Work Text:
El catorce de febrero siempre parecía tener un aire distinto y la razón era evidente. Las calles se llenaban de colores rosados, rojos y blancos, globos en forma de corazón y ramos envueltos en papeles brillantes que pasaban de mano en mano. En cada esquina había una historia en proceso llena de risas, promesas o mensajes que llegaban tarde. Un día hecho para los enamorados e ideal para las parejas.
Mina observaba todo ese movimiento a través de la ventana de su departamento mientras terminaba de anotar un par de cosas en su teléfono. Había pasado la mañana revisando los últimos detalles de la cena que compartiría esa noche con su novia. Reservado en su restaurante favorito, preparado un pequeño obsequio y asegurado todo detalle al concluir. Le gustaba cuidar lo que quería brindar, hacerlo de la mejor manera y aunque Sana apreciaba las cosas simples, para Mina siempre había algo reconfortante en esforzarse un poco más.
En dejarle ver lo mucho que la quería y amaba.
Salió del edificio con un plan claro en mente, ir por la cereza sobre el pastel y comprar el ramo de flores más bonito que pudiera encontrar. Caminó entre las calles vestidas de color, disfrutando del aire fresco que olía a perfume, a pan dulce y a algo que no sabía nombrar pero que siempre flotaba en días así. La sensación más pura del amor inundando su nariz y corazón. Un letrero discreto llamó su atención.
Floristería Lirio Azul
El escaparate estaba lleno de arreglos románticos que iban desde tulipanes en tonos pastel y rosas rojas con cintas doradas hasta pequeños ramos envueltos en papel rústico. Se acercó con curiosidad, observando cada detalle a través del vidrio, queriendo buscar una opción de su agrado y probablemente del agrado de Sana.
El aire estaba impregnado de todas esas fragancias dulces que confundida intentaba distinguir. Jazmín, gardenias... rosas. Mina se perdió un momento en esa armonía de colores antes de notar algo más, detrás del mostrador, una chica de cabello castaño recogido en un moño bajo revisaba la caja registradora con expresión cansada. Tenía los hombros ligeramente encorvados y sus movimientos eran lentos, como si el día le pesara completamente. Mina pensó que tal vez estaba agotada por la avalancha de clientes que debía tener una florería en pleno San Valentín.
Luego, recordó su propósito.
Por Sana
Así que tomó aire y empujó la puerta, haciendo sonar la pequeña campanilla sobre el marco.
—Bienvenida —saludó la empleada, su voz apenas por encima del murmullo del lugar.
—Gracias —respondió Mina con una sonrisa amable—. Me gustaría mirar un poco antes de decidir —se limitó a compartir.
—Claro, si necesitas ayuda, estaré por aquí —dijo ella, con esa cortesía ensayada que solo dan los trabajos que requieren sonreír aunque no se tenga ánimo para hacerlo.
Mina asintió y comenzó a recorrer el pasillo principal. Había ramos altos de lirios blancos, pequeños arreglos con margaritas y combinaciones de tonos pastel con frases románticas en carteles escritos a mano. Tocaba con cuidado los pétalos, sintiendo el frescor leve del rocío artificial, mientras su mente repasaba las opciones. Podría ser algo simplemente tierno o clásico, que no pareciera demasiado calculado pero sí significativo. Algo que diga lo que no sé decir con palabras, pensó.
A lo lejos, el sonido del papel celofán doblándose llenaba los silencios, acompañado por el murmullo de la música suave que sonaba en la radio del local. Y entre esos pequeños sonidos, algo en la atmósfera parecía estar extraño e incomprensible. La serenidad fingida de quien vende amor.
Jihyo llevaba horas repitiendo los mismos gestos. Atar listones, cortar tallos y envolver pétalos con cuidado. Su cuerpo funcionaba en automático pero su mente estaba muy lejos del lugar donde estaba justo ahora. Esa mañana había recibido un mensaje que le había dejado un hueco en el pecho.
Lo siento, amor. Me surgió un viaje del trabajo... festejamos otro día, ¿sí? prometo compensarte
Había respondido con un simple Está bien, no te preocupes y cuídate y desde entonces, la frase se repetía dentro de su cabeza como un disco rayado. Su mente estaba en otro lado pero su cuerpo en el trabajo.
Sabía que no era culpa de nadie, pero no podía evitar sentirse un poco olvidada. Había imaginado ese día muy distinto con una cena sencilla, un par de copas de vino y su novia riendo entre las luces cálidas del departamento. En cambio, estaba ahí, viendo pasar a decenas de parejas felices y envolviendo flores que terminarían en brazos ajenos.
Suspiró y por un segundo se permitió apoyar ambas manos sobre el mostrador, mirando al suelo. Cuando levantó la vista, la vio.
La chica de cabello oscuro que examinaba las flores con atención. Su expresión era tranquila aunque pensativa, tenía los labios curvados como si estuviera a punto de decidir entre opciones potenciales. Ni siquiera le dedicó mirada cuando entró hace un rato, solo dijo de nuevo lo mismo. Una atención insípida y automática.
Jihyo no supo por qué se quedó observándola más tiempo, solo que hubo algo en ese gesto, en la delicadeza con que tomaba una flor y en la concentración que ponía al olerla. Y sin quererlo, sonrió apenas. Tenía que cambiar su mentalidad si quería seguir cuerda el día de hoy, así que cambió por un instante su expresión respirando profundo y con cautela comenzó a acercarse a la clienta.
—¿Buscas algo en especial? Hoy tenemos arreglos personalizados, puedo ayudarte si quieres —preguntó Jihyo, con una sonrisa suave que parecía más un intento de cortesía que un gesto espontáneo.
Mina se quedó pensando sin levantar la vista, ver más opciones iba a aumentar la dificultad de decidir pero también podría significar una opción más hermosa.
—Todavía no lo sé... quiero algo que se sienta… correcto —le comentó a la chica de cabello castaño, con cierta esperanza de que le ofreciera lo que tanto buscaba encontrar.
Y fue entonces que levantó la mirada, siendo el contacto visual inmediato. Por un instante, el mundo pareció quedarse en silencio. Los ojos de esa chica fueron un impacto, nunca había visto ese tipo de expresión y mucho menos lo bonitos que eran. No entendió lo que comunicaban al principio pero después creyó entender lo evidente. Fatiga.
Pero muy extraña...
Jihyo empezó a enumerar las opciones que consideró para ofrecer. Tulipanes blancos con pequeñas ramas de eucalipto, lirios en tonos marfil con un toque de lavanda e incluso combinaciones de peonías y rosas pastel. Su voz explicaba con una tranquilidad casi medida y Mina lo notó de nuevo, el mismo destello que no se podía disimular. Una especie de peso que se colaba entre palabra y palabra.
Cuando Jihyo levantó la mirada después de explicarle sobre el último lirio del arreglo floral, se dio cuenta de que la seguía observando. No a la flor, a ella. Y no de la forma en que se mira a quien te atiende, sino como si buscara algo.
—¿Estás bien? —preguntó Mina, sin pensar demasiado.— Pareces algo… —se detuvo, sosteniendo los ojos ajenos, intentando encontrar la palabra justa— …cansada.
Jihyo parpadeó, sorprendida por la pregunta. No esperaba algo como eso porque nadie se preocupaba por alguien más que no fuera cercano hoy.
Nadie miraba con tanta atención.
—Oh… —rió apenas, bajando la vista.— Supongo que sí, los clientes no han parado de venir... es un día especial y hay mucha meticulosidad en los detalles —respondió, forzando un tono liviano.
—Lo entiendo, debe de ser muy agotador —Mina sonrió apenas ante esa respuesta improvisada y dentro de ella, algo se movió. Era como si ahora se encontrara del otro lado de una barrera invisible.
Quizá la ausencia de entorno laboral en este momento se atrevió a pensar. Mirando como en esa mezcla entre agotamiento y calma había alguien más que también estaba viviendo este día festivo. Alguien con los mechones sueltos de su cabello que caían sobre su rostro, quien en el modo en que hablaba con esa voz templada parecía guardar algo más en su mirada.
Qué linda, pensó, casi sin querer.
Por un momento, se olvidó de las flores y del propósito que la había llevado allí. Solo observó la coreografía silenciosa en que el ramo de lirios azules fue acomodado, un gesto casi hipnótico para después ser tomado otro de ellos a punto de ser ofrecido.
Jihyo, por su parte, sintió algo que no supo identificar. Y por instinto, se dirigió hacia algún otro arreglo que pudiera alcanzar el grado adecuado de elección. No era costumbre que alguien la mirara así, con genuino interés, sin prisa. Había algo cálido en la atención de Mina, algo que la desarmó un poco por dentro. No lo comprendió, solo supo que le provocó una sensación extraña.
Una chispa diminuta en medio de todo.
El silencio que siguió no fue incómodo, sino leve, suspendido. Un instante pequeño que ambas parecieron compartir sin saber por qué.
—Creo que me quedo con el anterior —dijo Mina antes de oír la mención de otro arreglo, señalando un ramo de tulipanes blancos con pequeñas flores lilas entrelazadas.— Tiene algo… tranquilo.
Jihyo asintió, tomando el ramo con cuidado. —Buena elección —susurró, y esta vez su sonrisa fue más sincera, menos aprendida.
Regresaron al mostrador. Y Mina continuó perdida en los detalles.
Los dedos de Jihyo eran firmes pero delicados y el gesto con que cortaba el listón era casi ritual. Por alguna razón, quiso quedarse un poco más, aunque ya lo tuviera todo decidido.
Jihyo envolvía el ramo y lo decoraba con ímpetu, tratando de mantener la profesionalidad pero no pudo evitar que sus ojos se suavizaran. Recordando que hoy no habría nada lindo más que un amargo mensaje. Giró apenas, viendo la delicadeza de los gestos de Mina, la dulzura que emanaba de ella, sin duda algo en esa naturalidad le tocó un lugar inesperado. Y por primera vez en horas, se permitió sonreír y relejarse, dejando que el aire templado del día subiera a su pecho.
Mina pagó y tomó su ramo envuelto y decorado a la perfección. Admirando el esfuerzo y desviando la mirada de nuevo hacia Jihyo.
Le agradeció con un gesto antes de dar un paso atrás y en ese momento lo pudo sentir con total plenitud. La necesidad de hacer algo que realmente quería hacer.
Un acto que no planeó y que sin embargo le pareció correcto en ese instante. Quiso sonreír otra vez pero la timidez y lo que significaba el momento la retuvieron.
—Y esto es para ti —murmuró finalmente, dejando la flor lila que sacó del ramo en el mostrador.— Ten un lindo día hoy.
Jihyo se quedó estática y apenas pudo articular un "gracias". Sus ojos se quedaron fijos en Mina con una expresión que intentaba entender el gesto mientras que la chica se alejaba hacia la puerta. Un impulso que no entendía, una sensación de querer que la joven se quedara aunque fuera solo un momento más.
Solo para saber su nombre al menos.
Entonces el campanilleo de la puerta anunció la salida de Mina y el espacio volvió a su silencio habitual. Otros clientes ingresaron después y Jihyo seguía absorta mirando la flor en sus manos, apreciando el color, la textura e incluso la calidez que parecía emanar de ese pequeño detalle. Su mente no encontraba más palabras, solo sentía algo en su corazón que latía más fuerte, como si esa chispa diminuta que había surgido hubiera prendido en un fuego pequeño, prometedor.
Mina, caminando por las calles de la ciudad, respiraba profundo para relajarse. En verdad le había dado una flor a una desconocida en el día de los enamorados y en medio de su agenda romántica.
No sé por qué lo hice... pero algo en su tristeza se me quedó pegada en el pecho
Reflexionaba, siendo el motivo claro en su corazón más no en su mente y ello la frustraba. Suspiró, revisando su teléfono en busca de un nuevo aire, de alguna otra cosa ajena a lo que estaba sintiendo.
Y entonces la punzada la recorrió enseguida.
Sana ni siquiera ha visto mis mensajes hoy...
Mantuvo la respiración un instante, tenía fe en que sería diferente hoy. Pero lo que había comenzado como ilusión se desplomaba en segundos.
Aún así, la sensación no opacaba la curiosidad ni lo que había dejado en la florería. Algo había cambiado en ella, aunque aún no supiera qué.
Y Jihyo seguía preguntándose, mientras atendía. Mientras daba vueltas innecesarias en busca de tiempo para asimilar.
Sus ojos iban en miradas hacia la entrada del local, con una vaga esperanza.
No sé quién era pero por un instante... quise que se quedara
“No todas las historias comienzan con un beso.
Algunas apenas con una coincidencia que cambia algo que parecía muerto.”
