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Category:
Fandoms:
Relationships:
Characters:
Language:
Español
Stats:
Published:
2025-11-01
Completed:
2026-03-09
Words:
3,440
Chapters:
2/2
Comments:
1
Kudos:
45
Bookmarks:
2
Hits:
322

El anhelo de un hombre perdido

Summary:

Jon se negó a reconocer atavismo de algo más que amistad.

Ahora se arrepiente.

Notes:

Si me arrepiento,lo elimino.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

El salón estaba lleno de luces cálidas de color naranja y música de cuerda. El murmullo de los invitados, las risas, el sonido de las copas chocando entre sí, marcaban una sinfonía perfecta. Para Jon Kent, sin embargo, era una tortura, permanecía inmóvil, de pie entre la multitud, con un vaso de champán temblando en su mano.

 

La tarjeta de invitación enviada hace unos meses estaba doblada en su bolsillo, con letras doradas mostrando orgullosamente; “Cordialmente invitado a la boda de Damián y…”. Había leído el nombre de su amigo tantas veces en ese sobre que ya sentía su corazón entumecido, o eso se repetía a sí mismo. A diferencia del nombre de la mujer a su lado, que prefería omitir y fingir que no existía.

 

Cuando el bullicio se calmó y alzó la vista...

 

Entendió que al final no tenía sentido, no cuando vio a Damian en el altar, con su cabello perfectamente peinado y un traje a medida, bañado por el resplandor del sol a través de los enormes ventanales.



 Él realmente se veía hermoso.

 

Para otra persona, no para él.

 

Tenía la mirada serena, los labios tensos, era el mismo chico que un día le había enseñado a lanzar batarangs. El que lo retaba en entrenamientos hasta que ambos terminaban riendo y cubiertos de polvo. El mismo que lo llamaba “idiota” con una sonrisa.

 

Jon lo había entendido demasiado tarde.

 

Jay Katamura había sido un novio amable, divertido, un remolino de colores en su vida. Jon lo había querido, claro que sí. Pero incluso Jay, con toda su inteligencia y su sonrisa cansada, había notado la verdad antes que él.

 

“Estás enamorado de otra persona Jon”, le había dicho una noche, cuando el cielo se sintió deslumbrante sobre sus cabezas y las luces de Metrópolis se reflejaban en sus ojos. Jon no respondió. Porque no se lo permitiría. Porque aceptar eso significaba enfrentarse al vacío que venía después.

 

Porque después de regresar del viaje con su abuelo, un año mayor que Damian, de alguna forma, en algún momento, él se dio cuenta que amaba a su amigo, que él anhelaba más que una amistad, y esa idea le aterrorizó.

 

Por eso se alejó, tomó distancia, dejó de visitar la mansión, dejó de contestar los mensajes ocasionales.

 

Si lo ignoraba lo suficiente...¿El amor se iría?

 

Y ahora estaba ahí.

 

El sacerdote pronunció unas palabras que Jon no entendió por el extraño zumbido en sus oídos, a su alrededor los invitados guardaron silencio.

 

Jon no escuchó nada. Solo reaccionó cuando vio a Nika extender la mano. El brillo de los anillos lo golpeó con una fuerza insoportable y en ellos encontró la respuesta a su pregunta.

 

No, el amor nunca se calma ignorándolo.

 

Damian tomó el anillo con dedos firmes, su expresión impenetrable, y lo deslizó lentamente en el dedo de ella.

 

Jon tragó saliva. El metal dorado de ese anillo parecía un cuchillo forrado en kriptonita clavándose en su pecho.Apretó la copa, los nudillos blancos, respirando entrecortado.

 

Recordó todas las veces que Damian le decía que no creía en el amor, que los sentimientos eran distracciones. Jon solía reírse. “Eso dice ahora, pero un día vas a encontrar a alguien que te haga pensar diferente.”

 

Y Damián, con esos ojos verdes como los bosques más espesos, había respondido: “Ya lo hice”. En ese entonces Jon no entendió lo que quería decir. No hasta hoy.

 

Hoy, cuando se atrevió a preguntarse qué hubiera pasado si no hubiera sido un cobarde.

 

Cuando los recién casados ​​se besaron, todos aplaudieron.

 

Jon no.

 

Solo cerró los ojos, intentando que su corazón no se saliera por la garganta.

 

Horas después, la fiesta era un torbellino de música, luces y vino. Jon se escabulló hacia el jardín, lejos del bullicio. El aire fresco de la noche lo golpeó, y el sonido de la fuente cercana lo acompañó mientras se servía otra copa, y otra más.

 

Ya había perdido la cuenta . (Odiaba que el alcohol no nublara su mente)

 

Escucho unos pasos detrás y por el latido que lo acompañaba, no necesitaba saber quién era.

 

— ¿Jon?—Damian llamó,acostumbrándose a la oscuridad—¿Que haces aquí?

 

 Sentado en el suelo, el traje arrugado, la corbata medio suelta, Jon lucía desalinado.

 

Jon no pudo evitar hablar—Siempre llego tarde a todo, ¿verdad, Damian? —susurró, con la voz quebrada—. Incluso esto.

 

— ¿De qué hablas?—Damian frunció los labios,confundido,camino hasta quedarse a un lado de Jon,hablando con calma:—Kon te está buscando.

 

Jon cerró los ojos, él tenía que saber—¿La amas?—preguntó, con la voz firme.

 

Damian se quedó atónito por la pregunta arrepentida —A qué viene esto?—preguntó,metiendo las manos en los bolsillos y alzando la vista para mirar al cielo.Reflexiono unos segundos y respondió,su voz sonaba sincera cuando solo se limitó a decir unas pocas palabras—No hago cosas que no quiero.

 

Y eso fue todo, Jon lo conocía demasiado bien, él amaba a esa mujer.

 

Nika,ella era ahora la dueña de lo que Jon más anhelaba.Bajo el inmenso cielo,Jon se arrepintió de buscar en otra persona lo que siempre pudo tener más cerca de lo que quería aceptar.

 

Le pareció escuchar el eco lejano de la voz de su hermano,¨Si no eres sincero,te arrepentirás ¨le dijo,cuando se negó a una misión con Damian. 

 

Jon río débilmente. Qué tontería.¿Por qué ahora piensa en eso?¿No es ya muy tarde?.

 

Apretó los puños y murmuró:—Me quedo un rato más.

 

A su lado, Damián ya no insistió más y antes de caminar de regreso a la recepción,se detuvo—Jon…—comenzó—¿Recuerdas la azotea de ese edificio?,cuando…

 

—Lo recuerdo—interrumpió Jon—¿Qué pasa con eso?

 

—Debajo de las escaleras,antes de llegar...—sus puños se apretaron—Hay una caja,¿Puedes buscarla?

 

Jon se volteó y miró el rostro aparentemente impasible de Damian—Lo buscare—dijo—Dile a kon que no se preocupe.

 

Damian caminó sin mirar atrás

 

Después de un vuelo demasiado rápido para ser registrado, Jon se encontró con una caja en sus manos, la abrió.

 

Y sus pulmones tuvieron problemas para registrar el aire, las lágrimas se deslizaron por sus mejillas.

 

Eran cartas.

 

No eran muchas, pero para Jon lo eran todo.

 

Había palabras de despedida y preguntas sin responder, algunos dibujos de él y de Gotham. 

 

Estaban levemente húmedos y por el estado de la caja, el dueño las había abandonado hace tiempo.

 

Jon leyó todas las cartas por lo que parecieron horas y cuando terminaron, la fuerza había abandonado su cuerpo completa y definitivamente. Cerró sus ojos y aunque no era religioso, en ese momento rogó y rezó a las estrellas sobre su cabeza.



Dame solo una oportunidad.

 

Solo una.¿Es mucho pedir?



El viento dejó de ingresar a sus pulmones y la inconsciencia cubrió su mente.

 

Cuando abrió los ojos, Jon estaba acostado en el suelo de su habitación. No había música, ni ruido de fiesta. El reloj marcaba una hora imposible. Y sobre su escritorio había un mensaje en su teléfono.

 

Damian : “Kent, ¿vienes a entrenar o vas a seguir durmiendo como un idiota?”

 

Jon quedó inmóvil. Su corazón latía con fuerza.

 

Corrió hacia la ventana: el cielo de Metrópolis se alzaba en tonos azulados, exactamente como años atrás.

 

Su respiración se cortó.

 

Había vuelto.

 

Había vuelto a cuando tenía veinticinco.

 

Damian tenía veinticuatro.

 

Conocía a nika,pero no la amaba,aún no.

 

Faltaban cinco años.

 

 Agarró su chaqueta sin pensarlo mucho, y salió hacia la mansión Wayne.

 

Cuando aterrizó en el jardín, Damian estaba allí, sosteniendo una katana, mirándolo con el ceño fruncido.

 

—Llegas tarde—sus ojos verdes perforaron su figura temblorosa—Pensé que no iba a venir—suspiró y agregó—Como siempre.

 

Las palabras lo aplastaron con culpabilidad y arrepentimiento—Lo sé.—dijo Jon, con una sonrisa temblorosa—Ahora voy a venir siempre. Lo juro.

 

Damian arqueó una ceja.—Ya veremo..—sus palabras se cortaron cuando fue envuelto en un abrazo de oso,se quedó inmóvil,antes de reaccionar y forcejear como si lo estuvieran asfixiando.—¡¿Qué diablos!?.

 

Jon lo abrazó con fuerza,sin intención de soltarlo, el corazón al borde del abismo—Nada—aspiro aire y murmuro—Solo…te extrañe.

 

Damián dejó de empujar. Solo se quedó quieto, sorprendido—Estás borracho o loco —murmuró finalmente.

 

Jon sonrió.—Tal vez.

 

El aire sopló con lentitud cuando Damián devolvió el abrazo.



Jon cerró los ojos y se entregó al momento.

 

Por una vez, el universo le dio a alguien una oportunidad para corregir sus errores.