobre todo, porque, aunque lo emocionaba explorar esta parte de él mismo que no conocía, debía reconocer que lo angustiaba pensar que no era con la persona que en realidad quería.

Si tan sólo su valentía hubiera llegado unas semanas antes.

—Será mejor que me vaya, no quiero llegar tarde.

—Si—por un momento creyó que sus palabras salían desconsoladas. Sólo eran ideas suyas. —Buena suerte, Eddie.

—Gracias… amigo.


Woody Tucker era… lindo.

No iba llevarle la contra a las Wilson.

Entrenador de preadolescentes en un equipo de beisbol llamado "The Ducks". Treinta y cinco años. Soltero. Con un gato llamado "Cherry", del que tenía muchas fotos y le gustaba presumirlas.

Era amable y gracioso. Respondía a sus chistes con carisma.

Rubio de ojos azules y con una leve barba.

Eran tan parecido a Ewan Mcgregor que se sentía desconcertado en ciertos momentos mirándolo.

Tal vez Hen si tenía razón y tenía un enamoramiento con el actor.

Cenaron en tranquilidad. Parecía realmente interesado en las historias alocadas que Eddie contaba sobre la 118, se rio con la historia de él siendo perseguido por un montón de abejas o la de Ravi y su intento de coger un hurón en el turno anterior. Hablo de Hen, Karen, sus hijos, Maddie, Chim, Chris, Ravi, Athena. No pudo mencionar a Buck.

Era una traición.

Tenía el presentimiento que apenas el nombre saliera por sus labios su torre de naipes caería.

Tuck lo llevó a casa. Se ofreció después de dos horas en las que no dejaron de hablar, él pagó toda la cuenta y Eddie tomó su teléfono para pedir el auto tal cual aprendió en El Paso cuando se lo ofreció.

Eddie aceptó.

No pensó en las consecuencias hasta que él tuvo la intención de acompañarlo hasta la entrada de la casa y se negó con unas cuantas bromas de por medio. Tuck sólo sonrió y le pidió su número, lo cual implico estar aún más tiempo en el auto frente a su casa, la casa que compartía con Buck y su hijo.

Entró a casa fingiendo tranquilidad.

Chris ya estaba en su habitación. Buck, sin embargo, estaba con una cerveza en el sofá con la televisión encendida mirando algunas de las comedias románticas que Maddie le regaló durante su cumpleaños.

Levantó la cabeza y lo saludó con la mano.

—¿Cómo fue todo? —preguntó Buck mientras Eddie se acercaba y miraba la televisión. "La boda de mi mejor amigo". Estaba seguro de que Shannon era un gran fan de esa película.

—Bien… fue muy bien.

No mintió. La cita fue bien. Tuck fue bueno. Una buena primera experiencia.

—Toma—le extendió una cerveza y Eddie aceptó.

Se sentó en el espacio libre que quedaba el sofá y bebió un sorbo. Procuró no tocar ni por casualidad el cuerpo de Buck en toda la noche hasta que finalmente se durmió.


Tuck era bueno. Era bueno coqueteando e invitándolo a citas, gracioso y por encima de todo interesante, tenía muchas historias que compartirle que lo dejaban prendado mientras las escuchaba.

Sin embargo, aunque las semanas iban pasando y sus intercambios iban aumentando sus ojos no dejaban de volver a Evan Buckley.

Buck, que cada día se volvía más fuerte. Pasaba horas en el gimnasio y sus músculos se volvían cada vez más definidos. Buck, que pasaba menos tiempo en casa y a veces caía con algunos chupetones en el cuello que le hacían hervir las entrañas. Buck, que sonreía engreídamente cuando algunos compañeros de turno le silbaban por el reciente conocimiento sobre sus aventuras poliamorosas mientras Eddie removía su café o se ocultaba detrás de su teléfono contestando con aún más empeño las propuestas que Tucker le mandaba evitando la mirada que Hen e incluso que su capitán interino le daban.

La parte racional de Eddie le gritaba que no tenía motivos para sentirse de ese modo. Que, aunque todo su cuerpo entrará en alerta cuando Buck estaba en la misma habitación no existían motivos tangibles que le permitieran reclamarlo.

Era su mejor amigo.

Nada más.

—Hoy a la noche saldré—comentó Buck entrando en la cocina de la casa mientras Eddie terminaba de sacar unas magdalenas que Pepa le estuvo enseñando a preparar. Era el quinto intento, esperaba que esta vez salieran bien.

—Lo vi en el calendario—murmuró Eddie.

—Si… sobre eso—se detuvo a mirarlo. Llevaba una camiseta negra de rayas, con los primeros cuatro botones abiertos dejando ver una camiseta negra que se metía entre sus pantalones que eran sostenidos por un cinturón negro. Se veía guapísimo. —Noté que también tienes una cita… ¿Con quién se quedará Chris?

—Sólo, ya es un chico grande—respondió a la defensiva antes de poder evitarlo.

—¿Qué? No puede quedarse sólo en casa, leí en internet que últimamente hay un nuevo tipo de robo que…

No entendía el propósito de las preguntas de Buck. Aunque había cometido errores en el pasado, nunca buscó hacerle algún mal a Christopher de manera intencional.

—Se quedará en una pijama con Denny—lo interrumpió con la voz tensa—Claramente no tengo ninguna intención de que mi hijo adolescente se quede sólo en casa.

—Lo sabía—se defendió. Ambos se miraron fijamente y dejaron que el silencio se prolongará entre ambos.

Eran tan diferentes a los de antes.

Apenas pasaban tiempo juntos. Apenas compartían.

Decidió esconderse en la revisión de sus magdalenas.

Eddie sabía que no era el único que evitaba el mirarse a los ojos, y no sólo eso, sino tocarse o siquiera rozarse.

—Sólo quería estar seguro de que Chris pasará la noche acompañado.

Asintió volviendo a mirar sus magdalenas. Quería pedirle a Buck si quería probar. Él era un experto en postres, podría darle una opinión sincera, pero no se sentía bien pedírselo cuando en realidad se las llevaría a Tuck como regalo para su próximo entrenamiento.

—Si no vas a llegar avísame por favor, no quiero dormir preocupado de que no llegues.

—Claro Eddie—respondió en voz baja antes de desaparecer de la cocina.


No se habían besado aún.

Al menos no se preocupaba. Después de una conversación honesta con Hen y Karen, ellas le mencionaron que era normal, apenas estaba dándose la libertad de explorar, por tanto, le costaría arriesgarse.

No era cómo si Tucker tampoco lo intentara. Mas bien, había corrido el rostro al segundo en que durante su tercera cita intentó acercarse para besarlo. Tuck no se vio ofendido, espero que le explicara y Eddie lo hizo. Le contó su historia, le contó su viaje a Texas, pero, otra vez, no volvió a hablar de Buck.

Y más que intentar darle vueltas una y otra vez a sus pensamientos, se dio el tiempo para aceptar que no podía hablar de Buck porque aún estaba enamorado. Aún suspiraba al mirarlo cargar alguna pesa, al verlo correr en medio de una emergencia o el trato tan amable que le daba a cada una de las personas con las que hablaba, aún se le encogía el corazón al mirar los utensilios de cocina que ya casi ni usaba porque apenas estaba en casa.

Aún se dedicaba a mirar con anhelo algunas de las fotografías que tenía de Buck, él y Chris en sus primeras navidades o las que sacó en un momento con el pequeño Robert cuando nació.

No podía mostrarle esa parte de sí mismo a Tucker. Al menos no aún.

Pero todo se fue al carajo en su cuarta cita.

Tucker decidió por un bar, Eddie aceptó con gusto, extrañaba jugar al pool. Desde antes de su viaje a Texas que no lo hacía y Tuck repetía que era un excelente competidor.

Ambos pidieron una cerveza, reservaron la mesa y aprovecharon de sentarse unos momentos mientras ésta terminaba de desocuparse por algunos universitarios que parecían bastante involucrados en la partida.

Tuck llevaba una camisa verde que resaltaba sus ojos verdes y sus labios delgados.

Eddie se prometió que ésta sería la noche en que finalmente se permitiría ser besado por el hombre. No quería esperar más.

—No sé si tenerte en medio de las gradas durante el partido de mis chicos sea una buena idea.

—¿Qué? —preguntó Eddie divertido—¿Por qué lo dices? Será el día perfecto para que conozcas a Christopher.

—Eres una distracción Díaz.

Comenzó a sentir cómo el sonrojo le subía por el rostro.

—¿Qué dices Tucker?

—Ya sabes con esa perfecta estructura ósea yo sólo podría quedarme…

—¿Eddie? —el escalofrió le recorrió todo el cuerpo. Conocía esa voz a la perfección, llevaba escuchándola por más de ocho años, siempre a su alrededor, siempre amable y tan perfecta.

—Evan—la palabra salió antes de pensarlo.

Su boca tenía el puro sabor del vinagre. Nunca uso su nombre. A excepción de ese momento, en el que ambos se vieron tan vulnerables por el tiroteo.

Buck lo miró extrañado. Miró a su acompañante con el ceño fruncido y volvió a él. Tuck también lo miró con una sonrisa, amable y listo para ser presentado.

—¿No se suponía que estabas en una cita? —la voz de Buck sonaba acelerada, cómo si todos los engranajes de su cerebro estuvieran moviéndose al ritmo de un auto de fórmula 1. Sabía que él no era capaz de hacer una pregunta tan imprudente a menos que se sintiera ansioso y confundido.

Se aclaró la garganta.

Eddie tenía claro que el momento fue simplemente el azar y la gracia del destino. No podía negar a Tucker, no después de toda la paciencia que éste mostró con él durante el tiempo que llevaban conociéndose.

Y era lo correcto. Lo pospuso porque simplemente le dolía pensar en que parte de su crisis sexual fue debido a la cantidad de sentimientos que le producía su mejor amigo, del que estaba enamorado, quién estaba en una posición completamente diferente a la suya.

Había llegado a su punto final, y al final no tenía lo que más quería.

—Él es mi cita… Woody Tucker—dijo intentando impregnar sus palabras de calma. Enfrentó balas, bombas, helicópteros caídos, operaciones y la casi pérdida de su hijo, podía con esto.

—¿Qué? —preguntó exaltado. Eddie se fijó por primera vez en la mujer que estaba aferrada a su brazo. El brazo donde su tatuaje de línea estaba sellado. Tenía el cabello corto, castaño y unos ojos verdes que observaban todo confundida.

—Tuck…er—agregó con una mueca—Él es Evan Buckley—tenía que ser sincero—Mi mejor amigo.

Tuck abrió los ojos con sorpresa. Eddie quiso esconderse, en todo el tiempo que llevaban saliendo ni siquiera mencionó ese nombre.

—Eddie ¿estás bromeando? ¡Vamos amigo!

Se volvió a mirar a Buck. Su expresión se volvió dura.

—No estoy jugando Evan—otra vez—Él es mi cita. Woody Tucker.

—Un gusto en conocerte Evan—Tuck fue tan educado que se levantó de su asiento y extendió la mano hacia Buck—Puedes llamarme Tuck, Woody es demasiado anticuado ¿no crees?

Buck lo observó detenidamente. Subió y bajó la mirada por el rostro de Tuck. Apartó a la chica de su lado quién se veía aún más confundida. Y aceptó el apretón de manos que su cita le ofrecía.

—Buck—no estaba sonriendo. Estaba inquietamente silencioso, demasiado para ser Buck.

Se aclaró la garganta llamando la atención de ambos, Tuck y Buck, y la chica que estaba a su lado.

—¿No nos vas a presentar a tu cita? —preguntó con intención.

Eddie estaba confundido. Según los chicos de la estación Buck estaba en una situación amorosa con una pareja de chicos. Aquí estaba la chica. ¿Dónde diables estaba el chico?

Cómo Buck no dejaba dar vueltas entre Eddie y Tuck, la chica se adelantó para presentarse.

—Soy Rose, la cita de Buck—canturreó con una sonrisa dulce. Eddie apenas pudo corresponderla al contrario de Tuck que le sonrió con amabilidad—Al menos una de las citas Buck.

—Eddie —se presentó sin más palabras.

—¿Una de las citas? —preguntó Tuck divertido—¡Entiendo! Es cómo esas relaciones poliamorosas.

—No es una relación—respondió Buck con fiereza.

La sonrisa de Rose recayó. Miró a Buck y este no quitó los ojos de Eddie.

—¡Lo siento tío! No quería ser imprudente.

Buck lo miró por un segundo en silencio. Tucker volvió a sentarse y tomar su cerveza cómo si intentara esconderse. Eddie también quería hacerse invisible. Necesitaba una excusa para escapar y rápido, no soportaría un segundo más con Buck observándolo de esa manera. Ni siquiera era capaz de entender qué era lo que pasaba por su mente.

—¡Mira Tuck! —tocó la mano de su cita y notó como la mandíbula de Buck se contraía—Los universitarios ya acabaron su turno, creo que nos toca. ¡Un gusto verlos chicos! Que tenga una buena noche.

Tomó su cerveza y agarró la mano de Tuck para caminar hacia la mesa con pasos acelerados. Se acomodaron, tomaron los tacos, las bolas al centro de la mesa con la obligación de ignorar la mirada fija que sentía en el cuello.

—Tú amigo no deja de mirarnos—comentó Tuck en cierto momento.

Lo sabía. Pero iba a ignorarlo.

—No le he dicho que soy gay aún—reconoció acomodándose para realizar su próxima jugada. Se dio la oportunidad de mirar por un momento a Buck que estaba sentado en una de las mesas, apartado del resto, pero mirándolo de reojo. Sus miradas se encontraron un segundo.

Sintió la electricidad recorrerlo.

—¿Es homofóbico?

—¿Qué? —preguntó sorprendido—Para nada, Buck es bisexual.

—Ya veo—después de tirar volvió a mirar a Tuck. Él miraba fijo la mesa sin la sonrisa que solía lucir constantemente, se veía pensativo.

—¿Tuck? —preguntó llamando su atención. El rubio volvió a mirarlo—¿Aún tenemos los planes del partido del sábado verdad?

Necesitaba sacarse el escozor que le rodeaba la nuca.

Necesitaba olvidarse que esos ojos azules lo miraban.

Necesitaba ignorar cómo le gustaba que los ojos de Buck estuvieran sobre él.

—Si claro, el momento perfecto para conocer a Christopher.

Ambos se regalaron una sonrisa de labios apretados. Casi ni hablaron durante el resto del juego.


Después de dos partidas decidieron irse a casa, el ambiente no era tal cómo las anteriores citas. Se sentía tenso y pesado, por lo que ambos se excusaron diciendo que estaban demasiado cansados.

Tucker volvería a llevarlo. Así que no se preocupó por fingir que tomaría un Uber.

—Yo llevó a Eddie—Buck apareció de la nada.

Eddie no sabía qué hacer. Miró a Tucker y luego a su mejor amigo.

—Buck no creo que sea lo mejor, estoy aquí con Tucker…

—Vivimos en la misma casa es un desperdicio para Tuck—lo nombró con burla. Eddie se encogió en su lugar, tampoco le mencionó a Tucker eso—No es necesario que gaste más gasolina cuando para mí no es problema.

Tucker no parecía tan amable cómo la primera vez que se encontraron.

—No es ningún problema para mí.

—Y para mí tampoco.

Eddie no quería estar en medio de este conflicto. Necesitaba cortar la tensión ahora.

—Entonces me voy con Buck—propuso. Buck era una persona terca cuando se lo proponía—Muchas gracias por todo Tuck, nos vemos el sábado, te mando mensajes confirmando todo.

Tucker no estaba conforme. Se movió para alcanzar su brazo y Eddie lo dejó, bajó su mano hasta la de su cita y la apretó.

Buck paso por el medio cortando el contacto.

—Ya vámonos Eddie. Christopher está esperando.

Buck no prendió el estéreo, ni tampoco preguntó nada, se dedicó a manejar en silencio, haciendo los cambios y deteniéndose con paciencia en los semáforos en rojo. Eddie no sabía porque se sentía tan nervioso, pero lo estaba. Nervioso.

Llegaron a casa. Buck estacionó el todoterreno y Eddie salió. Caminó hasta la casa y dejó la puerta abierta para el grandote.

Necesitaba una cerveza, se sentía tan mareado y confundido. Su cabeza debía ponerse en orden, sacar las ideas alocadas.

—Así que sales con un chico—escuchó la voz detrás de él mientras abría la nevera. Sacó dos, no era el único que necesitaría un poco.

—Si—respondió luego de dejar el trago sobre la mesa con cuidado. Buck lo observaba con sus preciosos ojos azules. Aunque, no eran tan claros como lo normal, eran más oscuros. Ojos oscuros que lo miraban con fijeza cómo si quisieran clavarlo.

—¿Por qué no me lo dijiste?

Intentó buscar una excusa en su mente.

—Estabas ocupado—dio una excusa barata.

—¿No confías en mí?

—No Buck—se pasó las manos por el cabello con desesperación—No es eso.

—¿Entonces? No logró comprenderlo.

—Estabas descubriéndote a ti mismo, explorando o cómo sea que quieras llamarlo, tampoco estabas en casa, simplemente no se dio el momento—le restó importancia moviendo la mano—Ya lo sabes Buck, soy gay y no tengo citas con mujeres.

Buck se veía molesto. Así que decidió mirar su botella de cerveza.

—Sólo… estoy feliz por ti. Me alegra que busques tu felicidad.

Su tono no sonaba tan feliz.

—Gracias.


Los días que siguieron a su confesión y pésima cita fueron extraños. Buck volvió a pasar los días en casa, veía películas en el sofá la mayoría del tiempo y estaba adquiriendo la costumbre de traerle un café todos los días. Eddie lo agradecía, los prefería mil veces por encima de los suyos, pero estaba seguro de que el bolsillo de Buck no lo soportaría tan bien.

Lo interrumpía cada vez que estaba en su teléfono, pidiéndole su ayuda para preparar la cena, limpiar los baños o mostrarle alguna fotografía que quería subir a su perfil de redes sociales.

—¿Qué dices si el sábado vamos a esa exposición naturalista que comentó el otro día Christopher?

Dejó de picar la ciboulette y lo miró. Buck tenía los ojos fijos en la sartén que removía constantemente para evitar que la carne se quemara.

Hen estaba frente a ellos, sacó los ojos de su revista de medicina y los observó de reojo.

—No puedo—murmuró apenas. Hen parecía aún más interesada.

Ella lo sabía todo. Ella y Karen. Sobre su cuarta cita con Tuck, el encuentro con Buck y su extraño intercambio en la cocina. No sabía cómo sentirse al respecto, apenas habían dicho una palabra mientras terminaba su monólogo.

—¿Por qué? —preguntó extrañado. Entrecerró los ojos en su dirección—¿Tienes una cita con tu novio? —terminó en tono burlón.

—Sabes que no es mi novio—reclamó—Pero si, iré a verlo el sábado porque es entrenador en un equipo de beisbol juvenil.

—¿Acaso Chris volverá a quedarse fuera de casa?

¿Por qué se escuchaba tan mezquino? Tenía ganas de irritarlo.

—No, Chris lo conocerá se día. Creo que ya es tiempo.

Buck apagó el fuego de la sartén y lo miró con ojos furiosos. Eddie no se dejó intimidar.

—¿Es tiempo? ¿Después de cuánto? ¿Unas tres citas? Deberías tener más cuidado con las personas que dejas que entren a su entorno.

—Tucker no es ningún extraño Buck—protestó con rabia—Sé perfectamente lo que hago, y lo conocerá este sábado.

—Si me permiten decir algo…—ambos se voltearon a mirar a la paramédica del 118. —Tucker es un hombre bastante amable, Karen y yo lo conocemos, incluso ayudamos a Eddie en su primera cita.

La boca de su mejor amigo se abrió con indignación. Levantó su cuchara de madera hacia la mujer: —Lo sabías—dijo en tono acusador.

—Eso no tiene nada que ver Buckley.

—¡Lo motivas en esto! Debería ser más precavido.

—Tengo más de treinta años Buck ¿de qué necesito ser precavido?

—Es un buen hombre Buck—repitió Hen rodando los ojos.

—Claro que tú ibas a decir eso—murmuró volviendo a meter la cuchara en la sartén y removiendo el contenido con violencia. Eddie lo miró de costado y terminó de picar la ciboulette con más fuerza.

¿Cuál era su maldito problema?

Los comentarios no dejaron de llegar durante toda la semana. Buck ya no pasaba las tardes fuera de casa, estaba ahí todo el día, y aunque se alegraba de que todos sus utensilios volvieran a ser utilizados cómo antes, estaba confundido.

No comprendía a Buck.

Por unos instantes de verdad creyó que eran celos. Sin embargo, en medio de la noche vinieron los recuerdos de hace casi un año.

Ellos conociendo a Tommy Kinard. Un partido de basquetbol y luego un tobillo dañado.

Esta situación era idéntica.

Sólo estaba asustado de que otra persona llegara a ocupar un espacio que él creía inseguro, pero no había nada romántico, nada similar a los sentimientos que él tenía por Buckley.

Él sábado se levantó temprano. Era su turno de dormir en el sofá, así que tomó las sábanas y mantas, las dobló y dejó sobre la mesa de centro, era poco probable que Buck durmiera, solía despertar temprano para ir a correr.

Se detuvo antes de llegar a la cocina. Prestó atención a los sonidos y escuchó cómo una voz tarareaba frente a los quemadores. Era Buck sin ninguna pieza de ropa más que unos pantalones cortos.

La boca se le hizo agua.

Buck estaba de espaldas por lo que podía notar cómo sus músculos se contrarían con el movimiento. Desde que éste había comenzado a intensificar su tiempo en el gimnasio su cuerpo se veía cada vez más definido, cada músculo más marcado y para Eddie era imposible ignorarlo.

Ignorar sus ansias de tocar, besar o apenas rozar.

—Estás despierto—dijo aclarándose la garganta e intentando que sus ojos se fijaran en sus rizos revueltos, pero no dejaba de bajar hacia su espalda baja.

—¡Buenos días! —saludó sonriente.

Dios.

Mirarlo de frente era peor.

Sus brazos. Su abdomen. Su pecho. Su clavícula.

¿Por qué no estaba usando camisa? Tuvo el impulso sacarse la suya sólo la desafiarlo.

—Pensé en preparar un rico desayuno, sobre todo porque tienes una cita con Ducker.

—Tucker—corrigió con voz dura.

Le mostró una sonrisa inocente.

—Eso dije—musitó guiñándole un ojo.

Eddie estaba pasmado, quieto. Sin saber que hacer o qué decir.

—Iré a despertar a Chris.

—Chris no está.

Se volvió a mirarlo confundido.

—Está en casa de tía Pepa, al parecer estaba preparando unas deliciosas enchiladas a las cuales tu hijo no pudo resistirse—se encogió de hombros y volvió hacia los quemadores—¡En realidad lo entiendo! Es un chico listo, tampoco podría negarme a las ricas comidas de tía Pepa.

—Son apenas las ocho de la mañana.

—Lo sé—dijo con diversión—¡Ya sabemos que todo lo que se necesita para que Chris abandone la cama antes de las ocho es un tiempo en casa de tía Pepa!

Era una tontería. Chris sabía los planes, los aceptó. Estaba todo acordado para que ambos fueran al partido de beisbol a las nueve de la mañana, estaba en el calendario. Se aseguró de escribirlo con lápiz rojo para no olvidarlo.

—Él sabía que teníamos planes—murmuró molesto caminando hacia el calendario que estaba sobre la nevera.

—¿Qué? Tal vez lo olvidó, ni siquiera está en el calendario.

No era posible. Miró el calendario.

Alto.

Ni siquiera era su calendario. Este era diferente. Tenía la letra de Buck por todas partes, esa desprolija e inteligible letra que le revolvía el cerebro cada vez que intentaba descifrarla.

Buscó la fecha y si… No había nada. Estaba en blanco. Vacío. Cómo si la cita jamás se hubiera concretado.

—¿Qué le hiciste al calendario Buck? —se sobresaltó al notar lo cerca que Buck estaba a su espalda. Sentía cada uno de sus pectorales a través de la delgada tela de su camiseta. Sintió su cabeza a un lado de la suya, acercándose a mirar el calendario con una gran sonrisa.

—¡Está muy lindo! ¿No crees? Estaba en descuento en la librería.

—¿Qué se supone que haces? —volvió a mirarlo. Sus ojos estaban tan cerca, tan brillantes cómo si la situación fuera de lo más divertido. —Buck sé que odias los cambios, pero no puedes hacer esto—tomó su hombro e intentó moverlo lejos, pero el sólo sentir sus músculos fue debilitante. —Buck—se quejó con los labios apretados.

—¿Acaso él te gusta tanto? —se estaba acercando de forma peligrosa.

Con sus labios rosados a sólo centímetros.

—¿Quién?

Buck sonrió aún más.

—Eddie no me digas que ya lo olvidaste.

—¡Buck! —se quejó. Se apartó y caminó fuera de su espacio, necesitaba respirar. Intentó respirar con calma, pero se sentía tan abrumado, confundido y molesto—¡No te entiendo! Se supone que estás explorando tu sexualidad, lo dijiste ¡Tú me orillaste a esto! ¿Y ahora haces de esta manera? ¿Qué quieres de mí? Maldita sea ¡Estoy intentándolo! Y te juro… te juro que si es otro de tus ataques de celos con el único fin de quedarte con él te prometo que…

—Eddie Eddie—ahora parecía preocupado—Escúchame…

—¡No! Tú me vas a oír ahora. ¡Eres mi mejor amigo y eso no va a cambiar! Pero no hagas esto, ¡Aprendí a sobrellevarlo! ¡Lo comprendí! No hagas esto, sólo me confundes, cuando en realidad no sientes nada por mí y son sólo tus estúpidos intentos de ser el centro de atención.

—¿Qué? No no no Eddie, necesito que me escuches, no es verdad. No quiero ser el centro de atención… quiero decir, si—Eddie lo miró atónito. Buck se golpeó la cabeza con una mano—Pero no de la manera en que tú piensas.

—¿Entonces de qué manera? —preguntó con agresividad.

Nadie tenía derecho a culparlo. Estaba llegando a sus límites.

Desde su desastrosa cita no dejaba de provocarlo. De hacer comentarios, de cambiar el nombre de Tucker, de proponer planes diferentes que reemplazaran su cita con Tucker.

—No quiero que vayas con él. No quiero que vayas a esa cita. No quiero que lleves a Christopher.

—¡Lo estás haciendo de nuevo! —dejó caer sus manos en la mesa y agachó la cabeza intentando respirar con calma—Dios Buck… te aseguro que nada cambiará entre nosotros o si acaso te interesa Tucker puedes quedártelo, no tengo ningún ánimo de volverlo un problema.

—¡No! —gritó espantando—No es eso. No quiero que vayas con él porque… porque…

Su voz fue apagándose. Eddie levantó la mirada y le rogó que continuara.

—No quiero que vayas con él porque quiero que lo hagas conmigo.

La mente de Eddie quedó en blanco.

No existía ni un solo pensamiento en estos momentos que sonará lo suficientemente coherente.

—Estoy celoso, porque cuando supe que existía la mínima posibilidad de que me correspondieras me volví loco, no pude dormir de sólo pensar en que perdería mi oportunidad para siempre. Abriste la puerta Eddie y ahora necesito que me des una oportunidad.

—Dijiste que estabas explorando, que querías algo nuevo…

—En realidad…—comenzó a decir con voz baja acercándose un poco más a su lado, su cuerpo en tensión y alerta ante la expectativa—Sólo intentaba sentir algo diferente, porque me estaba matando estar a tu alrededor sin poder tocarte, porque eras imposible. Una más de las tragedias en la dramática vida de Evan Buckley—extendió su mano hacia el rostro de Eddie y lo levantó. Sus ojos se volvieron a cruzar. Eran tan brillantes e inmersivos—Sólo dime que sí Eddie.

Era lo que quería. Todo dado en la palma de su mano. Sólo necesitaba una confirmación.

—Estoy enamorado de ti Buck—musitó con apenas voz de las ganas que le invadían de terminar el espacio entre ellos. —Tienes que saberlo, no es un interés. Es amor, cómo nunca lo comprendí.

La sonrisa de Buck creció aún más si era posible. Sus labios rosados, casi dispuestos para recibirlos se abrieron.

—Estamos en la misma página, porque casi me vuelvo loco de lo enamorado que estoy de ti y de Christopher, la sola idea de que estuvieran más tiempo con ese idiota iba a terminar de matarme.

—No es un idiota, es buena persona—comentó —Al contrario de mí que estoy a punto de cancelarle.

—Ya está cancelado—murmuró. Sin darle otra explicación lo besó, apretó su cuerpo contra el suyo, lo acorraló contra la encimera y dejó que sus manos vagaran por debajo de su camiseta delgada. Sus labios sabían a azúcar, tan dulces y envolventes.

Lo drogaban. Lo llevaban al olvido. Sólo los labios rosados de Buck rozando y chupando los suyos.

Llevó sus manos hasta esos rizos despeinados y lo acercó aún más.

Se sentía en el cielo.

Los besos de Buck comenzaron a recorrer su cuello. Soltó un gemido que fue directo a su miembro.

—Buck…—gimió moviendo su cabeza de tal modo que besara de la manera que más quisiera su cuello.

—Ese idiota jamás podría hacerte sentir así Eddie.

Ni siquiera podía pensar por la forma en que Buck lo estaba invadiendo, lo sentía en todos lados y era un absoluto deleite.

Horas después estaba en su cama completamente satisfecho con Buck dormido debajo de él. Apoyo su cabeza en el pecho de su novio, lo dejaron en claro después de una sesión de besos sobre la encimera de la cocina. Acordaron su primera cita, a pedido de Buck después de la primera mamada. Decidieron decirle a Chris cuando llegará de casa de tía Pepa, después de su primer baño juntos, aunque estaban seguros de que tenía sus sospechas debido a la manera tan apresurada que Buck lo sacó de la cama.

Se levantó unos centímetros para tomar su teléfono, aunque el tiempo había pasado seguramente tendría algunos mensajes de Tuck, pero tenía en total cero. Sólo tres de Hen.

Los abrió y se rio con fuerza.

—¿De qué te ríes? —escuchó decir a Buck con voz somnolienta mientras repartía besos cortos por su cuello expuesto.

Movió el teléfono de modo que quedará frente al rostro de su novio.

"La operación citas gays fue un éxito"

"Obviamente sabíamos que Buck enloquecería en cuanto te viera con un hombre"

"Mañana nos das los detalles. Los no sexuales por favor"

Notes:

Muchas gracias a los que llegaron hasta el final.
Espero que hayas disfrutado la historia y un poco de Buck loco, como a mi me gusta.